lunes, 1 de noviembre de 2010

Bailando a oscuras: Apagones y ovnis


Scott Corrales
Bradford – Estados Unidos


El ordenador se apagó repentinamente, seguido por la interrupción de la estación de radio. En un abrir y cerrar de ojos se reestableció la normalidad, y el que esto escribe maldijo el no haber guardado oportunamente el material que segundos antes había ocupado la pantalla.

Eran justo las 4:11 p.m. del 14 de agosto del 2003.

En cuestión de minutos, la radio comunicaría que se había producido un apagón de dimensiones inusitadas en las ciudad de Nueva York, justo a la peor hora del día, cuando decenas de miles de personas se disponían a regresar a sus hogares; como si fuese poco, otras ciudades se veían privadas de sus acondicionadores de aire, sus televisores, radios y otros enseres de la vida moderna en uno de los días más calurosos del año: Toronto, Ann Arbor, Lansing, Detroit, Cleveland, Buffalo, Rochester... una letanía de urbes sorprendidas por la repentina desaparición del flujo eléctrico. Las estaciones de televisión presentaron escenas de multitudes medio muertas de calor abriéndose paso entre automóviles atrapados en embotellamientos causados por la inacción de las señales de tránsito. Los políticos no demoraron en aparecer y asegurar al público que no se trataba de un atentado terrorista y que la electricidad fluiría como el agua en cuestión de horas... bueno, no horas, pero para el día siguiente... o para la tarde del día siguiente...

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Los servicios públicos intercambiaban acusaciones de culpabilidad: los neoyorquinos culparon a los canadienses, diciendo que "un relámpago" había fulminado unos conductores en la estación Sir Adam Beck de Niagara Falls, uno de los centros hidroeléctricos más importantes de la región; los canadienses no tardaron en rechazar la acusación, apuntando el dedo hacia una central nuclear en Pennsylvania donde supuestamente se había desatado "un incendio" que la comisión reguladora estatal jamás supo localizar; los cínicos no tardaron en invocar la existencia de un Homer Simpson de carne y hueso, devorando rosquillas y desatendiendo importantes señales de sus tableros de control que advertían de un desastre inminente...

El apagón de 2003 no tardaría en convertirse en una de las interrupciones energéticas más grandes del siglo, afectando a 50 millones de personas desde las orillas del río Misisipí hasta las costas del Atlántico, y desde las Apalaches hasta el norte de Ontario, Canadá. Tal vez nunca se sepa la causa real detrás de los hechos, y dentro de muchos meses, cuando ya nadie se acuerde, una subcomisión presente al gobierno un fajo de papeles que "explique" con ambages lo sucedido.

¿Resulta ingenuo invocar la presencia del fenómeno OVNI como la causal del gran apagón? Si consideramos que los no identificados se pasean por los cielos del estado de Nueva York y sus regiones limítrofes casi a diario (703 casos en lo que va de 2003), se trata de algo que no debemos descartar ligeramente, considerando el pesado trasfondo histórico de los ovnis y los apagones que examinaremos a continuación. Cuarenta y ocho horas después del apagón, las autoridades aún seguían buscando una causa satisfactoria, citando como posible explicación una rara "inversión de potencia" en el Lake Erie Loop (bucle del lago Erie, una serie de cables de alta tensión), pero sin poder dilucidar qué agencia externa pudo haber ocasionado el fenómeno. Según el comunicado emitido por el North America Electric Reliability Council (NERC) el mismo día del apagón, "no queda claro si estos eventos ocasionaron el apagón en su sentido más extenso o si fueron producto de otros eventos". Alan Schriber, director de la agencia de servicios públicos para el estado de Ohio, protestó la manera irresponsable en que el gobierno asignó la responsabilidad a ciertos estados o países. "Todo el mundo apunta el dedo hacia Ohio. Por Dios, tal vez no haya sido Ohio. No sé quién habrá sido [el responsable] y ellos [la NERC] tampoco lo saben".

Para fines del 16 de agosto, la Casa Blanca anunció que un equipo de trabajo canadiense y estadounidense investigaría a fondo las causas del apagón para identificar acciones correctivas que impedirían su repetición.

La ficción se hace realidad

En 1952, el ya fallecido Isaac Asimov deleitó a los entusiastas de la ciencia ficción en todas partes del mundo con el libro Foundation and Empire, la segunda parte de su genial trilogía Foundation. En dicho libro, los defensores del planeta Terminus son asediados por el enemigo incógnito conocido sólo como "The Mule" (la Mula), cuyo poderío reside en una elegante súper-arma: el depresor de campos atómicos, capaz de dejar a mundos enteros sin energía, derrotando así a sus adversarios sin disparar ni un tiro. Las posibilidades de tal ingenio ficticio se hicieron realidad cuando los investigadores de la disciplina conocida como ufología – aún en pañales – enfrentaron casos en que los OVNI eran capaces de interferir con la energía de carros, motocicletas y enseres domésticos. Jacques Vallée hace referencia a un incidente ficticio anterior a Asimov: una obra teatral escrita en 1933 por Arthur Koestler, titulada The Twilight Bar (El Bar del Ocaso), en la cual el paso de un meteorito sobre una pequeña isla/nación causa un apagón general que sirve de preludio a la llegada de seres extramundanos, portadores de un mensaje apocalíptico.

Uno de los primeros casos verídicos de interferencia con el flujo eléctrico a zonas residenciales sucedió en el mes de noviembre de 1953, cuando un OVNI del tamaño de una pelota de fútbol americano descendió de los cielos sobre New Haven, Connecticut, procediendo a estrellarse a través de una cartelera cercana a una comunidad de viviendas, remontando después el vuelo y desapareciendo. Las luces en todo el vecindario se atenuaron mientras que se desarrollaba el insólito evento. El paso de un OVNI gigantesco sobre la aldea de Tamaroa, Illinois, en 1957 también tuvo como consecuencia un apagón.

¿Resultaba inconcebible, acaso, que estos aparatos desconocidos, propensos a sobrevolar los cables de alta tensión, fuesen capaces de afectar objetos de mayor tamaño? Estas preguntas, que entonces eran sólo meros ejercicios de especulación, adquirieron una nada agradable solidez durante lo que se conoce como el Gran Apagón del Noreste – un incidente que se nos aseguró "jamás se volvería a repetir".

En fechas recientes, Brasil se ha visto afectado por apagones relacionados con el fenómeno: El 3 de febrero del año en curso dos OVNI de conformación esférica y color plateado se pasearon por los cielos de Atibaia, en el estado brasilero de Bahía, a las 2:30 AM mientras que se producía un apagón. En 1999, cuando un apagón dejó sin luz a los estados de Río Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná y tres más en la oscuridad el 11 de marzo a las 11:00 p.m., le gobierno insistió que la central eléctrica de Bauru había sido impactada – qué curioso – por "un relámpago", a pesar de que varios testigos afirmaron haber visto tres objetos resplandecientes, plateados y de dimensiones mayores que las de un avión, sobrevolando la región, cerniéndose sobre los cables de potencia que transmiten electricidad desde la hidroeléctrica en Itaipú hasta Sao Paulo.

Un objeto circular que despedía luces anaranjadas fue visto sobre Mar del Plata, Argentina, a fines de abril de 1996. La empresa eléctrica en dicha ciudad admitió que se produjeron averías parciales en el tendido eléctrico mientras que el objeto sobrevolaba la zona.

Hace casi cuarenta años en Nueva York...

El 9 de noviembre de 1965, 29 millones de almas en el noreste de los Estados Unidos y millones más en el Canadá quedaron hundidas en las tinieblas al ser afectada la electricidad por un fenómeno desconocido. A las 5:30 PM ese fatídico día, miles de aterrorizados neoyorquinos quedaron atrapados en los túneles de los trenes subterráneos y dentro de los ascensores en el corazón de los rascacielos. Veinticinco millones de personas pasaron aquella insólita noche en los recibidores de los hoteles de la ciudad, en bares, coches y museos. Ninguna instalación quedó ilesa, ni siquiera las bases militares.
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El apagón se expandió como una mancha de tinta, en cuestión de minutos, desde la región de Niagara Falls a las ciudades de Buffalo, Rochester, Utica y las comunidades más pequeñas a lo largo de los Grandes Lagos. Acto seguido, abarcó los estados de Pennsylvania, Massachusetts, Connecticut, Nueva Hampshire y Vermont. En una nación hundida en el temor de la Guerra Fría, en donde el recuerdo de la Crisis de los Misiles en Cuba aún estaba fresco, se temió en un principio que el apagón presagiaba la hecatombe nuclear. Un piloto comercial exclamó que el acto de ver la oscuridad que reinaba en la tierra que sobrevolaba su avión le hizo pensar que "había llegado el fin del mundo".

Estaciones radiales operando con fuerza de respaldo consiguieron tranquilizar a la población, aunque algunas noticias hacían referencias a "problemas sucedidos en el Norte" sin ofrecer nada concreto. Un instructor de aviación al norte de Syracuse, NY, dijo haber visto una colosal bola de fuego cerniéndose sobre las líneas de alta tensión de cuarto de millón de voltios pertenecientes a la estación de la empresa Niagara Mohawk en Clay, NY. Precisamente en ese momento, los operarios en la zona de Nueva York registraron una masiva arremetida de potencia hacia el norte, tal vez atraída por la "bola de fuego". Miles de testigos en las oscurecidas ciudades y comunidades rurales presenciaron esa tarde extrañas luces que surcaron el cielo impunemente.

Otros dijeron haber visto "bólidos" balanceándose sobre las líneas de transmisión mientras que mudaban colores desde el azul al verde y al anaranjado. Una hora antes de la interrupción del flujo eléctrico, dos pilotos de aviación civil – Jerry Whittaker y George Croniger – afirmaron haber visto dos interceptores de la fuerza aérea persiguiendo dos objetos desconocidos.

La explicación oficial producida en aquel momento fue que la disyunción de un relé en la enorme central Sir Adam Beck No.2, ubicada unas cuantas millas al norte de Niagara Falls, había producido el apagón. Según los expertos, la disyunción alegadamente sobrecargó las líneas en EE.UU. y los detectores de carga no fueron capaces de funcionar según su diseño – otro hecho que tampoco fue explicado satisfactoriamente.

El noreste de los EE.UU., presa de la oscuridad, fue un tema que despertó el interés mundial. No puede decirse lo mismo de los apagones que sucedieron después: semanas más tarde, Nuevo México, Texas y la república mexicana quedarían a oscuras. El 3 de diciembre de 1965, Ciudad Juárez en México y las principales urbes del suroeste estadounidense fueron víctimas de apagones inesperados, mientas que Socorro, NM, la base aérea Holloman, y el campo de misiles White Sands y otras instalaciones de interés estratégico quedaban inservibles. La culpa recayó sobre un par de unidades defectuosas en algún rincón de Nuevo México; sin embargo, testigos locales afirmaron haber visto un objeto resplandeciente sobre la central eléctrica.

Discusiones en torno a las medidas que podrían tomarse contra los apagones causados por los OVNI se hicieron sentir justo después de los eventos. Milton L. Scott, un investigador de Filadelfia, hizo la siguiente recomendación: "Podemos empezar por avisar a las empresas de servicio público del país sobre el peligro inminente de los apagones repentinos, y advertir a las centrales eléctricas que deben cerrar todos los interruptores dentro de su alcance si llegan a detectar un enorme sobretensión de procedencia desconocida desplazándose a lo largo de las líneas". El físico James McDonald, apasionado apologista de la existencia de los ovni hasta su trágica muerte, no dudó en afirmar que la fuente del apagón eran los no identificados.

Sudamérica también experimentaría apagones en masa, así como la gran oscuridad que arropó a Buenos Aires el 26 de diciembre de 1965. La mayor parte de la ciudad quedo a oscuras por espacio de siete horas sin que hubiesen plantas de emergencia disponibles a los círculos oficiales. Como resultado, la falta de comunicación con las autoridades causó un pánico tremendo entre la población. Sin embargo, platívolos capaces de "chupar" energía ya se habían dado a conocer en América del Sur años antes: un resplandeciente ovni en forma de platillo voló pausadamente sobre la comunidad brasileña de Mogi Mirim en 1957, extinguiendo las luces a sus paso. Los espectadores pudieron observar zonas completamente negras directamente debajo del trayecto del OVNI y otras zonas adyacentes en dónde la luz sólo se había atenuado. La situación se normalizó justo después de que el platívolo había abandonado la zona.

El policía y el platillo

El oficial de patrulla Herbert Schirmer, el malhadado protagonista del secuestro ovni de Ashland, Nebraska, en 1967, alegadamente fue conminado por uno de sus anfitriones alienígenas a asomarse por una ventanilla: el policía pudo ver que la "nave espacial" en la cual se encontraba había extendido una sonda sobre un cable de alta tensión. Se produjo un fogonazo breve y la sonda empezó a alimentarse de electricidad a partir del cable. Los ovninautas supuestamente le dijeron a Schirmer que tenían "dificultades en almacenar electricidad" y que el sobrante sería devuelto al cable de alta tensión. ¿Podría haber sido esta clase de operación la causal del Gran Apagón del Noreste, así como de otras averías de origen desconocido?

¿Del cine a la realidad?

Al hablar del fenómeno OVNI y su supuesto impacto sobre el tendido eléctrico de nuestro mundo, la primera imagen que entra en nuestra mente es la del confuso electricista Roy Neary (encarnado por Richard Dreyfuss) respondiendo a un apagón masivo en la ruralía estadounidense durante una de las mejores secuencias de Encuentros en tercera fase. Su misión – averiguar las causas del apagón de parte de su empresa de servicio público – se convierte en una experiencia de contacto que cambia su vida por completo.

Pero la extraña relación que existe entre el cine y los apagones producidos por la presencia de aparatos desconocidos en nuestros cielos no acaba ahí: Mientras que miles de estadounidenses visitaban cines en todo el país para presenciar el espectáculo cinematográfico llamado Independence Day (un rodaje parecido a La Guerra Entre Mundos en el cual una civilización extraterrestre intenta apoderarse de la Tierra, antes de ser derrotada por heroicos pilotos terrícolas), se estaba produciendo un incidente que resucitaba el incómodo espectro de los "apagones ovni".

El 2 de julio de 1996, algo desconocido consiguió incapacitar los sistemas de comunicación y de potencia a lo largo de una región de once estados de la unión americana, desde Montana hasta Nuevo México. La reacción en cadena tuvo como consecuencia alucinantes problemas de tránsito, obligó a los centros médicos y a los aeropuertos a activar sus plantas de emergencia, y dejó consternadas a millones de personas en un caluroso día de verano.

Al día siguiente, los informes de prensa indicaron que el problema residió en tres líneas de transmisión de 500 kilovoltios cada una que iban desde las centrales hidroeléctricas en la zona del noroeste hasta los estados del suroeste. Las autoridades manifestaron que las tres líneas cayeron simultáneamente, pero no eran capaces de explicar lo sucedido. El resultado fue que mas de una docena de centrales eléctricas quedaron fuera de línea, junto con siete bombas en el acueducto del Río Colorado. Un portavoz para Bonneville Power, empresa que administra el tendido eléctrico en el noroeste de los EE.UU., señaló que el problema estaba en Rock Springs, Wyoming, donde cuatro centrales de quinientos megavatios repentinamente quedaron fuera de línea.

1.2 millones de personas en Nevada, el oeste de Oregon, el sur de Idaho y el estado de California quedaron sin suministro eléctrico. Joe Marshall de la Idaho Power Co. dijo en un cable de la Associated Press: "Probablemente fue una sobrecarga, o hubo alguna falla, pero nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrió".

La revista Newsweek citó a un funcionario anónimo quien dijo: "Podemos decir que no fueron los OVNI, y creo que tampoco fue obra de los hackers". Pero la sospecha de que el fenómeno ovni pudo haber guardado alguna relación con el apagón no pudo eliminarse de la mente del público. Aunque no existen pruebas fehacientes que indiquen que el fenómeno haya sido la causa de los eventos, abundaron rumores en la Internet en cuanto a actividad ovni en Coeur D'Alene, Idaho (lugar conocido por sus avistamientos) y en otros puntos del tendido eléctrico nacional. Tal vez aún haya algo de cierto en el viejo dicho de que aquellos que olvidan el pasado están condenados a repetirlo.

http://fuego.dragoninvisible.com.ar/boletin2/dragon64.htm

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