miércoles, 24 de agosto de 2016

Próxima b: El día que la humanidad descubrió un planeta habitable alrededor de la estrella más cercana

Próxima b: El día que la humanidad descubrió un planeta habitable alrededor de la estrella más cercana
por Daniel Marín



Te imaginas que alrededor de la estrella más cercana al sistema solar haya un planeta potencialmente habitable? “Poco probable”, podrías pensar. La Galaxia está repleta de estrellas y sería mucha casualidad que justo al lado tuviésemos un exoplaneta de tamaño terrestre en el que pueda existir agua líquida, ¿no? Pues, afortunadamente, no, no es demasiada casualidad, porque el 24 de agosto de 2016 pasará a la historia como el día en el que la humanidad supo oficialmente que existía un mundo rocoso situado en la zona habitable de nuestra estrella más cercana. Hoy le damos la bienvenida a Próxima b.
Próxima b ya está aquí (molasaber.org).

El descubrimiento

El exoplaneta más cercano ha sido descubierto por un equipo de astrónomos liderado por el español Guillem Anglada Escudé dentro del marco del proyecto Pale Red Dot del Observatorio Europeo Austral (ESO). Este proyecto tenía precisamente como objetivo la búsqueda de planetas alrededor de Próxima Centauri, una estrella enana roja con un 12% de la masa del Sol y una luminosidad de tan solo el 15% de la solar. Próxima Centauri b —o Próxima b para abreviar— ha sido descubierto mediante el método de la velocidad radial —también conocido como método de espectrometría Doppler— por el que se puede detectar la presencia de planetas alrededor de una estrella midiendo el desplazamiento de las líneas espectrales. Este movimiento es proporcional a la velocidad de la estrella alrededor del centro de masas del sistema, o sea, un bamboleo provocado precisamente por la presencia de planetas a su alrededor.


Recreación artística de Próxima b. Próxima aparece enorme en el cielo, mientras que el sistema binario Alfa Centauri A y B sería una pareja de estrellas relativamente brillante en el cielo (ESO/M. Kornmesser).

Para descubrir Próxima Centauri b se ha usado el espectrógrafo HARPS (High Accuracy Radial velocity Planet Searcher) del telescopio de 3,6 metros de La Silla y el espectrógrafo UVES (Ultraviolet and Visual Echelle Spectrograph) del telescopio VLT, ambos en Chile. Una parte de los datos fue recabada entre los años 2000 y 2014, mientras que la otra fue obtenida durante una campaña específica que transcurrió entre el 19 de enero y el 31 de marzo de este año dentro del programa Pale Red Dot. La gran pregunta que surge cuando se detecta un exoplaneta tan fascinante como este es si se trata de un mundo real o, por contra, es una señal fantasma. No en vano, esto es justamente lo que pasó con el supuesto planeta vecino Alfa Centauri Bb, un exoplaneta que acaparó titulares cuando se descubrió en 2012 solo para desaparecer poco después al analizar los datos con más cuidado. Desgraciadamente, el método de la velocidad radial tiene este inconveniente y tenemos que vivir con él. Es casi imposible afirmar con total seguridad que un exoplaneta descubierto por este método es real y solo podemos estimar las probabilidades de que no sea un espejismo.

Las observaciones de los últimos 16 años apuntan a un planeta con un periodo de 11,2 días (Anglada Escudé et al.).

En este caso, la significación estadística de la señal de Próxima Centauri b en esta campaña y en las anteriores no es muy elevada si las analizamos por separado, pero al juntarlas se dispara hasta tal punto que no hay duda de que se trata de una señal real (¡hablamos de 16 años de observaciones combinadas!). La miga del asunto está en fusionar los dos conjuntos de datos, una tarea nada trivial que podría ser revisada en el futuro. Las estrellas enanas rojas como Próxima son muy ‘ruidosas’, es decir, su luminosidad varía tanto que la detección de planetas pequeños es harto complicada. Por eso los investigadores se han esforzado especialmente a la hora de eliminar el ruido provocado por la variabilidad estelar. De hecho, una vez restado el ruido la señal Doppler de Próxima b es relativamente elevada (1,4 m/s), por lo que si Próxima hubiera sido una estrella más tranquila habríamos descubierto mucho antes la presencia de este planeta. Por último señalar que la señal muestra evidencias de que haya otros planetas alrededor de Próxima.


Señal Doppler correspondiente al descubrimiento. FAP es el acrónimo de Probabilidad de Alarma Falsa, o sea, de que se un descubrimiento ficticio. Como vemos es muy baja (Anglada Escudé et al.).

Por supuesto, si hablamos del descubrimiento no podemos dejar de mencionar la filtración al diario alemán Der Spiegel, que a mediados de agosto publicó la noticia sobre la detección de un planeta posiblemente habitable alrededor de Próxima Centauri. Una vez destapado el secreto, solo era cuestión de unir los puntos. El propio equipo de Pale Red Dot había publicado parte de los resultados de su campaña, así que, como ya anunciamos en Eureka hace justo una semana, todo apuntaba a que se había detectado un planeta habitable con un periodo de 11,3 días o 23 días (al final el periodo es de 11,2 días).

Señal de velocidad radial de Próxima. Se aprecia el periodo de 11,2 días debido a Próxima b (ESO/G. Anglada-Escudé).

Próxima Centauri vista por el telescopio espacial Hubble. La estrella no es visible a simple vista (NASA/ESA/STScI).

¿Qué sabemos de Próxima b?

Desgraciadamente no podemos ver el planeta directamente —qué más quisiéramos— y lo único que somos capaces de inferir a partir de los datos Doppler es la masa y periodo orbital del mundo. Próxima b tiene 1,27 masas terrestres y orbita su estrella a 7,5 millones de kilómetros, con un periodo de traslación —o sea, año— de 11,186 días. A primera vista uno pudiera pensar que un mundo situado a 7,5 millones de kilómetros de su estrella debe estar demasiado caliente para ser habitable, pero no olvidemos que Próxima es una estrella mucho más pequeña y fría que el Sol y, por tanto, su zona habitable también está mucho más cerca. En realidad, la zona habitable conservadora de Próxima incluye a cualquier planeta con un periodo de entre 4 y 15 días, así que nuestro planeta se halla justo en la zona Ricitos de Oro, como dirían los anglosajones.
 
Próxima b está en la zona habitable de su estrella (ESO/Pale Red Dot).

¿Cómo podemos saber más sobre este mundo? Lo ideal es que el planeta pasase por delante de su estrella visto desde la Tierra, es decir, que transitase. De esta forma podríamos medir su tamaño y, puesto que ya sabemos su masa, seríamos capaces de estimar su densidad media. Esto nos permitiría tener una idea aproximada de qué tipo de mundo se trata, aunque fuera de forma rudimentaria. Un tránsito a la distancia de Próxima también nos permitiría con suerte detectar la existencia de una hipotética atmósfera y analizar su composición. Lamentablemente, el equipo de Anglada Escudé no ha detectado ningún tránsito de Próxima b. Está claro que eso sí que habría sido demasiada suerte. Por otro lado, la enorme cercanía de Próxima hace posible que sea factible ver el planeta directamente en el futuro con los instrumentos actuales. Así que debemos tener paciencia: más tarde o temprano tendremos la capacidad de ver a nuestro vecino más próximo.

Recreación artística de Próxima b (ESO/M. Kornmesser).

Pero volvamos a lo esencial: ¡Próxima Centauri b es un planeta de masa terrestre en la zona habitable! Es importante subrayar este punto, porque aunque hemos descubierto muchos mundos potencialmente habitables —la mayoría gracias al telescopio espacial Kepler—, casi todos tienen una masa muy superior a la terrestre. Es decir, se trata de supertierras o minineptunos. De entre los exoplanetas más prometedores descubiertos hasta el momento solo Kepler-186f tiene una masa comparable a la de Próxima b, aunque fue descubierto por el método del tránsito y este valor es solo una estimación. También es verdad que el método de la velocidad radial solamente nos da la masa mínima, así que puede que Próxima sea ligeramente más masivo. Puesto que desconocemos su tamaño no se puede calcular su gravedad superficial, pero es de esperar que sea un poco más grande que la Tierra, así que la aceleración gravitatoria no debe ser muy diferente a la de nuestro planeta.

La zona habitable ‘pesimista’ alrededor de Próxima en verde. Incluye cualquier planeta con un periodo de entre 4 y 15 días (ESO/Pale Red Dot).

La habitabilidad de Próxima b: ¿una segunda Tierra?

Uno de los mantras que repite sin cesar cualquier astrónomo que estudia exoplanetas es que un mundo potencialmente habitable no es sinónimo de un mundo habitado. El que esté en la zona habitable solo nos indica que, dadas las condiciones adecuadas, un planeta situado en esta región es capaz de tener agua líquida en su superficie de forma estable. Ni más, ni menos. Nada de bacterias u hombrecillos verdes. La cuestión es, precisamente, cuáles son esas condiciones adecuadas. Puesto que solo sabemos la masa y el periodo, por el momento es imposible saber si Próxima b es capaz de albergar océanos o incluso simples charcas. La inclinación de su eje, la densidad de su atmósfera o su actividad interna son algunos factores que podrían hacer de este mundo un infierno o un vergel según los valores que tomen.

Recreación de un mundo habitable con acoplamiento de marea alrededor de una enana roja. El hemisferio diurno es caluroso, mientras que el nocturno está cubierto de hielo. Destaca una inmensa y perpetua tormenta sobre el punto subestelar (Don Dixon).

De acuerdo con la distancia a la que se encuentra de su estrella, Próxima Cen b tiene una temperatura de equilibrio de 234 kelvin (-39º C), o sea, casi 20º C más fría que la temperatura de equilibro de la Tierra (-18º C). En el caso de nuestro planeta la existencia de una atmósfera con varios gases de efecto invernadero elevan la temperatura final por encima de los 0º C, pero no sabemos si eso también pasa en Próxima b. No obstante, esta diferencia de temperatura media no es un obstáculo para la vida. Cabe señalar que Próxima b también destaca favorablemente en este punto cuando lo comparamos con otros planetas extrasolares potencialmente habitables. Solo Gliese 667 Cc tiene una temperatura de equilibrio mayor (-26º C), pero se trata de una supertierra.

Ahora bien, aunque es posible que Próxima b sea habitable, difícilmente será una exotierra, es decir, un planeta idéntico al nuestro. Debido a la escasa distancia que la separa de su estrella es casi seguro que presentará acoplamiento de marea y su eje no estará inclinado como el de nuestro planeta (así que nada de estaciones). Esto significa que siempre mostrará un hemisferio hacia Próxima. En una mitad del planeta siempre será de día y en la otra mitad reinará una oscuridad perpetua. Debido al acoplamiento de marea, las zonas climáticas en Próxima b no estarán condicionadas por la latitud, como en la Tierra, sino por la distancia al centro del hemisferio diurno, el llamado punto subestelar. Esta punto sería el más cálido, mientras que a medida que nos alejamos hacia el terminador —la frontera entre el día y la noche— la temperatura media bajará considerablemente.

Una exotierra en Próxima podría ser algo así. El planeta mostraría siempre el mismo hemisferio hacia la estrella y la región habitable podría estar limitada a un anillo junto al terminador (salvo que sea un mundo océano) (http://rareearth.wikia.com/wiki/User:Beau.TheConsortium).

Vista desde la superficie, Próxima siempre estará en la misma posición del cielo según a la distancia del punto subsolar a la que uno se encuentre. Próxima b es un planeta donde las sombras permanecen inmóviles. Según los modelos teóricos, este tipo de planetas puede ser perfectamente habitable dependiendo de la cantidad de agua en su superficie. Si el planeta tiene muy poca agua puede que esta se acumule en el hemisferio nocturno como un casquete de hielo, dejando el hemisferio diurno casi totalmente seco (aquí también hay que tener en cuenta la densidad de la atmósfera). En el otro extremo, si se trata de un mundo océano las diferencias de temperatura entre ambos hemisferios se amortiguarían gracias a las corrientes oceánicas, dando lugar a una ‘tierra en forma de ojo’ (eyeball earth), llamada así porque el hemisferio nocturno y parte del diurno podrían estar cubiertas por hielo, mientras que una zona alrededor del punto subestelar, la ‘pupila’ del ojo, estaría libre de hielo. Por supuesto, también existen escenarios intermedios en el que la región habitable del planeta se limita a un anillo alrededor del terminador u otra zona alrededor del punto subestelar.

Una ‘tierra en forma de ojo’ con acoplamiento de marea. El hemisferio nocturno está cubierto de hielo, así como casi todo el diurno. Solo la zona alrededor del punto subestelar está libre de hielo. A cambio existe agua líquida en las profundidades en todo el planeta.

El otro gran obstáculo al que debe hacer frente la vida en Próxima b es la volubilidad de su estrella. Próxima, como todas las enanas rojas, emite rayos X profusamente y se caracteriza por tener frecuentes fulguraciones muy energéticas que podrían esterilizar el planeta. Solo la combinación de un potente campo magnético y una atmósfera relativamente densa podría defender a los posibles microorganismos. El campo magnético también serviría para proteger la atmósfera de los vientos estelares y evitar que desaparezca. Sí, puede que Próxima no sea una Tierra 2.0, pero eso no significa que no sea apta para la vida. Incluso si carece de un campo magnético intenso y una atmósfera densa, los hipotéticos microbios proximanianos —¿proximitos?— serían capaces de vivir en el hemisferio nocturno sin mayor problema (recuerda que si hay mucha agua solo la parte superior estaría congelada en este lado del planeta).

Como todas las enanas rojas, Próxima Centauri emite potentes fulguraciones que hacen aumentar de brillo la estrella repentinamente en un 10% y emiten enormes cantidades de rayos X (Pale Red Dot).

Si Próxima b tiene plantas, puede que estas sean negras.

Pero Próxima también tiene cosas buenas. A diferencia del Sol, la mayor parte de la radiación que emite está en el infrarrojo y no en el ultravioleta y el espectro visible. Los organismos fotosintéticos podrían realizar la fotosíntesis en el agua o en la superficie sin tanta necesidad de protección como en la Tierra —nos olvidamos de los rayos X y las fulguraciones por un momento—, donde la vida requirió de la creación de la capa de ozono para prosperar en la superficie de los continentes. Claro que para eso los microorganismos fotosintéticos y las plantas de Próxima b deberían absorber eficientemente la luz infrarroja y no tanto la visible. En definitiva, la vegetación de Próxima b, si existe, es posible que sea de color negro.

Además, Próxima tiene más o menos la misma edad que el Sol —se calcula que ronda los 4800 millones de años— y, lo más importante, seguirá brillando miles de millones de años después de que nuestra estrella haya muerto y la Tierra no sea más que un resto calcinado girando a su alrededor. Desde el punto de vista de la longevidad estelar, la vida ha tenido y tendrá muchas más ocasiones de aparecer y prosperar en Próxima b que en la Tierra.

Otros planetas extrasolares potencialmente habitables. La mayoría son mucho más grandes que la Tierra (phl.upr.edu).

Tamaño aparente de Próxima Centauri vista desde Próxima b y el Sol visto desde la Tierra (ESO/G. Coleman).


¿Podemos viajar a Próxima b?

Esta es la gran pregunta que nos hacemos todos. Las distancias entre estrellas son abismales, pero lo que está claro es que la naturaleza no nos lo va a poner más fácil. Próxima está tan solo a 4,246 años luz de distancia. Salvo que descubramos una enana marrón más cercana con planetas —¿son oficialmente planetas los mundos que orbitan una enana marrón?—, Próxima b es el mundo más accesible que conocemos. Con Próxima b nos ha tocado la lotería.

Las estrellas más cercanas al Sol (Wikipedia).

Distancias al Sol en escala logarítimica (NASA).

Ahora bien, ¿cómo podríamos ir hasta allí? La sonda más rápida fabricada por el hombre es la Voyager 1. Lanzada en 1977, se aleja del sistema solar a una velocidad de 17 km/s (61.200 km/h o 3,7 unidades astronómicas al año) gracias al uso de propulsión química convencional y maniobras de asistencia gravitatoria con Júpiter y Saturno. Parece mucho, pero a ese ritmo tardaríamos nada más y nada menos que 74.000 años en llegar a Próxima b. No es muy práctico, la verdad. ¿Se puede mejorar esa cifra? Sí, por supuesto. Si usamos tecnologías que ya están maduras es posible alcanzar velocidades de 20 UA/año, es decir 30.000 millones de kilómetros por año. Para alcanzar esta velocidad se pueden usar velas solares y maniobras de asistencia gravitatoria con el Sol y Júpiter.

En una misión de este tipo la sonda usaría propulsión química o una vela solar para reducir primero —sí, reducir— su velocidad orbital y acercarse al Sol hasta una distancia de 37 millones de kilómetros. Si además en el momento de máxima aproximación al Sol la sonda enciende sus motores, el Efecto Oberth le permitirá multiplicar el efecto de la maniobra de asistencia gravitatoria. Si además despliega una vela solar, las velocidades de escape del sistema solar estarían en el orden de 14 a 20 UA/año (depende del tamaño de la vela y otros factores). La vela se separaría a la distancia de la órbita de Júpiter, cuando la presión de radiación de la luz solar fuera despreciable. También es posible usar velas eléctricas en vez de solares para alcanzar velocidades comparables, aunque se trata de una tecnología menos madura.

Trayectoria del proyecto Interstellar Probe de 1999. La sonda alcanzaría una velocidad de 14 UA/año gracias a una vela solar y a una maniobra de asistencia gravitatoria con el Sol (NASA).

Una velocidad de 20 UA/año no está nada mal y nos permitiría estudiar el medio interestelar o el punto focal del Sol, pero tardaríamos 14.000 años en llegar a Próxima b. Sigue siendo claramente insuficiente. Si en vez de velas solares empleamos propulsión eléctrica con motores iónicos o de plasma alimentados por un reactor nuclear o generadores de radioisótopos (RTGs) es posible alcanzar 26 o 30 UA/año. Obviamente, no basta. Está claro que debemos buscar otra solución.

La sonda RISE (Realistic InterStellar Explorer) se aleja del Sol gracias a los motores iónicos de xenón, cuya luz azulada le da un aspecto fantasmagórico a la nave. Este proyecto de 2002 habría alcanzado una velocidad de 20 UA/año. Habría empleado RTGs de Americio 241 en vez de Plutonio 238 (NASA).

Y es que para viajar a Próxima b nos veremos obligados a desarrollar nuevas tecnologías. La más prometedora son las velas láser. Su principio es similar al de una vela solar, pero en vez de usar la luz del Sol se emplea la luz de un haz láser o máser situado en el espacio o en la superficie terrestre. De esta forma la aceleración que sufre la sonda se mantiene durante mucho tiempo. En teoría, la tecnología de vela láser es increíblemente prometedora y nos ofrece alcanzar velocidades del orden del 10% o el 20% de la velocidad de la luz, por lo que tardaríamos entre veinte y cuarenta años en llegar a Próxima b. Evidentemente, esto ya es otra historia, aunque quedaría pendiente resolver los problemas asociados con el pequeño tamaño de las naves —la sonda debería ser muy pequeña, del orden de 100 kg— y las colisiones con partículas de polvo interestelar.

Precisamente, el reciente proyecto Breakthrough Starshot quiere usar esta tecnología para mandar nanovelas láser a Alfa Centauri —ya han anunciado que ahora cambiarán de objetivo a Próxima— en un viaje de veinte años mediante un conjunto de láseres de cien gigavatios situado en el desierto. En cualquier caso, el viaje con vela láser se vuelve mucho más asequible si asumimos velocidades menores y tiempos de vuelo de cincuenta o cien años (el viaje interestelar no es para los impacientes).

Una nanovela láser para viajar a Alfa Centauri (Breakthrough Starshot).

Ahora bien, si el objetivo es enviar personas, me temo que todavía nos queda mucho por delante. En ese caso la tecnología de velas láser sigue siendo una de las favoritas, pero sería necesario diseñar velas gigantescas de decenas o cientos de kilómetros de diámetro con varias etapas para frenar y regresar a la Tierra, así como láseres increíblemente potentes situados en el espacio (hablamos de láseres con potencias de 10^16 vatios, superior en varios órdenes de magnitud a la potencia que genera nuestra civilización en conjunto).



Vela láser tripulada con tres etapas para ir y volver a una estrella cercana (Robert Forward/Hughes).

Otras posibilidades recaen en los sistemas de propulsión exóticos, como la propulsión de antimateria (el calor generado por la aniquilación de una pequeña cantidad de antimateria se usa para expulsar un propelente, como por ejemplo hidrógeno), propulsión fotónica (toda la energía de la desintegración de antimateria se usa para propulsar la nave), fusión nuclear (quizás aumentada mediante el uso de estatocolectores tipo Bussard) o incluso una combinación de varias tecnologías (como la fusión nuclear producida por la aniquilación de antimateria). La duración de los viajes interestelares usando estas tecnologías depende mucho de los detalles. El Proyecto Dédalo de los años 70 preveía lanzar una enorme sonda por etapas de 190 metros de largo propulsada por fusión nuclear por pulsos que tardaría medio siglo en llegar a la estrella de Barnard, situada a 6 años luz de distancia. Otra variante, el Proyecto Longshot de los años 80, también a base de fusión, se basaba en la premisa de que una sonda necesitaría un siglo en llegar a Alfa Centauri.

Sonda no tripulada Dédalo a base de fusión nuclear con un Saturno V a escala.

También hay que tener en cuenta que otros sistemas de propulsión interesantes para el viaje interplanetario no lo son tanto de cara al viaje interestelar. Me refiero a la propulsión nuclear térmica similar a la desarrollada para el proyecto NERVA o a la propulsión nuclear por pulsos del proyecto Orión. En el primer caso la eficiencia está muy por debajo de lo requerido para un viaje interestelar, mientras que en el segundo habría que revisar el proyecto de arriba a abajo. Orión se movía por el espacio usando el empuje generado por explosiones nucleares sobre una placa con amortiguadores, pero una versión interestelar tendría una masa cercana a las 400.000 toneladas y una placa que rondaría los cien metros de diámetro. Para más inri debería llevar 300.000 artefactos nucleares de fusión —no de fisión como en la versión interplanetaria— y, a pesar de todo, se estima que la velocidad máxima de este sistema de propulsión nuclear por pulsos es de solo entre el 3% y el 10% de la velocidad de la luz. Muy poco si tenemos prisa, pero aceptable para una nave generacional o si lo unimos con otras tecnologías. Sirva de ejemplo el proyecto Medusa de los años 90, que preveía el uso de propulsión nuclear por pulsos combinada con una vela solar.

Una nave interplanetaria Orión, ejemplo de propulsión nuclear por pulsos. Este tipo de propulsión no es ideal para viajar a otras estrellas si no se combina con otras tecnologías (Joe Bergeron).

El desafío es grande, pero evidentemente antes o después habrá que afrontarlo. Las máquinas y personas que viajen hasta la estrella más cercana no solo verán un nuevo mundo, sino un cielo ligeramente diferente al nuestro. En el cielo de Próxima b el Sol aparecerá como una estrella brillante en la constelación de Casiopea, un simple punto de luz indistinguible del resto.

El Sol en el cielo del Próxima Centauri: una estrella de la constelación de Casiopea (David Charbonneau).

Próxima en la ficción

Al tratarse de la estrella más cercana es lógico que Próxima Centauri haya sido protagonista de innumerables relatos e historias de ciencia ficción. No obstante, la mayoría de esas historias se han centrado más en las estrellas hermanas Alfa Centauri A y B en vez de la pequeña Próxima (Alfa Centauri C), seguramente debido a su mayor parecido con nuestro Sol.

Próxima hace su aparición en la serie de televisión de los 90 Babylon 5. En la serie la humanidad ha instalado una colonia en Próxima III, el tercer planeta alrededor de Próxima y la primera colonia terrestre fuera del sistema solar. En cuanto a novelas, Próxima también aparece en la magistral El Problema de los tres cuerpos de Liu Cixin, aunque ciertamente la descripción de Próxima y el resto de estrella del sistema de Alfa Centauri es poco fiel a la realidad, y eso siendo generosos. Pero sin duda la representación más interesante de cómo podría ser un mundo habitable alrededor de Próxima es obra del escritor británico Stephen Baxter.

En Proxima, de Stephen Baxter, se describe con detalle las particularidades de un mundo habitable con acoplamiento de marea alrededor de Próxima Centauri.

En la novela Proxima (2013) y su secuela Ultima (2014), Baxter imagina la colonización forzosa de un planeta habitable en Próxima Centauri usando naves que usan propulsión nuclear de pulsos. La novela describe con total fidelidad cómo podría ser la vida en un mundo con acoplamiento de marea alrededor de una estrella enana roja y, a pesar de que el planeta es demasiado parecido a la Tierra en tanto en cuanto permite la supervivencia de seres humanos sin mayor problema, es un fantástico punto de partida si alguien quiere saber qué se siente al vivir en un mundo de este tipo.  

Bienvenidos al futuro

La inmensa mayoría de estrellas de nuestra Galaxia son como Próxima Centauri. Incluso si Próxima b resulta ser un lugar inhóspito, la exploración de los planetas alrededor de enanas rojas es fundamental si queremos entender las posibilidades que tiene la vida en la Vía Láctea. Hasta la fecha hemos descubierto miles de exoplanetas y sin duda descubriremos muchos más en los próximos años. Pero ninguno de los planetas que conocemos y los que quedan por descubrir podrá estar más cerca que un mundo alrededor de Próxima Centauri. A partir de hoy las generaciones que nos sigan sabrán que alrededor de una pequeña estrella del cielo del hemisferio sur hay un planeta que podría ser habitable. La búsqueda de exoplanetas cercanos similares a la Tierra ya no es una abstracción. Hoy empieza la era de Próxima b. 



http://danielmarin.naukas.com/2016/08/24/el-dia-que-la-humanidad-descubrio-un-planeta-habitable-alrededor-de-la-estrella-mas-cercana/

1 comentario:

  1. Muy interesante.Ojalá podamos ver en estos años, un planeta con agua. Un saludo.

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