domingo, 12 de abril de 2026

La noche en la que José Trejo y otros cuatro soldados dispararon contra un «humanoide de tres metros»

La noche en la que José Trejo y otros cuatro soldados dispararon contra un «humanoide de tres metros»
Medio siglo después, el militar retirado recuerda lo ocurrido en una base militar extremeña. Sigue considerándose uno de los casos ufológicos más estudiados del país.
por Adrián García Durán


El soldado Trejo, entrevistado por ABC. (Ángel Márquez)

12 de noviembre de 1976. Franco había muerto un año atrás y, entre tambores de golpes de Estado, a las puertas de una democracia que todavía no terminaba de nacer, aquel día lo más noticiable en Extremadura era el viento, que soplaba algo más fuerte de lo habitual. En la base aérea militar de Talavera la Real, a apenas 15 kilómetros de Badajoz, los soldados encaraban, ya de madrugada, una guardia rutinaria.

El movimiento y la inquietud propios de la época no eran más que el contexto de una noche como tantas otras. Al menos para un soldado raso, como José Manuel Trejo. Era su turno. Ya pasada la medianoche. Él y su compañero, Juan Carrizosa, agotaban su guardia, sobre las 2.45 horas, deseosos ya de compartir un 'piti' cuando, casi de repente, un ruido les llamó poderosamente la atención. Es complejo definirlo en papel sin los gráficos gestos a los que recurre el ya jubilado Trejo, mientras se toma con total normalidad el segundo cortado de la tarde. Sería algo así como dibujar, a través de silbidos, un zigzag en el aire: «Una especie de corriente, fuerte, parecía que zumbaba». Justo después, recuerda, se produjo una especie de estallido que alumbró toda la base «como si fuese de día», justo antes de dejarlo todo a oscuras.

Los que estaban despiertos acudieron al punto en el que estaba la pareja de guardia. También les había llamado la atención esa «explosión» de luz. Intentaron entonces utilizar el teléfono que tenían en la garita, pero no funcionaba.


Fotografía histórica del interior de la base aérea de Talavera la Real, en Badajoz. (ARCHIVO HOY)

El cabo primero les da permiso a cinco soldados, entre ellos un perrero, para desplazarse hasta el lugar donde se encontraba el cuerpo de guardia con la intención de avisar de lo sucedido, porque la base seguía a oscuras, sin luz. El recorrido no era de más de un kilómetro. Mientras trataban de avanzar, el perro que les acompañaba se mostraba cada vez más inquieto, casi intratable. Ellos avanzaban en una dirección y el animal empujaba hacia la contraria. Viendo su insistencia, le dejan suelto y lo siguen.

El perro se adentra en una alameda de eucaliptos que bordeaba toda la base aérea con el fin de camuflar las pistas de aterrizaje. Caminan 15 o 20 metros, no más, y quedan paralizados: «Notamos un remolino, las hojas se movían en círculos, el perro nos protegía no sabíamos de qué. En un momento, se hace el silencio, no se escucha nada. Miro hacia atrás y veo un ser, un humanoide, de casi 3 metros, verde, fluorescente, con los brazos en cruz».

Es el perro el que, según la historia de Trejo, se abalanza sobre dicho ser y sale disparado por encima de los soldados, «como si hubiese una especie de campo magnético a su alrededor». La reacción de los soldados es inmediata: disparar. Disparan más de 120 balas. Todos menos él, menos Trejo, que se quedó inmóvil: «A mí esa figura me daba, no sé cómo decirlo, pero, cierta confianza. Si no me ataca, yo no ataco». Segundos después, dice sentir una descarga y cae al suelo, sin fuerza, casi sin conocimiento. Sus compañeros, incluso, llegan a darle por muerto.

Tras el carrusel de disparos, el ser, la figura o, como dice Trejo, «el humanoide», desaparece con un fundido a negro «como el de las televisiones antiguas, cerrándose en un punto». Tras lo sucedido, Trejo sufre una descomposición. No tiene fuerzas para levantarse, pero le ayudan sus compañeros. Su vida acaba de cambiar para siempre.

Al día siguiente, a las 8.00 horas, los cinco soldados, tres de ellos extremeños, van al calabozo. Allí, son interrogados por separado. Los cinco cuentan exactamente lo mismo. Trejo dice que le llegan a interrogar decenas de veces. Su versión nunca cambió. Ni la del resto. Por supuesto, les hacen pruebas. Drogas, alcohol o cualquier cosa que pudiese explicar una situación de histeria colectiva. Nada.

De hecho, cuando se le pregunta directamente si aquella madrugada tomó algo fuera de lo normal, Trejo responde con gracia: «Lo que está claro es que al menos uno no iba drogado: el perro». El perro, León de nombre, que tiene una historia en sí mismo: participó en la operación que terminó con la captura de Eleuterio Sánchez, «El Lute». Estaba condenado a muerte, o así lo recuerda Trejo, por atacar a un guardia que lo custodiaba, pero un sargento lo llevó a Talavera con la intención de abrir, dentro de la base, una perrera. «Era buenísimo -dice- y el testigo más fidedigno de lo que pasó». Casualidad o no, el perro falleció por inanición apenas unos días después.

Alto secreto militar

Los militares inspeccionaron la zona del supuesto encuentro y no encontraron ni un solo casquillo. Ni uno. Entre 50 o 60 soldados, en formación, buscan pistas y solo encuentran una serie de botellas de vidrio derretidas. Nada más. Trejo cuenta que él siguió encontrándose mal, física y psíquicamente. «No me podía tener en pie». Así continúa unos días hasta que su padre lo lleva a un hospital militar, en Madrid. Cuenta que permanece ingresado allí durante semanas y que llega a estar «13 días en coma». Sin embargo, ninguna investigación posterior ha podido demostrar ni encontrar ningún expediente sanitario que demuestre que Trejo estuvo allí.


José Manuel Trejo relata su historia para ABC. (Ángel Márquez)

El caso es declarado de alto secreto militar y todos los materiales de la investigación son clasificados: «Nos prohíben comunicarnos entre nosotros, había dos que no volví a ver nunca, un vasco y un catalán, que murieron atropellados, pero a Juan Carrizosa y José Hidalgo, que ambos eran de Azuaga (Badajoz), les abracé 25 años después, cuando me lo permitieron».

Credito: buscalibre.com
Los tres soldados extremeños cumplieron el mandato «a rajatabla». Fue después cuando el caso empezó a conocerse, primero por la insistencia del mítico J.J. Benítez y, después, del que fue su pupilo, Iker Jiménez, que, incluso llegó a publicar un libro de enorme éxito, 'La noche del miedo', que narra la historia de Talavera.

Desclasificado por Defensa

Medio siglo después, nadie sabe a qué o contra qué dispararon los soldados aquella noche. «Es uno de los expedientes X más increíbles de nuestro país», asegura el divulgador local Samuel Hernández, que ha realizado varios trabajos sobre el caso. Parte de los materiales de la investigación se desclasificaron en los años 90, aunque no aportan demasiado: «Hay mucho nombre tachado, mucha censura».

El caso de Talavera se considera de especial relevancia para los amantes de la ufología porque los supuestos hechos se producen en una base militar. Sin embargo, a lo largo de los años, ha habido investigadores que han seguido apuntando a una situación de histeria colectiva. En su día, Vicente Juan Ballester, que dedicó buena parte de su vida a investigar expedientes OVNIs, aseguró que el mando de la base nunca consideró lo ocurrido como tal y que la desclasificación se produjo por la solicitud de información al Ministerio de Defensa.


Fotografía históricas de la base aérea de Talavera la Real, Badajoz. (Diario HOY)

Sea como sea, tras una hora de charla, en una céntrica cafetería de Badajoz, muy cerca del famoso Paseo de San Francisco, entre café y café, Trejo no se despega del libro en el que su buen amigo Iker Jiménez cuenta «su historia». Porque para él, por encima de todo, es eso: su historia. Han pasado 50 años y no ha cambiado ni una coma. Ahora, con 69 años, da clases de guitarra.

Su vida no estuvo nunca en el servicio militar. Su vida fue la música. A ello se dedicó con dignidad durante décadas. Dice no tener miedo a que la gente piense que esté «loco». No se esconde al hablar de ello. Lo transmite con cierto orgullo, convencido no solo de la historia que relata, sino de que, por encima de todo, esa historia marcó, de una u otra manera, lo que es hoy.

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