martes, 28 de julio de 2026

Platillos voladores y manipuladores de la opinión pública: los OVNIs y el nacimiento del Estado mediador estadounidense

Platillos voladores y manipuladores de la opinión pública: los OVNIs y el nacimiento del Estado mediador estadounidense
por David Metcalfe



Cualquier investigador serio del fenómeno OVNI sabe que muchos gobiernos han implementado programas de "gestión de la percepción". Existen buenas razones para ello, relacionadas con la seguridad nacional. Los avistamientos podrían estar vinculados a los programas militares de otro gobierno, o, si las extrañas naves provienen realmente de otros planetas, podrían ser hostiles. O, lo más probable, los gobiernos no quieren generar alarma y simplemente desconocen qué son los OVNIs. Como dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein: "De lo que no se puede hablar, mejor callar".

En cualquier caso, existe una historia exhaustivamente documentada de gestión de la percepción. Documentos desclasificados revelan que los gobiernos, incluidos los del Reino Unido y Estados Unidos, a menudo han encubierto y manipulado información sobre avistamientos de OVNIs. Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en el Informe Durant, que recoge las actas del Panel Robertson de 1953, un comité del gobierno estadounidense convocado para estudiar los OVNIs. Si bien el comité concluyó que los OVNIs en sí mismos no representaban un riesgo para la seguridad, recomendó un proyecto de gestión de la percepción que denominaron «formación y desmitificación»: una campaña de educación en los medios de comunicación, llevada a cabo con la ayuda de académicos y magnates mediáticos, para controlar el conocimiento público sobre los OVNIs.

– Diana Pasulka, American Cosmic – UFOs, Religion, Technology (Oxford University Press, 2019)

Boston Sunday Post, 20 de julio de 1947.
La era moderna de los OVNIs comenzó en 1947, un año marcado por cambios culturales trascendentales. La era atómica acababa de arrancar, la Segunda Guerra Mundial había reordenado radicalmente el poder global y Estados Unidos emergía como una potencia hegemónica asimétrica en los ámbitos militar, tecnológico y económico. Para gestionar este nuevo y aterrador panorama, Washington construyó apresuradamente una formidable estructura de secreto de Estado. Mediante la Ley de Seguridad Nacional de 1947, el país creó la CIA, una Fuerza Aérea independiente y el Consejo de Seguridad Nacional.

Luego, en 1947, abrió sus puertas otra institución: la Sociedad de Relaciones Públicas de América (PRSA).

A primera vista, estos sucesos parecen pertenecer a universos completamente distintos. Uno se refiere a objetos anómalos de apariencia metálica, avistados por un piloto privado en los cielos del Monte Rainier, que desencadenaron una oleada de avistamientos en todo Estados Unidos; el otro concierne a la comunicación corporativa, la confianza pública y la gestión clínica de la reputación organizacional. Sin embargo, vistos desde una perspectiva histórica más amplia, revelan algo importante sobre el ecosistema cultural en el que surgió el fenómeno de los platillos voladores.

El fenómeno OVNI no surgió espontáneamente en la Norteamérica de la posguerra. Se materializó dentro de un nuevo imperio que se transformaba rápidamente en una sociedad de la información y un estado mediador. Esto no implica que las relaciones públicas fabricaran el fenómeno OVNI, ni que el misterio en sí fuera una operación psicológica ideada por la publicidad. Los platillos voladores tienen antecedentes históricos que se remontan a siglos atrás, al igual que el arte de la propaganda es anterior al siglo XX. Lo que cambió después de la Segunda Guerra Mundial no fue la existencia del misterio o la persuasión, sino la institucionalización sistemática de la gestión de la información y la comunicación de masas como características definitorias de la vida estadounidense.

Para comprender esta transformación, sin embargo, tenemos que remontarnos una generación atrás.

Antes de los platillos voladores

Mucho antes de Kenneth Arnold o Roswell, Estados Unidos ya había descubierto que la información utilizada como arma podía funcionar como un instrumento de poder nacional.

En 1917, tras la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, el presidente Woodrow Wilson creó el Comité de Información Pública (CPI, por sus siglas en inglés) bajo el enérgico liderazgo del periodista George Creel. El CPI representó el primer esfuerzo industrializado del gobierno federal para coordinar mensajes, moldear la opinión pública y movilizar a toda la población mediante la difusión sincronizada de periódicos, folletos, películas y discursos públicos.

El propósito del Comité de Información Pública era crear y distribuir información bélica que apoyara los esfuerzos bélicos de Estados Unidos. El presidente del comité, George Creel, periodista del Medio Oeste, emprendió una campaña nacional de propaganda que incorporó prácticamente todos los medios de comunicación —periódicos, revistas, folletos, publicidad, radio y los primeros filmes— para difundir un mensaje positivo sobre la guerra.

La experiencia previa de Creel como periodista influyó en el método de recopilación de información del CPI, y él enfatizó que este basaba su mensaje en hechos concretos en lugar de exageraciones. Sin embargo, el CPI siempre presentó sus mensajes de manera positiva.

Una práctica específica que Creel desarrolló fue el programa "Four Minute Man", mediante el cual oradores públicos realizaban presentaciones de cuatro minutos sobre diversos temas en entornos sociales. Esta táctica formal y personal, combinada con una avalancha de propaganda diaria a través de noticias y radio, demostró la eficacia de los métodos propagandísticos del CPI.

– Thomas Richardson, "Four Minute Men, and the US Committee on Public Information" (Comisión del Centenario de la Primera Guerra Mundial).

El Índice de Percepción de la Conciencia (IPC) fue sumamente controvertido, incluso para sus contemporáneos, pero su legado fue perdurable. Tras el armisticio, las técnicas psicológicas perfeccionadas en tiempos de guerra se integraron sin problemas en el comercio, la política y la sociedad civil. Pioneros como Ivy Lee y Edward Bernays transformaron la publicidad bélica en algo mucho más sistemático y clínico: las relaciones públicas. A mediados de siglo, las instituciones ya no consideraban la comunicación como algo secundario, sino como una función estratégica fundamental que requería investigación rigurosa, planificación psicológica y experiencia profesional. Hoy en día, los "Hombres de los Cuatro Minutos" de Creel se han convertido en los influencers, comentaristas y expertos instantáneos que pueblan las redes sociales.

La fundación del Instituto de Relaciones Públicas en 1948 no dio inicio a esta historia; marcó su madurez. Para cuando se reportaron los primeros platillos voladores, Estados Unidos llevaba tres décadas construyendo instituciones dedicadas no solo a transmitir hechos, sino también a controlar cómo la información moldea la percepción, la legitimidad y la confianza humanas.


Tabla de informes diarios de OVNIs del 15 de junio al 15 de julio de 1947, del Informe sobre la oleada de OVNIs de 1947, Comité Nacional de Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos (NICAP, 1967).

La llegada del OVNI

Fue en este mundo hipercontrolado donde apareció el platillo volador. Esta convergencia histórica y cronológica es clave para comprender dónde nos encontramos ahora, tantas décadas después de 1947, cuando el artículo de Leslie Kean, Ralph Blumenthal y Helene Cooper publicado en el New York Times en 2017 dio inicio a una nueva ola de manipulación en torno al tema OVNI. En apenas unos años, Estados Unidos presenció el nacimiento de la era atómica, el auge del aparato de seguridad nacional, la expansión de las redes de inteligencia globales, el perfeccionamiento de la guerra psicológica, la difusión masiva de la televisión, la profesionalización de las relaciones públicas… y la llegada del OVNI moderno.

Todo comenzó en un día radiante de 1947. El empresario Kenneth Arnold, mientras sobrevolaba el Monte Rainier en su avión, vio una extraña hilera de aeronaves con forma de disco que pasaban a una velocidad increíble y en perfecta formación. Parecían platillos voladores invertidos, comentó más tarde. Pronto, el país se vio inundado de informes sobre otros objetos inexplicables en el cielo. Algunos lo llamaron alucinación colectiva. Otros estaban seguros de que las naves provenían de otro mundo. Hasta el momento, no hay una explicación definitiva. Por ahora, la respuesta permanece oculta en el vasto e inabarcable cielo.

– Lawrence Elliot, Platillos Voladores: ¿Mito o Amenaza?, Revista Coronet, noviembre de 1952, volumen 33, número 1

En conjunto, todos estos acontecimientos alteraron radicalmente el entorno en el que los estadounidenses y el resto del mundo interpretaban la realidad. La información se había vuelto estratégica. El secretismo se había institucionalizado. La percepción pública se había convertido en una cuestión de vital seguridad nacional.

El fenómeno OVNI nació precisamente en este contexto.

Una anomalía en las comunicaciones

Apenas cuarenta y cinco días después de que los periodistas acuñaran el término «platillos voladores», una encuesta de Gallup reveló que el 90% de los estadounidenses había oído hablar de ellos. Esta reacción no solo demostró el valor informativo de los temas OVNI, sino que también reflejó importantes ramificaciones comerciales. En pocas palabras, los platillos voladores representaban un gran atractivo para el entretenimiento. Esta realidad no solo resultó ser una mina de oro para la industria de la ciencia ficción, sino que los periodistas también se apresuraron a explotar la situación. (…) Dada la escasez de explicaciones para los numerosos avistamientos de OVNIs, para el 5 de julio, los periodistas nacionales comenzaron a considerar la posibilidad de que los platillos voladores fueran «naves espaciales» comandadas por seres extraterrestres.

Esta opinión, que United Press atribuyó originalmente a un lector del San Francisco Chronicle, cruzó un umbral periodístico clave. La narrativa, al atribuir valor informativo a las afirmaciones de visitas extraterrestres a la Tierra, desdibujó los límites periodísticos de una manera que sigue siendo evidente hoy en día.

– Phillip J. Hutchison y Herbert J. Strentz (2019) Periodismo versus platillos voladores: evaluación de la primera generación de reportajes sobre ovnis, 1947–1967, American Journalism, 36:2, 150-170

Este contexto explica por qué el OVNI nunca ha sido un misterio puramente aéreo. Siempre ha sido, además de todo lo demás, una anomalía en las comunicaciones.


Revista Coronet, noviembre de 1952, volumen 33, número 1.

A diferencia de una especie marina recién descubierta o un artefacto arqueológico hallado en el desierto, a menos que seas testigo o hayas tenido una experiencia directa, el fenómeno OVNI existe principalmente a través de la mediación. Se trata de un fenómeno constituido por titulares de periódicos, ruedas de prensa militares, memorandos con numerosas partes censuradas, testimonios ante el Congreso, superproducciones de Hollywood, informes científicos, vídeos infrarrojos filtrados, negaciones oficiales y, con el desarrollo de las comunicaciones en red a finales del siglo XX, foros de internet. Cada generación se ha topado con el fenómeno o lo ha interpretado a través del prisma de las tecnologías de comunicación dominantes de su época.

El objeto en el cielo siempre ha ido acompañado de las historias que se contaban sobre él, y esas historias solían tener mayor relevancia cultural que los propios avistamientos físicos.

Roswell se convirtió en noticia sensacionalista antes de transformarse en leyenda estadounidense. El Proyecto Libro Azul se convirtió en un archivo burocrático antes de convertirse en mito popular. El Informe Condon se convirtió en un extenso documento científico antes de transformarse en símbolo político.

El OVNI siempre ha ocupado dos dominios simultáneamente: los cielos físicos y el entorno informativo.

La profesionalización de la percepción

Si bien el Comité de Información Pública demostró que la opinión pública podía ser manipulada con éxito en tiempos de guerra, las décadas siguientes estuvieron dedicadas a un proyecto más profundo y, en ocasiones, más inquietante y éticamente complejo: el mapeo sistemático de la mentalidad estadounidense.

A finales de la década de 1940, las relaciones públicas habían evolucionado mucho más allá del colorido y sensacionalismo promocional de principios del siglo XX. Estaban pasando de ser un arte de persuasión agresiva y directa a una ciencia clínica de la ingeniería social. Los profesionales ya no se conformaban con gritar más fuerte que sus competidores; exigían una comprensión sistemática y empírica de cómo los seres humanos construyen confianza, gestionan crisis y se someten a la autoridad institucional.

Fue precisamente en este clima intelectual, y en ese mismo año decisivo de 1947, cuando nació la Sociedad de Relaciones Públicas de América (PRSA), forjada a partir de la fusión del Consejo Estadounidense de Relaciones Públicas y la Asociación Nacional de Consejos de Relaciones Públicas.

La consolidación de estos consejos evidenció que la comunicación ya no era una mera táctica corporativa dispersa, sino que se estaba convirtiendo en una profesión seria y objetiva, basada en la investigación rigurosa y la ciencia del comportamiento. Se la consideraba un proceso complejo, delicado y sistemático. Académicos y profesionales comenzaron a desentrañar el funcionamiento interno del mundo moderno, fomentando el estudio minucioso de cómo circula la información a través de las instituciones, cómo se establece la credibilidad y cómo se forma, se orienta y se mantiene la opinión pública.

Ya fuera en los pasillos del gobierno, en las salas de juntas de las empresas o en las universidades de élite, la comunicación se había convertido oficialmente en objeto de una intensa investigación científica. La coincidencia cronológica es… asombrosa, por así decirlo. En 1947, Washington construyó la compleja maquinaria de clasificación y secreto de Estado mediante la Ley de Seguridad Nacional. Ese mismo año, Kenneth Arnold avistó discos voladores sobre el Monte Rainier, y algo inexplicable sacudió el desierto cerca de Roswell. Y también en 1947, la industria de las comunicaciones consolidó su poder para dominar la ciencia de cómo la información, o su calculada ausencia, sería asimilada por el público.

Parte del trasfondo de la manera en que el Libro Azul ha manejado el problema de los OVNIs en los últimos doce años se encuentra en el informe completo del Panel Robertson de 1953. Dicho panel científico concluyó que no existía evidencia sólida de ninguna acción hostil por parte de OVNIs. La Agencia Central de Inteligencia (CIA), representada en las sesiones de redacción de políticas que clausuraron las actividades del Panel Robertson, solicitó a la Fuerza Aérea que adoptara una política de "desacreditación sistemática de platillos voladores" para disminuir la atención pública hacia los OVNIs. Los motivos de esta solicitud estaban relacionados con la oleada de informes de OVNIs de 1952, la mayor jamás registrada en Estados Unidos (posiblemente superada en intensidad por la oleada francesa del otoño de 1954).

En el verano de 1952, la cantidad de informes de OVNIs que llegaban a las bases aéreas de todo el país y otras partes del mundo era tal que la CIA los consideró un problema de seguridad nacional: en caso de un ataque enemigo al país, la saturación de los canales de inteligencia militar con un gran número de informes de OVNIs, evidentemente no hostiles, se consideraba un peligro. Esta solicitud de la CIA, realizada en enero de 1953, fue seguida por la promulgación, en agosto de 1953, del Reglamento de la Fuerza Aérea 200-2, que produjo una fuerte caída en los informes públicos de avistamientos de OVNIs de la Fuerza Aérea, al prohibir la divulgación, a nivel de base aérea, de cualquier información sobre avistamientos de fenómenos aéreos no identificados.

Todos los informes de avistamientos debían canalizarse a través del Proyecto Libro Azul, donde se han categorizado en gran medida como objetos convencionales con poca atención a las consideraciones científicas. Las restricciones implícitas en el AFR 200-2 se hicieron vinculantes con la promulgación del JANAP 146, que convirtió cualquier divulgación pública de información sobre OVNIs a nivel de base aérea o comando local (por cualquiera de los servicios militares y, bajo ciertas circunstancias, aerolíneas comerciales) en un delito punible con multas de hasta $10.000 y prisión de hasta 10 años. Estas regulaciones no solo han cortado casi todos los informes útiles de pilotos militares, operadores de torre y personal de tierra, sino que, aún más grave desde un punto de vista científico, Su drástico efecto ha sido la falta de disponibilidad de datos de radar militar sobre OVNIs. Antes de 1953, se divulgaron numerosos avistamientos de OVNIs por radar. Desde entonces, los avistamientos de radar militar se han visto comprometidos científicamente por negaciones confusas y alusiones a "inversiones meteorológicas" cada vez que se filtraban accidentalmente observaciones de radar en medio de un episodio de OVNIs. El Reglamento 200-2 de la Fuerza Aérea contenía la advertencia específica de que "las actividades de la Fuerza Aérea deben reducir al mínimo el porcentaje de objetos no identificados". Esto se ha logrado.


Un aparato aprendía a ocultar la verdad; otro surcaba los cielos; y un tercero aprendía a manipular la realidad. En retrospectiva, esta convergencia histórica resultó bastante inquietante.

La misma época cultural que pobló los cielos estadounidenses con objetos cinéticos irreconocibles también dio origen a los arquitectos profesionales de la percepción humana. El platillo volador no se estrelló en el vacío; aterrizó directamente en la mesa de operaciones del primer laboratorio de información plenamente desarrollado del mundo.

Información y mediación

Dos características de los entornos en línea —el cambio en la percepción del tiempo y la creación de plataformas que conectan a grandes poblaciones— propiciaron una narrativa popular sobre los OVNIs potencialmente democrática y autónoma, al menos durante la década de 1990 y principios de la de 2000. Los marcos temporales digitales, en los que la información se comparte casi instantáneamente entre muchas personas, no existían para las tres primeras generaciones de personas influyentes en el ámbito gubernamental de los OVNIs. Un marco temporal lineal benefició y permitió a personas influyentes como Hynek mantener una narrativa gubernamental, ya que la información tardaba en circular por las comunidades y poblaciones.

Cuando Hynek visitaba lugares de avistamientos de OVNIs, sus evaluaciones llegaban a los medios locales y, en general, nunca atraían la atención nacional. Estas condiciones ayudaron a Hynek a controlar el folclore OVNI. Solo debido a la gran cantidad de personas involucradas en el escándalo OVNI de Michigan, este modelo se vio cuestionado, y el interés de Gerald Ford contribuyó a que alcanzara notoriedad nacional.

– Diana Pasulka, Controlling the Lore, de Living Folk Religions (Routledge, 2023)

Daily Illinois, 26 de marzo de 1966, pág. 3

Una sociedad de la información no es inherentemente una sociedad mediada. La información en bruto, por sí sola, es un paisaje plano, la mera circulación horizontal de hechos, frecuencias, imágenes y observaciones sin procesar. Los periódicos publican eventos; las radios transmiten discursos; las cámaras capturan la luz que rebota en una superficie metálica. En este estado, la información no es más que datos en movimiento.

La mediación es un acto de alquimia institucional. Comienza cuando las arquitecturas especializadas asumen la responsabilidad no solo de transmitir datos, sino también de autorizar su significado. La civilización moderna se define por esta dependencia de una intrincada red de guardianes interpretativos. Las agencias de inteligencia filtran la información relevante; los científicos distinguen las anomalías válidas de los errores estadísticos; los periodistas transforman eventos caóticos en narrativas coherentes; los profesionales de relaciones públicas generan credibilidad; y los tribunales emiten veredictos vinculantes sobre lo que es legalmente real. Cada vez más, el ciudadano no solo depende de las instituciones para que informen sobre lo sucedido, sino también para que dicten el significado real de esos sucesos.

Si bien tecnologías como el telégrafo y la radio ya habían transformado la vida pública estadounidense, la nación cruzó un importante umbral psicológico a la sombra de la Segunda Guerra Mundial. La información se convirtió en un recurso estratégico y la mediación pasó a ser la función dominante del Estado y del aparato corporativo. Estados Unidos invirtió miles de millones en organizaciones vastas y sofisticadas cuyo verdadero producto era la clasificación, la gestión y la legitimación de la realidad misma.

Fue precisamente en esta encrucijada histórica donde se materializó el OVNI moderno. El platillo volador no cautivó la imaginación estadounidense simplemente porque los ciudadanos de repente poseyeran más datos brutos que sus antepasados. Surgió en el preciso momento en que los estadounidenses comenzaron a depender por completo de instituciones especializadas para interpretar sus datos. El OVNI pasó de ser un objeto esquivo de observación física a un objeto hipermediatizado y volátil, objeto de interpretaciones controvertidas.

La historia de los OVNIs no es, por lo tanto, una mera crónica de avistamientos anómalos; es una historia de mediadores de la realidad que compiten entre sí. Esta perspectiva puede ayudarnos a imaginar un marco diferente para narrar todo el fenómeno. En lugar de organizar la historia de los OVNIs en torno a oleadas cronológicas de avistamientos o investigaciones militares específicas, podemos trazarla a través de la sucesión de guardianes que han intentado desesperadamente atribuirse el derecho a determinar su significado.

  • La prensa (1947-1952) | El titular sensacionalista: La era del sensacionalismo puro, donde el platillo volador fue un fenómeno caótico y lucrativo para la prensa escrita, impulsado por testigos locales y redacciones competitivas antes de que el Estado pudiera erigir sus barreras.
  • Las Fuerzas Armadas (Proyectos Sign, Grudge, Blue Book y, posteriormente, AATIP , AAWSAP y AARO) | La cuarentena burocrática: La era de la defensa nacional, que intentó colonizar el misterio y reformular lo desconocido como una responsabilidad cinética de la aviación de la Guerra Fría que debía gestionarse y minimizarse.
  • Instituciones científicas (el Panel Robertson, el Comité Condon, el Proyecto Galileo) | Contención epistémica: La era del rechazo académico, donde los organismos científicos de élite se convirtieron en armas para diagnosticar la anomalía como una patología psicológica, estableciendo un tabú riguroso diseñado para exiliar el tema de la investigación seria.
  • Hollywood y la cultura popular | Traducción mítica: La era del desplazamiento imaginativo, donde el silencio institucional obligó al fenómeno a adentrarse en el lucrativo mundo de la ciencia ficción, convirtiendo ansiedades clasificadas en folclore cinematográfico global.
  • Inteligencia y Seguridad Nacional | Opacidad estratégica: La era del presupuesto negro, que trata este fenómeno como un activo en el tablero de ajedrez de inteligencia, un vector para la guerra psicológica o un secreto de Estado estrictamente guardado.
  • El Congreso y la Supervisión | La influencia demócrata: La era de la fricción institucional, donde los legisladores instrumentalizan el misterio como herramienta para la transparencia gubernamental, la protección de los denunciantes y la rendición de cuentas constitucional.
  • Plataformas digitales | El salvaje oeste algorítmico: La era contemporánea, donde el fenómeno está fragmentado en redes descentralizadas, balcanizado en cámaras de eco en línea y mediado no por guardianes oficiales, sino por métricas de participación e inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) obtenida mediante crowdsourcing.

El fenómeno OVNI sigue siendo, de forma fascinante y obstinada, un enigma sin resolver, no porque la telemetría física sea inconclusa, sino porque ninguna institución ha logrado obtener el monopolio absoluto de su interpretación. Es la máxima incógnita informativa, que se escapa constantemente de las manos de las mismas sociedades que construyeron el mundo moderno para controlarla.

Revelación de información en un estado de mediación

En retrospectiva, parece claro que el registro visible del surgimiento del problema OVNI en 1947 es principalmente un registro periodístico. Si bien científicos, militares y algunos portavoces gubernamentales desempeñaron papeles menores en la dramática irrupción de los OVNIs en la escena moderna, los periodistas escribieron y difundieron las líneas clave que hicieron que su papel en este drama fuera preeminente…

Sin duda, la mayoría de los lectores quedarán tan asombrados como yo al darse cuenta de que, ya en las dos primeras semanas posteriores al informe de Kenneth Arnold sobre el Monte Rainier el 24 de junio de 1947, los informes de prensa sobre otros avistamientos estadounidenses de objetos aéreos altamente no convencionales no se contaban como la docena que la mayoría de nosotros podríamos recordar, sino que ascendían a muchos cientos.

– Dr. James McDonald, físico sénior del Instituto de Física Atmosférica de la Universidad de Arizona, introducción al Informe de Ted Bloecher sobre la Ola OVNI de 1947, Comité Nacional de Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos (NICAP, 1967).

Esta constatación puede ayudarnos a comprender con mayor claridad el debate contemporáneo en torno a la "divulgación".

En mi trabajo reciente, he explorado cómo la revelación nunca es un evento aislado, ni una presentación dramática y cinematográfica de una verdad oculta, sino más bien un proceso ecológico que involucra instituciones, tecnologías, audiencias, incentivos cambiantes y narrativas contrapuestas. La información rara vez surge espontáneamente; e incluso cuando lo hace, circula a través de sistemas diseñados que dictan qué se vuelve creíble, qué se suprime y qué permanece perpetuamente sin resolver. Un proceso que mi colega, la Dra. Diana Pasulka, ha examinado a través del ejemplo de los mecanismos de redacción de la Iglesia Católica Romana para adecuar los supuestos milagros a la doctrina y el dogma de la Iglesia.

Desde esta perspectiva, la evolución paralela del mito moderno de los OVNIs y el auge de la comunicación estratégica es más que una simple anécdota histórica. Ambos son síntomas de la misma transformación macroeconómica. Ambos surgen del nacimiento del estado mediador estadounidense.

Este es un tema que investigué en mi reciente presentación para los Archivos de Anomalías en Austin, Texas, titulada Accidentes extraños: anomalías en el límite de la percepción.

A medida que las redes de sensores, las infraestructuras de datos, los sistemas de detección automatizados y la observación por máquinas continúan expandiendo el alcance de la percepción, generan cada vez más objetos y eventos que superan los marcos interpretativos establecidos. En lugar de preguntarnos qué son los UAP (fenómenos aéreos no identificados), podemos examinar cómo los regímenes modernos de vigilancia, detección e hipercomunicación producen anomalías como una característica estructural de su funcionamiento y, a su vez, cómo estas anomalías se revisten de narrativas que buscan cerrar la brecha de comprensión que se abre con su aparición.

Desde las señales de radar y las imágenes satelitales hasta la clasificación algorítmica y la detección en red, los objetos anómalos emergen en los límites de nuestro campo de observación intensificado. Los OVNIs/FANIs son más que simples objetos misteriosos en el cielo; son productos directos de una transformación histórica en la percepción misma.

El fenómeno OVNI, como «extraño accidente», ocupa un lugar particularmente problemático dentro de la transformación cultural del siglo XX, ya que se resiste obstinadamente a una clasificación estable, al tiempo que exige constantemente explicaciones. Persiste a pesar de ochenta años de esfuerzos institucionales por desestimarlo, normalizarlo, comercializarlo o convertirlo en un arma. Pocos fenómenos culturales han demostrado una resiliencia tan profunda en entornos mediáticos radicalmente diferentes.

Donald Keyhoe y las relaciones públicas de lo desconocido

“No estoy diciendo que la Fuerza Aérea haya mentido deliberadamente… Creo que les preocupaba la reacción del público. Piensan que si hacen una declaración tajante de que son interplanetarios… podría causar casi pánico.”

– Donald Keyhoe, de su entrevista con Mike Wallace en el programa The Mike Wallace Interview de ABC, 8 de marzo de 1958.

Resulta de lo más apropiado que el hombre que transformó el platillo volador de una curiosidad marginal en una gran obsesión nacional no fuera un científico, un soldado ni un místico. Era un experto en relaciones públicas.

Antes de convertirse en uno de los investigadores civiles de OVNIs más formidables y famosos de mediados del siglo XX, Donald E. Keyhoe forjó su carrera como escritor de aviación y relaciones públicas para la floreciente industria aeronáutica. Esta trayectoria es clave para comprender su legado.

Keyhoe poseía un conocimiento profundo y especializado del funcionamiento de la comunicación moderna. Sabía exactamente cómo se fabricaban las narrativas institucionales, cómo se utilizaban los comunicados de prensa para apaciguar a la opinión pública, cómo se desplegaban las filtraciones estratégicas y cómo se dosificaba la información sensible mediante la divulgación selectiva.

Cuando Keyhoe centró su atención en los platillos voladores a finales de la década de 1940, no abordó el tema como un aficionado ingenuo que recopilaba historias fantásticas de avistamientos extraordinarios. Lo abordó como un auditor de comunicaciones experimentado que analizaba una campaña de relaciones públicas fundamentalmente fallida.

“Esta es la historia real más interesante e importante que jamás hayamos publicado. Es completamente cierta. Podemos documentar cada suceso aquí relatado. Tenemos la firme convicción de que la conclusión a la que se llega en esta historia es un hecho: que… ¡LOS PLATILLOS VOLADORES SON REALES!”


Su trabajo para la revista True y sus posteriores bestsellers eludieron sistemáticamente la simple pregunta de ¿Qué son? para indagar en una vulnerabilidad institucional más peligrosa: ¿Por qué las explicaciones oficiales son tan absurdamente inconsistentes? Una pregunta que sigue presente en la difusión del tema OVNI hasta el día de hoy.

En este contexto, aceptar o no las conclusiones finales de Keyhoe —que la Tierra estaba bajo vigilancia sistemática por parte de inteligencia extraterrestre— es secundario a su metodología. Desde los inicios del mito moderno de los OVNIs, uno de sus artífices más influyentes no solo se interesó por anomalías aéreas aisladas, sino que también prestó especial atención a las torpes y evasivas estrategias de comunicación oficiales que las rodeaban.

En retrospectiva, el enfoque de Keyhoe fue profético. Décadas antes de que los teóricos académicos comenzaran a analizar las "ecologías mediáticas", la "política de la información" o la "gestión estratégica de la narrativa", Keyhoe comprendió que el verdadero misterio de los OVNIs no se desarrollaba en la prístina atmósfera superior. Se desarrollaba en tiempo real dentro de las ruedas de prensa del Pentágono, las declaraciones oficiales fuertemente censuradas, los informes militares contradictorios y la creciente y corrosiva brecha entre el secreto institucional y la confianza pública. Reconoció que el Estado estaba perdiendo el control de su narrativa y que, en una sociedad de la información, perder la narrativa representa un fracaso catastrófico para la seguridad nacional.

La República y el Fenómeno

La mayoría de la gente en todo el mundo empezó a enterarse de la existencia de platillos voladores una o dos semanas después del avistamiento de Arnold. Desde finales de junio hasta mediados de julio, los periódicos informaron sobre platillos voladores que surcaban el espacio aéreo estadounidense (…).

A medida que se extendían las noticias sobre los platillos voladores, los periódicos empezaron a especular sobre qué o quién podría estar detrás de estos objetos voladores. En aquellos primeros días, las sospechas recayeron sobre algunos de los sospechosos habituales: militares probando nuevos tipos de aeronaves, experimentos atómicos, armas secretas de Estados Unidos o la Unión Soviética. Pero algunos consideraban que las naves espaciales extraterrestres eran una posibilidad real, inspirándose en los cómics y la ciencia ficción de la época.

– Greg Eghigian, Después de la llegada de los platillos voladores: una historia global del fenómeno OVNI (Oxford University Press, 2024)

Mientras Estados Unidos celebra su 250 aniversario en 2026, otra línea temporal transcurre paralelamente a la de la República. Durante casi un tercio de la historia de esta nación, los estadounidenses han coexistido con los OVNIs. Durante ese mismo periodo, también han vivido inmersos en un ecosistema invisible y cada vez más sofisticado de relaciones públicas, operaciones de inteligencia, comunicaciones estratégicas y medios de comunicación.

Históricamente, estas narrativas se han mantenido estrictamente separadas: una como historia de anomalías marginales, la otra como historia de los medios modernos. Quizás sean simplemente capítulos distintos del mismo libro.

El misterio que perdura puede no ser simplemente lo que ha estado surcando los cielos de Estados Unidos durante los últimos setenta y nueve años. El verdadero misterio podría ser lo que esas persistentes anomalías revelan sobre una sociedad que, en el preciso momento en que se convirtió en la primera superpotencia informativa del mundo, también se convirtió en la propagadora más prolífica de un misterio irresoluble y un poderoso mito cultural.

Durante casi un tercio de su existencia, Estados Unidos ha sido una nación cuyos cielos están plagados de OVNIs. Y, quizás igual de significativo, ha sido una nación que ha aprendido a convivir con los misterios en una era cada vez más definida por la ilusión de que podemos saberlo todo.

El Estado de Mediación Estadounidense

«En general, no vemos primero y luego definimos, sino que definimos primero y luego vemos. En la gran y bulliciosa confusión del mundo exterior, seleccionamos lo que nuestra cultura ya ha definido para nosotros, y tendemos a percibir aquello que hemos seleccionado de la forma estereotipada que nuestra cultura nos ha impuesto.»

— Walter Lippmann, Opinión pública (Harcourt, Brace & Co., 1922)

Lo que surgió tras la Segunda Guerra Mundial fue algo aún más singular que una sociedad de la información: Estados Unidos se convirtió en un estado mediador.

La nación comenzó a producir cantidades de información sin precedentes, lo que llevó a una creciente dependencia de instituciones especializadas para interpretar, traducir, clasificar y legitimar la realidad misma. Las agencias de inteligencia mediaban en la seguridad nacional. Las relaciones públicas mediaban en las organizaciones. El periodismo mediaba en la actualidad. Las universidades mediaban en el conocimiento especializado. Hollywood mediaba en la imaginación cultural. El Congreso mediaba en la rendición de cuentas pública. Las instituciones científicas mediaban en la evidencia. La televisión, y más tarde internet y las redes sociales, mediaban en la experiencia cotidiana.

Cada vez más, los estadounidenses no solo se enfrentaban a los acontecimientos de forma directa, sino que también se encontraban con instituciones que explicaban su significado, tal como habían predicho pensadores como el periodista estadounidense Walter Lippmann a principios del siglo XX.

El fenómeno OVNI ocupa un lugar singular dentro de esta estructura, ya que nunca ha permanecido en manos de un único mediador. Ha circulado continuamente entre testigos militares, agencias de inteligencia, científicos, periodistas, cineastas, personas que han tenido experiencias paranormales, artistas, legisladores, impostores y, ahora, plataformas algorítmicas, cada uno intentando estabilizar su significado. Sin embargo, el fenómeno se resiste persistentemente a una interpretación definitiva. En lugar de alcanzar un consenso, sigue migrando de una institución a otra, poniendo de manifiesto las fortalezas, las limitaciones y las autoridades contrapuestas de cada una.

Visto desde esta perspectiva, el OVNI es más que un objeto inexplicable en el cielo. Es una anomalía persistente dentro del actual entramado global de la información. El OVNI es un fenómeno que ha acompañado el auge de las instituciones de información estadounidenses, revelando continuamente que ninguna institución por sí sola posee la autoridad para definir la realidad de una vez por todas.

– Un agradecimiento especial a José Herrera por recordarme el ensayo de la Dra. Diana Pasulka, "Controlando la tradición".




Modificado por orbitaceromendoza

Anomalías en el radar: El testimonio militar que vincula a la USAF con Varginha

Anomalías en el radar: El testimonio militar que vincula a la USAF con Varginha
Las irregularidades del 19 y 20 de enero de 1996 sugieren la intervención de una operación logística extranjera en espacio aéreo brasileño.
por Luis Emilio Annino


Imagen ilustrativa.

El relato presenta el testimonio en primera persona de un excontrolador de tráfico aéreo militar que describe anomalías operativas ocurridas entre el 19 y 20 de enero de 1996, fechas coincidentes con el célebre incidente OVNI de Varginha (Brasil).
  • Incursión sin autorización militar: Una aeronave de la Fuerza Aérea de los EE. UU. (USAF) ingresó al espacio aéreo brasileño sin el permiso oficial correspondiente, el cual exige por protocolo una antelación mínima de 48 horas.
  • Intervención jerárquica extraordinaria: Pese a la falta de documentación, la entrada del avión fue autorizada de manera directa e inusual por un oficial superior de la unidad (el "Doctor Rião"), pasando por alto el procedimiento formal a petición del testigo para respaldar su responsabilidad.
  • Desvío de ruta y logística en tierra: Aunque la aeronave declaró como destino Guarulhos, se desvió hacia Campinas. Minutos después, la Torre de Campinas solicitó paso prioritario para dos helicópteros militares (SH-1B (?)) en dirección a Varginha.
  • Recogida y encubrimiento: Tras una breve permanencia en Varginha, los helicópteros regresaron a Campinas para transferir su carga/personal al avión estadounidense, el cual despegó de inmediato hacia EE. UU. Posteriormente, los superiores ordenaron explícitamente al personal olvidar el incidente y omitir los reportes oficiales.


Intentaron banalizarlo mucho. Vamos a hablar del E.T. de Varginha, con el que aparecieron hasta las máscaras de carnaval. Aparecieron, sí... el hecho fue en enero, ¿no? Fue en enero del 96. Y en ese caso yo también estaba trabajando, es una historia que ya he contado. Diez años después de lo que le pasó a Eduardo Fernandes. Exactamente, ¿no? Y vamos a esperar uno para 2026 ahora, entonces.

Y ese día, estando yo trabajando allí, nos llegó la información —yo estaba trabajando, era jefe de equipo allí— y uno de los controladores de vuelo, si no me equivoco era Tano, llegó y dijo: "Está entrando una aeronave de la USAF aquí en nuestra área", que es la Fuerza Aérea Norteamericana. Y para que una aeronave militar de otro país entre a cualquier país, tiene que haber un plazo, creo que de 48 horas antes, para autorizar que entre en nuestro espacio aéreo. Una autorización. Exactamente.

Y fui a buscar en mi carpeta y no había ninguna autorización. Dije: "Oye, pero está entrando un avión militar americano aquí, no hay nada" y empezamos a buscar y tal. Hicimos todo lo que se podía hacer para saber por qué esa aeronave estaba entrando sin nuestro conocimiento. Y es de saber de la gente de aviación que cuando una aeronave militar extranjera entra al país no puede hacer desvíos de "voy a cortar camino por aquí", sino que sigue todo el patrón oficial mientras es observada por la defensa aérea, ¿no?

Entonces dije: "Bueno, voy a tomar cartas en el asunto". Y antes de que pudiera llamar a la jefatura para pedir información, entró un oficial a nuestra área, que era nuestro jefe. No era cualquiera, y él ni siquiera solía estar allí; era el doctor Rião, ¿no? Entró y me dijo: "Ah, Fávio, está entrando una aeronave de la USAF, ¿no dio tiempo de hacer la autorización ahí? Deja que entre". Y, claro, yo no me iba a poner a discutir, ¿no? Pero solo le pedí que me lo mandara por escrito después, porque tenía que tener respaldo; era una responsabilidad muy grande que una aeronave extranjera entrara en nuestro espacio militar sin autorización. Exactamente.

Bueno, vino, lo autoricé, pasó normal. Eso fue el 19 de enero o 20 de enero, si no me equivoco. Aterrizó en Campinas, ni siquiera fue a São Paulo, a Congonhas, a pesar de que decía que vendría a Guarulhos, por cierto. ¿Verdad? Y su alegación, cuando llegó a cierta posición, fue decir: "No, mi destino es Campinas". En conclusión, lo hicimos aterrizar en Campinas y hasta ahí nada fuera de lo común, excepto el hecho de no haber tenido su autorización.

Lo curioso empezó a pasar a partir de ahí. Poco después, creo que no pasaron ni 15 o 20 minutos como máximo, apareció la Torre de Campinas llamándonos para pedir autorización para dos helicópteros de la Fuerza Aérea con destino a Varginha. Dijeron: "Miren, todavía no tenemos su plan de vuelo en mano, pero van para Varginha", y nos pasaron los datos por escrito: tiempo estimado de vuelo, autonomía, personas a bordo, pasaron todo. Y ahí empezó todo. Hasta ese momento, el asunto de los ETs de Varginha no se había mencionado. Exactamente.

Y salieron esos dos helicópteros, dos SH-1B, salieron de Campinas —donde probablemente ya estaban esperando, porque no tienen base allí— y se fueron a Varginha. Y fueron a Varginha. De Varginha se quedaron allá un tiempo y regresaron. Ni me acuerdo del tiempo que se quedaron allá, porque en ese momento no llamaba tanto la atención. Salieron de Varginha, regresaron a Campinas y, enseguida, ya con el plan de vuelo de la Fuerza Aérea de la USAF, embarcaron allí y salieron hacia Estados Unidos.

Lo curioso de todo esto solo ocurrió cuando escuchamos los reportajes al día siguiente o dos días después sobre el famoso ET de Varginha, que se lo tomaron muy a broma. Todo el mundo bromeaba e, incluso, como estábamos cerca del Carnaval, empezaron a salir aquellas máscaras... vamos, a banalizar el asunto.

Así que fue una experiencia que tuve en la que todo da a entender, todo da a entender que de hecho existió aquello del ET de Varginha, ¿sabes? Fue algo que llevé conmigo durante mucho tiempo. Cuando tuvimos la oportunidad de hablar, incluso contigo y con Mané la semana antepasada, dije que me gustaría contar este caso. Porque lo primero que hicieron fue buscarme después y decirme: "Félix, olvídate de ese asunto de la autorización, no hace falta que lo reportes, ya está todo bien, todo resuelto". Déjalo así. "Vamos a olvidarlo, déjalo estar y se acabó".

Así que fue un relato que me pareció súper curioso porque después, cuando empezamos a atar los hechos, te da ese chasquido en la cabeza. Y nunca me dejaron hablar, ¿sabes? Simplemente comentaron allí: "Olvídate de todo lo que pasó, debió haber sido alguna falla interna".

Entonces esto es, tal vez, una prueba o una muestra indirecta de que el ET de Varginha no fue esa broma que la gente se toma hasta el día de hoy, ¿no? Muchos no lo creen y dicen: "Oye, ¿en serio vas a creer en el ET de Varginha, hombre?". Pero tuvimos hechos que podrían hacer creer que aquello realmente ocurrió.

Sí, ¿tú no aceptas una aeronave sin la autorización?



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lunes, 27 de julio de 2026

Entrevista con J. Allen Hynek: Reevaluando la naturaleza de los "encuentros cercanos"

Entrevista con J. Allen Hynek: Reevaluando la naturaleza de los "encuentros cercanos"
El autor de La Experiencia OVNI reflexiona sobre los errores de la prensa, los límites de la sugestión y el componente parapsicológico del fenómeno.
por Luis Emilio Annino




Fuente: amazon.com
En esta conversación, Kreskin (George Joseph Kresge Jr.) introduce al Dr. J. Allen Hynek, astrónomo y expresidente del Departamento de Astronomía de la Universidad Northwestern, destacando su obra La Experiencia OVNI.

Hynek aborda la naturaleza del fenómeno desde su perspectiva científica tras 20 años como consultor de la Fuerza Aérea de los EE. UU.:
  • Clasificación del fenómeno: Aclara que entre el 80% y 85% de los reportes corresponden a fenómenos explicables (estrellas, meteoros, aviones, reflejos o nubes lenticulares). Sin embargo, existe un "residuo duro" del 15% al 20% de casos que desafían las explicaciones convencionales.
  • El incidente del "gas de pantano": Desmitifica el famoso episodio en Hillsdale, Michigan, explicando que fue una hipótesis preliminar sobre luces observadas en un pantano, la cual la prensa magnificó y convirtió en un cliché para desestimar cualquier avistamiento posterior.
  • Crítica al Informe Condon (1969): Define la investigación de la Fuerza Aérea como una "farsa científica". Señala que Edward Condon jamás investigó un caso en persona y que el resumen del informe ignoró que casi un 25% de los 947 casos analizados quedaron sin explicación.
  • Patrones mundiales y evidencia física: Argumenta que el fenómeno no puede reducirse a alucinaciones ni histeria colectiva, citando los "encuentros cercanos del segundo tipo" (donde hay marcas en el suelo o detención de vehículos). Resalta la consistencia de los reportes en países tan distantes como Australia, Japón, Canadá y Francia.
  • Vínculo parapsicológico: Sugiere que ciertos aspectos de los informes imprecisos presentan comportamientos anómalos comparables con fenómenos parapsicológicos o tipo poltergeist, proponiendo mantener la mente abierta a nuevas líneas de investigación científica.





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¿Estamos solos? Estos investigadores de OVNIs en Toronto pretenden averiguarlo, y quieren que los tomes en serio

Canadá
¿Estamos solos? Estos investigadores de OVNIs en Toronto pretenden averiguarlo, y quieren que los tomes en serio
Profesores de física, exfuncionarios de inteligencia y ex empleados de la NASA están tratando de encontrar una respuesta a uno de los misterios más persistentes de la humanidad.
Por Mark Colley


Doug Buettner es subdirector científico de un centro de investigación afiliado a una universidad y vinculado al Pentágono. Es uno de los cientos de investigadores que participan en una conferencia sobre OVNIs que se celebra este fin de semana en Toronto. [RJ Johnston/ Toronto Star]

Según cuenta la historia, el abuelo de Doug Buettner vio una vez un platillo volador sobrevolando su granja en Portland, Oregón, en 1947.

Las vacas estaban inquietas en el campo y él fue a ver qué pasaba. Buettner nunca escuchó la historia de primera mano —su abuelo murió antes de que él naciera—, pero su madre, quien dijo haber visto también dos OVNIs en un incidente aparte cuando era adolescente, se la transmitió.

Buettner, actualmente subdirector científico de un centro de investigación afiliado al Pentágono y vinculado a una universidad, investiga intensamente los OVNIs.

¿Qué había visto su abuelo? Y lo que es más importante, ¿cómo se explican los miles de avistamientos que parecen desafiar la lógica y, a menudo, las leyes de la física?

Esa es la pregunta que se hacen cientos de investigadores en una conferencia sobre OVNIs que se celebra este fin de semana en Toronto. En el hotel Eaton Centre Marriott se reúnen profesores de física, exfuncionarios de inteligencia, exmiembros de la NASA e investigadores de la escena del crimen, todos intentando dar credibilidad a un tema que durante mucho tiempo se ha considerado pura fantasía.

Dentro de este pequeño grupo, las opiniones sobre la inteligencia no humana son diversas. Muchos son escépticos. Algunos creen que los extraterrestres llevan mucho tiempo viviendo en la Tierra. Otros afirman haber visto extraterrestres. Pero todos creen que algo está sucediendo y quieren que los tomes en serio.

“Existe una probabilidad no nula de que al menos una pequeña fracción de los OVNIs representen legítimamente algún tipo de nave no humana”, dijo Matthew Szydagis, profesor asociado de física en la Universidad de Albany, que estudia la materia oscura.

“Y ese sería el mayor descubrimiento de la historia de la humanidad.”

Caza de OVNIs

Estos investigadores admiten que la mayoría de los avistamientos de OVNIs se desmienten rápidamente. Chris Rutkowski, autor residente en Winnipeg que acaba de publicar su undécimo libro sobre OVNIs, ha investigado bastantes casos.

En 1989, fundó el Programa Canadiense de Investigación de OVNIs y desde entonces ha registrado más de 26 000 avistamientos. A pesar de participar en búsquedas de OVNIs, nunca ha visto uno.

Durante sus investigaciones, Rutkowski coteja los registros de vuelo. Evalúa los patrones de los satélites Starlink. Consulta mapas estelares para determinar la posición de Venus o Júpiter en el cielo. "Es como si estuviéramos jugando a ser Sherlock Holmes", comentó Rutkowski.

En la mayoría de los casos, los avistamientos son simplemente casos de identidad equivocada.

Pero existen algunos informes —alrededor del tres por ciento en 2025, según la encuesta de Rutkowski— para los que los investigadores afirman no tener una explicación lógica.

Buettner los llama "los enigmas".

En octubre de 1967, los residentes de Shag Harbour, Nueva Escocia, afirmaron haber visto un objeto que volaba a baja altura estrellarse contra el océano. La Policía Montada, la guardia costera y la marina investigaron el suceso; lo único que encontraron fue una espesa espuma en la superficie del agua. Desde entonces, este pequeño pueblo se ha convertido en un destino turístico.

“Nuestra propia versión de Roswell”, dijo Rutkowski.

Está el incidente del lago Falcon en Manitoba en mayo de 1967, cuando un hombre llamado Stefan Michalak dijo que una nave de metal liso con una puerta brillante aterrizó cerca de él, y luego le quemó la ropa y la piel al despegar.

Y está el llamado objeto Tic Tac de 2004, cuando pilotos de la Armada estadounidense dijeron haber avistado un objeto que se movía de maneras "que van mucho más allá de la ciencia de los materiales y las capacidades que teníamos en ese momento, que tenemos actualmente o que tendremos en los próximos 10 a 20 años".

Ganando popularidad entre el público general

La Coalición Científica para el Estudio de Fenómenos Aeroespaciales No Identificados (SCU, por sus siglas en inglés) organiza la conferencia de Toronto y busca utilizar la ciencia para encontrar respuestas a estos y otros avistamientos. No todos los toman en serio.

“Algunos buenos amigos han puesto los ojos en blanco cuando les he dicho que esto es un pasatiempo”, dijo Buettner.

“Mucha gente piensa que es una tontería”, dijo Szydagis, profesor de la Universidad de Albany, “incluso en el ámbito académico”.

Kevin Knuth, también profesor de física en Albany, no comenzó a investigar los OVNIs hasta que obtuvo la titularidad.

“Si hubiera hecho eso sin tener un puesto fijo, me habría preocupado”, dijo. “Siempre ha habido un estigma en torno a los científicos y los OVNIs”.

Pero el mundo ha empezado a aceptar esa idea, y el gobierno estadounidense ha publicado gran cantidad de documentos, imágenes y vídeos sobre el tema en los últimos años. Muchos atribuyen este cambio de rumbo a un artículo del New York Times de 2017 sobre el "misterioso programa OVNI" del Pentágono.

En la conferencia aún se encuentran personas a las que Szydagis denomina "locas por los OVNIs". "Obviamente, no se les puede excluir por completo, pero en SCU hay una proporción baja".

'Vale la pena descifrar el misterio'

Como bien señalan todos los asistentes a la conferencia, investigar OVNIs no es lo mismo que asumir la existencia de extraterrestres. Los avistamientos podrían explicarse, en última instancia, por un fenómeno natural desconocido, por activos militares extranjeros o por algo completamente distinto, afirmó Szydagis.

“Hay algo ahí y vale la pena estudiarlo”, explicó. “Vale la pena desentrañar el misterio”.

Szydagis plantea la hipótesis de que los OVNIs son de origen extraterrestre, aunque aclara que no tiene pruebas que lo respalden. Robert Powell, miembro de la junta directiva de la SCU, también haciendo hincapié en la falta de pruebas, cree que se trata de «algún tipo de inteligencia no humana, mucho más avanzada que la nuestra, que opera en nuestra atmósfera».

Knuth va un paso más allá.

“Creo que probablemente viven aquí, o al menos en nuestro sistema solar, y es muy posible que tengan bases en la Tierra. Nuestros océanos serían un lugar ideal para bases, y los OVNIs están estrechamente relacionados con el agua”, dijo. “Creo que probablemente han estado aquí durante mucho tiempo, y es muy posible que tengan bases submarinas. Es un lugar perfecto para esconderse”.

Buettner afirmó que intenta mantener una mente abierta y que valora las pruebas por encima de todo.

En mayo, encontró una pista.

Entre los documentos publicados por el Departamento de Guerra se encontraban los informes de incidentes de cinco agentes de policía que describían discos planos y redondos que volaban a una "velocidad tremenda".

Los informes, sellados con la leyenda "CONFIDENCIAL", estaban fechados el 4 de julio de 1947 en Portland, Oregón.

A pocos kilómetros de la granja de su abuelo.




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Diez años de trabajo de SETI con el Telescopio de Green Bank confirman nuevos límites superiores para los transmisores de radio extraterrestres

Radioastronomía-SETI
Diez años de trabajo de SETI con el Telescopio de Green Bank confirman nuevos límites superiores para los transmisores de radio extraterrestres
Tras diez años de búsqueda sistemática de señales de radio de banda estrecha, ya está disponible el informe más completo hasta la fecha sobre la búsqueda de señales de radio extraterrestres realizada por el Telescopio Green Bank (GBT). Si bien no se encontró evidencia de tecnología extraterrestre, el estudio permite, por primera vez, llegar a conclusiones estadísticas particularmente rigurosas sobre la aparente rareza de los transmisores de radio potentes en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Asimismo, el estudio demuestra cómo el análisis de datos moderno, la inteligencia artificial y la ciencia ciudadana pueden aumentar significativamente la eficiencia de la investigación SETI.
por Andreas Müller


Imagen simbólica: El telescopio de 42,7 metros (140 pies) del Observatorio Green Bank. Fuente: Z22 (vía Wikimedia Commons) / CC BY-SA 4.0

Como explica Jean-Luc Margot de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) a través de ArXiv.org, los astrónomos del proyecto SETI han estado utilizando el telescopio Green Bank de 100 metros desde 2016 para buscar señales de radio de banda extremadamente estrecha en un rango de frecuencia entre 1,15 y 1,73 gigahercios. Estas señales se consideran tecnofirmas particularmente significativas porque, según los conocimientos actuales, no pueden generarse mediante procesos astrofísicos naturales.

70.000 sistemas estelares, 105 millones de candidatos a señal

A lo largo de diez años, se evaluaron un total de 151 campos de observación. Dado que el telescopio detecta numerosas estrellas adicionales dentro de su campo de visión durante cada observación, finalmente se pudieron estudiar más de 70 000 sistemas estelares y un total de más de 105 millones de posibles señales de banda estrecha.

Sin embargo, el análisis no arrojó candidatos convincentes para una tecnofirma extraterrestre. Las más de 100 millones de señales registradas fueron identificadas como interferencias de radio de origen humano, ya sea de forma automática o tras una inspección visual. El software de análisis detectó de forma independiente aproximadamente el 99,5 % de estas interferencias; solo alrededor del 0,5 % requirió verificación adicional por parte de los investigadores.

Nuevos límites superiores para transmisores extraterrestres

Precisamente porque no se detectaron tecnofirmas, ahora se pueden hacer afirmaciones más precisas sobre su frecuencia potencial. Según las suposiciones del estudio, la probabilidad de que una estrella a menos de 20 000 años luz posea un transmisor de radio de transmisión continua con potencia suficiente para esta búsqueda es inferior a 6,3 × 10⁻⁵. Dentro de un kiloparsec, esto resulta en un límite superior de 6,6 × 10⁻⁴.

Un aspecto clave del trabajo fue la optimización del procesamiento de datos. El equipo de investigación probó su metodología de análisis utilizando 10 000 señales de prueba generadas artificialmente.

El método alcanzó una tasa de detección del 94 %, que incluso llegó al 98,7 % en zonas con baja interferencia radioeléctrica. Al mismo tiempo, las pruebas comparativas muestran que los métodos de uso común, en los que los datos espectrales se promedian considerablemente, logran tasas de detección de tan solo entre el 6 % y el 25 %, dependiendo de la deriva de la señal. Según los autores, el rendimiento del software de evaluación puede, por lo tanto, influir decisivamente en la sensibilidad real de una búsqueda SETI.

Inteligencia artificial y ciencia ciudadana

Para optimizar aún más su rendimiento, el proyecto SETI de UCLA recurre cada vez más a la inteligencia artificial. Las redes neuronales ayudan a detectar automáticamente las interferencias de radio, identificar correlaciones de señales y reducir significativamente la cantidad de comprobaciones manuales necesarias. Los métodos de aprendizaje profundo de reciente desarrollo también permitirán reconocer tipos de señales que antes pasaban desapercibidos en el proceso de análisis.

Este trabajo cuenta con el apoyo del proyecto de ciencia ciudadana "¿Estamos solos en el universo?", en el que decenas de miles de voluntarios clasifican señales y, por lo tanto, proporcionan datos de entrenamiento para la IA. Los candidatos a señales más interesantes también se publican a través de la plataforma arewealone.earth.

La sensibilidad del Telescopio de Green Bank permite detectar transmisores de radio extremadamente potentes a grandes distancias. Según los cálculos de los autores, por ejemplo, un transmisor con la potencia radiada isotrópica efectiva del antiguo radar planetario de Arecibo aún sería detectable desde una distancia de aproximadamente 415 años luz.

Incluso se podrían detectar transmisores desde el centro de la Vía Láctea, siempre que emitieran aproximadamente 4.130 veces la potencia del radar de Arecibo; valores que, en opinión del autor, parecen fundamentalmente alcanzables para una civilización tecnológicamente avanzada.

Solo una pequeña parte del presupuesto de la NASA

Finalmente, Margot destaca el nivel relativamente bajo de financiación pública para la búsqueda de tecnofirmas: entre 1994 y 2024, la NASA invirtió apenas 5,6 millones de dólares en este tipo de proyectos, ajustados a la inflación, lo que representa apenas el 0,0007 % de su presupuesto total durante ese período. Tras un cambio en las directrices de financiación en 2022, las posibilidades de financiación gubernamental para los proyectos SETI se vieron aún más restringidas. En consecuencia, el programa de la UCLA ahora depende principalmente de donantes y contribuciones privadas.

Comentario de GreWi:

Si bien la búsqueda de señales de radio artificiales no ha dado resultados una vez más, los resultados que se presentan ahora son precisamente el tipo de resultados que otorgan credibilidad a un campo de investigación emergente.

De hecho, el análisis no se limita a informar la ausencia de detecciones de señal. También verifica los parámetros de búsqueda y los flujos de datos mediante señales de prueba. Esto permitió definir un límite superior estricto y cuantificado para la frecuencia con la que pueden aparecer transmisores detectables dentro de los parámetros de potencia, frecuencia y deriva examinados.

El Dr. Mike Cifone, director de la Sociedad para el Estudio de los Fenómenos Aéreos No Identificados (SUAPS, por sus siglas en inglés), explica: “Los límites superiores establecidos aquí no dicen nada sobre las estrategias de señalización, los rangos de frecuencia o el comportamiento de las civilizaciones tecnológicas fuera de estas suposiciones y no deben generalizarse más allá de ellas”.

Para Cifone, sin embargo, incluso el resultado cero descrito anteriormente contribuye más a la credibilidad a largo plazo del campo de investigación debido a su "magnitud y al rigor científico mencionado anteriormente que lo que jamás podría hacerlo una sola señal candidata ambigua, precisamente porque demuestra que el proceso de búsqueda en sí es confiable y que sus resultados son realmente significativos".



¿Hay señales de civilizaciones extraterrestres ocultas en rangos de radio que apenas se han explorado hasta ahora?
Durante décadas, la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) se ha centrado en una banda relativamente estrecha del espectro radioeléctrico. Un nuevo estudio sugiere que las civilizaciones tecnológicamente avanzadas podrían no estar transmitiendo en esa banda, sino en frecuencias de radio más altas, hasta ahora prácticamente inexploradas.
por Andreas Müller


Imagen simbólica: Las antenas DV-59 del conjunto de telescopios "Atacama Large Millimeter/submillimeter Array" en el desierto de Atacama. Fuente: ALMA / Alex Pérez / CC BY 4.0

Como explicó la astrónoma Louisa Mason de la Universidad de Manchester en la reunión anual de la Real Sociedad Astronómica (NAM 2026) y en la revista "Monthly Notices of the Royal Astronomical Society", la mayoría de los proyectos SETI de radio anteriores investigaron el rango de frecuencias entre 1,42 y 1,66 gigahercios. Este rango se conoce como el "agujero de agua" porque se encuentra entre las emisiones de radio naturales del hidrógeno y el hidroxilo, dos sustancias que componen el agua.

Esta banda de frecuencia, relativamente libre de interferencias, se ha considerado durante mucho tiempo particularmente prometedora. El razonamiento detrás de esto es que una civilización extraterrestre tecnológicamente avanzada podría reconocer la importancia fundamental del hidrógeno y el hidroxilo y, por lo tanto, también transmitir o buscar señales precisamente en este rango.

Nuevos estudios ponen en tela de juicio esta suposición, al menos en parte.

SETI con ALMA por primera vez

Louisa Mason, de la Universidad de Manchester, llevó a cabo el primer estudio SETI utilizando el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) en Chile. En lugar de realizar nuevas observaciones, utilizó datos de archivo existentes que se habían adquirido originalmente para otros proyectos de investigación astronómica.

La atención se centraba ahora en las señales de radio de banda estrecha, que podían considerarse posibles pistas sobre los orígenes tecnológicos y que diferían de los procesos astrofísicos naturales.

“Durante décadas, SETI se ha centrado en una porción relativamente pequeña del espectro radioeléctrico”, explica Mason. El objetivo de su trabajo era investigar qué se podría descubrir buscando en un rango de frecuencias completamente diferente. Las longitudes de onda milimétricas y submilimétricas han sido prácticamente inexploradas por SETI y, por lo tanto, abren un nuevo campo de búsqueda.

Sin señales, pero con un nuevo enfoque de búsqueda

Para su estudio, Mason analizó dos pequeñas ventanas de frecuencia dentro de la denominada Banda 3 de ALMA. No encontró evidencia de posibles tecnofirmas extraterrestres.

Este diagrama ilustra el rango de frecuencias y la intensidad de la señal a la que son sensibles los respectivos instrumentos de observación. Demuestra que actualmente ningún otro instrumento realiza observaciones SETI en el rango de alta frecuencia y que ALMA posee un rango de frecuencias prometedor, aún inexplorado.


Diagrama que muestra el rango de frecuencias y la intensidad de la señal a la que son sensibles los respectivos instrumentos de observación. Ilustra que ningún otro instrumento realiza actualmente observaciones SETI en el rango de alta frecuencia y que ALMA posee un rango de frecuencias prometedor, aún inexplorado. Fuente: Louisa Mason

Sin embargo, en su evaluación, este resultado no disminuye en absoluto el valor del estudio. Al contrario, demuestra que los radiotelescopios de alta frecuencia podrían desempeñar un papel importante en la búsqueda de señales tecnológicas en el futuro. Dado que hasta el momento solo se han evaluado cuatro observaciones archivadas de ALMA, esto constituye, explícitamente, solo una primera prueba de este nuevo enfoque.

Millones de estrellas en lugar de cientos de miles

Además de explorar un nuevo rango de frecuencias, el estudio pone de relieve otro aspecto previamente subestimado. Cuando los astrónomos observan un objetivo específico con un radiotelescopio, inevitablemente captan numerosas estrellas dentro de su campo de visión. Mason se refiere a estas estrellas observadas involuntariamente como una especie de "captura incidental estelar", una captura incidental astronómica, por así decirlo.

Hasta ahora, su número se había estimado principalmente utilizando el catálogo estelar Gaia. Sin embargo, Mason utilizó el Modelo Galáctico de Besançon, que también tiene en cuenta estadísticamente las estrellas distantes, débiles o no catalogadas previamente.

Las diferencias son significativas: en una reevaluación de un estudio SETI anterior con 1327 alineaciones de telescopios, el número de estrellas detectadas aumentó de alrededor de 288 000 a más de 6,1 millones. Según el investigador, este método proporciona una imagen mucho más realista de qué parte de nuestra galaxia ha sido explorada en busca de posibles tecnofirmas.

Área de búsqueda mayor de lo que se suponía anteriormente

“Uno de los hallazgos más fascinantes de este trabajo es que, en realidad, hemos examinado muchas más estrellas de las que se pensaba anteriormente”, explica Mason.

Incluso una sola observación, relativamente pequeña, puede contener una enorme variedad de estrellas diferentes que no eran el objetivo original del estudio. Por lo tanto, la combinación de observaciones de alta frecuencia y modelos de simulación galáctica permite comprender mucho mejor qué regiones de la Vía Láctea ya se han explorado y dónde deberían centrarse los futuros proyectos SETI.

Mason subraya explícitamente que la ausencia de una señal no implica en absoluto la ausencia de civilizaciones extraterrestres inteligentes. El estudio simplemente demostró que no se encontraron posibles tecnofirmas en los dos rangos de frecuencia analizados.

Más bien, ella considera su trabajo como un catalizador para futuros proyectos SETI, con el objetivo de ampliar significativamente la búsqueda más allá de los rangos de frecuencia preferidos anteriormente y, al mismo tiempo, hacer un uso más intensivo de los datos de archivo astronómicos existentes para la búsqueda de posibles tecnologías extraterrestres.




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