viernes, 17 de julio de 2026

Se detecta azúcar en el espacio interestelar por primera vez: nuevas pistas sobre el origen de la vida

Astrobiología
Se detecta azúcar en el espacio interestelar por primera vez: nuevas pistas sobre el origen de la vida
Un equipo de investigación internacional ha detectado por primera vez un azúcar directamente en el espacio interestelar. El descubrimiento del compuesto eritrulosa en una nube molecular cerca del centro de la Vía Láctea aporta nuevas pruebas de que importantes componentes básicos de la vida podrían haberse formado en el espacio mucho antes de la formación de los planetas.
por Andreas Müller


Imagen compuesta del Centro Galáctico. Verde y amarillo: emisiones a 8 µm y 24 µm, registradas con el Telescopio Espacial Spitzer (Churchwell et al. 2009; Carey et al. 2009). Rojo: emisiones a 20 cm, registradas con MeerKAT (Heywood et al. 2019, 2022) y el Telescopio Green Bank (GBT) (Law et al. 2008). La imagen se basa en trabajos de Henshaw et al. (2023; 10.48550/arXiv.2203.11223) y Longmore et al. (2026; 10.48550/arXiv.2602.20340). Fuentes: Ashley Barnes / Izaskun Jiménez-Serra / Juan García de la Concepción

Como informó recientemente el equipo liderado por Izaskun Jiménez-Serra del Centro de Astrobiología (CAB) de España en la revista "Nature Astronomy" (DOI: 10.1038/s41550-026-02905-7), los azúcares se encuentran entre las biomoléculas fundamentales de la vida. Forman la estructura básica del ADN y el ARN y desempeñan un papel central en el metabolismo de todos los organismos conocidos. Además, se consideran precursores esenciales para la formación de los primeros ácidos nucleicos en diversos escenarios sobre el origen de la vida.

Un componente fundamental de la vida descubierto por primera vez entre las estrellas

Hasta ahora, persistía la incógnita de cómo estas moléculas pudieron haberse formado en cantidades suficientes en la Tierra primitiva. Los experimentos de laboratorio demuestran que los azúcares se forman en cantidades muy pequeñas en condiciones prebióticas. Si bien ya se habían detectado azúcares como la ribosa y la glucosa en muestras de meteoritos y asteroides, lo que sugería que podrían haberse originado en la nube molecular primitiva de nuestro sistema solar, aún no se había logrado la detección directa de azúcar en el medio interestelar.

Esta es precisamente la prueba que los investigadores liderados por Jiménez-Serra han logrado al identificar la eritrulosa en la nube molecular “G+0.693−0.027”, que se encuentra cerca del centro de la Vía Láctea.

La espectroscopia revela doce señales características

El descubrimiento fue posible gracias a la espectroscopia de banda ancha de alta sensibilidad, realizada con el radiotelescopio Yebes de 40 metros y el telescopio de 30 metros del Instituto de Radioastronomía en el Rango Milimétrico (IRAM).

Los investigadores lograron identificar un total de doce líneas espectrales que coinciden exactamente con los espectros de eritrulosa previamente medidos en el laboratorio de la Universidad del País Vasco. La eritrulosa es la única cetosa conocida con cuatro átomos de carbono. En la Tierra, se encuentra de forma natural en las frambuesas, entre otros alimentos, y también se utiliza como ingrediente en productos autobronceadores.

El equipo se sorprendió no solo por la detección en sí, sino también por la abundancia relativamente alta de la molécula. Las mediciones revelaron que la eritrulosa es al menos ocho veces más frecuente en la nube molecular estudiada que azúcares similares con solo tres átomos de carbono, de los cuales, sin embargo, no se encontró rastro alguno en la misma región. "Este resultado fue inesperado", explica el líder del estudio, Jiménez-Serra. Hasta ahora, la astroquímica había asumido que las moléculas interestelares crecen por etapas mediante la adición sucesiva de átomos de carbono individuales.

Nuevas vías de formación en el hielo de las nubes interestelares

Por lo tanto, el equipo, en colaboración con químicos de la Universidad de Extremadura y la Universidad Radboud de los Países Bajos, investigó los posibles procesos de formación del compuesto.

El estudio reveló que la eritrulosa puede formarse directamente dentro de las partículas de hielo de las nubes moleculares interestelares. Los materiales de partida son alcoholes y aldehídos relativamente simples, cada uno con dos átomos de carbono. Bajo las condiciones extremadamente frías del espacio interestelar, estos reaccionan para formar la molécula de azúcar más compleja.

Este descubrimiento apunta, por tanto, a una vía química de formación previamente subestimada que se desarrolla independientemente de los mecanismos de ampliación molecular favorecidos hasta ahora.

Millones de toneladas de azúcar podrían haber llegado a la Tierra joven

Basándose en la concentración medida de eritrulosa en la nube molecular, los investigadores también calcularon las cantidades de este azúcar que podrían haber llegado a la joven Tierra durante el llamado Bombardeo Intenso Tardío. Este período, que abarcó aproximadamente entre 4100 y 3800 millones de años atrás, se caracterizó por numerosos impactos de asteroides y cometas.

Las estimaciones sugieren que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de eritrulosa podrían haber sido transportadas a la superficie terrestre.

Esto abre una nueva posibilidad para explicar el origen de aquellas moléculas orgánicas que pudieron haber intervenido en el surgimiento de los primeros procesos metabólicos y de replicación. Según esta perspectiva, los azúcares no necesariamente tuvieron que originarse en la Tierra, sino que podrían haber llegado desde el espacio interestelar.

Nuevas perspectivas para la búsqueda de biomoléculas adicionales

Los investigadores consideran su descubrimiento un punto de partida importante para la búsqueda de otras moléculas biológicamente relevantes en el espacio. En particular, esperan detectar directamente la ribosa, el azúcar fundamental del ARN, así como otros compuestos orgánicos complejos.

“La detección de eritrulosa es sumamente emocionante porque abre la posibilidad de detectar otros azúcares, como la ribosa, así como otras moléculas importantes para el origen de la vida, en el espacio en el futuro”, explica el coautor Carlos Briones.

El estudio subraya, por tanto, una vez más que las condiciones químicas para el surgimiento de la vida pueden haberse creado ya en el espacio interestelar, mucho antes de que se formaran planetas como la Tierra.



Nuevo estudio: ¿Estamos pasando por alto rastros de inteligencia extraterrestre primitiva?
La búsqueda de vida extraterrestre se ha centrado hasta ahora principalmente en dos extremos: por un lado, los investigadores buscan biofirmas, es decir, evidencia química de vida; por otro, firmas tecnológicas, como señales de radio o gigantescas estructuras tecnológicas de civilizaciones avanzadas. Pero ¿qué ocurre con los miles de millones de años intermedios? Un nuevo estudio propone investigar sistemáticamente precisamente esta fase de desarrollo, en gran medida ignorada.
por Andreas Müller


Imagen simbólica: Como se aprecia aquí en Callanish, Escocia, la humanidad ha moldeado la faz de nuestro planeta durante milenios sin que su existencia sea directamente perceptible desde la distancia. Fuente: A. Müller para growi.de

Como explicaron previamente la astrobióloga Julia DeMarines y sus colegas del Instituto de Ciencia del Espacio Blue Marble a través de arXiv.org, transcurrieron aproximadamente 3.500 millones de años desde la aparición de la primera vida microbiana hasta una civilización que enviaba señales de radio al espacio. Si nuestra Tierra hubiera sido observada desde un mundo distante hace 10.000 años, no habría emitido tecnofirmas reconocibles ni se habría limitado a formas de vida microbianas. Sin embargo, los humanos inteligentes ya habrían dejado su huella en el planeta.

La brecha entre los microbios y las civilizaciones espaciales

Según DeMarines, esta etapa del desarrollo ha sido, hasta ahora, ampliamente descuidada en la astrobiología. Para subsanar esta deficiencia, propone el campo de investigación de la noosemiótica, que buscaría específicamente las llamadas noosignaturas.

DeMarines define una noofirma como una huella estructurada dejada por una mente inteligente en un soporte. El significado de esta huella no tiene por qué ser descifrable; lo crucial es que pueda identificarse claramente como producto de una actividad inteligente. Dichas huellas pueden ser de naturaleza física, como herramientas, estructuras o escritura, pero también pueden consistir en patrones de comunicación complejos. Como ejemplo, el autor cita la escritura aún sin descifrar de la civilización del valle del Indo. Si bien se desconoce su contenido, no cabe duda de que fue creada por seres inteligentes y se distingue claramente de los procesos biológicos naturales.

La teoría del ensamblaje como posible evidencia

Para evaluar objetivamente las noofirmas, el estudio recurre a la denominada Teoría del Ensamblaje. Esta describe el "Índice de Ensamblaje" de un objeto, es decir, el número de pasos de construcción necesarios para ensamblarlo a partir de bloques básicos simples. Si este valor supera un cierto umbral, se considera extremadamente improbable que se trate de una aparición natural aleatoria.

En la Tierra, las herramientas de piedra de la cultura Lomekwiana, con una antigüedad aproximada de 3,3 millones de años, ya cumplirían con este criterio. Sin embargo, las noofirmas no se limitan a los artefactos. DeMarines señala que la agricultura humana alteró de forma significativa el ciclo del nitrógeno terrestre hace ya 8.000 años, mucho antes de que existieran las estaciones de radio u otras tecnofirmas clásicas.


Un ejemplo de noosignaturas encontradas en la Tierra: cuñas de piedra de la cultura africana Lomekwi. Fuente: The Portable Antiquities Scheme, Julian Watters.

¿Inteligencia sin señales de radio?

Un atractivo particular del concepto reside en su potencial para abarcar mundos donde la vida inteligente evolucionó, pero nunca produjo una civilización planetaria tecnológicamente avanzada. Dichas culturas podrían haber existido durante escalas de tiempo geológicas sin transmitir jamás señales de radio u otras tecnofirmas evidentes al espacio. En tal caso, las noofirmas podrían ser la única evidencia verificable de que alguna vez existió vida inteligente en un planeta.

Numerosas cuestiones abiertas

La autora subraya, sin embargo, que el concepto aún se encuentra en una fase muy temprana de desarrollo. Las noosignaturas pueden erosionarse o desaparecer con el tiempo si no se conservan. Además, suele ser difícil distinguir claramente las estructuras naturales complejas de las creadas artificialmente. La teoría del ensamblaje también debe demostrar aún su fiabilidad al aplicarse a estructuras arqueológicas a gran escala o a cristales complejos de origen natural.

Además, hasta el momento, pocos científicos se han centrado en este campo. Según DeMarines, la Conferencia Científica de Astrobiología de este año incluyó 23 sesiones sobre biofirmas y solo una sobre tecnofirmas; las sesiones dedicadas a la investigación de la inteligencia estuvieron completamente ausentes.

Con su trabajo, DeMarines argumenta que las firmas astrobiológicas ya no deberían considerarse como dos categorías separadas. En cambio, las biofirmas, las noofirmas y las tecnofirmas podrían formar un continuo que abarque toda la evolución de la vida, incluyendo las civilizaciones tecnológicas. Si este enfoque se populariza, podría ampliar nuestra comprensión de formas de inteligencia extraterrestre previamente ignoradas y abrir nuevas vías para la búsqueda de vida en el universo.




Modificado por orbitaceromendoza

No hay comentarios.:

Publicar un comentario