Cultura OVNI
Por qué la ciencia se toma en serio los OVNIs, y tú también deberías hacerlo
La investigación sobre fenómenos aéreos no identificados se está incorporando a la corriente principal de la ciencia.
por Jennice Vilhauer, Doctora en Filosofía
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Fuente: Generado por IA con ChatGPT / OpenAI |
Durante décadas, la creencia generalizada fue que los científicos serios no estudiaban los fenómenos aéreos no identificados (FANI, por sus siglas en inglés) y que la gente seria no hablaba de ellos.
Esa suposición ya no es cierta.
En junio, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI) de Estados Unidos solicitó al astrofísico de Harvard, Avi Loeb, que reuniera y dirigiera un Consejo Asesor Científico Multidisciplinario sobre Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI) para brindar orientación científica independiente a las agencias gubernamentales estadounidenses que investigan FANIs. El consejo reúne a expertos en astrofísica, física, biología, psicología, ingeniería, inteligencia artificial, oceanografía y filosofía. Yo participo como psicólogo en el consejo, ayudando a examinar los factores humanos que influyen en la observación, la presentación de informes, la interpretación y la comunicación, además de la evidencia física.
El consejo refleja un cambio más amplio que ya está en marcha. La NASA ha solicitado un enfoque científico más sistemático para el estudio de los FANIs. El Proyecto Galileo de Harvard ha construido observatorios especializados para recopilar datos de alta calidad. Las agencias gubernamentales han establecido programas formales de investigación y presentación de informes. En conjunto, estos avances reflejan un creciente reconocimiento de que los FANIs constituyen una cuestión científica legítima que merece una investigación minuciosa.
Por qué es importante la investigación sobre FANIs
¿Por qué debería importarnos al resto de nosotros?
Porque todas las respuestas posibles importan.
Si algunos FANIs representan tecnología avanzada desarrollada por una nación adversaria, las implicaciones para la seguridad nacional son evidentes. Si resultan ser fenómenos atmosféricos o tecnológicos mal comprendidos, su estudio podría mejorar nuestra comprensión del mundo natural, al tiempo que impulsa la tecnología de sensores, la seguridad aérea y la ingeniería aeroespacial. Y si un pequeño número de ellos requiere explicaciones que van más allá de nuestro conocimiento científico actual, las implicaciones científicas podrían ser profundas. Sea cual sea la respuesta, la sociedad se beneficia al encontrarla.
Existe otra razón por la que esta investigación es importante.
Independientemente de lo que finalmente resulte ser un fenómeno UAP, millones de personas en todo el mundo reportan experiencias inexplicables. Para algunos, es simplemente una observación inusual. Para otros, se convierte en un evento profundamente significativo que transforma su percepción de sí mismos, de la realidad y de lo que creen posible. Algunos experimentan curiosidad y asombro. Otros luchan contra la confusión, el aislamiento, la ansiedad o el miedo a ser ridiculizados. Muchos no se lo cuentan a nadie.
El papel de la psicología en la investigación sobre los FANIs
Por eso la psicología tiene cabida en la investigación sobre la psicosis no adquirida.
Nuestro papel no es determinar qué son los FANIs. Esa es una cuestión que compete a las ciencias físicas. La psicología plantea preguntas diferentes, pero igualmente importantes. ¿Cómo perciben las personas los sucesos inusuales? ¿Influyen la percepción y la conciencia en lo que ven? ¿Cómo interpretan las experiencias que desafían creencias profundamente arraigadas? ¿Cómo influye el estigma en si las personas denuncian o no lo que han visto? ¿Y cómo podemos apoyar a las personas sin descartar prematuramente sus experiencias ni fomentar conclusiones que no estén respaldadas por la evidencia?
Estas preguntas son importantes independientemente de lo que finalmente resulte ser un fenómeno paranormal no identificado, porque el impacto psicológico es real, incluso cuando la causa subyacente sigue siendo incierta.
Cuando un sujeto se convierte en objeto de burla, el estigma lo acompaña, y este estigma tiene consecuencias tanto humanas como científicas. Las personas pueden guardar silencio para evitar ser juzgadas. Pilotos y otros testigos pueden optar por no informar sobre observaciones inusuales. Los investigadores pueden evitar el tema, y la obtención de financiación se vuelve más difícil. El resultado es una disminución en los estudios, la ausencia de datos muy necesarios y un avance más lento hacia la comprensión. El estigma no solo moldea la opinión pública; limita nuestra capacidad para apoyar a las personas y descubrir la verdad.
El progreso científico depende de formular preguntas importantes sin dar por sentada la respuesta. La mayoría de las anomalías acaban recibiendo explicaciones convencionales. Algunas conducen a descubrimientos que transforman radicalmente nuestra comprensión del mundo. No podemos saber cuáles son cuáles hasta que las investiguemos.
Aún se desconoce si los FANIs resultarán ser fenómenos naturales malinterpretados, tecnología avanzada o algo totalmente inesperado. Pero una cosa ya está clara.
Avanzar en la investigación de fenómenos aéreos no identificados no se trata simplemente de resolver un misterio. Se trata de fortalecer la seguridad nacional, ampliar el conocimiento científico, comprender experiencias humanas extraordinarias y garantizar que las personas sean tratadas con curiosidad, compasión e integridad científica, en lugar de ser objeto de burla.
Son objetivos que todos deberían poder apoyar.
La revelación sobre los OVNIs es una historia sobre personas
Lo que la divulgación de información sobre FANIs puede revelar sobre nosotros.
por Jennice Vilhauer, Doctora en Filosofía
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Fuente: Sherise van Dyk / Unsplash |
Gran parte del debate público en torno a la divulgación se centra en una sola pregunta: ¿Qué son los fenómenos anómalos no identificados (FANI)?
¿Son tecnología avanzada? ¿Inteligencia no humana? ¿Algo que aún no hemos imaginado?
Estas preguntas son importantes. El misterio en sí es fascinante, y la búsqueda de respuestas es una valiosa labor científica. Sin embargo, existe otra dimensión de la revelación que suele recibir mucha menos atención. La revelación no es solo una historia sobre objetos no identificados, información oculta o fenómenos inexplicables. Es también una historia sobre personas.
Las consecuencias más profundas de la revelación tal vez no surjan de lo que se descubre en el cielo, sino de lo que sucede en nuestro interior cuando se nos pide que reconsideremos lo que creemos que es verdad.
A lo largo de la historia, la humanidad se ha topado repetidamente con información que ha puesto en tela de juicio creencias profundamente arraigadas. Aprendimos que la Tierra no es el centro del cosmos. Descubrimos que la vida evoluciona mediante procesos naturales. Nos dimos cuenta de que nuestra galaxia es solo una entre miles de millones. Cada revelación nos obligó a revisar nuestra comprensión de la realidad y nuestro lugar en ella. La historia sugiere que las personas son capaces de integrar incluso revisiones profundas de su visión del mundo, aunque el proceso suele ser gradual en lugar de inmediato. (1)
Cómo la psicología humana procesa las nuevas revelaciones
La historia de estos descubrimientos suele contarse como una historia científica. Pero también es una historia psicológica. La nueva información irrumpe en un mundo de creencias, identidades, instituciones, relaciones, esperanzas y miedos ya existentes. Las personas deben comprenderla. Deben decidir qué significa y cómo encaja en la narrativa de sus vidas.
Si la situación continúa desarrollándose, la revelación no será diferente.
Algunas personas pueden experimentar asombro, curiosidad y entusiasmo. Otras pueden sentir incertidumbre, escepticismo, ansiedad o resistencia. Algunas pueden sentir ira. Muchas experimentarán varias de estas reacciones en diferentes momentos. La pregunta más importante quizás no sea si las personas reaccionan, sino cómo se adaptan.
Los seres humanos somos criaturas que creamos significado. No nos limitamos a recibir información; la interpretamos. La integramos en relatos sobre quiénes somos, de dónde venimos y qué tipo de futuro imaginamos para nosotros mismos. Cuando nueva información desafía esos relatos, comienza un proceso de ajuste. Las investigaciones sugieren que restaurar la coherencia y el significado es una de las principales maneras en que las personas se adaptan a los acontecimientos vitales disruptivos y a los grandes desafíos a sus creencias. (2)
Esa capacidad de adaptación es prueba de una de las mayores fortalezas de la humanidad.
La adaptación psicológica es una de las capacidades más notables de nuestra especie. Sobrevivimos a guerras, crisis económicas, desastres naturales, revoluciones tecnológicas y tragedias personales. Nos afligimos, cuestionamos, aprendemos y, finalmente, encontramos la manera de seguir adelante. La mente humana no está diseñada para evitar el cambio, sino para adaptarse a él. Décadas de investigación sobre la resiliencia sugieren que la adaptación, en lugar de la disfunción persistente, es el resultado a largo plazo más común tras una adversidad significativa. (3)
Por eso, la cuestión de la divulgación va mucho más allá de probar o refutar la existencia de inteligencia no humana. Incluso si surgen respuestas definitivas, el mayor desafío será ayudar a las personas y a las sociedades a comprender el significado de esas respuestas.
El debate público suele dar por sentado que la divulgación se centra principalmente en la información. En realidad, también se trata de confianza, comunicación, resiliencia y comprensión. Se trata de si las instituciones pueden comunicarse con honestidad en momentos de incertidumbre. Se trata de si las comunidades pueden debatir temas difíciles sin polarización ni temor. Se trata de si las personas pueden mantener la calma al abordar cuestiones que quizás no tengan respuestas inmediatas.
Si la revelación confirma que la humanidad no está sola, sin duda será un descubrimiento científico histórico. Pero también revelará algo sobre nosotros. Mostrará cómo reaccionamos ante una realidad mayor que la que comprendíamos anteriormente. Demostrará si nos replegamos en el miedo y la división o si, por el contrario, nos dejamos llevar por la curiosidad, la humildad y el crecimiento.
Lo que la divulgación revela en última instancia
En ese sentido, la revelación no es simplemente una historia sobre lo que puede haber ahí fuera. Es una historia sobre quiénes somos.
El misterio de los FANIs podría resolverse con el tiempo. Los datos se acumularán. Se evaluarán las pruebas. Surgirán conclusiones científicas. Sin embargo, esas preguntas, por importantes que sean, son, en última instancia, definitivas.
La historia humana no lo es.
El legado perdurable de la revelación quizás no sea el descubrimiento en sí, sino la forma en que la humanidad decide afrontarlo. Nuestra capacidad de adaptación, cooperación, búsqueda de significado y resiliencia puede resultar tan importante como cualquier revelación que surja.
Porque, en definitiva, la revelación no se trata solo de comprender una realidad más amplia.
Se trata de comprendernos a nosotros mismos.
Referencias
1. Kuhn TS. The Structure of Scientific Revolutions. 4th ed. Chicago: University of Chicago Press; 2012.
2. Park CL. Meaning making in the context of disasters. J Clin Psychol. 2016;72(12):1234–1246. doi:10.1002/jclp.22270
3. Bonanno GA. Loss, trauma, and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? Am Psychol. 2004;59(1):20–28. doi:10.1037/0003-066X.59.1.20
Modificado por orbitaceromendoza


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