[1] El juez Jorge Marzari Céspedes sostuvo, empero, que al llegar al
lugar del supuesto OVNI, “vi en el centro donde debió aparecer el
objeto, dos huellas frescas, de rodado 15 o 16. Lamentablemente, cuando
llamé al oficial que me acompañaba, éste las pisó, borrándolas” (2).
En la Justicia
 |
| Los símbolos marcados en el automóvil. |
La repercusión del caso adquirió tal magnitud, que
el titular del primer juzgado de instrucción, Jorge Marzari Céspedes,
decidió tomar intervención, a pesar de no existir ningún tipo de
acusación civil ni criminal contra los atribulados protagonistas de la
historia. Según ha informado, el magistrado fue como un ciudadano más a
ver el escenario del aterrizaje y se interesó por algunos detalles del
suceso. Atendiendo que ciertas averiguaciones y procedimientos son
necesarias realizarlas con orden judicial, la Suprema Corte de Justicia
-probablemente, a vista del interés del juez- decidió encomendarle la
instrucción del correspondiente sumario, cuya insólita carátula rezó:
“Fiscal contra N. N. por lesiones leves”.
Al respecto, el
periodismo señaló:
“Es probable que se trate de la diligencia más
extraña que escritorios tribunalicios hayan presenciado en la historia
judicial del país” (9). Sin duda fue todo una novedad, muy curiosa.
El juez Marzari Céspedes comenta:
“Había que ordenar una pericia
psicológica. Quizás una hipnosis de Villegas y Peccinetti, y eso debe
ordenarlo un juez. Al día siguiente, los cité a declarar. Ordené una
pericia que debía abarcar reacciones ante estímulos lumínicos,
auditivos, visuales y sensoriales. Designé dos psicólogos y dos
psiquiatras. Pero sobre la propuesta de un examen bajo hipnosis,
Peccinetti no quiso saber nada y trató de hacerle cambiar de idea a
Villegas”. Aquí estaría la punta de la pista policial y judicial del
suceso.
“Cuando me dirigí al lugar del supuesto descenso -continúa el
juez-
iba a ver, en realidad, si encontraba algo humano o no humano.
Hice desviar el tránsito y me detuve a observar. En el lugar había una
pared al costado, una palmera, dos postes de luz, dos sauces y, al
frente, hacia el norte, dos baldíos más. ¿Por qué aterrizaron en ese
lugar, por qué no eligieron uno más grande?.. Me hago preguntas humanas
para encontrar una respuesta no humana. El lunes 2 conversé con ellos,
los testigos, por primera vez. Lo hice para saber exactamente sobre qué
versaría la pericia psicológica, sobre qué elementos iba a ordenar la
pericia. Sí. Se habló de mi interrogatorio[4]. Al hacerlo, encontré
muchísimas contradicciones, y al reconstruir el hecho también. Ahora, el
sumario es secreto. ¿Conclusión? En la reconstrucción no hubo un relato
fiel. Villegas, según aprecié, no se acordaba prácticamente de nada. Es
más, creo que pudo ver, como no ver nada. Estaba asustado de un susto".
“Peccinetti
es quien ha hablado, quien ha hecho la descripción de lo sucedido.
Emocionalmente no está alterado. Villegas ha sido más bien el eco de
las palabras de Peccinetti. No recuerda nada con precisión".
“Al
principio creí que era una broma a la provincia. Después he comprobado
que en realidad la broma fue a este muchacho Villegas y sin querer se
amplificó y escapó al control de los organizadores. Se trata de un
cuento. Entre los responsables está Peccinetti, naturalmente” (11).
 |
| Villegas y Peccinetti muestran el lugar en donde recibieron los pinchazos. |
Aunque
por secreto sumarial nada se comunicó oficialmente, habrían trascendido
por fuentes allegadas al juzgado los detalles que -aparentemente-
fundamentarían la opinión del doctor Marzari Céspedes:
a) Marcas de huella de automóvil, observadas por el juez, que
demostrarían que un coche modelo nuevo estuvo dentro del baldío, donde
estaba el haz de luz;
b) Entre la narración del suceso y su reconstrucción, hay una hora de diferencia, que Peccinetti no supo como justificarla;
c)
Los pinchazos que recibió Villegas le dolieron y fueron profundos,
mientras que en Peccinetti han sido superficiales (efectuados en ambos
con cualquier elemento punzante);
d) La broma habría comenzado
varios días antes, por ejemplo, cuando el día anterior se le cambiaron
los cables de las bujías de su viejo Chevrolet, comenzando a detonar
cuando se lo puso en marcha, aprovechando el carácter asustadizo y
fácilmente sugestionable de Villegas;
e) La permanente
tranquilidad de Peccinetti en contraste con el temor de Villegas,
especialmente, durante la reconstrucción del hecho;
f) Un episodio
ocurrido en la misma que ha sugerido que en el episodio habrían estado
directamente implicados otros compañeros de Peccinetti y Villegas;
g)
La madrugada en que ocurrieron los hechos venían y bajaron durante el
trayecto otros tres empleados del casino, según lo recordó Villegas en
la reconstrucción, pero omitido por Peccinetti;
h) Las
inscripciones en la puerta del auto fueron hechas con una punta para
realizar pirograbados, empezando con un trazo grueso y terminando con
uno fino;
i) El mercurio encontrado en el estribo corresponde exactamente al que contiene un termómetro común;
j)
El día anterior al hecho Peccinetti dejó olvidado su abrigo, un gabán,
en la casa de Villegas y también se le descompuso su vehículo (12).
 |
| Peritos del CNEA en el lote baldío. |
No
podemos asegurar que estos sean todos los elementos del sumario
judicial, que fundamentaron la opinión del juez interviniente en la
causa. No poseemos los informes de los pormenorizados peritajes técnicos
(físicos, químicos y psicológicos, que incluyen pruebas
dactiloscópicas, balísticas, escopométricos y psicodiagnósticas, muy
reveladoras), en razón del secreto de sumario. Al no hallar culpables,
la causa se reserva en secreto hasta que el autor se individualice o se
ordene la prescripción (pase a ser archivada). Aún así, será pertinente
formular algunos comentarios sobre los puntos recién expuestos, no
obstante su carácter provisional:
 |
| J. C. Peccinetti muestra las punciones recibidas. |
a) Como se indicó anteriormente, esta evidencia fue accidentalmente
destruida y no se llegó a término para ser examinada o fotografiada por
los peritos;
b) Prescindiendo de las interpretaciones abduccionistas, es probable que
en una situación mental y emocionalmente singular como la expuesta,
resulte difícil una medición exacta, aunque una hora es un período
excesivamente prolongado (esto haría suponer que en ese tiempo se
encendió el azufre en el interior del auto, se arrojó el mercurio
encontrado y se levantó el escenario);
c) Nosotros pudimos verificar cinco días después una ligera punzadura en Peccinetti;
d)
El viernes 30 de agosto, confiesa Villegas,
“tuve un problema, cambio
de cables en las bujías del auto; es el coche más viejo, el que más se
presta a bromas, sí, era una de tantas. Era la broma clásica de los
compañeros volcarme basura o colocar los tachos en el techo del auto. La
noche del jueves, cuando fui a arrancar, escuché explosiones. Decidido a
regresar por otros medios, vi en ese momento a Peccinetti y un amigo
que se iban…”;
e) La actitud de los involucrados puede reflejar, sino, la personalidad de cada uno;
f)
El juez se refiere aquí a la corrección que le hace un compañero de
Peccinetti y Villegas, durante la reconstrucción del hecho, respecto a
la precisa ubicación de uno de los humanoides;
g) La presencia de otros acompañantes ha sido sistemáticamente omitida en todas las entrevistas, incluida la nuestra;
 |
| Automóvil Whippet 1929, con carrocería Chevrolet 1934. |
h)
Posibles rayas hechas por la policía, similares a las encontradas,
demostraron que humanamente se pueden hacer. Empero, trascendió otra
versión que indica que el coche no estaría rayado, sino marcado por un
instrumento que dejó una sustancia formando los extraños dibujos (esta
respaldaría de mejor modo el comentario de que, al tiempo, las marcas
fueron borrándose misteriosamente). Aunque así no fuera, el daño es
fácilmente reparable en el viejo automóvil (se trata, en rigor, de un
modelo Whippet 1929, con carrocería Chevrolet 1934);
i) Al
parecer, son varias las personas que habrían recogido muestras del
mercurio hallado en el estribo del auto (sabemos que el comisario M.
Montoya, el vecino Jorge Arturo, y el meteorólogo Bernardo Razquin,
tomaron de allí un material similar);
j) No queda claro porqué Peccinetti, siendo una noche no excesivamente
fría (la temperatura era cercana a los 12 C° y la humedad del 62%, con
cielo despejado en Mendoza), insistió en ir a buscar el abrigo, sin
esperar al otro día.
La conclusión del doctor Jorge Marzari
Céspedes puede sintetizarse en esta declaración:
“Es una broma de mal
gusto, con un móvil detrás. No es nada del otro mundo…” Sus impresiones,
coincidentes con las de la policía, hacen caer sus sospechas sobre Juan
Carlos Peccinetti.
 |
| Así representaban el caso los medios de la época. |
A pesar, los hechos trascendidos no aclaran
del todo el episodio. Por ejemplo: Los bromistas ¿eran niños?, se
interroga un cronista. Porque se habló de cinco enanos cabezudos. ¿Es
posible que el mercurio recogido correspondiera a un termómetro común,
cuando varios son los testigos que se habrían llevado cierta cantidad?
Aún
con los limitados elementos, la hipótesis expuesta por la justicia y la
policía mendocina suscita otros interrogantes. Veamos:
¿Cómo se entienden las palabras del comisario Montoya, cuando dice que
“montar una escenografía así y hacerla desaparecer en unos minutos antes
de que llegara la policía y sin dejar rastros, hubiera implicado una
inversión acaso sólo al alcance de Hollywood”? ¿De qué manera se
hicieron, finalmente, las inscripciones en el automóvil? ¿De qué manera,
“con una sábana y un reflector” -como indica la policía-, se pudo
proyectar en colores las tres escenas (catarata-hongo atómico-catarata
sin agua) que vio Villegas? ¿Dónde están los cinco integrantes del
equipo de bromistas que Villegas vio a menos de un metro de distancia?
¿Cómo pudo Peccinetti contratar a cinco individuos -niños o adultos- de
1,40-1,50 m. de estatura, calvos y vestidos con enterizos? ¿Cómo
ascendieron los cinco enanos por la luz? ¿Dónde está la larga madera, o
tablón, utilizado por un automóvil para penetrar en el terreno baldío
sin dejar huellas y sí hacerlas justamente donde se requería más
cuidado, es decir, en el presunto lugar del descenso? Si el sorprendido
debía ser Villegas y él mismo manejaba el auto, ¿qué sistema utilizó su
compañero para que el rodado dejase de funcionar en el lugar indicado
para la representación? Además, el propio Villegas obró por su cuenta
cuando afirma:
“Sin saber porqué y aunque no lo hago nunca, doblé por
la calle Neuquén hacia el norte”. De esto se desprende que si Villegas
hubiera tomado el camino habitual toda la broma habría fracasado. ¿Quién
es la persona que habría testimoniado que su coche se detuvo en otra
calle, cercana al lugar y a la misma hora?
 |
| Portada del diario El Andino. |
Como puede notarse, el problema resulta demasiado complejo para aceptar
dicha hipótesis con proverbial ligereza. La versión oficial parece tan
difícil de probar como la realidad del episodio. Quizás, el error haya
sido haber adoptado -supuestamente- la hipótesis de la broma y no de la
fabulación.
Si los dos protagonistas fueran acusados de
fabuladores, sería simplemente la palabra de ellos contra la de toda la
maquinaria oficial que intenta defenestrar el caso. Peccinetti y
Villegas habrían abandonado el automóvil ya escrito, se habrían
producido las punciones en los dedos y, luego de derramar mercurio
(elemento que se obtiene sin dificultad), detener el reloj pulsera de
Peccinetti, y producir la explosión, habrían salido corriendo a pedir
auxilio al Liceo Militar.
Esto es posible y más que nada barato, pues no existirían enanos, ni televisor, ni artefacto volador, ni pirograbadores.
Sin
embargo, el juez adoptó el temperamento de insistir en la hipótesis de
la broma, quizá por prudencia, por una estratagema de la investigación, o
-ciñéndonos al texto- por su propia convicción. En este último caso,
para aceptar esa hipótesis, ha de ser imprescindible que el juez
presente numerosos elementos de probanza. En otras palabras, si
Peccinetti participaba en la broma en perjuicio de Villegas, y éste vio
todo lo que narró -como acepta el juez, con ciertas reservas- (
“Es más,
creo que pudo ver, como no ver nada”), la justicia para probar su aserto
tendrá que mostrar y/o explicar el conjunto de las preguntas que hemos
planteado párrafos atrás. Una tarea que, lejos de simplificar y lograr
una adecuación, parece complicar las cosas.
[1] Sin embargo, los dos testigos dicen que en la guardia del liceo ni
siquiera se los atendió y que simplemente se limitaron a echarlos
(presumiendo que eran ebrios).
[2] Un agente de policía notificó
del episodio a la seccional 33ª, cuyo oficial de servicio, el inspector
Albornoz, partió de inmediato al hospital junto al oficial Carioni. Allí
Peccinetti le entregó su reloj, detenido a las 3,42. Albornoz se lanzó a
una pericia:
“Al no funcionar, fue movido en distintas formas y no
arrojaba sonido alguno, pasándoselo al oficial Carioni a su pedido,
quien lo retuvo también examinándolo y en un momento (…) mostrándome el
citado reloj destapado, me exhibía la máquina del mismo al tiempo que
con una punta de metal revolvía la máquina en busca del pelito que le
faltaba”. Este hurgueteo del reloj desató las iras de Albornoz (4).
[3]
Se podría pensar que la supuesta broma tuvo por motivación, además del
carácter impresionable de Villegas, la ola de observaciones de OVNIs y
el estreno cinematográfico días antes de la comedia argentina “Che,
OVNI”.
[4] El abogado y ufólogo creyente Ignacio Correa Llano,
quien asumió espontáneamente la defensa de Peccinetti y Villegas, arguye
que
“hubo presión psicológica por la forma del interrogatorio y falta
de objetividad de Marzari Céspedes, quien prejuzgó”. Para agregar:
“El
error es de carácter procesal, a un asunto que necesitaba un tratamiento
a otro nivel” (10).
Fines inconfesables
Un llamado
telefónico anónimo a las emisoras de radio, que brindaron abundante
información del suceso, hizo saber que Juan Carlos Peccinetti pertenecía
a una organización o grupo esotérico denominado Khronos, y que tendría
“grandes debilidades por la ciencia ficción y los mensajes esotéricos”
(l3).
Esta versión es una de las tantas que circularon durante
esos días, pero que tuvo bastante insistencia, aun cuando nada se pudo
confirmar. Algunas personas han interpretado las palabras del juez
Marzari Céspedes en tal sentido cuando expresó que el caso resultó
“una
broma con fines inconfesables”, o
“con un móvil detrás”.
El
episodio resultaría, entonces, una forma espectacular de proselitismo.
Indudablemente, un hecho de estas características sería de gran auxilio para quienes sustentan una forma de pensar que brega por una radical
transformación de las formas clásicas del pensamiento.
 |
| Mario L. Rodríguez Cobo,
más conocido como Silo. |
Khronos es
una sociedad fundada en 1963 y liderada por Mario L. Rodríguez Cobo,
más conocido como Silo. Durante muchos años este grupo se mantuvo
oculto, actuando en silencio, buscando la fuente de la sabiduría. Eran
jóvenes cuyas edades oscilan entre los 17 y los 35 años.
“Un verdadero
maestro -le impartía Silo a sus discípulos-
enseña con gesto serio, pero
aquel que lo hace riendo y con bromas es dos veces maestro”.
Precisamente,
el descenso del famoso OVNI con sus cinco ocupantes coincide con el mes
aniversario de su detención policial en Jujuy; el día de su arenga en
Punta de Vacas (4 de mayo) se vio un OVNI en la ciudad, y el día que
prohibieron su arenga en Jujuy apareció otro OVNI en esa región.
Asimismo, la revista de difusión interna de algunos grupos seguidores
del adalid (que, además nació en Mendoza), se llama OVNI[1],
“por eso
poco comprendida cuando sale al público, que se convierte
automáticamente en un OVNI, en un sentido humorístico”, justifican sus
editores.
“Hoy es claro que esta difusa religiosidad para avanzar, deberá combinar
el paisaje y el lenguaje de la época (un lenguaje de programación, de
tecnología, de viajes espaciales), con un nuevo Evangelio Social”,
concluyó diciendo Silo en una conferencia pública (14).
Hasta
donde se ha podido saber, la relación OVNIs-fines inconfesables sólo
encontraría asidero en la supuesta filiación de quienes habrían
preparado esa broma, con lo cual el fenómeno pasaría a ser un factor de
agitación.
Las inscripciones en el automóvil
 |
| Posibles interpretaciones de las marcas en el vehículo. |
La ambigüedad
interpretativa que sugieren los extraños símbolos, efectuados al
parecer por un instrumento
“que expediría calor, el suficiente como
para poder marcar sin quemar”, es uno de los rasgos más notables. Se ha
querido ver en ellos desde un mensaje profético que contiene símbolos
de antigua y variada procedencia terrestre, hasta la representación de
un mapa astronómico, indicando el itinerario y procedencia de los
ignotos visitantes.
Es obvio que estas interpretaciones, en sí mismas, no constituyen
argumentos a favor o en contra, pero es singular que los mensajes
ideográficos (pantalla e inscripciones) son netamente sugerentes y
ambiguos, en contraste con los mensajes telepáticos, cuya semántica
muestra claridad y consistencia. A pesar, en todos ellos surgen
elementos o ideas de contenidos sensual o espiritual (místico,
profético) por un lado, y racional (técnico, científico) por otro.
En
cuanto a su construcción, se ha observado que realizaron un rayado en
el auto que tiene mucha similitud con el que haría una persona de
nuestro planeta, lo que demostraría una habilidad semejante. Se trata,
en realidad, de dibujos geométricos primitivos, indignos de una
civilización capaz de pergeñar artefactos que circulan por el espacio y
atemorizar a los seres humanos. Lejos está la demostración de la
pretendida superioridad científica y técnica.
 |
| Los extraños símbolos que aparecieron en el automóvil. |
Por eso ha
despertado la sospecha que produzcan unas marcas en un automóvil para
indicarnos vaya a saber qué, cuando pueden hacerlo -según los empleados
del casino- utilizando otros medios más inteligibles.
“En vez de perder tres o cuatro minutos rayando un auto -reflexiona un
mendocino-,
podrían haber traído una hoja, un mapa, un bosquejo, ya sea
un papel o en algún material para dejarnos en la Tierra, que es mucho
más práctico que unas rayas mal trazadas en un auto” (16).
Pero
estos no son los únicos indicios que refuerzan la hipótesis de una
patraña imaginada por los dos oscuros empleados del casino.
Una visión del contexto
 |
| El caso tuvo amplia repercusión mundial. |
El
episodio ocurrido en Mendoza el sábado 31 de agosto de 1968 debe ser
examinado teniendo en cuenta algunos acontecimientos, naturales y
culturales, producidos en esa época.
En mayo se producen en
Francia los celebrados disturbios estudiantiles y obreros que llevan a
la disolución del parlamento, con efectos de revuelta en casi todo el
mundo. Ese año mueren asesinados, en los Estados Unidos, dos grandes
líderes de la paz. Acrece el clima bélico en Europa, y en la ONU se
firma el tratado contra la proliferación de armas nucleares. Se acelera
la puja espacial ruso-estadounidense.
Días antes de producirse la
denuncia sobre el OVNI y los cinco ocupantes, estuvieron en la apacible
ciudad de Mendoza[2], periodistas del semanario de mayor circulación
nacional. Su propósito se debía a un polémico tema que ocuparía a toda
página la tapa de la difundida revista ilustrada (17), bajo el título:
“Base Norteamericana en Mendoza”.
La actitud de la opinión
pública reflejaba cierto desconcierto:
“Éramos pocos los que conocíamos
la existencia de dicha base extranjera en Mendoza”, L. S.;
“Creo que no
cumplen funciones meteorológicas, como dicen…”, M. L. (l8). Pero la
noticia no era del todo reciente. El 21 de agosto, El Andino de Mendoza
informó que en la base de El Plumerillo notó la presencia de aviones
U-2 y un nutrido contingente de militares norteamericanos cuya misión,
según se dijo, consistía en brindar asesoramiento a las tres armas
argentinas sobre temas vinculados al transporte, comunicaciones y
similares. Sin embargo, no parece haber resultado convincente y fue más
bien relacionada con la próxima explosión en el Pacífico de la primera
bomba de hidrógeno francesa. Versiones le atribuyeron la misión de
fotografiar, analizar, toda la prueba.
No fue menos inaudito que
el 23 de julio anterior, en el aeropuerto de San Carlos de Bariloche se
avistara una nave que no respondió a las solicitudes de identificación y
se alejó describiendo una parábola extraña. Se creyó que era un OVNI.
Recién el 15 de septiembre de 1968, un escueto parte de la Fuerza Aérea
Argentina comunicó que se trató de un avión RB 57 (Martin RB 57 D, un
bombardero táctico, aquí en una versión de reconocimiento electrónico y
fotográfico) del escuadrón de la USAF que operaba desde la Base de El
Plumerillo, Mendoza, en tareas científicas. El vuelo referido constituyó
una infracción a las normas de tránsito aéreo vigentes (19).
El
eje de estas actividades parece haber sido, como se señaló, la serie de
experimentos nucleares efectuados en los mares por Francia y planeados
para su armamento bélico, causando alarma y una ola de protestas
internacionales. A mediados de julio ese país hizo estallar la undécima
bomba nuclear en el Pacífico Sur, desde que inició la organización de la
fuerza nuclear francesa independiente, recordando que la bomba de
hidrógeno sería estallada en la segunda quincena de agosto (20).
Esto
viene a coincidir con la fecha del recordado caso de Peccinetti y
Villegas. En relación al mismo, debemos llamar la atención respecto a
las imágenes proféticas que muestran los humanoides: la primera, una
verdecida imagen con cascadas (¿Mendoza, quizá?), la segunda, la de un
hongo atómico, acaso un holocausto atómico (como las pruebas realizadas
en esos días en el Pacífico Sur), y la tercera, como si apareciera
nuevamente la primera, pero esta vez seca, sin vida.
Es por igual
llamativo que en esos meses se produjera una intensa sequía en Chile
(país que bordea el sur del Océano Pacífico), y las provincias
argentinas de Mendoza y San Juan, por la ostensible disminución del
caudal de los ríos (21). Tampoco faltaron quienes pretendieron
relacionarlo, con razón o sin ella, a las pruebas atómicas que se
realizaron en la región.
Tal vez sea pertinente citar, al respecto, la opinión de la Lic. Susana
Morán de Giúdice, profesora de la cátedra de Psicología Social de la
Universidad Nacional de Cuyo, acerca de lo psicológico en estas
apariciones:
“Luego de un acopio de opiniones, preferimos ubicar nuestro
pensamiento en una posición que justificaría la aparición de objetos y
seres misteriosos como proyección de cosas nuestras no realizadas,
fundamentalmente en nivel de comunicación y dificultad en la
vinculación con el otro-como-nosotros. Sería la necesidad de colocar
afuera el no temer ante el temor real de destrucción”[3] (22).
[1]
Precisamente, la revista OVNI, su órgano de difusión, hizo siempre un
exordio contra todo tipo de violencia, y afirmó poco después de
producido el caso:
“Otro ciclo del espiral concluye. La Humanidad está
en su punto crucial. El hombre continúa su tránsito de sueño en un mundo
que ya no comprende. Hemos vuelto para clavar la espada, pero esperamos
la llegada de los Grandes Enviados que sacarán de su crisis a pueblos y
naciones”. Esta literatura de tono esotérico, constituye el Mensaje con
que la llamada Sagrada Orden de América pretende
“preparar el camino
del Maestro para cuando llegue la estrella” (l5).
[2] Mendoza tenía por
entonces una población estimada en más de 100.000 habitantes. Ciudad de
grandes espacios verdes, domina sus alrededores la visión de extensas
planicies de pedemonte, donde proliferan las viñas, tras el marco de los
altos cordones montañosos de la precordillera andina.
[3] La
psicóloga S. Morán de Giúdice se ha limitado a referir los comentarios
con sus alumnos de la cátedra de Psicología. Social acerca de la
influencia de lo psicológico en las apariciones de los extraños seres.
Como su materia trata en especial de las relaciones interpersonales,
aclara, se interpretó el fenómeno en estos términos. Vale decir que no
se trató de ensayar una suerte de reduccionismo, sino, formular un punto
de vista posible, reflejando los comentarios pertinentes al ámbito de
su quehacer profesional.
En ufología, es común que el astrónomo hable de psicología, el sociólogo hable de física cuántica, y el ignorante hable de todo
Consideraciones finales
 |
| Se empleó de un laboratorio móvil para realizar las pericias pertinentes. |
Jamás en la Argentina un informe de esta naturaleza, despertó el interés
de tantas reparticiones oficiales, ni tuvo la tremenda repercusión
alcanzada por los testimonios de Juan C. Peccinetti y Fernando J.
Villegas. Transcurridos los años de aquel suceso, ha continuado
vivamente la controversia. A propósito, este artículo desea propiciar un
enfoque global y aportar nuevos elementos de análisis.
Recapitulando,
Mendoza era por entonces centro de notorias sorpresas: 1) la increíble
experiencia de Peccinetti y Villegas, junto a otros sucesos
sorprendentes; 2) la polémica actividad norteamericana en la base de El
Plumerillo, vinculada con las pruebas atómicas francesas en el Pacífico;
y, 3) la insistente presencia de la secta de Silo. Tres sucesos que
parecen, de algún modo, relacionados entre sí.
Con respecto al
primero, se estableció un posible vínculo con la fantástica historia que
protagonizó José Paulino Núñez, en la Destilería YPF, de Luján de Cuyo
(Mza.), el 30 de junio de 1968. Enrique Serdoch, quien fuera en su momento
vocero del testigo, dice que el padre de J.C. Peccinetti era empleado de
la destilería; supone que el relato de Núñez pudo llegar por esta vía a
sus oídos, de donde pudo tomar la idea para construir el caso (hay que
recordar que si bien el caso Núñez se difundió después que el de
Peccinetti-Villegas, aquel habría ocurrido un mes antes).
Creyentes,
escépticos y refutadores pueden atribuirse la posesión de una
explicación sobre el episodio y, en particular, las inscripciones en el
automóvil. Aunque de manera diferente. El primero tendrá
“total certeza
de que el caso es real” y que los extraterrestres
“utilizan lenguajes
antiguos de nuestra civilización” (23). Podrán reconocer signos arameos,
del antiguo alfabeto de la ciudad de Biblos, diciendo:
“Comienza el
final”. Sumergidos en un nuevo idioma, donde todas las formas de
comunicación son válidas para una interpretación de conjunto (signos
ideográficos, matemáticos, mensajes telepático y visual), leerán en
ellos:
“El manejo irresponsable de la energía atómica se torna peligroso
-comienza el final-
ya no sólo para la Tierra sino para el sistema
solar completo, y allí, no muy lejos, girando en la tercera órbita de
Júpiter, viven, sienten y piensan tal vez otros seres similares a
nosotros” (24).
Los segundos, escépticos, se reservarán una
opinión, mientras no dispongan pruebas materiales, concretas, acerca de
los autores. Los últimos, verán en estas revelaciones la acción humana,
sin miramiento alguno. Será conveniente, pues, analizar tanto las
apariciones como los mensajes, poniéndolos en su debido contexto
psicológico y social.
La primera pregunta que surge es: ¿las
marcas en el auto contienen un mensaje? El deseo puede hacerlo posible,
convirtiéndolas en un signo que admitirá alguna interpretación con
significado. ¿O se trata de una combinación del arameo, con símbolos
algebraico-geométricos, y representaciones astronómicas? El caso del
supuesto OVNI de Mendoza y los símbolos inscriptos por sus presuntos
ocupantes en el automóvil, pone ante la presencia de caracteres que se
encuentran en petroglifos y pictografías de distintos lugares de
América[1]. Dejaremos a los amantes de von Däniken la pregunta acerca de
la presencia de los extraterrestres en épocas remotas, y si nos dejaron
su escritura en la piedra.
Es peculiar que sus autores, pudiendo
expresarse en forma inteligible, comunicable, parecen haberlo hecho
-sólo en la gráfica- en un lenguaje cifrado, oculto. Un acertijo que
haría las delicias de los grupos esotéricos, como el de Silo.
Coincidencia o no, este hombre al que sus seguidores llaman el maestro,
siendo para algunos discípulos Cristo reencarnado y para otros el
último de los Budas, se afirma en el antiguo cristianismo y enseña su
doctrina basada en una renovada forma de la gnosis y del hermetismo.
Según los herméticos, cualquier estudioso de la magia podía llegar a ser
como Jesucristo o Buda, mediante el conocimiento de los jeroglíficos,
de la astrología y las figuras mágicas (25). Silo, al frente la secta
Khronos, se mantuvo actuando durante años en silencio, hasta que por
medio de la meditación y el estudio, dice haber alcanzado la fuente de
sabiduría. Un conocimiento legado por el hombre, a través de
generaciones por los grandes maestros, los grandes iniciados[2].
Más
allá de lo real e imaginario que pudiere ser el encuentro de Peccinetti
y Villegas, tiene características de una revelación. En algunas
ceremonias, se admite a unos pocos -discípulos- al conocimiento de
ciertos misterios. Las tres punciones en los dedos, dando la impresión
de tomar contacto con la sangre y consagrar así el encuentro, es
significativo: la sangre constituye el tejido líquido más valioso de
nuestro cuerpo y posee fuertes connotaciones simbólicas. La tríade es
la constante numérica que suele observarse en ciertos ordenes
establecidos (especialmente, de origen cristiano, ligada a lo
espiritual-valorativo y trascendente): su reiteración en los grabados
del automóvil (haciendo suponer que “las criaturas han venido tres veces
de Ganímedes”) y que
“habían dado tres veces la vuelta al Sol”, según
el mensaje telepático recibido por los empleados del casino; los tres
extraños seres que les efectuaron, curiosamente, tres punciones en los
dedos mayor e índice de la mano izquierda, son evidentes. Pueden
observarse además posibles referencias bíblicas. Veamos por ejemplo El
Apocalipsis o Revelación, según San Juan, el teólogo, capítulo 1:
“8,
Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y
que era y que ha de venir, el Todopoderoso. (…) 17, Cuando le ví, caí
como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No
temas; yo soy el primero y el último”
Más adelante, se ha de
manifestar la profecía apocalíptica,
“porque el tiempo está cerca”
(1:3), de algún modo parangonable a las imágenes proféticas
presuntamente mostradas por los humanoides, acerca de las tribulaciones
que sufrirá la Tierra.
Los testigos: Un aspecto fundamental de la
investigación es el que se refiere a 1a personalidad e intereses de los
testigos. Especialmente, por las sospechas del juez Jorge Marzari
Céspedes recaídas en el primero, como uno de los responsables de la
supuesta broma. No obstante, se dijo que Peccinetti no cambió su manera
de ser después del encuentro, y que
“sigue la vida de siempre”, a
diferencia de Villegas que empezó a interesarse por
“la lectura seria”,
tratando de profundizar en temas que antes le eran ajenos (27). Al
tiempo, pasó a desempeñarse de mozo en un restaurante.
Peccinetti
también dejó de trabajar en el casino y muy pronto comenzaron sus
problemas. Veintiún días después del episodio fue suspendido en sus
tareas (resolución 267), a pesar de que el sub-gerente del casino,
Arturo Solari, con recato institucional, negó la versión y
“menos por
haber visto un plato volador”.
 |
| J. C. Peccinetti, apresado en la
provincia de La Rioja. |
Un año después, en agosto de 1969,
personal policial de la Sección Defraudaciones y Estafas, recibió la
denuncia formulada por cinco empresarios, productores de aceitunas, en
la venta del oleaginoso a una firma que, aparentando solvencia,
finalmente no existía y sus responsables desaparecieron. La
investigación policial tuvo éxito al lograr la detención de los cuatro
implicados. Entre ellos: Juan Carlos Peccinetti, apresado en la
provincia de La Rioja, lugar donde -según la información policial-
juntamente con el resto de la banda habrían cometido delitos similares.
Los detenidos fueron puestos a disposición de la Justicia, acusados de
estafas reiteradas (28). El periodismo local pronto notó de quién se
trataba, y no demoró en señalar su relación con los OVNIs.
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| En 1970 Peccinetti vuelve a estar en las
noticias policiales. |
Sin embargo, Peccinetti parece haberse fugado y, pese a tener pedido de
captura en La Rioja y Mendoza, tres meses después ingresa al país
trasandino. Hasta que en noviembre de 1970 vuelve a estar en las
noticias. Esta vez, el Departamento de Investigaciones (policía civil)
de Chile dio a conocer la identidad de “unos pistoleros” implicados en
un asesinato. Según la policía, Peccinetti fue el autor de los dos
disparos que causaron la muerte casi instantánea de un contador. El
móvil del crimen habría sido apoderarse de una cantidad de dólares que
portaba la víctima, dedicada al tráfico de dinero, al igual que
Peccinetti y sus cómplices. Son conceptuados como “muy peligrosos” y -de
acuerdo a lo informado- serían los autores del asesinato de un policía
en Rosario y del asalto a un banco, también en esa ciudad santafecina
(29).
Como se desprende, la calidad de este testigo admite
algunos reparos. No resulta aceptable pensar, aquí, en la acción
transformadora generada por el encuentro, o en las variaciones de
personalidad en el curso del tiempo. Antes bien, se trata de un sujeto
dotado de una personalidad claramente definida.
Así las cosas, tampoco debe asombrar que en los ámbitos oficiales se
haya sospechado estar frente a una broma, uno de cuyos responsables
sería J.C. Peccinetti. Aún más, de acuerdo a lo que hemos ido apuntando,
estimamos probable que pudo haberse tratado de una superchería, una
fabulación ideada con aparentes propósitos proselitistas.
Referencias
(1) El Andino, Mendoza, 12 septiembre 1968. Cfr.: La Razón, Buenos Aires, 13 septiembre 1968, y Clarín, 14 septiembre 1968.
(2) 2001 – Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 2, 18 octubre 1968, p. 11.
(3) Los Andes, Mendoza, y La Nación, Buenos Aires, 1 septiembre 1968.
(4) Primera Plana, Buenos Aires, N° 298, 10 septiembre 1968, p. s.s.
(5) El Andino, Mendoza, 12 septiembre 1968.
(6) Primera Plana, op. cit., p. 56.
(7) Gente y la Actualidad, Buenos Aires, N° 164, 12 septiembre 1968, pp. 10/11.
(8) Diario de Cuyo, San Juan, y Los Andes, Mendoza, 1 septiembre 1968; Así, 2ª, Bs. As., Año VI, N° 279, 12.
(9) Así, 3ª, Buenos Aires, Año III, N° 147, 14 septiembre 1968, p. 17/septiembre 1968, p.9.
(10) 2001 – Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, Nro. 2, 18 octubre 1968, p. 15.
(11) Ibíd., p. 11, y Gente y la Actualidad, Buenos Aires, N° 164, 12 septiembre 1968, p. 11.
(12) Gente y la Actualidad, op. cit., p. 12.
(13) Diario de Cuyo, San Juan, 1 septiembre 1968.
(14)
Silo Opina…, “La religiosidad en el mundo actual”, Ed. La Comunidad,
Buenos Aires, junio 1986 (s/conf. pública del 13 junio 1986, Casa Suiza,
Buenos Aires), y 2001 – Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año
2, N° 16, noviembre 1969, pp. 18/23.
(15) 7 Días Ilustrados, Buenos Aires, N° 84, 16 diciembre 1968, p. 14.
(16) El Andino, Mendoza, 4 septiembre 1968.
(17) 7 Días Ilustrados, Buenos Aires, s/ref.
(18) 7 Días Ilustrados, Buenos Aires, N° 72, 23 septiembre 1968.
(19)
2001 – Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 1, 4 octubre
1968, pp. 4/11 y 26 bis anexas; La Razón, Buenos Aires, 25 julio 1968 y
17 septiembre 1968; Río Negro, Gral. Roca, 17 septiembre 1968.
(20) La Capital, Mar del Plata, 5 julio 1968; Ecos Diarios, Necochea, 16 julio 1968.
(21) La Prensa, Buenos Aires, 4 diciembre 1968, et. al.
(22) Los Andes, Mendoza, 6 septiembre 1968.
(23) Selecciones de Cuarta Dimensión, Buenos Aires, N° 5, mayo 1985, p. 10.
(24)
2001 – Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 5, 6
diciembre 1968, pp. 18/19; Los Andes, Mendoza, 3 septiembre 1968.
(25) Capanna, Pablo. Contactos extraterrestres, Edit. Claretiana, Buenos Aires, 1993, pp. 41 y 44.
(26) Silletta, Alfredo. Sectas-Cuando el paraíso es un infierno, Meridion Edic., Buenos Aires, 1992, p. 184.
(27)
2001 – Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 2, 18
octubre 1968, pp. 14/15. (Investigación periodística de Alejandro
Vignati y Marcelo Ray).
(28) El Andino, Mendoza, 20 agosto 1969,
p. 16; Los Andes, Mendoza, 21 agosto 1969, p. 13; y Mendoza, Mendoza,
21 agosto 1969, p. 8.
(29) Los Andes, Mendoza, 8 noviembre 1970.
[1]
Para mencionar algunas, los petroglifos de Colo-Michi-Co, en la
provincia de Neuquén, estudiados por el Dr. Juan Schobinger y por César
Seró; los petroglifos de Barreal, estudiados por Salvador Debenedetti;
los caracteres hallados en Grave Creek Mound, Estados Unidos, son una
prueba de similitud. No obstante, cualquier estudiante de arqueología
podrá encontrar otras en cualquier obra de arqueología referida al arte
rupestre.
[2] En mayo de 1969 en la zona cordillerana de Punta de
Vacas, Mendoza, Silo oficializó su propia secta. Allí lanzó una arenga
pública en la que se conocieron los lineamientos de su doctrina,
extendida en 40 países (26)
http://www.visionovni.com.ar/modules/news/article.php?storyid=899