Coronel Pringles, Buenos Aires: Un disco con extrañas figuras (4 de diciembre de 1954)
por Dr Roberto Banchs
Crédito: Visión OVNI
La noticia se inserta a finales de un año pródigo en informes sobre
extrañas apariciones de “platos voladores” y, en particular, de sus
aterrizajes con ocupantes en territorio europeo. Precedido además del
anuncio de una escalada de observaciones a nivel mundial.
Efectivamente,
el 5 de diciembre de 1954 el diario La Razón, de Buenos Aires, informa
con notables desaciertos que: “el señor Enrique Aguirre Zabala, empleado
de comercio en ésta, y que se encuentra pasando sus vacaciones en la
chacra que un hermano suyo tiene en las afueras de Coronel Pringles
(Pcia. de Buenos Aires), al salir ayer, a las 6, a realizar unas
compras, observó en el espacio un disco luminoso que a medida que se le
acercaba, parecía cambiar de forma, hasta adquirir la de un ‘cigarro’.
Cuando el extraño objeto se detuvo a unos 80 metros de Aguirre, éste
intentó acercarse, pero se lo impidió la fuerza de las irradiaciones que
despedía y que lo enceguecieron. Empero, refiere que, ‘usando las manos
como pantalla, seguí avanzando hasta que pudo ver perfectamente que el
raro aparato se mantenía a medio metro del suelo y, que en medio del
disco, se movía una figura extraña’. Parecía, añadió Aguirre, un enano
de cabeza enorme. Poco después se produjo un resplandor vivísimo y el
disco, elevándose rápidamente, desapareció en dirección norte”.
La investigación
Coronel
Pringles es una localidad situada al sudeste de la provincia de Buenos
Aires, de suelo llano en su mayor parte, con pequeñas
sierras del grupo Ventania. Su clima templado, pampeano y subhúmedo la
constituyen en una región agrícola.
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Una rápida consulta en el
Correo y la Municipalidad nos llevó hasta la despensa o almacén “Los
Corrales” (der.), al noreste y lindante con la planta urbana, próxima al
cementerio. Allí localizamos a Américo Rodolfo Aguirrezabala, quien se
reconoció como único testigo del caso en cuestión. Era evidente, pues,
que la noticia periodística adolecía de exactitudes, motivo por el cual
procuramos que nos hiciera una detallada descripción de aquel suceso,
empero, teniendo en cuenta que muchos aspectos habrían pasado al olvido y
que jamás dicho evento hubo sido investigado en tantos años.
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Américo R. Aguirrezabala tenía por entonces 32 años. La mañana del 4 de
diciembre de 1954, entre las 6 y las 7 horas, se dirige desde el almacén
Los Corrales (situada en la actual ruta 51, Km 29) donde
vivía con su hermano Pedro hasta la chacra de su otro hermano, Asencio,
distante a 1.000 metros al noreste sobre la misma ruta, que por aquella
época era -según se describe- un boulevard de tierra. Apeándose solo en
una mañana agradable, advierte a unos 200 metros y por delante de un
monte de árboles (der.), una aeroforma “redonda”, de coloración
rojizo-pálida, de unos 20 a 30 metros de diámetro, suspendida a una
altura estimada de 15 metros del suelo.
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Era completamente silenciosa y
transparente (ver croquis). “¡Por fin se me hizo!” exclamó Américo
Aguirrezabala, superada las primeras cavilaciones y contento de ver un
plato volador, de los que tanto se hablaban. Brillaba tenuemente, aunque
“como estaba el Sol de ese lado -ubicado al frente y por encima de
éste-, un poquito sí molestaba”, dice el testigo, quien continúa su
andar hacia la chacra y aproximación hacia el fenómeno, que se mantenía
suspendido en el aire, pero cuya transparencia le permitía advertir un
movimiento en lo que parece su interior, como unas siluetas humanas que
caminaban de un lado a otro. Se trataba de tres figuras, dos de las
cuales estaban en constante movimiento, pero ningún otro detalle pudo
observar. “Cuando estaba cerca los vi, me acerqué y vi gente; entonces
me dije: ‘¿qué será esto?, caramba’. Porque siempre digo que tengo
entusiasmo por esto, pero no, no… en ese momento se me aparece”, nos
relata Américo Aguirrezabala.
Sin embargo, la percepción de los
“ocupantes” fue apenas unos segundos y a 70 metros de distancia, ante la
actitud indiferente de los mismos frente al azorado observador. Fue en
ese instante en que el fenómeno repentinamente desapareció, dando la
impresión de elevarse “por encima de las plantas, hacia la derecha,
disparó hacia el sud-sudoeste…; el Sol ya estaba levantándose”. La
desaparición del fenómeno fue instantánea, casi imperceptible.
“Desapareció, desapareció, ¡como por arte de magia!”, expresa ante
nuestro grabador.
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| Américo Aguirrezabala comparte su experiencia con Roberto Banchs. |
La duración total de la
observación fue de unos minutos, estimados en base a los 130 metros
aproximados que recorrió el testigo. Américo Aguirrezabala nos cuenta
qué le ocurrió en ese momento: “Me paré ahí, miré… pensativo, pensando
qué será, que no será. Pensé lo que siempre había leído de los platos
voladores, y que éste es uno de ellos. Y me pregunté: ¿para qué vendrán,
si no quieren hablar con uno? Eso fue y siempre digo lo mismo. Mi vida
no cambió después de esto; no, para nada, siempre igual. Tampoco me
afectó físicamente, ni tuve experiencias similares luego de aquella vez,
pero mi mujer sí, cuando vio unos enanos verdes con sombrero del mismo
color, una madrugada, en el maizal de nuestra casa”, agrega entusiasmado
Aguirrezabala.
Continuando con su narración, expresa que se
detuvo a ver si había quedado rastros de tan inusitada presencia: “Ahí
no quedó calcinado, ni nada; miré las plantas y estaba todo normal”.
Tampoco se produjo alguna alteración en el ambiente. Únicamente la
aparición fenómeno descrito. “Entonces voy para la chacra -relata- y lo
comento a mi hermano; y él que estaba cerquita, para allá atrás y
próximo al monte, no vio nada. Tampoco mi otro hermano, Pedro, que
estaba en el almacén. Después fue el comentario del pueblo, pero acá, en
el almacén. Unos decían: ‘vos sos un charlatán, che, qué vas a ver
platos’. Bueno, yo no se si será plato eso, pero la cosa estaba ahí,
suspendida, y nada más… y en cuanto a lo que había ahí, yo sólo vi las
siluetas que caminaban, nada más, pero ojos, orejas, de eso nada. No le
puedo decir otra cosa, no. Y después pasó, pasó y lo eché al olvido”.
Su
exposición concluye en un intento de esclarecer la versión
periodística: “Fue el furor de ese momento. Eso produjo que lo diera a
conocer el diario; noticia que yo había leído en aquel momento, porque
siempre compré La Razón. Pero lo que no sé es quién fue el que la dijo,
aunque, bueno… habrá salido de las conversaciones que se daban en mi
almacén…”
Consideraciones sobre el caso
En este episodio ocurrido el sábado
4 de diciembre de 1954 nos encontramos frente a un testigo que hace un
esfuerzo evidente por rememorar aquella singular observación
transcurrido un largo período, sin que hayan existido circunstancias que
actualicen su recuerdo. Sin embargo, la tenacidad de la memoria se ha
visto reforzada por el interés y los sentimientos puestos en juego ante
la visión de un hecho inaudito como el descrito por Américo
Aguirrezabala.
Teniendo en cuenta estos factores, hemos procedido
a recoger el testimonio en sus aspectos más esenciales -y estables en
el transcurrir del tiempo-, y ensayar una suerte de explicación en la
medida que los datos proporcionados lo permitan.
Al respecto,
débese señalar la temprana hora del día en que es observado el fenómeno:
entre las 6 y las 7 horas de acuerdo a Aguirrezabala, y “a las 6” de la
mañana según la noticia periodística. Para esa fecha el Sol salió cerca
de las 5,40; precisamente, en la misma dirección en que fue avistado el
supuesto OVNI.
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No escapa tampoco a nuestra consideración que
dicho portento presenta una imagen semejante a la del astro solar (der.), esto
es, circular, un tamaño angular casi equivalente, y una coloración
frecuente en el crepúsculo.
En cambio, las diferencias advertidas
son: su aspecto transparente (¿inconsistente?), brillo tenue,
movimientos en su superficie, y súbita desaparición.
Si intentamos conciliar ambas características, debemos referirnos a
ciertos fenómenos ópticos conocidos como parhelias, mediante los cuales
podremos comprender las causas de su aparición. Estudiando estos
fenómenos, los científicos hace tiempo notaron que aparecen cuando el
Sol (o la Luna) están cubiertos con un brillante velo blanco, una capa
de altos cirros estratiformes. Estas nubes flotan a una altura de seis u
ocho kilómetros y están compuestas por pequeñísimos cristalitos de
hielo; elevándose y bajándose por las corrientes de aire, reflejan como
un espejo o refractan como un prisma de vidrio los rayos solares que
caen en ellos. A veces sucede que el cielo parece estar completamente
despejado, pero en lo alto de la atmósfera flotan muchos cristalitos de
hielo por separado sin formar una nube. Así ocurre con frecuencia cuando
el tiempo es sereno y helado en esa altitud.
Por lo general, la
réplica o “falso-Sol” surge cuando el Sol no está muy alto sobre el
horizonte, habiendo un gran halo que no se vislumbra. Los falsos soles
suelen desaparecer inesperadamente, o en forma tan repentina de acuerdo
al movimiento del astro sobre el horizonte, de las corrientes de aire y
de los mismos cristalitos hexaedros de hielo (que aparentan, según su
forma puntillas) flotando en posición vertical. Los falsos-soles no
constituyen un fenómeno raro en ciertas regiones del globo, y
frecuentemente ellos son tan brillantes como el mismo Sol (1).
En
la Provincia de Buenos Aires (donde ocurrió el hecho aquí tratado) el
periodismo ha consignado varios presuntos fenómenos de parhelia. Por
aquella época, el 25 de abril de 1949 en Bernal (2) y el 28 de febrero
de 1950 en Mar del Plata (3), para citar un par de casos. Más
recientemente, en febrero de 1987 en menos de veinte días, se habrían
registrado unos ocho casos en San Nicolás, y de manera similar en Monte
Hermoso y Pigüe (4).
En cuanto a las siluetas moviéndose en su
superficie, vistas en forma difusa, durante breves segundos, juzgamos
probable que el testigo -influenciado por la ola de observaciones
mundiales- y ante la convicción de que estaba frente a un “auténtico”
plato volador, no dudó en atribuir algún movimiento en la imagen óptica a
la presencia de ignotos seres.
Referencias
(1) Mezentsev, Vladimir, Los enigmas del cielo y de la tierra, Ediciones Suramérica, Bogotá, junio 1971, Págs. 40, 41 y 46.
(2) La Razón, Buenos Aires, 10 de marzo de 1950.
(3) Ibíd..., 1 de marzo de 1950.
(4) La Opinión Austral, Río Gallegos (SC); y Crónica, Buenos Aires, 19 de febrero de 1987.
http://www.visionovni.com.ar/modules/news/article.php?storyid=884