Ingeniero White, Buenos Aires: Un caso de fantasía perinatal (5 de enero de 1975)
por Dr Roberto Banchs
Crédito: Visión OVNI
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| Carlos Alberto
Díaz. |
Entre la múltiple casuística sobre OVNIs, con frecuencia se hallan
fenómenos fácilmente explicables como una errónea apreciación o
interpretación de elementos ambiguos. En otras ocasiones, factores de
índole estrictamente psicológica han desencadenado curiosos episodios.
Precisamente,
el domingo 5 de enero de 1975, el operario ferroviario Carlos Alberto
Díaz narra una fantástica experiencia vivida con extraños seres en el
interior de una nave, en la localidad bonaerense de Ingeniero White.
Dado la factuosidad del hecho y sus pormenores, la prensa lo ha tratado
con amplitud, llevándonos a practicar una minuciosa investigación, cuyo
informe tiene características realmente sorprendentes y que estimamos de
enorme valor para el estudio del problema.
El testimonio
El recorrido: La noche del sábado 4 de enero de 1975, Carlos Alberto
Díaz había estado trabajando de mesero en una fiesta de casamiento
celebrada en la Sociedad de Fomento del Barrio Napostá, ubicada en la
calle 19 de Mayo al 700, de Bahía Blanca.
Éste es un trabajo que
suele efectuar con asiduidad a fin de aumentar sus ingresos, los días
libres. Cuando finalizó su tarea, avanzada la madrugada del domingo 5,
se retiró a las 3,05 horas. El día se encontraba nublado, cuando
emprendió a pie las siete cuadras que lo distaban de la parada del
colectivo (ómnibus) de la línea 500, que lo conduciría próximo a su
domicilio en Puerto Ing. White.
Así es como Carlos Díaz caminó
unas siete cuadras, hasta Plaza Rivadavia, adquirió un ejemplar del
diario La Nueva Provincia (puesto a la venta alrededor de las 2,45
horas), y esperó en la esquina de Estomba y Avda. Colón el mencionado
transporte.
Tras el viaje, descendió en la parada frente al
galpón de máquinas del Ferrocarril Roca, de la localidad portuaria, a
unos 300 metros de su domicilio. Eran las 3,30 de la madrugada. Atravesó
las instalaciones, donde están esparcidas locomotoras, vagones y
rieles, hasta llegar a la calle Daniel de Solier, recorriendo unos 50
metros por un sendero lateral.
En momentos en que se hallaba a unos 100 metros de su casa, ubicada en
el Boulevard Juan B. Justo al 3100, y a 10 metros de una columna de
alumbrado, se produjeron inesperadamente los hechos.
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| Las entidades presentaban tonos verdosos. |
El
encuentro: El cielo reiteraba amenaza de lluvia, y nadie se advertía en
la calle. Faltaba poco para las 3,50, cuando de pronto, a su derecha,
Díaz observó una fuerte luminosidad acompañada de un estruendo, que en
primera instancia confundió con un rayo. Seguidamente, comprobó que sus
miembros no le respondían, estaba como paralizado. Un instante después,
sintió como si una corriente de aire lo absorbía hacia arriba, hasta
izarlo un par de metros, y perdió el sentido.
En el objeto:
Cuando recobró la conciencia, se encontraba acurrucado en posición fetal
en el piso, en un estado que describió como de ingravidez, dentro de un
ovoide de unos 3 metros de altura por 2,70 de ancho.
En el globo no había ningún tipo de vanos, aberturas, ni instrumental
alguno. Una luminosidad uniforme emanaba de su superficie, presentando
el aspecto de un plástico o acrílico resistente, de color anteado
(parecido a la piel del ciervo}. Sólo se veía un pequeño orificio de
unos 3 cm de diámetro en la parte inferior del objeto, por donde
penetraba una corriente de aire, que era lo que -según dice- lo mantenía
con vida. Sin saber cómo pudo haber penetrado en su interior, en varias
oportunidades Díaz hizo el esfuerzo de incorporarse procurando una
salida, pero los intentos resultaron infructuosos.
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Encuentro con los humanoides.
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Las
figuras humanoides: Permaneció en esa posición alrededor de 15 minutos,
hasta que a sus espaldas aparecieron tres figuras que no supo de dónde
surgieron. Tenían una apariencia humanoide, pero de estatura normal
(1,70 a 1,80 m), y se desplazaban lentamente hacia él. No poseían
articulaciones en las extremidades, aunque no parecían estar sujetos a
un mecanismo. Carecían de manos y sus brazos terminaban en una especie
de muñones. El rostro era liso, sin boca, sin nariz, sin ojos, sin
orejas. La piel, desprovista de pelos, era de color verde oliva, lisa,
pero fofa como la espuma de goma. Se hallaban desprovistos de
indumentarias, sin notar sus genitales
En tanto, todo transcurría
en silencio. Díaz, presa del miedo, no podía gritar y las figuras no
hablaban ni se comunicaban entre sí. La más cercana, le tomó de la
cabeza con sus muñones, y las otras le siguieron para sujetarlo del
vientre y del pecho. Recién en ese momento, Díaz afirma haber tomado
coraje y emprendió una desesperada defensa para separarse de los
fantasmagóricos seres, aplicando su codo en el estómago del primero, a
lo que siguió un forcejeo con sus manos, pudiendo notar que tenían menor resistencia que él.
En esas maniobras, lograron desprenderle de la camisa y la camiseta, a
la vez que le arrancaban algunos pelos de donde lo sujetaban, los que
quedaron adheridos a sus ropas. En opinión del protagonista, las figuras
trataban de arrojarlo fuera de la esfera, al parecer, a través de las
paredes.
Ante la tenaz oposición, comenzó a sentir que le habían
cortado el aire y se le nublaba la vista, hasta desvanecerse nuevamente.
Fue lo último que recuerda en el interior de la esfera.
La
teleportación: Siempre de acuerdo al relato de Díaz, éste apareció
durmiendo boca abajo, ahora completamente vestido y junto a su bolso.
Eran alrededor de las 15 y estaba a unos 30 metros de la carretera, en
un paraje que le resultaba desconocido. El Sol estaba alto y le afectaba
la vista. Miró su reloj y descubrió que permanecía detenido a las 3,50
horas.
El hombre que lo había despertado, le dijo que estaba
cerca de Buenos Aires, a unos 30 minutos de la estación Retiro. Le
explicó al desconocido lo que le había ocurrido, pero éste se mostró
algo incrédulo. Representaba unos 45 años y no quiso dar su nombre, pero
trató de ayudarle y lo acercó con su Fiat 1500 multicarga celeste
hasta la zona de Retiro, a unos 300 m del Hospital Ferroviario.
Síntesis investigativa
La personalidad del testigo
a)
Su vida cotidiana: Carlos Alberto Díaz nació en Ingeniero White hace 28
años. Completó sus estudios primarios y pasó a desempeñarse hace seis
años como operario en el Ferrocarril Gral. Roca, en los talleres de
Tracción de esa localidad. Está casado hace seis años y tiene una hija
de seis meses de edad. Sus padres y sus seis hermanos residen en su
mayoría en Bahía Blanca.
A propósito de su familia paterna, Díaz nos comenta con especial
satisfacción que, a raíz de lo ocurrido, su madre lo frecuentaba de un
modo desacostumbrado.
b) Una aproximación psicológica: Mediante
la observación directa y dos entrevistas llevadas a cabo apenas días
después de producido el hecho, pudimos efectuar con la asistencia de la
licenciada en psicopedagogía Mónica M. Simonetti, un estudio acerca de
la personalidad del testigo.
Se trata de un sujeto de
inteligencia rápida y vivaz, pero sin profundidad. De reacción
superficial, se muestra impulsivo y poco tenaz. Tendencia al trabajo
mecánico y al pensamiento concreto. Sus sueños son un reflejo de la vida
cotidiana.
El estudio incluyó una batería de pruebas, de tipo
proyectivas, negándose sin argumentos precisos a que se le administrara
el test de la familia.
Denota inseguridad, marcada dependencia materna, aislamiento, y signos de padecimiento subjetivo.
Revela
un gran monto de ansiedad. En sus rasgos esenciales, presenta a Díaz
como un individuo sanguíneo, fuerte, impulsivo, inclinado a exagerar y a
veces imprudente en la emisión de sus juicios. Tiene buena memoria
(mayor para los colores que para las formas) y predomina en él el
sentimiento, y aunque es activo, es inconstante. Sujeto de relativa
perseverancia y propenso a la depresión. No quiere estar solo, pudiendo
volcarse al exterior más por una necesidad afectiva.
En el terreno, la vecindad y el trabajo
Ingeniero
White es una localidad portuaria, con población netamente obrera,
situada a 9 km al sud-sudeste de la ciudad de Bahía Blanca, y a unos 650
km al sudoeste de Buenos Aires.
El lugar indicado por Díaz,
donde se habría producido la abducción, se sitúa a mitad de cuadra de
Daniel de Solier, al 3900. De un lado, hay una serie de casas, y del
otro, un amplio descampado de unos diez mil metros cuadrados. Pese a una
prolija revisación, no se pudo hallar ningún tipo de marcas ni indicios
que permitieran suponer que allí ocurrió algo inusual.
Con
posterioridad, consultamos un buen número de familias de la zona. En
todos los casos, nadie hubo escuchado ni observado alguna cosa extraña
el día en que nuestro protagonista declara haber tenido su experiencia.
Ni han rumoreado quién lo haya hecho. Tampoco los perros guardianes
parecen haber delatado alguna anormalidad.
Respecto al movimiento
habitual de gente, a la hora indicada por Díaz, los vecinos coinciden
en que hay una considerable cantidad de personas que se dirigen o
regresan de sus trabajos, aún los domingos, por el tipo de actividad
desplegada en la zona. No obstante, Díaz afirma no haber visto persona
alguna en las cercanías.
La opinión de los compañeros de trabajo
ferroviario, califica a Díaz como un hombre de sanos sentimientos y buen
compañero. Sobre el episodio, nadie arriesga un juicio categórico, ni
en favor ni en contra.
Los medios de transporte
Según
las averiguaciones realizadas en la empresa de colectivos de la línea
500, ésta es la única que dispone de un servicio nocturno entre Bahía
Blanca e Ingeniero White. Después de las 23 horas, su actividad se
extiende cada 30 minutos.
Alrededor de la hora y lugar indicados
por Díaz, un colectivo partió a las 3,30 de la madrugada de la Plaza
Rivadavia, demorando unos 25 minutos regulares para cubrir los 9 km,
hasta la segunda localidad. Se infiere, entonces, que el presunto
transporte colectivo tomado en ese lugar por el testigo, debió pasar a
las 3,55, por lo cual puede observarse una notable contradicción entre
los datos de la empresa y los dichos del testigo, quien declara haber
salido de su trabajo a las 3,05 y llegado a Ing. White a las 3,30,
siendo materialmente imposible hacerlo bajo las circunstancias
descritas.
A consecuencia de este hallazgo, la investigación fue
orientada hacia los transportes públicos que hubiera en esa fecha, que
unieran Bahía Blanca con Buenos Aires, último punto de su agitado viaje
alienígeno.
El primer tren que partió ese domingo, rumbo a Plaza
Constitución, en Buenos Aires, era el 142 procedente de Zapala, “La
Estrella del Valle”, pasando por Bahía Blanca a las 7,07, debido a un
retraso de 52 minutos, para llegar finalmente a Buenos Aires a las
16,10. Este dato también tendrá gran importancia.
En el hospital
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| Policlínico Ferroviario
Central. |
Varias
debieron ser las tentativas realizadas en el Policlínico Ferroviario
Central, de Buenos Aires, procurando una información genuina sobre este
caso, pues la reserva profesional con respecto a la historia clínica del
paciente y a la intervención policial que lo rotula, obraron en contra.
Por fin, pudimos acceder al expediente y conocer con absoluta exactitud
el diagnóstico y evolución de Díaz, durante todo el proceso de su
internación. De esta manera, saliendo al cruce de las más disparatadas
versiones que circularon, logramos confirmar que Carlos Alberto Díaz fue
internado, a requerimiento suyo, con el propósito de estudiar la
evolución clínica de un presunto post-shock emocional, a las 18,50,
aunque se hizo presente alrededor de las 17,30, siendo destinado al 8°
piso, donde funcionan las salas de neurocirugía.
Nótese aquí que
la hora de llegada y posterior internación (debidamente registrado en el
nosocomio) no coincide, nuevamente, con las declaradas por Díaz, por
una diferencia superior a una hora.
Durante el curso del lunes 6
fue examinado por el Dr. Ferrara, quien ratificó el diagnóstico que le
efectuó la Dra. Stanek el día anterior, acerca de su absoluta
normalidad. Por tal razón, le prescribió un tratamiento de reposo y
dieta normal liviana, sin medicamentos.
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| Electroencefalograma de Carlos A. Díaz |
Esa tarde, el
neurocirujano Francisco Macrina tuvo una entrevista con Díaz, señalando
que “el curso del pensamiento sigue un ritmo normal” y que en su
contenido “no aparecen ideas que puedan relacionarse como patológicas”.
El EEG tampoco mostró signos.
El médico Di Santo agregó que en
el momento del examen, Díaz se hallaba tranquilo, lúcido y bien
dispuesto para la reunión, atendiendo y entendiendo las preguntas
formuladas. Sus respuestas fueron adecuadas, con palabras precisas. El
curso del pensamiento siguió un ritmo normal, sin alteraciones
sensoperceptivas ni marcadas alteraciones emocionales. Diagnóstico
diferencial: epilepsia emocional o síndrome diferencial.
Como
resultado de lo expuesto, el equipo médico resolvió darlo de alta,
dejando nuestro testigo el policlínico en la tarde del miércoles 8 de
enero
Conclusiones
Un balance de la situación
Habiendo presentado en detalle todos los aspectos testimoniales e
investigativos del inusual encuentro y posterior abducción, tenemos por
un lado la impresión general favorable del personal médico que lo
atendió en el nosocomio del gremio al cual él pertenece (ferroviario),
aún cuando se hayan focalizado en lo orgánico y funcional, a la par de
la claridad y precisión con que responde á las preguntas que se le
formulan.
Sin embargo, como contrapartida, extendemos a continuación una lista de los puntos que nos llevan a pensar de un modo diferente:
a) El habitual movimiento de gente, a la hora y lugar indicado, que el testigo dice no haber advertido.
b)
La improbabilidad de que Díaz haya perdido el conocimiento por falta de
aire en la esfera, de 16 metros cúbicos, en el breve lapso descrito;
por citar un solo detalle.
c) La imposibilidad que haya realizado
el trayecto entre Bahía Blanca e Ing. White, en los horarios que
declara, pues no coinciden ni el tiempo invertido en ello, ni la hora en
que debió pasar el transporte colectivo.
d) La diferencia
horaria entre la que C.A. Díaz afirma haber llegado al Policlínico
(16,15) y la que la guardia del nosocomio sostiene realmente haberlo
hecho (17,30, y quedar internado a las 18,50).
e) La evaluación psicodiagnóstica, que arroja indicios pesimistas con algunos desarreglos de personalidad.
En
base a las indagaciones efectuadas en Bahía Blanca, Ingeniero White y
Buenos Aires, a las consultas periciales y, en suma, a todo lo expuesto
en este informe, estimamos probable que se trate de un fraude, pudiendo
calificar al episodio como una mistificación creada por el mismo
testimoniante.
La reconstrucción de los hechos
La
noche del sábado 4 de enero, Carlos A. Díaz se dirigió a trabajar y,
habiendo sido visto por numerosas personas, cumplió sus tareas con
absoluta normalidad.
Finalizada su labor en la madrugada del
domingo 5, se retiró del lugar a la hora que declara. Pero, en vez de
trasladarse a su domicilio de Ingeniero White, optó por quedarse en
Bahía Blanca y tomar el transporte más accesible e inmediato que hubiere
en esa fecha, que lo condujera a Buenos Aires. El medio más apropiado
resultó ser el ferrocarril, cuyo pasaje no abona y cuya línea conoce en
detalle, por ser operario de la empresa.
Como el horario de
salida era a las 6,15 de la mañana, habría aprovechado para adquirir el
periódico (luego utilizado como prueba), aparecido horas antes (2,45
aprox.).
Después del viaje de nueve horas, en que llegó a la
estación Plaza Constitución a las 16,10, debido a una demora de 52
minutos, parece haberse irritado los ojos (quizá, mirando al Sol) y
arrancado algunos pelos, como “pruebas” físicas que respaldarían su
relato, e ineludible para su ingreso al hospital.
Una vez
concretado, tomó uno de los varios transportes locales que lo condujera
hasta las proximidades del Policlínico Ferroviario Central en la zona
de Retiro. De esta manera, Díaz habría llegado alrededor de las 17,30, y
a fin de ser más persuasivo, justificó la extensión del tiempo hasta su
llegada al mismo, enunciando una serie de datos inciertos (p. ejem.,
que una persona desconocida lo halló durmiendo en un paraje desconocido,
etc.). Así comenzó el caso de C. A. Díaz. Así parece cerrarse el caso
de C. A. Díaz.
El factor psicológico
 |
| El protagonista de la insólita experiencia. |
El episodio del 5
de enero de 1975 no ha de concluir con la exposición de los argumentos
desfavorables y la reconstrucción hipotética de los hechos. Nuestra
inquietud nos lleva a intentar desentrañar el proceso psicológico y sus
contenidos simbólicos.
El mensaje que el OVNI comunica del
inconsciente es un signo que aparece para que todo el mundo lo vea, y
sea escuchado, revelando la psique, la personalidad.
Desde el
punto de vista psicológico, el relato de Carlos A. Díaz describe
contenidos fantásticos que, por su naturaleza claramente simbólica,
demuestran que provienen del inconsciente.
Un estado de
angustia[1] primigenia, que nos remite a una falta, a una separación, y
que proviene de una situación traumática, no resuelta o elaborada,
parece anteceder a relatos de este género. Una novela que aparece como
un intento de eliminar esa angustia, restitutivamente como fantasía,
delirio o alucinación, y que es, a la vez, exteriorización del conflicto
subyacente.
La angustia, en cualquiera de sus diferentes formas
(siguiendo un análisis estructural) nos permite descubrir la
problemática del doble: fusión y separación (del yo y del objeto), unión
y desunión. Como defensa patógena, provoca la regresión a etapas
tempranas, que tienen al nacimiento como modelo, prototipo de angustia.
No
trataremos aquí de tomar posiciones acerca de las controversias que
provienen de concepciones psicogenéticas distintas y que sobrepasan
nuestro análisis, sino, precisar en cierto modo el nivel de emergencia,
las condiciones y la modalidad de expresión de una de sus
manifestaciones. Tampoco consiste en determinar en este artículo si
tales regresiones suponen un recuerdo real, o una construcción
fantasmática.
La remisión a la angustia del nacimiento está fuera
de toda polémica. Y es allí donde la experiencia perinatal (esto es:
antes, durante y después del nacimiento) se abre en la polaridad fusión
(goce, alienación) y separación, o abandono (castración, arrojamiento).
La
primera se vincula, según el modelo freudiano, con la “protofantasía”, o
fantasía originaria de la denominada vida intrauterina, también llamada
“experiencia oceánica”. Lugar de éxtasis, goce y completud en el cuerpo
materno. La segunda nos conduce, en cambio, a la angustia primaria o
traumática, de “real-angst”.
La historia narrada por Carlos Díaz
contiene esta problemática, encubierta, camuflada en un relato
ufológico que parece hacer “revivir” esa experiencia natal, sin poder
despojarse de ese sentimiento (en su forma arcaica de aniquilamiento,
deglución) y del dualismo (abducción-aducción, o por igual,
retención-separación).
Una secuencia del relato de Díaz permite
una comparación con las vivencias de la criatura dentro del vientre
materno, teniendo en cuenta que las formas redondas o cóncavas suelen
tener un significado femenino, confiriéndole al OVNI (al margen de su
denotación física) un carácter generador y fecundador.
El OVNI
representaría para nuestro testigo la matriz o útero, al que describe
como un material fuerte y de color carne. Díaz aparece dentro del mismo
en posición fetal; su estado transitorio es inconsciente y tiene la
sensación de estar en vacío o ingravidez. Su subsistencia es posible por
un orificio, o cordón umbilical, perdiendo la conciencia cuando se
corta el flujo de aire que ingresa por él.
Las figuras que Díaz
menciona son tres (podrían representar a su familia, dramatizando su
situación vital); de ahí que la intención era expulsarlo de donde estaba
contenido, aún cuando ellos mismos lo abdujeron, haciéndose
incomprensible la resistencia de Díaz por quedar retenido en el recinto.
Las seres que se dirigen a él haciéndole sentir su potencia, es una
reacción del inconsciente cuando sentimientos de inferioridad y falta
de significación amenazan la personalidad.
La figura más cercana
(es el personaje más importante y singular), es la que lo toma de la
cabeza, en tanto que las restantes lo hacen del pecho y del bajo
abdomen, arrancándole pelos (la falta de pilosidad es, además, un rasgo
de las criaturas), amenazando su integridad. Al respecto, digamos
también que el organismo está constituido por cuatro sistemas
principales: a) el sistema respiratorio (región torácica), b) sistema
gastrointestinal (región abdominal), c) sistema cerebral (región
craneana), y d) sistema muscular (todo el cuerpo). Cada uno de estos
sistemas está directamente relacionado con un elemento del ambiente
(atmosférico, físico, alimentario, social, cultural), los que parecen
estar en peligro de fragmentación.
La percepción indeterminada y
desconocida de los seres parece analogarse con la del bebé, quien
percibe aquello que lo rodea de manera global. Quizá pueda esto explicar
la falta de detalles (sin manos, ojos, boca, nariz, orejas, genitales)
de las figuras, pero sin duda nos revela el sentimiento de
indiferenciación del propio sujeto, como se da en la criatura.
Percepciones de Díaz en presencia del OVNI
Para
su mejor entendimiento, enumeraremos en primer término las percepciones
manifestadas por el testigo, y seguidamente –en forma secuencial- los
observados en las criaturas al momento de nacer, permitiendo su
comparación:
a) Presencia de luz dentro del objeto.
b) Paralización de Díaz.
c) Absorción del testigo.
d) Observación de luz intensísima.
e) Desvanecimiento del testigo.
a’) Dentro del vientre materno hay presencia de luz.
b’)
Sabemos que la madre es transmisora no sólo de ciertas inmunidades,
sino también de fuertes erosiones que provocan contracciones en el
útero, determinando la paralización momentánea de la criatura.
c’)
Al final del embarazo, la criatura coloca la cabeza hacia abajo y la
presión de la parte superior del abdomen de la madre desaparece,
permitiéndole respirar con más facilidad y siente ser absorbido.
d’)
Al ingresar al medio ambiente exterior, aparece una luz intensísima,
mucho más potente que la que había dentro de la matriz.
e’) Después de nacer, la criatura -debido al desgaste de energía- pierde las fuerzas hasta desvanecerse.
Otros detalles del caso
El análisis del caso, nos permite
inferir que habría en el testigo un intento de simbolizar algo de lo
real. En esta línea de pensamiento, débese observar que la desaparición
de Díaz se produce en las cercanías de su ámbito familiar (a 100 m de su
casa), y la aparición se produce cercana a su ámbito natal (a 300 m del
hospital de su gremio).
El hombre sin referencias conocidas, que
tenía un vehículo “multicarga celeste”, parece representar el tutelaje
que lo acuna. El periódico que utiliza como “prueba” le permitiría
asirse un nombre, prueba de renombre y notoriedad, lazo social que
intenta entramarse.
Finalmente, el papel que desempeña el número
en el inconsciente, ofrece también motivos de reflexión. Los números
son, gracias a sus propiedades individuales, portadores y mediadores de
procesos psíquicos. Receptáculos de ideas y pensamientos relativos al
mundo y su orden, como se manifestaría en la significativa reiteración
por parte de Díaz del tres y del seis[2], tanto en su testimonio como en
aspectos de su vida cotidiana.
Infinidad de otros detalles del
relato con claros contenidos simbólicos ponen al descubierto la raíz
psicológica del pretendido encuentro, cuya interpretación no ha
pretendido reducir el incidente a estas áreas, sino después de un examen
exhaustivo del sujeto y de la situación narrada por él, dando por
resultado la comprobación de su fraudulencia.
Consideraciones finales
Lo
expuesto hasta aquí, nos permitió descubrir un novedoso horizonte
ufológico para la interpretación intrapsíquica de las “abducciones”.
Ello nos conduce, a su vez, a formular algunas preguntas: ¿Esta relación
perinatal se constituye en un patrón común de los relatos de
abducciones, o de un segmento de ellos? En nuestra opinión, la
naturaleza proteica y heterogénea de los informes torna improbable
formular una explicación única para tan abundante casuística, siendo
pertinente realizar un estudio específico, caso por caso. Sin embargo,
nuestra convicción es que existe, al menos, un conjunto importante de
sucesos abduccionistas en donde se observa cierta y significativa
recurrencia al modelo perinatal.
De allí surge una segunda
pregunta: ¿Hay en dichas regresiones un recuerdo o una fantasía acerca
del nacimiento? La respuesta, desde luego, supera la investigación
estrictamente ufológica, y quizá pierda interés al efecto, aunque los
elementos hallados en este caso nos sugieren un contenido afectivo,
simbólico y delirante.
Algo más
 |
| Carlos Alberto
Díaz en 1990. |
Unos quince años
después, a principios de octubre de 1990, el ferroviario Carlos Alberto
Díaz, ahora empleado de una empresa petroquímica, vuelve a cobrar
notoriedad a través de los medios periodísticos, al declarar que el 14
de setiembre de 1988, viajó en una nave similar al centro de la Tierra,
oportunidad en que -según sus palabras- tomó contacto con sus
tripulantes intergalácticos y vio “animales prehistóricos y una
comunidad de extraterrestres”.
En declaraciones a un canal
televisivo bahiense, y reproducido en los diarios de todo el país
(v.gr., Diario de Cuyo, SJ, El Heraldo, ER, Diario Popular, BA, La
Opinión, SL), Díaz sostuvo que tampoco pudo hablar con los tripulantes
de la nave (“porque nosotros estamos materializados”, dijo), pero
exhibió muestras de lo que afirma ser trozos del cuerpo de los
visitantes, a los que denominó “savia”, agregando que son de estatura
mucho mayor que la humana y se comunican mediante números del 0 al 28,
en reemplazo de las letras del alfabeto.
Asegurando que esta fue
la segunda vez que había viajado en un plato volador, auguró que
volvería a hacerlo a mediados de ese mes, con destino a otra galaxia
llevado por los extraños seres.
En rigor de verdad, la noticia no
nos causó demasiada sorpresa. El episodio de 1975 aventuraba un nuevo
“relato”, como ocurre en muchas abducciones. Es que la tenacidad de la
trama delirante de su proverbial historia, produjo la impresión de no
haberse agotado en la tentativa. Un ejemplo típico es la denominada
“compulsión a la repetición” producida en los sueños, donde el
acontecimiento traumático vuelve sobre el sujeto procurando su ligadura,
su representación, pero siempre en forma enmascarada, camuflada,
mediante una cadena de significantes y, con ella, una significación como
tratamiento de aquello que irrumpe desde lo real. En suma, se trata de
un nuevo intento de simbolización, de inscripción psíquica.
Sin
embargo, en la repetición siempre hay algo de lo nuevo, sin repetir
exactamente lo mismo. No haremos de este último testimonio de Díaz un
análisis minucioso, aunque será necesario señalar la existencia de una
misma estructura, más allá del aspecto formal en cuanto a “los seres que
lo abducen en una nave similar”. Consiste aquí en referirnos, al menos
sucintamente, a la naturaleza arcaica, al trasfondo regresivo del relato
fabuloso aportado por Carlos Díaz: un viaje hacia el centro de la
Tierra, la madre-tierra, en donde se hallan “animales prehistóricos”,
una clara evocación a su prehistoria, a su pasado remoto, y en una
alegoría de los instintos del hombre, de las funciones naturales del
cuerpo, de los impulsos.
Esta vuelta al origen, total y pleno,
confronta al hombre con sus mitos, descubriendo una estructura mítica
singular, por cuanto se interroga por el nacimiento.
Carlos
Alberto Díaz produce una compulsiva regresión y una identificación,
consistente en su reproducción exacta. Al parecer, construye una
realidad delirante, sistematizada, poniendo en el mundo exterior lo que
le pasa internamente. Recurre a los símbolos, pero con la apariencia
de que no funciona de manera esperable el principio de realidad.
En
este marco, el diagnóstico no parece resultar muy favorable. Tampoco
podría preverse un pronóstico auspicioso, sin un tratamiento adecuado.
No sería ocioso advertir que Díaz, en un futuro, podría aportarnos otros
elaborados y -quizá- bizarros relatos de lo que serían más que
expresión de las difíciles travesías por los laberintos de su psique.
[1]
El término angustia es empleado en adelante en su sentido vulgar,
comúnmente comprendido. Vale decir, denotado por signos contundentes de
sufrimiento, de un padecimiento subjetivo.
[2] El tres tiene la
calidad de número perfecto, la expresión de la totalidad y el
acabamiento. Es el producto de la unión de cielo y tierra (madre). Nada
se puede añadir, completa la triade. En el embarazo, superar el tercer
mes da por fin un monto de ansiedad, por el temor de que se produzca un
aborto espontáneo. El seis es el número de la creación, mediador entre
el principio y la manifestación. En el embarazo, atravesar el sexto mes
implica la seguridad de que el bebé está completo para nacer.
Llamativamente, C. Díaz tenía una hija de apenas seis meses de edad
cuando, al tiempo en que es convocado a ser padre, se “desencadena” el
episodio.