Olavarría, Buenos Aires: A los tiros contra un OVNI (19 de julio de 1968)
por Dr Roberto Banchs (CEFAI)
Crédito: Visión OVNI

En julio de 1968 Olavarría fue conmovida por una serie de raras
experiencias en torno a la aparición de OVNIs. Todo comenzó el martes 2
cuando Oscar H. Iriart denunció que una nave espacial había aterrizado
en el campo de sus padres, y que sus ocupantes se pusieron en contacto
con él, dejándole un mensaje escrito. El domingo 14 fue en Crotto donde
Oscar D’Onofrio y Sixto Romero testimoniaron haber visto un OVNI
asentado en tierra, asegurando el primero que junto al fulgurante objeto
se encontraban dos extraños seres. Mientras tanto, la observación de
curiosidades en el cielo fue tornándose en un hecho habitual. Aún cuando
hubo quienes se negaban a cumplir con sus tareas específicas, o
evitaban el tránsito por la noche para “no arriesgarse”.
De
pronto, cuando parecía que esa localidad continuaba siendo destinada a
criar ganado y producir cemento, nuevamente el comentario tomó la calle
con una versión, que de inmediato fue desmentida por las autoridades,
pero que por largos años dio mucho de hablar. Según la misma, el viernes
19 de julio de 1968, “un plato volador con tres tripulantes habría
aterrizado en la guarnición militar local y se habría abierto fuego
contra ellos”, de acuerdo al encabezamiento de la primera noticia,
publicada por el diario olavarriense El Popular (l), cuyo texto pasamos a
reproducir:
“En las últimas horas de la tarde de ayer (viernes
19), uno de nuestros cronistas fue llamado por una persona de su amistad
-merecedora de su mayor confianza- quien le comunicó una versión que
poseía por trascendidos de la guarnición militar local, según la cual
habría tenido lugar en la misma un hecho que revestiría singular
importancia: la aparición en las inmediaciones o dentro de ese ámbito de
un plato volador tripulado por tres extraños seres. De acuerdo a la
misma versión, el personal -testigo de esa aparición- alcanzó a disparar
sus armas contra dichos individuos, sin haber logrado, por razones
desconocidas, que los proyectiles hicieran efecto en los mismos".
“Anoche,
El Popular intentó obtener una información oficial sobre el suceso por
parte de las autoridades militares locales, con la finalidad de obtener
una confirmación o desmentida al respecto. Al no haber sido posible
encontrar a las personas que se intentó entrevistar, damos a conocer a
renglón seguido una versión más amplia del asunto, de acuerdo con lo que
hemos podido reconstruir a través de diversos relatos que en forma
directa o indirecta nos hicieron personas que nos merecen fe”.
La versión
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| Nota publicada por el diario olavarriense El Popular. |
“El suceso habría ocurrido alrededor de la 1,30 o las 2 de la madrugada
de ayer, en momentos en que se iba a proceder al relevo de la guardia
por parte de un cabo cuyo nombre nos reservamos”, continúa El Popular.
“El mismo, poco antes de proceder a esa formalidad habría avistado una
luz extraña cerca del cuartel, por lo cual solicitó permiso para
efectuar una recorrida, obteniendo compañía de otros cuatro -hay quienes
dicen que fueron tres y otros, dos- soldados, todos armados con
ametralladoras de mano".
“Como el objeto, al parecer habría sido
avistado por el suboficial en las cercanías del arroyo Tapalqué, que
pasa por la parte posterior de la zona militar citada, hacia ese lugar
se dirigió la patrulla. Habría sido entonces cuando, detrás de ella,
habría vuelto a aparecer la luz, que al darse vuelta sus integrantes les
permitió ver al objeto posado sobre la pista de aterrizaje para
aviones".
“Al lado del objeto, que despedía -siempre según
nuestros informantes- una fuerte luminosidad, estaban parados tres
extraños seres que hicieron ademán de avanzar hacia la fuerza militar".
“El
cabo fue el único que tuvo tiempo de aprestar su arma y efectuar de
inmediato una ráfaga con la misma, que habría alcanzado a disparar
cuatro o cinco tiros. Pero el efecto en los tripulantes al parecer fue
nulo: los disparos no causaron en ellos daño de ninguna clase".
“Luego,
mientras los desconocidos personajes mantuvieron bajo su mirada al cabo
y a los soldados, todos éstos se sintieron paralizados por completo, y
fueron ya incapaces de utilizar sus armas. Por último, los tripulantes
del desconocido aparato, subieron en el mismo y en medio de una gran
luz éste se alejó en forma vertiginosa y fue entonces cuando los
soldados y su superior pudieron recuperar sus facultades físicas".
“Otro
dato que cabe mencionar, siempre de acuerdo con nuestros informes, es
que durante el día de ayer tanto el suboficial como los soldados habrían
tenido la vista sumamente irritada, detalle éste que coincide con otros
casos supuestamente ocurridos en nuestro medio de parecidas
características".
“Reiteramos que ésta es una información obtenida
en forma extraoficial, ya que no fue posible a nuestros cronistas, dada
la jurisdicción en que habría ocurrido el fantástico suceso, hablar con
ninguno de sus protagonistas”, concluye el diario.
Primeras repercusiones
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| Mayor Julio César Cattani |
Al día siguiente de la publicación, El Popular vuelve a tratar el tema
(2). En esta oportunidad señala: “La información, trascendida de fuentes
extraoficiales por cuanto oficialmente no fue posible localizar al jefe
del C-2, ni al jefe del Escuadrón de Ingenieros -ambos ausentes de la
ciudad- como así tampoco al segundo jefe del Regimiento, tuvo una
rotunda desmentida por parte de este último, mayor Julio César Cattani".
“El mencionado oficial informó ayer telefónicamente a
El Popular que la versión publicada era totalmente falsa, que la misma
carece de asidero y, finalmente, que no sucedió absolutamente nada".
“Otras
versiones: Ante la desmentida oficial y frente al incremento de las
versiones sobre el presunto insólito suceso que se habría producido en
el Regimiento local, debemos agregar que, por nuestra parte, hemos
tratado de ampliar la información sobre el particular y, al respecto, se
nos han formulado nuevas declaraciones que certificarían lo ya
adelantado en nuestra edición anterior y, a la vez, las ampliarían con
nuevos detalles que señalan que con este motivo se habrían producido
algunas detenciones en la guarnición militar local".
“Reiteramos
que la información suministrada ayer, como la de la fecha, en, lo que se
refiere a los nuevos detalles sobre lo ocurrido, sólo tienen carácter
de versión y como tal la suministramos”.
Otras indagaciones periodísticas
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| Repercusión del caso en el extranjero. |
En su edición del 27 de julio, el diario porteño La Razón (3) advierte
que al no existir una información oficial que aclare lo ocurrido, son
numerosas las versiones que se han propalado en torno al espectacular
suceso ocurrido en Olavarría, y del cual fueron protagonistas “un cabo
del Ejército y algunos soldados, y no un policía, como se dijera en los
primeros momentos”. Aunque en rigor, fue este vespertino quien difundió
la errónea versión (4), ahora rectificada. Indica además que la
conformación física de los ocupantes difiere en las narraciones: para
unos eran altos y rubios, y para otros, se trataba de seres casi
deformes, de gran tórax, que “caminaban balanceándose como monos”. Y
agrega otro detalle: “el cabo principal Menéndez hizo una ráfaga con su
ametralladora y a pesar de estar a poco más de 10 metros del extraño
grupo no acertó con sus proyectiles. O éstos no hicieron daño a los
desconocidos. También la versión (n: recogida por el mismo medio) dice
que los soldados trataron de gatillar sus armas, pero éstas se trabaron
misteriosamente”.
Por su parte, la revista Gente y la Actualidad
(5) hizo otra tentativa por descorrer el largo velo de silencio impuesto
por las autoridades militares, logrando conversar con un suboficial -el
que por obvias razones se reserva su nombre-, quien afirmó haber visto
“la luz”, pero no haber integrado la patrulla y que conocía los hechos a
través de lo que habían contado quienes vivieron la experiencia, el
cabo Menéndez y los soldados Flores y Hernández (n: no se citó sus
nombres de pila), del Regimiento 2 de Tiradores de Caballería Blindada
“General Paz”, de guardia en la unidad. Ellos habrían sido trasladados a
la Escuela de Suboficiales en Campo de Mayo, donde estarían unos días
bajo observación.
Sin disponer de suficiente información, a principios de 1988 fuimos a
Olavarría en búsqueda de mayores datos, los cuales -confiábamos- irían
de iniciarse en el diario local. La ausencia de su director, en éste,
frustró nuestro propósito ante el posible recelo o desidia de quienes lo
reemplazaban en esos momentos, motivo por el que debimos posponer dicha
tentativa. Le siguió un llamado telefónico y la invitación de uno de
los jefes de Redacción, Ernesto Ducuing, para que concurriéramos al
diario a fin de brindamos la colaboración requerida. Hecho que no fue
necesario en virtud de la gentileza del director, Julio Mario Pagano,
quien el 2 de marzo de 1988 nos remitiera una extensa carta, de la que
extraemos lo siguiente:
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| Luis Máximo Premoli. |
“En
el caso sucedido en terrenos de jurisdicción militar (un amplio predio
ocupado a escasos 2,5 Km. del centro de la ciudad, entre el camino
vecinal que une a la localidad de Sierra Chica y el arroyo Tapalqué),
las autoridades militares de aquel entonces (el jefe del Regimiento 2 de
Caballería de Tanques Blindados 2 “Lanceros Gral. Paz”, era el teniente
coronel Luis Máximo Premoli y el jefe del Escuadrón de
Ingenieros Blindados I, era el mayor Tatavito) se negaron
terminantemente a suministrar detalles sobre lo acontecido, escudándose
en el secreto militar. No obstante eso, pudo saberse (en ese entonces
un fotógrafo de El Popular, Miguel Ángel Di Guilmi (h) estaba cumpliendo
con el servicio militar en la citada guarnición) que algo raro sucedió.
Y tanto fue así que se instruyó un sumario, también con carácter
secreto donde constarían las declaraciones de los soldados que abrieron
fuego contra algo desconocido. Y -según esos testimonios- ese algo
(presumiblemente un ser con traje muy luminoso) logró paralizar al cabo
y a los dos o tres soldados que intentaban disparar sus ametralladoras
livianas contra el extraño ser".
Tal como usted podrá enterarse
leyendo las crónicas respectivas, los oficiales de mayor graduación
evitaron la requisitoria periodística y hasta el segundo jefe (mayor
Julio César Cattani) intentó desmentir nuestra información con un
comunicado. Dicho comunicado, que fue publicado por El Popular el 22 de
julio de 1968 (6), en una nota que lleva sello del Ejército Argentino
-C. 2-, pero sin firma, expresa lo siguiente:
“Con relación a los hechos supuestamente ocurridos en jurisdicción de
Guarnición Militar Olavarría, cuyas versiones fueron publicadas por
órganos periodísticos de la localidad, el Jefe de la Guarnición Militar
Olavarría comunica a la opinión pública: l°) Que la autoridad militar a
cargo de la Guarnición en ausencia de su jefe natural en ningún momento
tuvo conocimiento de la requisitoria periodística a que se hace alusión
en un matutino; 2°) Que los hechos mencionados han sido objeto de la
investigación correspondiente sin que exista el más mínimo indicio que
hagan verosímiles las versiones publicadas respecto de un OVNI y seres
extraterrestres; 3°) Que esta Guarnición militar, acorde con su conducta
habitual, mantendrá informada a la opinión pública de todo asunto de
interés rechazando la difusión de versiones alarmistas que atenten
contra la tranquilidad de la población y la seriedad del Ejército".
Al
final de dicha nota El Popular agregaba la siguiente Nota de Redacción:
"El matutino que alude el comunicado en el apartado l° es evidente, El
Popular. Podrá ser exacto que la autoridad militar no tuvo conocimiento
de la requisitoria periodística; pero es absolutamente cierto que tal
requisitoria existió, aunque -como se dejó aclarado en la información
aludida- los principales jefes de la Guarnición no fueron localizados
por el cronista -como se explica más abajo-".
“Como cuadraba en
una emergencia como la relatada se procuró obtener una versión oficial y
directa, lo que no pudo lograrse, por lo que recurrimos a la versión
extraoficial: la obligación informativa así lo aconsejaba".
“En
cuanto a los seres extraterrestres, en la información de El Popular no
se habló de tal cosa: simplemente, la versión -redactada en forma
condicional- aludía a extraños seres".
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| Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición
militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro. |
“Queremos aclarar expresamente que, al tomar conocimiento de la versión,
el cronista -en la noche del viernes- recibió instrucciones de
entrevistar a las autoridades militares para obtener una información
directa y responsable del presunto suceso. En forma telefónica, el
cronista pidió comunicación al Regimiento con el mayor Cattani,
informándosele que no se encontraba presente. Concurrió luego al
domicilio del citado oficial, donde el llamado personal no fue atendido,
presumiendo el cronista que los ocupantes de la finca habían salido.
El periodista se trasladó entonces al domicilio del mayor Tatavito, cuya
esposa le informó que el citado oficial se había ausentado de la
ciudad. El sábado 20, el mismo cronista, Sr. Albano Luayza, concurrió en
la mañana a la guarnición, donde tampoco encontró al mayor Cattani; fue
atendido por el subteniente Leloir. Concurrió luego al domicilio del
mayor Cattani, donde dos jovencitos le informaron que el nombrado jefe
se encontraba ausente: el señor Luayza solicitó se le hiciera saber
cuando regresara, que en nombre de El Popular había estado en su
búsqueda. Queda establecido, en consecuencia, que la requisitoria
existió, aunque la autoridad militar no haya sido, en definitiva,
informada de ello".
“Por lo demás -con referencia al punto 3° del
comunicado-, no advertimos por qué la publicación de una información
sobre hechos producidos o presuntamente registrados en terrenos
comprendidos en jurisdicción militar, como es el referido por el diario,
pueda atentar contra la tranquilidad de la población y la seriedad del
Ejército".
“Espero, doctor Banchs, que esas crónicas puedan servirle como antecedente de hechos ocurridos en Olavarría en 1968”.
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| Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición
militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro. |
Y
en efecto, en 1980 (7) habíamos señalado que el comunicado debió
expresarse en estos términos: l°) Que la autoridad a cargo de la
Guarnición no tuvo conocimiento personal de la requisitoria
periodística; 2°) Que no existen indicios que se trate de un OVNI y
seres extraterrestres; y 3°) Que esta Guarnición rechazará la difusión
de hechos alarmantes que considere atentan contra la tranquilidad de la
población.
Los fundamentos del comunicado guardan curiosa relación con el emanado de
la Policía de Mendoza (8), el 5 de septiembre de 1968, llegando a ser
publicado incluso por el New York Times. El insólito comunicado de
prensa[1], advertía:
“Con motivo de varias denuncias que
últimamente se han producido en esta provincia y que han tenido amplia
resonancia en los órganos de la prensa escrita, oral y televisiva,
relacionadas con la supuesta aparición de OVNIs y de seres de apariencia
extraña (…) la Policía de la Provincia previene a la población sobre
estos hechos tendientes a alterar la tranquilidad pública e invita a la
serenidad, justeza y mesura en la apreciación y divulgación de tal tipo
de noticias. Asimismo, recuerda que el Código Penal sanciona con pena de
prisión a quienes infundieren indebidamente un temor público, por lo
que se procederá a instaurar los correspondientes procesos a las
personas cuya conducta encuadrase dentro de la citada disposición
legal”.
Prosigue la investigación
A continuación tratamos
de localizar a Miguel Ángel Di Guilmi (h), joven fotógrafo de El Popular
que estaba cumpliendo el servicio militar y a través de quien se dio a
conocer la sensacional noticia. Al preguntársele sobre el episodio en
cuestión, respondió: “No sé nada. Yo escuché en rueda del cuartel, de
conscriptos, que había sucedido eso, y lo comenté en el diario”. Agregó
que hubo descargas (de ametralladoras), pero que no sabía de quién se
trataba. Lo comentó en el diario, en su laboratorio de fotografía en
donde trabajaba junto a su padre, y fue entonces cuando los periodistas
empezaron a indagar.
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| Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición
militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro. |
Parco en sus comentarios, quedamos en reanudar el diálogo. Hubo un largo
silencio. Finalmente, su padre nos comunica que en mayo de 1990
falleció tras una penosa enfermedad a los 41 años.
No alcanzamos a
conocer siquiera algo de su personalidad, pero recogimos la impresión
de Mario Girella, un anciano profesor de electrónica que lo tuvo como
alumno después del suceso: “Era muy imaginativo, de pocas palabras, en
su modo de hablar, no despierto en intelecto, mediano al menos. No lo
creo capaz de hacer historias. Fabulador no, no lo creo. Imaginativo
sí”.
A pesar del animado interés que Girella posee por el
fenómeno de los OVNIs, respecto al caso tratado, resueltamente nos dice:
“La idea popular era que estaban de parranda, de jarana, que no pasó
nada. Nadie vio nada. El comentario es que estarían achispados y
dispararon unos tiros”.
Recién en agosto de 1992 tuvimos
oportunidad de dialogar con el entonces teniente coronel Luis Máximo
Premoli, jefe del Regimiento 2 de Caballería. Sobre el presunto
aterrizaje del OVNI en la guarnición militar nos manifestó: “Fue un
episodio sin ninguna importancia. No tuvo ningún tipo de comprobación.
Fue una cuestión interna. Se había tratado de una confusión con los
faroles de noche…”.
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| Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición
militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro. |
Esta corta declaración adquiere especial
interés. En primer lugar, porque el tiempo transcurrido ha permitido
que la máxima autoridad de esa unidad militar pudiera pronunciarse, sin
riesgo de provocar una agitación pública, empezando por dar una
largamente esperada explicación y rectificar -de algún modo- el
polémico comunicado que parecía desconocer todo cuanto se había
publicado. En segundo lugar, porque la elucidación del Tte. Cnel.
Premoli coincide con una apagada interpretación que giraba en aquella
época, indicando que se trataba de las luces de la pista de aviación
(hoy inexistente); hipótesis que se bandeaba entre la genuina aparición
de una nave extraterrestre y la sistemática negativa oficial rechazando
la ocurrencia de algún hecho inaudito.
Una visita más reciente al lugar, en enero de 1993, nos permitió
conversar con algunos oficiales y suboficiales jóvenes que por razones
obvias nada sabían del episodio y dando muestras de cierto interés
histórico, procuraron orientarnos en el acopio de datos, facilitándonos
inclusive el acceso y recorrido por las inmediaciones a la guarnición
militar.
Consideraciones finales
Es posible que nada
sepamos de los circunstanciales testigos. O sí. Lo cierto es que el caso
parece fundirse entre versiones y conjeturas de la hipersensibilizada
población olavarriense. Pruebas de la importancia que había adquirido
el problema OVNI, son los informes producidos durante ese mes de julio y
de los cuales el periodismo se hizo eco; también, la noticia (que
acompañó en las ediciones del 20 y 21 de ese mes las notas sobre el OVNI en la guarnición militar) referida a la creación en Olavarría de “una
agrupación de vecinos interesados en el estudio y observación de los
denominados OVNIs” (9), que contaba entre sus activos fundadores al
propietario de una importante emisora, un periodista, una religiosa y a
otros influyentes vecinos.
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| Imagen de la serie de TV "Los Invasores". |
Tanta ha sido la trascendencia de las
apariciones en esa zona, que el equipo fílmico que realiza la serie
televisiva “Los invasores” (cuyo argumento consiste en la supuesta
invasión de alienígenas al planeta Tierra) anunció la decisión de viajar
a la Argentina a fin de recoger elementos útiles para sus capítulos,
debido a la continuada producción de informes proveniente de este país
(10).
Es evidente que el caso que hemos expuesto está teñido por
las dos condiciones básicas necesarias para hacer posible la transmisión
de un rumor: importancia y ambigüedad[2]. Hemos visto que el asunto ha
tenido cierta importancia, aunque más no sea por su notoriedad. En
cuanto a la ambigüedad, puede ser inducida por la ausencia o parquedad
de noticias, o por su naturaleza contradictoria, que tornan al individuo
incapaz de aceptar los hechos conforme a las comunicaciones oficiales. Y
esto es precisamente lo ocurrido. El presunto secreto militar, junto
con la natural confusión que propicia el tema, ayudan a crear una
profunda ambigüedad en un problema que nos concierne a todos
No
obstante, en el rumor puede haber un meollo de verdad, pero en el curso
de la transmisión se lo ha recargado de adornos, obra de la fantasía,
que rinden aquella base inicial irreconocible. La verdad acerca de ese
meollo, originario, es la siguiente: Por regla general, la mayoría de
los rumores parten del relato de un episodio real, esto es, de la
experiencia perceptual de un acontecimiento que se la considera de
interés para comunicarla a los demás. Luego, el tema central de un rumor
es muy renuente al cambio, y podemos creer -según G.W. Allport y L.
Postman- en líneas generales, que la versión que nos traen tiene algo
que ver con el incidente que pretende referirnos (ll).
Finalmente,
estamos de acuerdo en que estos hechos son -en el decir de Premoli-
“internos”, en tanto ocurren en jurisdicción militar y con testigos de
la propia fuerza, pero en la medida en que los mismos trascienden, y
se tornan de dominio público, una declaración no puede sofocar su
existencia.
Referencias
(1) El Popular, Olavarría, 20 julio, 1968, p. 5.
(2) Ibíd., 21 julio 1968, p. 5.
(3) La Razón, Buenos Aires, 27 julio 1968, p. 2.
(4) Ibíd., 26 julio 1968, p. 1 (recogida de aquí por otras agencias).
(S) Gente y la Actualidad, Buenos Aires, ano 3, n° 158, 1 agosto 1968, ps. 40/41.
(6) El Popular, Olavarría, 22 julio 1968, p. 3.
(7) Banchs, Roberto E., Los OVNIs y sus ocupantes, Tres Tiempos, Buenos Aires, 1980, p.80.
(8) Ibíd., ps. 91/92; New York Times, New York, 8 setiembre 1968.
(9) El Popu1ar, Olavarría, 20 y 21 julio 1968, p. 5; Gente y…, op. cit.; Nueva Era, Tandil, 24 julio 1968; et. al.
(10) La Razón, Buenos Aires, 27 julio 1968; El Popular, Olavarría, 29 julio 1968, p.3.
(11)
Allport, Gordon W. y Leo Postman, Psicología del rumor (The Psychology
of rumor), Psique, Buenos Aires, 1953, ps. xi, 1/2, 119, 150-154.
[1]
A propósito del encuentro con ocupantes ocurrido en Mendoza el 31 de
agosto de ese año, en cercanías del Liceo Militar Gral. Espejo, que
alcanzó enorme repercusión.
[2] Allport y Postman proponen una
fórmula para medir la intensidad del rumor, a saber: R = i x a. La
relación entre importancia y ambigüedad es multiplicativa, puesto que
con importancia o ambigüedad igual a cero, no hay rumor. A propósito, el
rumor -en la acepción que adoptamos del vocablo-, es una proposición
específica para creer, que se pasa de persona en persona, por lo general
oralmente, sin medios probatorios seguros para demostrarla.