Mercedes, Buenos Aires: Destellos (25 de julio de 1968)
por Dr Roberto Banchs (CEFAI)
Crédito: Visión OVNI
El jueves 25 de Julio de 1968, en las adyacencias de Mercedes (Pcia. de
Buenos Aires), una vecina que vive en la zona de las chacras fue testigo
de un insólito fenómeno, el cual incluye la presencia de una entidad
antropomorfa que habría descendido de un extraño aparato.
Noticia generadora del informe
La
noticia fue publicada en el diario local La Hora, por aquellos días
(l), sin haber adquirido la notoriedad que tomaron otros sucesos
similares durante ese pródigo año de observaciones. Una circunstancia
fortuita nos permitió acceder a la información, que consignamos
seguidamente:
En la fecha indicada, María Siri viuda de Badano se
encontraba en su casa, con la sola compañía de sus cuatro perros. Su
hijo había ido a un velorio y serían las 20 horas cuando oyó un ruido
casi indefinible, entre sordo y agudo. Le llamó la atención y entonces
se asomó por la ventana que da al camino, hacia la tranquera próxima a
unos grandes eucaliptos del campo vecino. Fue en ese momento cuando
avistó un extraño aparato
“que estaba evidentemente posado sobre el
suelo y que despedía una especie de brillante fosforescencia”, declaró
la mujer.
“lo vi muy bien, y además algo que partía de ese aparato, como
si fueran otros de menor tamaño; parecían como querer posarse sobre la
copa de los eucaliptos, para regresar enseguida al sitio de donde había
partido”. La señora Siri vda. de Badano estaba aterrada y asegura que no
hubiera podido ni abrir las puertas. Uno de los perros de vigilancia
ladraba y atropellaba. De pronto notó que otro objeto, desprendido del
anterior, se dirigía hacia la casa.
“Entonces sólo atiné a
ponerme en cama -dice la mujer-,
pensando lo peor o tal vez lo
inexplicable”. Después se hizo un silencio y nuevamente escuchó aquel
ruido casi indefinible, pero más al frente, en dirección al campo de
Juan Marín. Acto seguido,
“siempre pensando en mi hijo -continúa la
testigo-,
me asomé por la otra ventana y a unos 200 metros, campo ya de
Marín, pude ver que bajaba de otro aparato una figura como de hombre,
cubierta de elementos que le daban mucho brillo”. Se movía
constantemente. Y luego de apreciarlo bien,
“se produjo algo como un
relámpago entre rojizo y azulado y tras esto desapareció todo”.
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Lo primero que hizo la señora al día siguiente -señala la crónica
periodística-, fue aproximarse a la tranquera de su campo, donde la
noche anterior viera el fenómeno, pudiendo constatar la existencia de
dos rastros. Se trataba de dos hendiduras en la tierra, cuadradas, de
unos 10 cm. de lado y de una profundidad de unos 2 cm.
Agrega que
logró verificar la presencia de esos hoyos y que, recorriendo el sitio,
la testigo encuentra otros dos similares distante a unos 15 metros de
los anteriores, no advertidos con anterioridad.
El cronista del
diario La Hora, de Mercedes, arriesga su opinión en cuanto a la testigo y
al fenómeno que habría ocurrido en su chacra de un modo favorable, para
concluir diciendo: “Allí, evidentemente, se ha visto algo nada común,
que la dueña de casa describe perfectamente”.
Las encuestas
En
diciembre de 1992 emprendimos la investigación en esa localidad, que
lleva el nombre de Nuestra Señora de Las Mercedes, teniendo su origen en
un fortín fundado a fines del siglo XVIII. Se encuentra en una zona de
actividad agropecuaria, ubicada sobre la margen derecha del río Luján.
Grandes montes frutales, especialmente de duraznos, hacen el marco de
este episodio de características fantásticas.
Allí procuramos
localizar el sitio donde se desenvolvieron los hechos. Yendo por la
vieja ruta 5, que une Mercedes con Suipacha, a la altura del Km. 105
encontramos una acentuada curva, donde la ruta se bifurca ofreciendo a
su izquierda un camino polvoriento conocido como “25 de Mayo”.
Ingresando por él, 150 m más adelante, un sendero -donde otrora se
hallaba la estancia de Vigano- nos conduce tras recorrer unos 1000 m a
la chacra de Siri de Badano, la testigo.
Algunos
cientos de metros antes de llegar, mientras tratábamos de ubicar a la
citada finca, nos topamos con un baquiano que ofreció datos precisos
sobre la ubicación de los campos. Algo intrigado por el motivo de
nuestra presencia, aunque respetuoso de la reserva que pudiéramos tener,
deslizó su curiosidad a la que no demoramos en satisfacer. Fue así que
nos informa recordar vivamente el episodio, señalando que en esos días
fue el tema de conversación del vecindario:
“Se comentó mucho lo que
vio la señora. Pero, vea, fue una moto, una motocicleta que se detuvo
delante de la tranquera, ahí fue donde estuvo eso que vio…”. Le
preguntamos entonces quién era el que conducía la moto. Permaneció en
silencio y luego dice:
“No sé, pero ella vio una moto; eso fue lo que
decía la gente, lo que se dijo que vio”.
Finalmente llegamos al
lugar. Unos 120 m separan el sendero “de Vigano” a la casa. Un cartel
más o menos reciente nos indica que estamos en la chacra “Cambalache”.
Allí hablamos con el casero Lino Juan Reyes, de 36 años, quien vive en
la finca junto a su familia.
“Sí, Siri de Badano vivía aquí, pero el
campo se vendió hace tiempo”, nos comunica de inmediato. Algo receloso
al comienzo, nos permite el acceso, recorremos juntos las instalaciones,
nos cuenta de la chacra y de su vida en la misma, rememora el episodio.
El diálogo es muy cordial.
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| Lino Juan Reyes, encargado del campo |
Reyes
relata que trabaja en el lugar desde los 12 años. En 1967 por solicitud
de la Sra. María Ofelia -ya viuda desde 1966 aproximadamente- desempeña
tareas varias en la chacra, menudas. Actualmente, la finca tiene otros
dueños y él permanece en calidad de casero y “medio socio del patrón” en
la crianza y comercialización de algunos animales.
Expresa que
el aspecto de la propiedad ha cambiado. Hace 24 años se hallaba en
estado de abandono, rodeada de pastos, yuyales y cañares, como
abandonada estaba su dueña. Según Reyes, ella permanecía mucho tiempo en
soledad, desatendida por su único hijo (por quien deja entrever un
acentuado rechazo y fastidio), el cual estaba gran parte del día en la
ciudad, sin mostrar preocupación alguna por su madre afectada en su
salud, pues “tenía el mal de Parkinson”. Considera que esto podría haber
actuado como motor en la decisión de María Ofelia de quitarse la vida:
“Entre 1971 y el 74 se suicidó descargándose un tiro de una 16 pichonera
en la cabeza”.
También
afirma que María Ofelia le refirió inmediatamente el episodio de los
platos voladores, y que incluso le mostró las hendiduras que dejó el
objeto al posarse en el suelo, aunque no recuerda que le haya hablado de
algún “hombre” que descendió del aparato[1].
Formula que tanto
en ese momento como después, le restó credibilidad a su relato.
“Yo vi
las marcas, ella dice que las dejó eso, pero yo no sé; eran unos hoyos…,
así que podían ser de cualquier cosa, como si se hubiera presionado,
hundido el suelo”.
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| Lino señalando el lugar en donde aparecieron los fenómenos. |
En
su opinión, la Sra. Siri de Badano -que por entonces tenía 56 años-
parecía sufrir alguna alteración psíquica, ya que tenía períodos de
devaneo, no mostrando un buen ajuste a la realidad (
“Decía pavadas,
hablaba sola, para mí estaba loca…”, dice sin rodeos). El motivo era
-según su apreciación- la soledad y tristeza en la que esta mujer se
hallaba inmersa.
Transitando por el terreno donde fue avistado el
presunto objeto y el sector donde aparecieron las marcas, Reyes nos
indica la exacta ubicación de los campos de Juan J. Marín, ya vendidos,
en el que hubo descendido -según el diario local- una figura de
apariencia humana, distantes a 150-200 m e intermediados por la
propiedad de Biduzzi, a la vez que manifiesta que ninguna otra persona
declaró haber observado algo inusual durante aquella noche.
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| Interior y vista hacia el fenómeno. |
Paso
siguiente, localizamos a Héctor Siri, de 78 años, hermano de la testigo
y propietario de un almacén en Mercedes. Este hombre se presenta parco
para brindar información sobre el episodio referido, dice no recordar
nada y brinda datos muy imprecisos manifestando que
“el pasado hay que
olvidarlo”.
No obstante, nos informa que su hermana dos años
mayor que él, ya estaba afectada en 1968 del mal de Parkinson[2] y que
vivía prácticamente sola en la finca, razón por la cual decidió llevarla
a vivir a su casa. Sin embargo, cuando comenzaron los trabajos de
acondicionamiento del almacén, no le fue posible seguir viviendo con
ella. Tratando de ser más explícito, dice textualmente:
“por la cloaca
la mandamos al campo”. Concluye su exposición señalando que al poco
tiempo su hermana se suicidó a causa de la enfermedad.
Podemos agregar que la actitud de Héctor Siri, durante este breve encuentro, estuvo signada por su reserva e irritabilidad.
Procurando
confirmar algunos datos obtenidos durante las encuestas, intentamos
entrevistar a Néstor Badano, hijo único de María Ofelia, lo cual no fue
posible por hallarse ausente en la ciudad. A pesar, resultó positivo
dialogar con su mujer, por cuanto nos ratifica una vez más la causa del
deceso de la testigo, y dice saber que ella estaba enferma desde la
muerte de su esposo, producida un par de años antes del inusual
avistamiento.
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| Tranquera y área donde se vio al OVNI y su ocupante. |
Análisis del caso
El
espontáneo comentario del baquiano, en un intento de prevenirnos
respecto al motivo de nuestra visita, nos alertó en relación al presunto
consenso que tuvieron los pobladores, vecinos de la testigo, sobre su
observación. La hipótesis de la motocicleta resulta atractiva, en la
medida en que se correlacionan algunos datos (especialmente, la figura
como de hombre bajando de una luz), pero otros parecen inadecuados,
siguiendo la versión periodística. De aquí deviene una dificultad al
momento de expedirnos sobre la procedencia de la luz, o las luces.
En
cuanto a Lino J. Reyes, informador clave de nuestra investigación,
señalemos que tenía 12 años en el momento de los hechos. No creemos que
su edad y condición intelectual le permitan, por sí solos, dar
consistencia al diagnóstico sobre la posible enfermedad psíquica de la
testigo (ratificada por los familiares), aunque con bastantes reservas,
podemos atender los signos observados en ella y descriptos por el casero
tendiente a reconocer el carácter de alguna dolencia.
Por otra
parte, Reyes apoya la hipótesis de la afección psíquica de la viuda de
Badano en el abandono y tratamiento del hijo hacia su madre; apreciación
teñidas -según estimamos- de ciertos prejuicios personales hacia
Néstor, cuyos fundamentos obviamente desconocemos.
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| Representación gráfica de los fenómenos luminosos. |
No
obstante lo dicho, en las distintas encuestas aparece con bastante
insistencia la enfermedad de Parkinson que presenta María Ofelia. Esto
no resultaría casual, motivo por el que consideramos oportuno consignar
brevemente algunas características de la misma.
Consideraciones sobre la enfermedad de Parkinson
Conocida
también con el nombre de parálisis agitante, o parkinsonismo, es una
alteración degenerativa localizada en los ganglios nerviosos de la base
del cerebro (diencéfalo). Es el resultado de la inflamación del cerebro
(encefalitis, en particular la encefalitis letárgica epidémica, de
origen viral), arteriosclerosis cerebral, o entre otras causas, ciertos
tipos de envenenamiento. Pero en la mayor parte de los casos, la
etiología precipitante permanece desconocida.
Los síntomas
físicos predominantes son el temblor y la rigidez muscular, los que
conducen a la disminución de los movimientos (bradicinesia o incluso
acinesia), restringiendo sus actividades; circunstancia que altera
tanto su cuerpo como su mente y vida social. En efecto, estos enfermos
sufren cambios en la estructura de su personalidad, cuyos trastornos
kinésicos constituyen la imagen en el espejo de las fluctuaciones
emocionales (2). De ahí que resulta de especial interés reconocer los
desórdenes psíquicos que se producen.
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| Ubicación de la entidad. |
El
período agudo de la encefalitis epidémica; en su fase inicial, viene
caracterizado por signos de tipo confusional y de signos neurológicos.
En cuanto a los trastornos mentales, se observan disoluciones de la
organización psíquica, que van desde las formas más atenuadas de
confusión mental (obnubilación) a las psicosis delirantes o
alucinaciones agudas y a los estados estuporosos. A propósito, los
delirios paranoides más o menos fantásticos constituyen una forma
bastante frecuente de psicosis encefálica. Con frecuencia hay un
recrudecimiento hacia el atardecer y en las fases hipnagógicas. Los
trastornos del sueño y los accesos oníricos son también habituales, y
van desde el sueño hablado al vivido con pantofobia (la espera de un
peligro; todos los efectos del miedo culminan en pantofobia), pudiendo
acompañarse de fabulaciones o muy ricos en falsos reconocimientos.
Puede
observarse igualmente toda la gama de estados depresivos. Existen
episodios (bouffées) delirantes o estados oniroides (que los brotes
posteriores, en el sentido de agravación, reproducen con frecuencia) en
los cuales el recrudecimiento nocturno o vesperal es característico. El
síndrome parkinsoniano presenta bradipsiquia (actividad psíquica
enlentecida), disminuyendo su atención voluntaria, el interés
espontáneo, la iniciativa y la capacidad de esfuerzo. Tienen necesidad
de estar solos, y presentan una especie de somnolencia o de letargia
crónica.
Las emociones están mal controladas, y su afectividad
(humor) viscosa explota en accesos de ira súbitos. Las tendencias
impulsivas son particularmente características. Es que las
manifestaciones psíquicas y motoras están muy ligadas y participan de la
misma tendencia al automatismo y a la desintegración de la actividad
voluntaria. A veces, estas impulsiones del enfermo de Parkinson revisten
un carácter heteroagresivo o autoagresivo, pudiendo llegar al suicidio
(3).
Reflexiones finales
Descrédito.
Necesidad de olvidar. Enigmas. Interrogantes que ciñen este episodio
como un velo que intenta cubrir un drama familiar cuyas aristas
pretenden permanecer en silencio.
La trágica desaparición de la
testigo ocurrida poco tiempo después de los hechos relatados, así como
la falta de investigación en el momento oportuno, cercano a la fecha del
suceso, impiden pronunciarnos con cierto grado de certidumbre. Aún así,
ofrece un margen suficiente para sostener que el avistamiento, o tal
vez, su desusada interpretación, pudieren explicarse a partir del cuadro
neurológico y psicopatológico que la testigo presentaba en esa época y
de las circunstancias que rodearon su vida.
Referencias
(1) La Hora, Mercedes, Bs. As., 1° de agosto, 1968.
(2) Fabre, Jean. Terapéutica médica, El Ateneo, Buenos Aires, 1982, p. 567.
Schifferes, Justus J., Enciclopedia médica familiar, Editors Press Service, New York, 1961, ps. 363/364.
(3) Ey, Henri, P. Bernard y Ch. Brisset, Tratado de psiquiatría, Toray-Masson, Barcelona, 7a. ed., junio 1974, ps. 747/752.
[1]
Presencia “del hombre” que nos remite invariablemente a. la ausencia.
Acaso la ausencia de su finado esposo, o de su hijo aquella noche… en un
velorio.
[2] Por encefalitis letárgica.