domingo, 4 de agosto de 2024

A 29 años del OVNI de Bariloche, el avistamiento más famoso de la historia argentina

A 29 años del OVNI de Bariloche, el avistamiento más famoso de la historia argentina
El 31 de julio de 1995 un avión de Aerolíneas Argentinas fue sorprendido por un Objeto Volador No Identificado minutos antes de su aterrizaje. La voz del piloto junto a la de otros testigos intensificaron la popularidad del episodio, que se convirtió en uno de los más recordados.
por Daniela Salinas


Imagen ilustrativa creada con recortes periodísticos cortesía de CEFORA.


El avistamiento de un OVNI desde un avión en Bariloche, ocurrido hace 29 años, se convirtió en uno de los más famosos de la historia Argentina. El grupo de investigación de fenómenos aéreos anómalos en el país, Fénix 4, publicó un informe con el testimonio, por primera vez, de una pasajera del vuelo de Aerolíneas Argentinas.

El 31 de julio de 1995, entre las 19 y las 22, ocurrió un incidente en el área del aeropuerto de Bariloche que involucró a una aeronave Boeing 727 de Aerolíneas Argentinas, una aeronave Cheyenne de Gendarmería Nacional, personal de la Torre de Control y de Meteorología del aeropuerto, y una supuesta aeronave no identificada.




El informe desclasificado desde el Ministerio de Defensa por la Comisión de Estudio del Fenómeno Ovni de la República Argentina (Cefora), en 2020, hace referencia al comandante del Boeing 727, Jorge Polanco, quién declaró que dicha supuesta aeronave tenía una forma bien definida como una especie de platillo invertido, con luces verdes en los extremos y una luz naranja en el centro.

El informe publicado por Fénix 4 arma la "línea de tiempo" de la investigación que se desarrolló en torno al avistamiento en 1995 y, en la que incluye la explicación de la Comisión de Estudios de Fenómenos Aeroespaciales dependiente de la Fuerza Aérea Argentina (CIAE), exCefae que identificó al supuesto objeto volador como una luz generada por un farol de la discoteca Rocket, en Bariloche; pasando por la desclasificación de Cefora y el testimonio más actual.

Para saber más sobre el tema y, en el marco del aniversario, C5N habló con Andrea Pérez Simondini, ufóloga y cabeza de Cefora. Melina Mazzoleni tenía 15 años cuando viajó desde Buenos Aires a Bariloche en el Boeing 727: "Recuperando ese testimonio Melina da con certeza detalle de lo vivido. Pasado tantos años nos puede dar la posibilidad de verificar y constatar lo dicho por los otros testigos", explicó.

¿Cuál fue el testimonio de la pasajera?

En el informe, Melina explica que tenía 15 años al momento del avistaje y que se encontraba en el lado derecho del avión, del lado de la ventanilla. "En un momento se apagaron las luces del avión y nos dijeron que íbamos a demorar un poco más en aterrizar, porque había habido un corte de luz en Bariloche", añadió.

Lo siguiente que recuerda es "una luz blanca bastante grande redonda y que se mantenía como constante, como cerca del avión y después en otro momento vi luces más chiquitas, no me acuerdo si eran creo que eran verdes y naranjas, pero como nos decían que también había un avión de Gendarmería o no sé si nos dijeron en ese momento o nos enteramos después".


Captura del informe publicado por Fénix 4.

Por lo que dedujo que "las lucecitas esas se debían al avión de Gendarmería que estaba cerca, pero esas fueron mucho más rápidas y pasaron en sentido contrario al avión, digamos, fueron como hacia atrás. Yo me acuerdo de haberle dicho a mi papá ¿Hay otro avión? no sé... hay otras luces, no sé...".

En el escrito, desde Fénix 4 remarcan los puntos más importantes del testimonio que les llamó la atención, como la coincidencia en la luz que ve Melina y el testimonio del Comandante Jorge Polanco, al igual que "parecía" que el objeto escoltaba al avión. Además, de que la joven se encontraba en el lado derecho del avión ya que "confirma que el avistamiento en gran medida ocurre del lado derecho tal cual los testimonios de los pilotos, el personal de aeropuerto y los testigos vecinos de Bariloche", afirmaron los investigadores.

Por su parte Simondini señaló que "es muy interesante porque las descripciones son similares siendo que en su momento Melina no tuvo ningún tipo de contacto con los demás testigos y estuvo bastante alejada del caso". También explicó que a la hora de tomar el testimonio se realiza de una manera muy rigurosa, para no introducir elementos de afuera ni incidir en la respuesta: "A partir del recuerdo se repregunta sobre su propio relato, respecto a detalles".

29 años después se sigue hablando del Caso Bariloche

En cuánto a la recolección de otros testimonios, en su momento se escuchó al comandante Jorge Polanco, a cargo del vuelo de Aerolíneas como al comandante Juan Domingo Gaitán, piloto de Gendarmería, entre personal y vecinos de la zona.

Pero Simondini habló sobre que existe un testimonio de uno de los científicos que viajaban en comitiva al Instituto Balseiro, que pudo entrevistar por el caso Bariloche. "El equipo electrógeno quedó sin abastecimiento durante cuatro minutos donde se magnetiza la torre de control se perdieron 4 minutos las comunicaciones con los aviones hasta que se restableció el equipo electrógeno y los aviones pudieron bajar aterrizar normalmente cuando aterrizan estuvieron un período de casi 10 minutos sin que nadie abriera la puerta del avión", relató.

Al bajar del avión, uno de los científicos hace un peritaje del equipo, lo revisa y asegura que "no había nada para explicar una anomalía", y manifestó que "después de revisar el equipo electrógeno no encontró ninguna anomalía evidente".

¿Por qué fue tan popular el caso Bariloche?

Para la investigadora, una de las variables que posicionó a este caso como uno de los más populares del país, tuvo que ver con que "Gendarmería oficialmente diera detalles y testimonio con sus pilotos y sus personales ya con uniforme y todo siendo una verificación oficial". Sumado a esto, el detallado testimonio en primera persona de Jorge Polanco, que siempre mantuvo su versión de los hechos.

Por último, por la maniobra que debe realizar Polanco antes de aterrizar en el aeropuerto ya que es "un riesgo de la operación de tránsito aéreo y creo que las autoridades también observaron esta situación". Actualmente el caso Bariloche se encuentra abierto, en 2023 la CIAE califica al caso como "en revisión", después del que se realizara una revisión por parte del equipo de Fénix 4 sobre el informe de la Fuerza Aérea.

Un viaje al 31 de julio de 1995: ¿Cómo cubrieron los medios el caso?

En el caso del diario Clarín, un recorte del jueves 3 de agosto de 1995, hace referencia sobre que “nadie investigará el raro fenómeno de Bariloche”. Desde la Fuerza Aérea ya en diálogo con el medio aseguraron que “no es un tema que nos competa a nosotros”, y añadieron que “no hay ningún departamento que estudie la presencia de objetos extraños en el espacio”.



En la breve nota señalan que la luz intensa siguió durante 15 minutos a un avión de Aerolíneas argentinas y, desde la jefatura del aeropuerto de Bariloche remarcaron que tampoco se iba a investigar el episodio. Aunque ellos mismos elevaron un informe escrito a la Fuerza Aérea detallando lo que vio el piloto Jorge Polanco.

También menciona la ratificación de la versión de Polanco mediante el testimonio de un piloto de un avión de Gendarmería, Juan Domingo Gaitán: “Vimos sobre el lago Nahuel Huapi, cuando íbamos a 11 mil pies, una luz tipo ámbar que aumentaba y disminuía de intensidad, y se desplazaba a gran velocidad hacia la cordillera”.



En el diario La Nación, el periodista Mariano de Vedia, pudo escribir sobre lo sucedido en primera persona, en uno de sus artículos, titulado “En Bariloche sólo hablan del OVNI” hace referencia al "encuentro cercano" en la ciudad de Río Negro y el revuelo que generó.

En el cuál habló con el doctor Raúl Barrachina Tejada, físico atómico e investigador del Centro Atómico Bariloche, quién afirmó que “no se debe descartar la posibilidad de un reflejo de señales que pudo confundir la piloto”. “Muchos recordaron, al respecto, los haces de luces reflejados por las discotecas Cerebro y Rocket”, argumentó el periodista.

Vedia fue uno de los primeros en interesarse en el caso y entrevistar a Polanco para La Nación el miércoles 2 de agosto de 1995, en el cuál le dedicaron una infografía en una de las primeras páginas del diario, la cual ilustraba el recorrido del avión y del OVNI. "Muchos de los pasajeros del vuelo 734 de Aerolíneas Argentinas que anteanoche debió aterrizar a las 20:10 en el aeropuerto de esta ciudad -entre los que se incluye, valija en mano, este cronista- se vieron frustrados al enterarse, cuando estaban en tierra, al día siguiente, que sólo el piloto y tres técnicos que viajaban en la cabina avistaron un OVNI en pleno vuelo", escribió Vedia, el periodista se encontraba sentado en la octava fila de asientos, junto a la ventanilla derecha.





La INH, los FANIs y la fe católica: ¿cómo responderá la Iglesia?

La INH, los FANIs y la fe católica: ¿cómo responderá la Iglesia?
Paul Thigpen
Vol. 1 No. 5 / Julio de 2024


Imagen ilustrativa.


Resumen ejecutivo

¿Estamos en la Tierra solos con Dios y los ángeles en este vasto universo? ¿Compartimos los humanos el cosmos con otras formas de vida inteligente creadas por Dios? La Iglesia Católica no ha hecho pronunciamientos formales y autorizados sobre la existencia, o incluso la posibilidad, de vida extraterrestre.

Aun así, hoy en día la especulación sobre la existencia de inteligencia extraterrestre (IET) y otras formas de inteligencia no humana (INH) está más viva que nunca en los Estados Unidos y en todo el mundo. El tema es el foco de innumerables novelas y películas de ciencia ficción, así como de fuentes de redes sociales. Los científicos buscan evidencia de vida más allá de la Tierra a través de múltiples medios tecnológicos.

Las autoridades civiles y militares de los Estados Unidos y otras naciones han establecido agencias formales para examinar los informes continuos de fenómenos anómalos no identificados (FANI) que no se pueden explicar con tecnología convencional, o incluso de vanguardia. Los funcionarios electos exigen más transparencia gubernamental sobre estos asuntos, con preocupaciones sobre la seguridad nacional. Los pilotos de la Marina y ex funcionarios del Departamento de Defensa y la Comunidad de Inteligencia han testificado en los pasillos del Congreso y en numerosas apariciones en los medios sobre la realidad de los FANI, con informes de encuentros con naves anómalas e incluso afirmaciones de que se han recuperado tecnología no humana y cuerpos no humanos de vehículos accidentados.

Mientras tanto, las historias de abducciones extraterrestres u otros encuentros cercanos se han multiplicado. Han surgido nuevas tradiciones religiosas basadas en IET, mientras que algunos han llegado a la conclusión de que los antiguos mitos paganos sobre los dioses, e incluso los relatos bíblicos de seres angelicales, en realidad se refieren a criaturas que visitaron la Tierra desde otros planetas. Otros ahora buscan salvadores extraterrestres que bajen de los cielos. Muchos no cristianos insisten en que cualquier revelación pública de IET refutaría la fe cristiana.

Todos estos acontecimientos desafían a la Iglesia Católica a ofrecer una respuesta clara, razonada y transparente a la luz de la fe católica.

Para que la Iglesia desarrolle una respuesta apropiada a la situación actual, debemos reconocer primero que las discusiones contemporáneas sobre la IET, otras INH y FANIs son solo la fase más reciente de un debate en el pensamiento occidental que se remonta al menos a veintiséis siglos. Padres y Doctores de la Iglesia, filósofos y teólogos católicos y cristianos, papas y obispos, frailes y sacerdotes, científicos y líderes políticos, figuras literarias y santos, todos han participado en la conversación.

Este artículo comienza con un breve estudio histórico de esa conversación. Tal estudio no pretende sugerir que la posibilidad de INH de varios tipos haya sido afirmada oficialmente por la Iglesia, ni que tal posibilidad nunca haya sido cuestionada por pensadores católicos y cristianos. Sin embargo, demuestra que la tradición intelectual católica ha dejado espacio para tal posibilidad desde la antigüedad. Teniendo en cuenta esa historia, la Iglesia en el siglo XXI no debería dudar en abordar el tema de una manera más amplia y directa. La Iglesia ha dejado la puerta abierta de par en par para que los científicos, teólogos, filósofos y otros católicos exploren el tema.

El tema de la IET y otras formas de NHI se ha vuelto mucho más urgente hoy en día a la luz de la multiplicación mundial de informes creíbles sobre FANIs. Este desarrollo ha ganado una atención más enfocada de científicos, funcionarios gubernamentales, teólogos y otros académicos, así como voces en las redes sociales y otros medios de comunicación. Como resultado, el debate sobre NHI ha crecido rápidamente en importancia, amplitud, complejidad y gravedad en los Estados Unidos y más allá.

Para muchos de los que participan en esta conversación, la pregunta principal ha pasado de la teórica "¿Están ahí afuera en alguna parte?" a la más inquietante "¿Están aquí, ahora mismo, con nosotros?". Ambas preguntas obviamente tienen serias implicaciones para nuestra comprensión del cosmos y nuestro lugar en él, particularmente para la fe y la vida católicas. Por lo tanto, deben explorarse con cuidado, considerando la Tradición de la Iglesia y la evidencia científica y testimonial relevante.

Sin duda, los seguidores de otras tradiciones religiosas también tendrán que lidiar, en un grado u otro, con estas implicaciones de largo alcance. La Iglesia católica está en una posición única para hacer una contribución significativa a esta conversación religiosa más amplia: abarca aproximadamente 1.390 millones de miembros en todo el mundo. Goza de una rica tradición intelectual e histórica y posee un alcance y una presencia multiculturales en todo el mundo. Por lo tanto, que la Iglesia asuma un papel de liderazgo entre las tradiciones religiosas en el compromiso con este asunto podría ser transformador para el desarrollo espiritual y cultural no solo de los católicos, sino también de otras comunidades cristianas y no cristianas.

¿Cómo podrían ser las etapas de ese proceso de compromiso? ¿A qué preguntas fundamentales deberíamos buscar respuestas en cada etapa? ¿Cuáles son algunos de los temas específicos que se deben considerar en cada etapa?

En primer lugar, la Iglesia podría participar en una temporada de exploración y clarificación con respecto tanto a la INH como a los FANIs. Al considerar la INH, necesitaría redescubrir y explorar a fondo los elementos relevantes de su propia tradición: teológicos, escriturales, filosóficos, históricos y sociales. Al considerar los FANIs, sería necesario examinar no solo la evidencia científica, sino también la experiencia vivida de los católicos y otras personas que dan testimonio de encuentros personales con ellos. Una investigación tan amplia y exhaustiva podría llevar a un discernimiento más preciso de cómo una comprensión católica tradicional del cosmos podría adaptarse y ampliarse y enriquecerse con la evidencia de las realidades de los fenómenos aéreos no tripulados.

En esta primera etapa, habría que abordar dos preguntas fundamentales: ¿La fe católica excluye la posibilidad de una INH (más allá de lo angélico) o hay lugar dentro de los contornos esenciales de esa fe para una realidad cósmica más compleja, matizada y misteriosa de lo que comúnmente hemos imaginado? Y si de hecho hay lugar, ¿qué lugar apropiado podría encontrar esa realidad en la fe y la vida católicas? Los temas que se considerarían en esta etapa incluirían las muchas posibilidades para los orígenes, el estado espiritual, el estado corpóreo, las capacidades, el estado moral, la redención y el destino final de las diversas formas de INH.

La segunda etapa de compromiso (confirmación y asimilación) comenzaría si el mundo tuviera una confirmación pública convincente por parte de científicos, funcionarios gubernamentales o incluso autoridades religiosas de la existencia de la INH. Tal vez incluso pudiera tener lugar un encuentro público e innegable con esa realidad que proporcionara una confirmación indiscutible.

En ese momento, los católicos y otros cristianos necesitarían asimilar la nueva información empírica mediante un estudio cuidadoso, la reflexión y la oración. Así como sus antepasados ​​espirituales tuvieron que lidiar con las implicaciones teológicas de la Revolución Copernicana, así como el encuentro con pueblos previamente desconocidos del hemisferio occidental, los creyentes tendrían mucho en qué reflexionar que requiere una respuesta de “fe en busca de comprensión” (como alguna vez postuló San Anselmo). Los líderes católicos, tanto clérigos como laicos, desempeñarían un papel esencial para ayudarlos a enfrentar ese desafío.

En esta etapa, la pregunta apremiante sería cómo proporcionar una formación de fe relevante y una atención pastoral eficaz en un tiempo tan inestable y perturbador. Los temas relevantes incluirían la evaluación y atención de los impactos espirituales, psicológicos, sociales y de otro tipo, tanto en los feligreses como en el clero que los atiende.

Una tercera etapa del proceso de participación (diálogo, discernimiento y cooperación) podría comenzar si, en un desarrollo aún más sorprendente, el contacto abierto con los visitantes INH hiciera posible alguna forma de comunicación con ellos. En ese momento, la Iglesia tendría que entablar un diálogo cuidadosamente meditado con nuestros nuevos interlocutores.

La pregunta esencial de esta etapa sería qué podríamos aprender de ellos y qué podríamos enseñarles. Una conversación continua de este tipo presentaría una oportunidad para intentar comprenderlos (si es posible) con respecto a una serie de temas: su comprensión de Dios (si la tienen), el cosmos, ellos mismos, su ética y sus intenciones de interactuar con nosotros. También tendríamos la oportunidad de hablarles de nosotros mismos.

¿Cómo abordaríamos la construcción de una ética de interacción con INH? Si sus intenciones al establecer contacto parecen ser benévolas, ¿cómo podríamos encontrar con prudencia un terreno común para una relación de mutuo beneficio y buena voluntad? Si sus intenciones no son benévolas, ¿cómo intentaríamos persuadirlos de lo contrario? En su defecto, ¿cómo nos prepararíamos para resistir la amenaza que representan?

Las preguntas y los temas propuestos en este artículo se ofrecen como posibles caminos para comprender la INH y los FANIs. Tal comprensión podría conducir, entonces, a una acción sabia por parte de la Iglesia en todos los niveles, desde el Vaticano hasta la parroquia local. Las consecuencias de una confirmación pública de la INH afectarían a los católicos en cada uno de estos niveles, de cada orientación teológica, en todos los ámbitos de la vida, en cada nación. Otros cristianos, seguidores de otras religiones y personas sin fe se verían afectados. La respuesta prudente y eficaz de la Iglesia podría llevar la luz de la fe a los innumerables desafíos que plantearía tal desarrollo.

Un compromiso serio y sostenido con el tema de la INH, dada la creciente preocupación mundial por los FANIs, requerirá una acción rápida y multifacética por parte de la Iglesia Católica. Aquí se proponen una serie de acciones concretas que podrían ser adoptadas por el Vaticano; los obispos, junto con sus conferencias episcopales y líderes diocesanos; el clero parroquial y los líderes laicos; las órdenes religiosas y los hospitales; las escuelas católicas; la comunidad académica católica; los editores católicos y otros medios de comunicación; y el pueblo católico en las bancas de la iglesia.

Hace siglos, los pensadores católicos visionarios se adelantaron mucho a su tiempo al pensar profundamente sobre la salud pública nacional y otros asuntos cósmicos. Hoy, la Iglesia tiene la oportunidad de demostrar nuevamente su liderazgo global en la búsqueda de más verdad sobre la grandeza de la creación de Dios y en aprender a vivir de acuerdo con cualquier descubrimiento que hagamos. ¿Aceptaremos ese desafío? Si es así, tendremos que proceder con un sentido de asombro, una actitud de humildad ante el misterio.





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sábado, 3 de agosto de 2024

Sesiones sobre FANIs celebradas en la conferencia 2024 del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica

Sesiones sobre FANIs celebradas en la conferencia 2024 del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica
por Keith Basterfield




Conferencia

La conferencia 2024 del Foro AVIATION del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica (AIAA) con sede en EE. UU. y ASCEND 2024 se celebró en Las Vegas a fines de julio/principios de agosto de 2024. El lunes 29 de julio se llevaron a cabo tres sesiones, específicamente relacionadas con FANIs.

Sesiones

"Aprendizaje de refuerzo para la detección cognitiva y caracterización de vehículos aeroespaciales avanzados" ["Reinforcement Learning for Cognitive Detection and Characterization of Advanced Aerospace Vehicles"]. Rajiv Thummala y Gregory Falco. AIAA 2024-3734. Sesión: Avanzando en la comprensión científica de los FANIs para mejorar la seguridad de la aviación.

Resumen:

La detección y caracterización de vehículos aeroespaciales avanzados (AAV) que exhiben firmas novedosas y se desvían de los perfiles convencionales plantean desafíos significativos para los sistemas tradicionales de conocimiento del dominio aéreo, que se basan en métodos de detección y clasificación estáticos. El aprendizaje por refuerzo (RL) ha demostrado ser prometedor en el desarrollo de sistemas cognitivos de conciencia del dominio aéreo capaces de adaptarse a nuevos aviones que intentan evadir la detección. Al aplicar RL, los sistemas de radar pueden aprender potencialmente estrategias óptimas para detectar y caracterizar vehículos aéreos no tripulados anómalos, optimizando continuamente su enfoque con cada interacción y potencialmente descubriendo nuevos métodos de detección y caracterización.

Este artículo examina la aplicación de RL y redes generativas adversarias (GAN) para facilitar la detección y caracterización adaptativa e inteligente de vehículos aéreos no tripulados, independientemente de firmas predefinidas o entrenamientos preexistentes. Proponemos un marco basado en RL que aprovecha la detección y el seguimiento adaptativos, el aprendizaje de características, la fusión de sensores y las técnicas de aprendizaje por transferencia para aprender iterativamente a detectar y rastrear vehículos aéreos no tripulados a partir de datos de sensores, incluso cuando sus firmas se desvían de los perfiles conocidos.

"La forma, el tamaño, la cinemática, los efectos electromagnéticos y la presencia de sonido de fenómenos aéreos no identificados según informes seleccionados, 1947-2016" ["The Reported Shape, Size, Kinematics, Electromagnetic Effects, and Presence of Sound of Unidentified Aerial Phenomena Frome Select Reports, 1947-2016"]. Robert M. Powell, Larry Hancock, Laiba Hasan, Sarah Little, Robinson Truong y Tobi Kamoru. AIAA 2024-3735. Sesión: Promoción de la comprensión científica de los FANIs para mejorar la seguridad de la aviación.

Resumen:

Se seleccionaron manualmente los informes de testigos disponibles públicamente, catalogados por agencias militares y civiles, de fenómenos aéreos no identificados (FANIs) desde 1947 hasta 2016 según cuatro criterios: confiabilidad de los testimonios de los testigos, tamaño angular del objeto, mayor de 0,15 grados, iluminación suficiente y suficiente detalle de la información. La base de datos resultante comprende el subconjunto de informes históricos que se determinó que probablemente representan objetos aéreos no identificados.

De más de 100.000 informes recopilados de una base de datos militar y cuatro bases de datos civiles, se identificaron 301 informes que abarcan los mismos años y que cumplen estos criterios. De este conjunto seleccionado, se examinan las características de forma, tamaño, cinemática, efectos electromagnéticos y emanación de sonido. Las descripciones detalladas de los relatos de los testigos nos permitieron presentar ilustraciones a escala de las dos categorías de formas más comunes de los FANIs: discos (abovedados, alargados, acortados) y triángulos (isósceles, equiláteros).

Las formas más grandes de las que se informó fueron la de diamante/rectangular y la de bumerán (mediana de 300 pies [91 m]), y las más pequeñas fueron las de esfera (mediana de 20 pies [9,6 m]). Se informó de manera constante que los triángulos (mediana de 170 pies [52 m]) flotaban, no producían efectos electromagnéticos y, a menudo, se observó que no emitían sonido. La combinación de un rango cinemático inusual y la ausencia de sonido se encontró en 16 informes que mencionaban específicamente objetos que flotaban, viajaban más rápido que Mach 1 y exhibían ausencia de sonido: disco (5), triángulo (8), óvalo (1), esfera (1) y bumerán (1). El conjunto de datos de las características de los FANIs que se presenta aquí, basado en 301 informes de testigos confiables, se puede utilizar para informar el diseño de los diversos instrumentos de campo, algoritmos de detección e hipótesis de propulsión de los FANIs que son fundamentales para el avance de nuestra comprensión de los FANIs.

"Guía de seguridad ocupacional y presentación de informes: revisión de eventos de seguridad de FANIs" ["Occupational Safety and Reporting Guidance: Reviewing UAP Safety Events"]. David Burstein, Shawn Pruchnicki e Iya Whitely. AIAA 2024-3736. Sesión: Promoción de la comprensión científica de los FANIs para mejorar la seguridad de la aviación.

Resumen:

Antecedentes. Con la publicación de la Evaluación preliminar de 2021 sobre fenómenos anómalos no identificados (FANIs), ha aumentado el interés público en las cuestiones de seguridad aeroespacial asociadas con los FANIs. Los FANIs son un peligro potencial para la seguridad del vuelo, preocupaciones de seguridad nacional y fuente de curiosidad pública. Los eventos de seguridad de FANIs generalmente no se denuncian debido a los desafíos de detección y caracterización, mecanismos de denuncia inadecuados y estigma. Como resultado, tenemos una comprensión limitada de cómo los FANIs afectan las operaciones aeroespaciales seguras, así como las formas en que el personal aeroespacial responde durante y después de los eventos de FANIs.

A medida que aumentan los informes de FANIs, se pueden utilizar principios básicos de seguridad de la aviación para revisar los eventos de FANIs y realizar mejoras para operaciones aeroespaciales más seguras. A principios de 2024, el Comité de Integración y Difusión de UAP (UAPIOC) del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica (AIAA) redactó un documento de opinión "Guía de seguridad ocupacional y presentación de informes para mejorar la seguridad de vuelo, reducir el estigma y facilitar la comprensión científica de los FANIs".

Esta guía identificó seis áreas que merecen una consideración especial para avanzar en el conocimiento de los FANIs: 1) Determinación de peligros, 2) Respuestas del equipo de aviación a los informes de FANIs en vuelo, 3) Observación e informes de incidentes después de las operaciones de vuelo, 4) Estigma en el lugar de trabajo y cultura de seguridad, 5) Bienestar ocupacional y salud general de los miembros de la tripulación, 6) Centralización de la recopilación nacional de datos científicos.

Revisiones de eventos de seguridad de FANIs: Para avanzar en la comprensión práctica de los riesgos de seguridad de FANIs, revisaremos un ejemplo de caso de una observación de FANI en vuelo y aplicaremos el marco anterior para identificar los éxitos y las oportunidades de factores humanos relacionados con este evento. Identificaremos ejemplos específicos en los que la seguridad del vuelo o el bienestar de los miembros del equipo podrían mejorarse durante y después de los eventos de UAP.

Propósito: Este trabajo tiene como objetivo ayudar a facilitar la revisión de los procesos de factores humanos que promueven respuestas y reportes efectivos por parte del personal de aviación durante los eventos de FANIs. Nuestro objetivo es promover las prácticas de seguridad dentro de la aviación militar y civil en lo que se refiere a los FANIs, y promover el estudio científico de los FANIs.

Métodos: Analizamos un ejemplo de caso de un evento de FANIs durante operaciones de aviación. Le pedimos a la persona involucrada en este evento de FANIs que nos enviara un informe narrativo escrito de su experiencia basado en: 1) Observaciones de FANIs y acciones de los miembros de la tripulación que tuvieron lugar durante el evento, 2) Experiencias de reporte del evento, tanto en vuelo como después; 3) Sentido de cultura de seguridad y estigma durante y después del evento; y 4) Sentido de bienestar personal y ocupacional después del evento. Analizamos su informe narrativo con respecto a las seis consideraciones clave del documento de opinión redactado por AIAA UAPIOC. Nuestro objetivo era sacar conclusiones específicas con respecto a 1) identificar áreas donde la notificación de FANIs se ve obstaculizada por el estigma o preocupaciones sobre las consecuencias individuales de informar FANIs; 2) revisar las oportunidades para mejorar la comunicación entre los miembros del equipo durante los eventos de FANIs, y 3) identificar desafíos aparentes entre los miembros del equipo al responder a una observación o incidente de UAP, así como desafíos con respecto a la notificación del evento para un análisis más detallado.

Producto final: Nuestros productos finales serán un análisis de caso escrito, así como una presentación de 10 a 15 minutos que se centra en los principios de seguridad de la aviación asociados con los fenómenos anómalos no identificados (FANI). En cada uno de estos productos, presentaremos brevemente el marco de trabajo de UAPIOC de la AIAA, tal como se describe en el documento de opinión preliminar, y brindaremos una descripción general de cómo se aplica el informe de caso narrativo a nuestro marco. Finalmente, planeamos discutir las conclusiones a las que lleguemos sobre el éxito potencial y las oportunidades para continuar mejorando la seguridad de la aviación con respecto a los FANI. En nuestra presentación, se llevará a cabo un debate abierto durante la sesión.

Panel

El 30 de julio, se llevó a cabo un panel de discusión de una hora de duración titulado "Detección, caracterización y evaluación de fenómenos anómalos no identificados (FANI)" ["Detection, Characterization and Evaluation of Unidentified Anomalous Phenomena (UAP)"]. Los miembros del panel fueron Ryan Graves, Robert Powell, Michael Lembeck y Lou Mack.




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Película de Netflix sobre reportero paranormal argentino competirá en San Sebastián

Cine de otro mundo
Película de Netflix sobre reportero paranormal argentino competirá en San Sebastián
“El hombre que amaba los OVNIs”, de Diego Lerman, sobre el bizarro reportero de campo de los años 80 José de Zer, competirá por una Concha de Oro.
por Agustín Mango

Foto: Netflix

“¡Seguime, Chango!”

El reportero de noticias argentino José de Zer no solo perseguía historias. Perseguía gnomos, OVNIs, chupacabras y cualquier actividad paranormal o inexplicable que pudiera encontrar en sus informes para Nuevediario, uno de los programas de noticias más populares de la Argentina de los años 80.

Con su fiel compañero camarógrafo, Carlos “Chango” Torres, siguiéndolo a todas partes como un Sancho Panza a un Quijote de lo Bizarro, José de Zer tuvo la suerte de encontrar estos misterios cada vez. ¿Cómo? Fácil: los fingió.

Ahora, El hombre que amaba a los OVNIs, la última película del director argentino Diego Lerman, llevará a la gran pantalla al ícono local del periodismo bizarro, interpretado por Leonardo Sbaraglia (Puán, Corazón errante). Producida por Netflix, la película se estrenará en el Festival de Cine de San Sebastián, donde competirá por la Concha de Oro en la competencia oficial. La última película de Lerman en exhibirse en San Sebastián, Una especie de familia, ganó el Premio del Jurado al Mejor Guion en 2017. La propia hija de Lerman, Renata, también ganó la Concha de Plata a la mejor actriz de reparto en El suplente (2022), de su padre.

La película de Lerman se basa en uno de los episodios más memorables de la extensa carrera de de Zer. Ocurrió en 1986, cuando montó un extravagante informe sobre un supuesto lugar de aterrizaje de OVNIs cerca del monte Uritorco en Córdoba. No se basaba en hechos reales más allá de un pastizal quemado en medio de la nada. De Zer estaba trabajando en Villa Carlos Paz, en las afueras de la ciudad de Córdoba, cuando se encontró con informes de la prensa sensacionalista sobre una misteriosa mancha oscura en el suelo. Eso fue suficiente para que comenzara. El informe se convirtió en una semana de imágenes continuas, con extraños insectos quemados, jeroglíficos en cuevas y secuencias en vivo de luces extrañas en el cielo nocturno.


El hombre que amaba los OVNIs, sobre la vida de José de Zer, se estrenará en el festival de cine de San Sebastián. Esta y la imagen de portada: Netflix

Todo era falso. Él mismo plantó los insectos. Pintó rocas en su habitación de hotel. ¿La aeronave brillante? Un par de tipos con linternas en medio de la noche y el ángulo de cámara correcto. Las cifras de audiencia de Nuevediario se dispararon.

“Cada vez que regresábamos a Buenos Aires, nuestro editor de noticias nos enviaba de regreso, porque estábamos obteniendo excelentes números”, recordó Torres en una entrevista para Radar hace 20 años.

Gnomos, OVNIs, pozos magnéticos

José de Zer, nacido en 1941 con el nombre de José Keizer, tuvo una larga carrera en el periodismo. Ya era un reportero de televisión consagrado que cubría todo tipo de historias cuando empezó a informar sobre sucesos paranormales (o simplemente extraños) para Nuevediario. Un periodista incansable y fumador empedernido cuya vida podía ser tan frenética como sus reportajes. Hijo de un diseñador de iluminación teatral, había sobrevivido tanto a la Guerra de los Seis Días en Israel como joven teniente de reserva, como a un grave accidente de coche en la Patagonia.

Solía ​​cubrir importantes historias de crímenes y del mundo del espectáculo, y se hizo amigo de celebridades populares como Alberto Olmedo y el gobernador de Buenos Aires (y luego presidente) Eduardo Duhalde. Su hija Paula una vez lo describió como un mujeriego en serie, que tenía romances secretos con celebridades de la televisión y varios hijos ilegítimos. De hecho, fue durante un receso en su cobertura de verano de la temporada teatral de Villa Carlos Paz cuando se topó con el famoso pastizal quemado que lo llevaría a Uritorco, a unos pocos kilómetros de distancia.

Las historias de José de Zer siempre fueron demasiado disparatadas para ser tomadas en serio: gnomos vagando por La Plata, un extraño pozo con poderes magnéticos que atraía a la gente, peligrosas bandas de narcotraficantes escondidas en los bosques y selvas de Argentina. Eran tan claramente puestas en escena como emocionantes, y atrajeron a un gran número de personas en la era anterior a la televisión por cable, cuando las noticias falsas eran solo una forma de describir el entretenimiento inofensivo, en lugar de un arma política para socavar las democracias.

De Zer también realizó reportajes sólidos, como su cobertura in situ del asalto al complejo militar La Tablada en 1989, cuando un grupo guerrillero intentó tomar el control de una base del ejército en la provincia de Buenos Aires. También entrevistó al campeón de boxeo Carlos Monzón poco después de que fuera encarcelado por asesinar a su esposa Alicia Muñiz en 1988.

José de Zer murió a los 56 años, después de luchar contra el Parkinson y el cáncer de esófago. Periodista de la vieja escuela, su habilidad para contar historias increíbles (al estilo de Ripley’s Believe It or Not, que se hizo popular en Argentina en 1987) lo convirtió en un ícono de la cultura pop. Y su estilo de reportaje al estilo de El proyecto de la bruja de Blair y su instinto para el atractivo de lo extraño sentaron un precedente para la estética televisiva de finales de los años 90, de programas de entrevistas caóticos y reportajes gonzo.




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Roswell resuelto: creo que no

Roswell resuelto: creo que no
por Kevin Randle



Hace poco más de treinta años, estalló un conflicto en el caso Roswell cuando se descubrió que en una fotografía del general de brigada Roger Ramey se podían leer partes de un documento que él sostenía. Cualquiera que mirara la fotografía y usara una lupa podía ver que mencionaba Fort Worth, Texas y globos meteorológicos. Había una palabra interesante en la que la mayoría de los investigadores estaban de acuerdo y era disco. Dado que la fecha de la fotografía se estableció como el 8 de julio de 1947 y que era Ramey quien la sostenía, la conclusión obvia era que el documento se relacionaba de alguna manera con el accidente OVNI de Roswell.


El general de brigada Roger Ramey y el coronel Thomas Dubose con el objetivo Rawin. Fotografía tomada el 8 de julio de 1947.

Todos coinciden en que algo cayó cerca de Corona, Nuevo México, en algún momento a principios de julio de 1947, y todos coinciden en que el Mayor Jesse Marcel, Sr., del 509th Bomb Group, estacionado en el Campo Aéreo del Ejército de Roswell, junto con el Capitán Sheridan Cavitt del Cuerpo de Contrainteligencia del Ejército, habían viajado al lugar del accidente. Recuperaron escombros que transportaron al campo de aviación a fines del 7 de julio o a principios del 8 de julio. En este punto, el consenso se desvía dramáticamente. Una es la teoría de una nave espacial extraterrestre fuera del mundo y en el extremo opuesto están los globos meteorológicos con reflectores de radar Rawin.

Los intentos de leer el documento completo en poder del General Ramey, quien comandaba la Octava Fuerza Aérea, fueron provocados por la teoría de que este documento, con una procedencia indiscutible, se relaciona con el caso del accidente de Roswell. El negativo de la fotografía se conserva en la Biblioteca de Colecciones Especiales de la Universidad de Texas en Arlington. La fotografía, tomada por J. Bond Johnson, fue donada a la biblioteca, junto con miles de otras tomadas por reporteros y fotógrafos del Fort Worth Star-Telegram a lo largo de las décadas.


Entrada a las Colecciones Especiales de la Universidad de Texas en Arlington. Foto de Kevin Randle.

Hay quienes desestiman la importancia de esta fotografía y la información contenida en lo que se llama el Memorándum Ramey porque, lo que "se estrelló" cerca de Corona, Nuevo México a principios de julio de 1947 no fueron nada más que globos meteorológicos y reflectores de radar Rawin que formaban parte del Proyecto Mogul de alto secreto. La naturaleza del proyecto fue la razón del secreto y la historia de portada que se entregó a la prensa.

El problema con este escenario es que los lanzamientos de globos en Nuevo México fueron parte de un intento de crear un globo de nivel constante, es decir, una serie de globos que permanecerían a una altitud constante durante mucho tiempo. El proyecto estaba utilizando globos meteorológicos y objetivos de radar Rawin disponibles comercialmente. En Nuevo México no se clasificó nada y el 10 de julio de 1947 se publicó un informe de esos experimentos, junto con varias fotografías, en periódicos de todo el país.


Uno de los muchos periódicos que informaron sobre el Proyecto Mogul, demostrando que no era el gran secreto que se afirmaba. Charles Moore me dijo que compró la escalera que se muestra en la imagen del centro, lo que vincula esto con Mogul.

Uno de los ingenieros del proyecto en Nuevo México, Charles Moore, me dijo que el lanzamiento del 4 de junio de 1947, que es el culpable del caso, no contenía objetivos Rawin, lo que contradice la autenticidad de los restos exhibidos y fotografiados en la oficina del general Ramey el 8 de julio.

Bueno, para ser totalmente exactos, lo que me dijo fue que el vuelo n.° 4 estaba configurado igual que el vuelo n.° 5. El vuelo n.° 5, según la documentación, no contenía objetivos Rawin. La pregunta entonces es, si el vuelo Nº 4 no tenía objetivos Rawin, ¿de dónde se originó el objetivo Rawin fotografiado en la oficina de Ramey?

El vuelo Nº 5, que, según la documentación fue el primer vuelo exitoso en Nuevo México, plantea una pregunta adicional. Dado que no hubo datos capturados por el vuelo Nº 4, y que, según el diario de campo y las notas de campo del Dr. Albert Crary, fue cancelado, la siguiente pregunta es de dónde se originaron los escombros encontrados por Mack Brazel. Ciertamente no eran parte del Proyecto Mogul.

Tanto Jesse Marcel, Sr. como Thomas Dubose, que aparecen en otras fotografías tomadas en la oficina de Ramey en ese momento, cuando se les mostraron esas imágenes dijeron que no era lo que habían traído de Roswell. Johnny Mann, un reportero de WWL-TV en Nueva Orleans, acompañó a Marcel a Roswell para una entrevista realizada a principios de la década de 1980. Mann le mostró a Marcel una de las fotografías de los escombros tomadas en la oficina de Ramey. Marcel le dijo a Mann que los escombros que se exhibían allí no eran los que había encontrado en el rancho Brazel (Foster). Y Mann me lo contó durante una entrevista en su casa de Amarillo, Texas, a mediados de los años 1990.


Jesse Marcel, Sr., sosteniendo parte de un objetivo Rawin. Le diría al periodista Johnny Mann que ese no era el material que había traído de Roswell.

Thomas Dubose fue entrevistado en su casa por Don Schmitt y Stan Friedman a principios de los años 90. Dubose fue muy claro en que el material fotografiado no eran muestras de los escombros recuperados en el rancho Brazel. Según Dubose, los escombros habían sido intercambiados.

Si los escombros en la oficina de Ramey no eran los que se habían encontrado en Nuevo México, entonces, ¿qué relevancia tiene estudiar esos escombros? Dado que no fue lo que se encontró, no tiene importancia para aprender sobre el accidente de Roswell.

¿Dónde nos deja eso? El vuelo número 4 fue cancelado, según las notas de campo del Dr. Albert Crary, y si fue cancelado, entonces no pudo haber dejado los escombros encontrados por Mack Brazel. Como se ha señalado, Charles Moore me dijo que el vuelo n.º 4 estaba configurado de la misma manera que el vuelo n.º 5, que no contenía objetivos Rawin. Eso significa que, incluso si admitimos que se lanzó el vuelo n.º 4, no tenía objetivos Rawin y, por lo tanto, no pudo haber esparcido los restos metálicos en el campo.


Los registros oficiales no muestran nada sobre el vuelo n.º 4. Moore afirmó que funcionó tan bien como el vuelo n.º 5.

Hay otro punto menor que a menudo se pasa por alto en esta discusión. Los registros sugieren que el lanzamiento propuesto del vuelo n.º 4 fue el 4 de junio de 1947. Eso significa que permaneció en ese campo durante casi un mes antes de que Mack Brazel lo descubriera. Bill Brazel le dijo a Don Schmitt y a mí, en repetidas ocasiones, que su padre estaba en ese campo en particular casi todos los días. Brazel informó sobre los restos solo un día o dos después de encontrarlos. Si eso es cierto y no hay pruebas que contradigan la afirmación de Bill Brazel, entonces lo que se encontró no fueron los restos del vuelo n.° 4.

Todo esto significa que, independientemente de la interpretación que se le dé a un examen de las fotografías tomadas en la oficina de Ramey, no prueban nada sobre lo que cayó. Esos escombros son una sustitución de los escombros reales. Cualquier conclusión extraída de esas fotografías, en relación con los escombros, es discutible. No significan nada para entender el caso en general.

Eso nos lleva de nuevo al documento que tenía el general Ramey. Esa fotografía se vuelve importante para el caso Roswell porque, si podemos leer el texto, podríamos aprender algo relevante. Pero la última interpretación tiene poco o nada que ver con lo que fue fotografiado. Se nos dirige a una imagen de Jesse Marcel, Sr., agachado junto a los escombros, sosteniendo un trozo de ellos. A la izquierda sobresale un pequeño palo, que parecía haber tenido parte del material de aluminio del objetivo de Rawin adherido a él.

En ampliaciones de esa fotografía, y ahora en una versión coloreada de la misma, parecía haber algunas marcas en el palo. Según una interpretación, estas marcas se parecen a las letras en relieve que Jesse Marcel, Jr., dijo haber visto en lo que él llamó una viga en I. Si es cierto, entonces esto nos lleva de vuelta a los objetivos de Rawin y al lanzamiento del globo del 4 de junio de 1947.


Versión coloreada de la fotografía que muestra las manchas de pegamento en el soporte bajo la mano derecha de Marcel.

Esta afirmación fue examinada hace treinta años cuando estalló la controversia por primera vez. Se sugirió que esas mismas manchas eran lo que Jesse Marcel, Jr. había confundido con símbolos alienígenas específicos que podrían representar escritura de otro mundo. El propio Marcel dijo que esas manchas no se parecían a nada que hubiera visto en los restos de los escombros.

Las circunstancias sugieren que esas manchas no eran más que el residuo del pegamento para unir la lámina a las estructuras de soporte del objetivo de Rawin.

Lo que tenemos aquí es evidencia de que el vuelo número 4, el culpable de todo esto, fue cancelado. Charles Moore contradice esta documentación al afirmar que el vuelo número 4 se lanzó en la oscuridad, en un clima nublado, en violación de las regulaciones bajo las cuales operaban. Dijo que el lanzamiento fue a las 2:30 o 3:00 a.m. en contradicción con las notas de campo de Albert Crary que indicaban que el vuelo había sido cancelado al amanecer debido a las nubes. El amanecer fue entre dos horas y media y tres horas después de ese supuesto lanzamiento.

Moore afirma que Brazel había encontrado los restos del conjunto de globos del 4 de junio casi un mes después. Recuerde, Bill Brazel dijo que una importante estación de agua para el ganado estaba en el campo, por lo que su padre habría estado allí cada dos días y en algunos casos todos los días. Mack Brazel se quejó con familiares y amigos sobre el gran desastre y se preguntó quién lo iba a limpiar.

Tommy Tyree, que a veces trabajaba como peón de rancho y ayudaba a Brazel, nos dijo a Don Schmitt y a mí que las ovejas se negaban a cruzar el campo, que estaba densamente poblado de escombros. Brazel tuvo que conducirlas alrededor del campo. Por supuesto, si se hubiera tratado de un conjunto Mogul, Brazel podría haberlo recogido él mismo en unos veinte minutos, especialmente porque los conjuntos creados en Nuevo México tenían dos tercios de la longitud de los lanzados en la Costa Este.

Todas las pruebas, cuando se examinan desapasionadamente, nos dicen que los restos del globo en la oficina de Ramey tienen poco que ver con el caso Roswell. Claramente, se pretendía encubrir un secreto mucho mayor y, dado que los experimentos que se estaban llevando a cabo en Nuevo México no eran clasificados, ese secreto tenía que ser otra cosa.

Eso nos deja con el memorando de Ramey y lo que podría decir. Ese documento podría ser la prueba irrefutable. El problema es que la tecnología actual no nos permite ofrecer una interpretación consensuada de la mayor parte del memorando. La inteligencia artificial podría ser capaz de resolver este problema. Pero por el momento no hemos tenido suerte con la IA.




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viernes, 2 de agosto de 2024

“Fotografié a los extraterrestres en Roswell”: revelan confesión grabada de camarógrafo militar

“Fotografié a los extraterrestres en Roswell”: revelan confesión grabada de camarógrafo militar
por Anthony Bragalia


Credito: ufoexplorations.com

Un fotógrafo militar que tomó fotografías de los cuerpos de los extraterrestres que se encontraron caídos cerca de Roswell, Nuevo México, en 1947, dejó una confesión en video poco conocida sobre su participación en el incidente. La revelación filmada del camarógrafo, que nunca circuló ampliamente, ahora se puede ver en este artículo. En la cinta (así como en otras entrevistas y en una declaración notariada que quedó para la posteridad), el fotógrafo, el sargento Frederick Benthal, relata que:

  • Recibió órdenes repentinas y urgentes a principios de julio de 1947 (poco después del accidente) de volar inmediatamente al aeródromo del ejército de Roswell, que estaba a tres horas de vuelo desde donde estaba destinado. Voló en un bombardero B-25, acompañado por un cabo Al Kirkpatrick.
  • Al aterrizar, lo llevaron una hora y media al norte de Roswell, donde observó camiones cubiertos que transportaban algún tipo de restos inusuales.
  • Más adelante lo llevaron a un lugar en el desierto donde se habían levantado tiendas de campaña. Observó a otros fotógrafos en el lugar.
  • Se le ordenó entrar en una de las tiendas para empezar a tomar fotografías.
  • Observó cuatro cuerpos humanoides pequeños, casi todos idénticos. Tenían cabezas grandes, tez oscura y cuerpos muy delgados. Habían sido colocados en el suelo, envueltos en una lona de goma.
  • También detectó un olor extraño dentro de la tienda.
  • La toma de fotografías fue supervisada estrictamente por un oficial que no quería que el fotógrafo hiciera una observación prolongada de las criaturas.
  • Sus fotografías y equipo fueron confiscados, y se le informó que no debía decir nada sobre el evento como una cuestión de seguridad nacional.
  • Después fue trasladado en avión de regreso a su instalación en Washington, DC.
  • Luego fue "transferido" abruptamente fuera de su ubicación y reasignado a la Antártida para documentar los efectos del frío en el equipo.

Una nueva revisión de la investigación previa sobre el incidente de Roswell proporciona una confirmación sorprendente de que la historia contada por Benthal es realmente cierta.

Frederick Benthal

Frederick Benthal (der.) era un sargento de 26 años y especialista en fotografía de la Fuerza Aérea del Ejército, destinado en la Estación Aérea Naval Anacostia en Washington, DC en el verano de 1947. Anacostia cumplió varias funciones, entre ellas, como un importante centro de pruebas de vuelo, una instalación para aviones experimentales y como un centro de investigación. A lo largo de los años, las unidades de la Fuerza Aérea del Ejército, la Fuerza Aérea, el Cuerpo de Marines, la Guardia Costera y la Guardia Nacional, así como el Departamento de Defensa y las agencias federales, encontraron que la instalación de Anacostia era un lugar ideal desde el que operar. Antes de esta asignación, Benthal recibió altas autorizaciones de seguridad y, en 1946, había instalado equipos fotográficos para las detonaciones de bombas nucleares de la "Operación Crossroads" en el atolón Bikini en el Pacífico.

Credito: amazon.com
Parte del testimonio de Benthal se incluyó en el libro Crash at Corona de 1992 del difunto investigador y autor Stanton Friedman. Friedman, a quien en el libro se hace referencia únicamente como “FB”, le contó más tarde al investigador Don Schmitt que “FB” representaba el nombre “Frederick Benthal”. Friedman era muy conocido por viajar por todo el país dando conferencias sobre OVNIs y Roswell. Se cree que el propio Benthal había asistido a una conferencia de Friedman o que alguien que conocía a Benthal asistió a una conferencia y conectó a ambos.

​La cinta reveladora

En 1996, se organizó que Benthal contara su versión de Roswell en una película. El difunto productor Mark Wolf (der.) estaba realizando un documental sobre el accidente de Roswell, y un breve segmento presentaría a Frederick Benthal.

Lamentablemente, las cadenas nunca eligieron el documental para emitirlo. El investigador y autor de Roswell, Tom Carey, estaba examinando su vasta colección de cintas relacionadas con Roswell de años anteriores y se encontró con una copia que había adquirido de este raro y olvidado video, que luego envió a este autor.

Se puede ver y escuchar a Benthal relatando su participación en Roswell aquí:




Más testimonios de Benthal

Stan Friedman comenzó a dialogar con Benthal en 1990. Benthal era un “testigo reticente” que necesitaba que lo convencieran para que se presentara y publicara y filmara su testimonio. El 5 de mayo de 1993, Benthal firmó una declaración ante notario (que ahora se cree que se encuentra entre los documentos que conservan los herederos de Friedman) en la que proporcionaba más detalles sobre su participación en Roswell. A partir de esta declaración y de otras entrevistas, Friedman relata en Crash at Corona información adicional sobre lo que Benthal había confesado:

“Una mañana entraron y nos dijeron: ‘Hagan las maletas y tendremos la cámara allí, lista para ustedes’. No sabíamos a dónde íbamos”. [Su cámara de prensa Speed ​​Graphic 4x5 estaba en el avión y, después de unas horas de vuelo, llegaron a Roswell.] "Subimos a un coche del personal con parte del equipo que habían traído con nosotros en camiones y partimos... alrededor de una hora y media... íbamos rumbo al norte.

"Llegamos y había un montón de gente allí, en una tienda de campaña cerrada. Apenas se podía ver nada dentro de la tienda. Dijeron: 'Prepara tu cámara para tomar una foto a quince pies de distancia'. Al Kirkpatrick se subió a un camión y se dirigió a donde estaban recogiendo piezas en otro sitio. Todo tipo de militares corriendo por ahí. Y nos decían lo que teníamos que hacer: ¡Disparen esto, disparen aquello! Había un oficial a cargo. Nos esperaba allí y entró en la tienda... se paró allí junto a nosotros y [dijo]: '¡Está bien, tomen esta foto!'

"Había cuatro cuerpos que podía ver cuando se disparaba el flash, pero estaba casi ciego porque era un día hermoso... soleado. Entrabas en una tienda de campaña, que estaba terriblemente oscura. Eso era todo lo que llevaba: cuerpos. Estos cuerpos estaban debajo de una lona, ​​y la abrían y tomabas una foto, apagabas el flash, ponías otro [tomabas otra foto] y le dabas el portapelícula (cada portapelícula contenía dos hojas de película cortada de cuatro por cinco pulgadas) y luego ibas al siguiente lugar.

"Supongo que había entre diez y doce oficiales, y cuando me preparaba para entrar, todos salían. La tienda medía unos 20 por 30 pies. Los cuerpos parecían estar tirados sobre una lona. Un tipo daba todas las instrucciones. Tomaba una linterna y bajaba allí: '¡Ves esta linterna!' ¡Sí, señor! '¿Estás enfocado con ella?' ¡Sí, señor! 'Toma una foto de esto'. Él se llevaba la linterna. Nos movíamos en círculo, sacando fotos. Me pareció que [los cuerpos] eran casi idénticos. De tez oscura. Recuerdo que eran delgados y parecía que tenían la cabeza demasiado grande. Saqué treinta fotos... creo que tenía unos quince portapelículas. Había un olor raro allí.

"Kirkpatrick regresó en un camión cargado de escombros. Había muchos trozos que sobresalían y que no estaban allí cuando despegaron. Nos informaron de nuevo en el camino de regreso al aeropuerto [Roswell Army Air Field]. Alrededor de las cuatro de la mañana siguiente, nos despertaron y nos llevaron al comedor, comimos, volvimos al B-25 y emprendimos el regreso. Cuando regresamos a Anacostia, un teniente comandante nos informó de nuevo".

En otro testimonio tomado en 1993, Benthal indicó que la sesión fotográfica tardó unas dos horas en completarse.

“Mi estuche de cámara, las cámaras y toda la película habían sido confiscados antes de que abandonáramos el lugar. [De regreso a la base] nos despertaron alrededor de las 4 a.m. de la mañana siguiente”. Explicó que después del desayuno, abordaron el B-25 y se dirigieron de regreso a Washington. Cuando regresaron a Anacostia, fueron interrogados nuevamente, esta vez por un oficial, un teniente coronel de apellido “Bibbey”, quien les preguntó si sabían lo que habían fotografiado. Benthal y Kirkpatrick respondieron: “Sí, señor”, a lo que el teniente coronel Bibbey les indicó que no sabían lo que habían fotografiado. Luego les volvió a hacer la pregunta, a lo que esta vez respondieron: “No, señor”. A Bibbey le gustó esta respuesta y respondió en voz alta, brusca y rápidamente: “¡Pueden retirarse!”.

Al recordar el episodio, Benthal observó: “No mucho después de eso, me asignaron a la Antártida para tomar fotografías de piezas de equipo militar para estudiar los efectos del frío en ellas”.

Corroboración del testimonio de Benthal

Se utilizaron fotógrafos de lugares lejanos para registrar los restos y los cuerpos


Cámara gráfica de velocidad 4x5 de los años 40

La corroboración de Benthal proviene de los fotógrafos de la propia base de Roswell. Se les excluyó del proceso de tomar y revelar fotografías de los restos y los cuerpos. En cambio, se pensó que era más prudente utilizar para este trabajo personal que no estuviera en la base, pero que fueran individuos sin vínculos con ella. Esto minimizaría el número de militares de la base de Roswell que presenciaron el accidente de la nave y sus ocupantes, habría menos personas de la base a las que se pudiera interrogar al respecto por parte de personas ajenas a ella y habría menos personal que hablara entre ellos sobre lo que habían presenciado. Ya tenían militares que participaban en la recuperación física y el almacenamiento temporal de los artefactos y cadáveres extraterrestres. No necesitaban ni querían ampliar el círculo de personal de la base para incluir a quienes fotografiaban esas cosas. Varios fotógrafos de la base entrevistados por los investigadores dijeron que se les “excluyó” del evento y que otras personas llegaron a la base que no les resultaban familiares, incluido personal que se decía que era de DC, donde Benthal estaba destinado.

Jim Remiyac era un soldado de primera clase de 20 años de la 3.ª Unidad de Fotografía en Roswell en julio de 1947. En 2013, este autor tuvo la oportunidad de hablar con su esposa sobre su tiempo allí. Ella y su esposo hablaron sobre el incidente del accidente a lo largo de las décadas, incluso mucho antes de todos los libros, revistas y programas sobre Roswell. Ella explicó que su esposo dijo que él y su unidad habían sido “excluidos de todo” y que “aunque deberían haber estado allí como lo estuvieron muchas veces antes por cosas similares, no los llamaron. Y también se preguntaron sobre esto después de los artículos de los periódicos. ¿Por qué? ¿Qué era tan especial?” Remiyac notó un aumento de la actividad de vuelo dentro y fuera de la base, y había escuchado rumores de que personas de Washington, DC estaban allí por un asunto serio. Los llamó “descarados”.

Gene Niedershmidt también estuvo asignado a la 3.ª Unidad de Fotografía en Roswell durante esa época y poseía autorización de alto secreto. También en 2013, este autor habló directamente con Niedershmidt, quien se hace eco de los recuerdos de Remiyac. Remiyac y Niederschmidt hablaron del incidente durante décadas y se mantuvieron en contacto. La señora Remiyac me proporcionó la información de contacto de Gene. Aunque normalmente los traían para fotografiar y documentar “todo tipo de accidentes”, Gene recuerda que no llamaron a nadie de su unidad para hacerlo cuando se trató de ese accidente específico en ese momento particular en julio. Gene sigue sintiéndose incómodo hasta el día de hoy sobre por qué es así.

Si se hubiera caído un proyecto altamente clasificado de cualquier tipo, la política de operaciones de la base exigiría una respuesta rápida y documentación visual. Si se hubiera caído un globo meteorológico, también fotografiarían muchos de ellos. Cualquier dispositivo aéreo que se estrellara cerca o sobre la base debía ser filmado. Cuando se le preguntó si se trataba de algo bastante mundano, Gene explicó que incluso tomaron fotografías de militares después de que habían estado en peleas los viernes por la noche, o del jeep estrellado de un soldado borracho, y “eventos” similares.

Nuevamente en 2013, este autor contactó y entrevistó a otro fotógrafo de Roswell. Calvin Cox era un soldado de primera clase de la 3.ª Unidad de Fotografía en la base de Roswell en 1947. Cox confirmó los relatos de Jim Remiyac y Gene Niederschmidt de que hubo un “apagón” de información y un “cierre” de su participación en la documentación del accidente. También recuerda rostros desconocidos alrededor de la base y sus áreas de actividad en el tiempo inmediatamente posterior al accidente. Señaló que se pensaba que algunos de estos visitantes de la base habían sido traídos desde DC, la ubicación del sargento Frederick Benthal.

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Una corroboración anterior de estos tres relatos proviene de una breve entrevista que se realizó con el gerente de operaciones de la unidad, Vernon Zorn. En el libro The Truth About the Ufo Crash at Roswell de Kevin Randle y Don Schmidt, publicado en 1991, Zorn confirmó que “sus hombres no tomaron fotografías del lugar del accidente”.

La mención de Benthal al general Curtis LeMay

Benthal dijo que le informaron antes de llegar a Roswell de que podría ver a algunos militares destacados en el lugar de trabajo al que lo llevarían. Entre ellos se encontraba el general Curtis LeMay, futuro jefe del Comando Aéreo Estratégico y jefe del Estado Mayor de la USAF. Aunque el propio LeMay no parece haber llegado a Roswell después del accidente, de hecho envió a su director de I+D, el general Laurence Craigie, al lugar. Curiosamente, fue Craigie quien más tarde autorizaría el establecimiento del proyecto oficial de estudio de OVNIs del gobierno, el Proyecto Sign (más tarde Proyecto Libro Azul). En 2008, este autor y el reportero Billy Cox entrevistaron al piloto personal de LeMay, Ben Games. Games tenía un doctorado y el rango de mayor. Registró más de 730 horas de vuelo en combate y, tras retirarse del ejército, dirigió varias compañías aéreas del Caribe. 

Games nos dijo que Craigie fue enviado por el general Curtis LeMay (der.) como su representante a Roswell para investigar el accidente. Games dijo que había llevado a Craigie a Roswell inmediatamente después del accidente, desde el Bolling Field en Washington hasta Roswell. Cabe señalar que el Bolling Field estaba adyacente a la base de Anacostia, donde estaba asignado Frederick Benthal, y compartía instalaciones con ella.

El hecho de que Benthal haya hablado de LeMay en relación con Roswell es asombroso. Benthal mencionó a LeMay 18 años antes que Ben Games.

Tiendas de campaña en el desierto

Benthal menciona que se habían instalado tiendas de campaña en el desierto, una de ellas en la que se encontraban los cuerpos. Un funcionario de Roswell llamado Ed Sain menciona las “tiendas de campaña en el desierto” en el lugar del accidente del OVNI en Roswell. Entrevistado por Tom Carey en 2005, Sain dijo que lo llevaron al lugar del accidente al norte de la ciudad en una ambulancia y que protegió los cuerpos que se encontraban en una tienda de campaña en el desierto antes de que fueran transportados a la base. Se autorizó el uso de fuerza letal para mantener a las personas no autorizadas fuera de la tienda. Sain también mencionó a su compañero, el cabo Raymond Van Why, como alguien que había estado con él. Van Why estaba muerto, pero su viuda Leola confirmó a Carey que su marido le había contado en 1954 que había vigilado el lugar del accidente de la nave espacial. La mención de Benthal de las “tiendas de campaña en el desierto” en el lugar de recuperación del accidente se produjo varios años antes de que otros lo mencionaran.

Un militar llamado Bibbey

“Bibbey” es un nombre extremadamente poco común en los Estados Unidos. De hecho, según los datos de la Oficina del Censo de los EE. UU. analizados por mynamestats.com, se estima que solo hay entre 131 y 178 personas con el apellido “Bibbey” en el país. Pero “Bibbey” es el apellido que le dio Frederick Benthal cuando nombró al oficial que lo interrogó después de regresar de Roswell a la Estación Aérea Naval de Anacostia.

Increíblemente, de hecho hubo un hombre con el apellido “Bibbey” que apareció en la fotografía militar naval en la década de 1940. Una de sus fotos se puede ver aquí, con su nombre adjunto en la parte inferior derecha de la imagen: Fotografía de la unidad de la 7.ª Compañía de Entrenamiento, Estación de Entrenamiento Naval de Newport, 1940 | Las colecciones digitales del Museo Nacional de la Segunda Guerra Mundial: Historias orales (ww2online.org). Es muy probable que este “Bibbey” sea el mismo al que se refería Benthal.

El propósito especial de Anacostia

Aunque es más conocida por sus pruebas de aeronaves y la investigación relacionada, es menos conocido que durante la Segunda Guerra Mundial Anacostia se convirtió en la sede del Laboratorio de Ciencias Fotográficas Navales de los EE. UU. (NPSL). Se estableció bajo el mando militar del Jefe de la Oficina de Aeronáutica de la Armada como la división principal para tomar, procesar y analizar fotografías, a menudo para misiones altamente especializadas y clasificadas para todas las ramas del ejército.

No es sorprendente que un fotógrafo altamente capacitado de Anacostia recibiera la tarea de documentar a los extraterrestres descubiertos muertos en el desierto hace décadas. Ese hombre era Frederick Benthal.

Agradecemos a Tom Carey por su ayuda en la investigación.




Modificado por orbitaceromendoza

jueves, 1 de agosto de 2024

Sobrevivir como científico entre creyentes y escépticos

Sobrevivir como científico entre creyentes y escépticos
por Avi Loeb


Imagen ilustrativa.

En una reciente entrevista con el periodista John S. Lewinski, me preguntaron cómo mantengo una postura científica estable sobre el tema de los fenómenos anómalos no identificados (FANI), que tanto polariza a creyentes y escépticos.

Primero, expliqué el contexto. Avril Haines, directora de Inteligencia Nacional, presentó tres informes al Congreso de los Estados Unidos en los últimos tres años, en los que reveló la existencia de objetos en el cielo cuya naturaleza no está clara, etiquetados como FANI.

Obviamente, hay una gran cantidad de objetos creados por el hombre en el cielo, incluidos globos, drones, aviones y satélites, así como objetos espaciales que caen a la Tierra, como meteoritos o escombros de satélites rotos. El presupuesto militar de los Estados Unidos representa el 38% del gasto mundial global de 2,44 billones de dólares. Como resultado, Estados Unidos debe tener más datos sobre UAP que cualquier otra nación.

El debate se complica por el hecho de que las naciones líderes están desarrollando objetos voladores basados ​​en tecnologías del futuro. Estos objetos avanzados podrían aparecer ante el público como UAP, cuando participan en operaciones encubiertas. Para ocultar estas capacidades secretas, el complejo militar-industrial preferiría inyectar fantasías sin fundamento sobre visitas extraterrestres en el discurso público, y de esa manera confundir y desacreditar los informes de espectadores inocentes que observan tecnologías clasificadas por casualidad. Con interpretaciones de otro mundo, los testimonios de testigos oculares son descartados por los detractores y la conversación se ve empañada por la incredulidad. De manera similar, un programa gubernamental asociado con la recuperación e ingeniería inversa de materiales recolectados en lugares de accidentes de objetos fabricados por naciones adversarias podría ser etiquetado como centrado en extraterrestres para confundir a las agencias de inteligencia extranjeras. Para separar los hechos de la ficción, es necesario ver evidencia material que respalde el testimonio sincero de un testigo presencial sobre dicho programa de UAP, brindado bajo juramento por David Grusch hace un año, el 26 de julio de 2023.

La Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO, por sus siglas en inglés) del Pentágono concluyó recientemente que el 97 % de los informes históricos de UAP del ejército pueden explicarse como de origen "terrestre". Si bien esto puede parecer un relato impresionante desde una perspectiva de seguridad nacional, no aborda la cuestión científica central de si uno de cada millón de objetos en el cielo podría ser de origen extraterrestre.

La única forma científicamente responsable de abordar esta cuestión es mediante la construcción de observatorios dedicados y bien calibrados que monitoreen todo el cielo en todo momento desde una gran cantidad de ubicaciones. El flujo de datos identificaría objetos familiares como fondo y cuantificaría estadísticamente cuán raro es un UAP en términos de su trayectoria o propiedades físicas. Esta es la razón detrás del Proyecto Galileo. El cielo no está clasificado.

Hasta ahora, el observatorio del Proyecto Galileo en la Universidad de Harvard observó todo el cielo cerca de Boston, Massachusetts, durante 8 meses y recopiló datos sobre unos 100.000 objetos cada mes. El equipo de investigación de Galileo está analizando actualmente los datos con un software de aprendizaje automático. Hasta ahora, el análisis preliminar de los limitados datos recopilados hasta ahora no revela la presencia de UAP. El Proyecto Galileo está actualmente en proceso de construcción de dos observatorios adicionales, uno en Colorado y otro en Pensilvania, con la esperanza de obtener datos sobre millones de objetos el próximo año. Dentro de una década, nuestros datos científicos acumulados podrían mejorar las restricciones estadísticas sobre la tasa de aparición de UAP en un factor de un millón en comparación con el informe de AARO.

El hecho de disponer de un gran número de cámaras en los teléfonos móviles no ayuda a detectar objetos raros o tenues, por la misma razón que 8.000 millones de personas no pueden ver a simple vista las primeras galaxias en el amanecer cósmico. El espacio es vasto y las fuentes de luz tenues sólo pueden detectarse con equipos caros, como el telescopio Webb, cuyo precio asciende a diez mil millones de dólares. Los observatorios astronómicos convencionales se centran en una pequeña parte del cielo en un momento dado y a menudo ignoran los objetos que vuelan a baja altitud. Podemos buscar “llaves” extraterrestres bajo la brillante farola del Sol. Pero incluso a distancias comparables a la separación entre la Tierra y el Sol, nuestros mejores telescopios de sondeo, como el Pan-STARRS en Hawai o el futuro Observatorio Rubin en Chile, son sensibles a la luz solar reflejada por objetos más grandes que el Starship, el cohete más grande jamás construido por el hombre. Los objetos mucho más pequeños, como los CubeSats interestelares, sólo pueden detectarse muy cerca de la Tierra o si se queman en la atmósfera terrestre como los meteoros. La detección del meteorito interestelar IM1 por los satélites del gobierno de Estados Unidos sugiere que en un momento dado hay alrededor de un millón de objetos interestelares del tamaño de un metro dentro de la separación entre la Tierra y el Sol. Como no podemos observarlos, simplemente no sabemos si hay restos tecnológicos de civilizaciones extraterrestres entre la vasta colección de rocas interestelares. Las incógnitas desconocidas dejan abierta la posibilidad de que haya dispositivos extraterrestres funcionando cerca de la Tierra.

La investigación científica necesaria para abordar esta cuestión se ve desafiada por un feroz debate entre escépticos y creyentes que tienen opiniones firmes pero no están involucrados en la difícil tarea de recopilar nuevos datos. Algunos de los escépticos se llaman a sí mismos "científicos" o "astrofísicos", aunque su historial muestra que no publicaron un solo artículo científico en la última década. Aspiran a proteger la ciencia sin involucrarse en el proceso científico de recopilar y analizar datos. Esto es similar a los críticos de libros que pretenden ser escritores y apuntan a proteger la profesión literaria criticando a los escritores reales. Las afirmaciones de estos escépticos dan poder a los creyentes para hacer lo mismo con el punto de vista opuesto, creando una polarización tan extrema como la que prevalece en la política. Un científico como yo, que está dispuesto a dedicar el trabajo extensivo que se requiere para dirigir el Proyecto Galileo, está expuesto a ataques personales de ambos lados.

Estas circunstancias son desafiantes por dos razones: primero porque tanto los escépticos como los creyentes están preocupados de que los nuevos datos violen sus prejuicios, y segundo porque establecer un marco experimental y recopilar evidencia científica requiere mucho más trabajo, tiempo y dinero que tener una opinión.

El desafío es inherente al hecho de abordar una cuestión científica que es de gran interés para el público. Hace mil años, muchos creían que el cuerpo humano no debía ser diseccionado para no dañar el alma incrustada en él. Por mucho que las operaciones médicas fueran controvertidas en ese momento, el coraje de los científicos para abrir el cuerpo humano sentó las bases de la medicina moderna que ha salvado muchas vidas desde entonces.

¿Es la ciencia más simple que la política? Solo es fácil separar la ciencia de la política en cuestiones que no le importan al público.

En ese momento, John señaló: “Estoy de acuerdo. Muchas gracias, profesor Loeb. Esto es todo lo que necesitaba saber”.



Modificado por orbitaceromendoza