El siguiente informe reúne y condensa dos artículos publicados por el
autor en la revista española Stendek (l), en los años 1978 y 1981, y se
refiere a uno de los más controvertidos casos producidos en la
Argentina. Por la trascendencia periodística y la desatada polémica
creada en torno al suceso, resulta interesante hacer una detallada
descripción del episodio y formular nuestras consideraciones sobre el
mismo.
El relato
Dionisio Llanca es un camionero nacido en
Ingeniero Jacobacci, RN, el 1 de enero de 1948, quien contó que
cambiando una rueda de un camión, en la ruta nacional 3, a unos 17 (o
19) kilómetros de Bahía Blanca, había tenido contacto con tres seres
supuestamente extraterrestres.
El sábado 27 de octubre de 1973
Llanca se levantó tarde de dormir, ambuló por la modesta casa pintada
de verde y por la calle Chubut, un barrial ubicado a diez minutos del
centro urbano, y dice haber hablado de asuntos triviales y cotidianos
con su tío político Enrique Ruiz. Almorzó y se echó a dormir la siesta
porque tenía que manejar durante la noche. Se despertó cerca de las seis
de la tarde y se instaló frente al televisor viendo una serie
policial. A las diez de la noche cenó con su tío un bife, una ensalada y
un jugo de frutas. Unos minutos más tarde de la medianoche Llanca se
puso la campera, dice haberse despedido de su tío y se dirigió a su
camión Dodge 600 que tenía estacionado a ocho cuadras de su casa,
debiendo conducirlo hasta Río Gallegos, en un monótono viaje de dos
días.
Llanca se dirigió entonces a una estación de servicio a
cargar combustible. Allí descubre que la rueda trasera-derecha estaba
bastante baja y perdiendo aire. A pesar de sus doce años -según dice- al
volante de camiones (¿¡tendría 13 años cuando comenzó en este
oficio!?), y de hallarse abierta una gomería a unos 200 metros del
lugar, inexplicablemente, decide sin motivo aparente continuar viaje y
cambiarla sobre la ruta, durante las horas de la noche, pues la cámara
del pesado vehículo no demoraría en estar completamente desinflada.
Y
así fue como el camión empezó a bambolear sobre la ruta. La goma estaba
pinchada. Habían transcurrido apenas 45 minutos, y se encontraba a unos
17 km al oeste de Bahía Blanca (Km. 705), a un costado de la ruta nacional
3, en un paraje donde hay un bosquecillo y una porción de agua
estancada. A pesar del frío de la madrugada, ya que eran la una y quince
del domingo 28, decide bajar provisto de las herramientas necesarias
para cambiar la rueda. La ruta -afirma- estaba desierta.
 |
| Encuentro de Llanca con tres seres. |
Se
encontraba en plena tarea, cuando el camino se iluminó en dirección a la
ciudad de Bahía Blanca, con una intensa luz amarillenta que parecía
estar localizada a unos dos mil metros. Le llamó la atención, pero por
el color pensó que eran los faros de un automóvil Peugeot y siguió
trabajando. Pasaron unos segundos. Llanca estaba de espalda a la luz y
cree recordar que la misma se tornó intensamente luminosa, capaz de
cegarlo por un instante. Ya no era amarillenta, sino azulada. Estaba de
rodillas e intentó alzarse, pero no le respondían sus fuerzas. Le
había invadido una sensación de desgano. A pesar, atinó a darse vuelta y
mirar hacia la arboleda que estaba a un costado del camino. Entonces
vio un objeto de grandes dimensiones, con forma de plato, suspendido en
el aire, a unos siete metros de altura, y tres personas a sus espaldas
que le miraban fijamente. Otra vez intentó levantarse, pero fue en vano.
El decaimiento era total, y se dio cuenta que ni siquiera podía
hablar.
Las tres personas estuvieron mirándolo unos cinco
minutos. Eran dos hombres y una mujer. Ella estaba en el medio de los
dos hombres. Todos eran rubios y los varones estaban peinados para
atrás. Los tres tenían la misma altura, un metro setenta o setenta y
cinco, y vestían de igual manera: buzos enterizos color gris plomo muy
ajustados al cuerpo, botas tres cuartos color amarillo y guantes largos
del mismo color. No tenían cinturones, ni armas, ni cascos, ni nada más.
Sus
rostros no se diferenciaban del de los humanos, pero tenían frente muy
despejada y ojos rasgados, un poco saltones; semejantes a los personajes
de historietas. Hablaban entre ellos en un lenguaje incomprensible; no
empleaban vocales y sonaba
“como una radio mal sintonizada, con
chillidos y zumbidos”. Uno de ellos tomó del cuello de la campera a
Llanca y lo alzó con firmeza, pero sin violencia. Mientras el que lo
había levantado lo sostenía, el otro individuo masculino le puso un
pequeño aparato en la base del dedo índice de la mano izquierda. Se lo
aplicaron unos segundos, sin dolerle. Cuando se lo retiraron, tenía dos
gotas de sangre en el dedo. En ese momento dice haber perdido el
sentido, cree haberse desmayado.
El protagonista despierta, se
encuentra tirado junto a unos vagones, dentro de los corrales de la
Sociedad Rural de Bahía Blanca, exactamente a nueve kilómetros
seiscientos metros del punto donde se produjo el encuentro. Caminó sin
rumbo preciso, aunque siguió la ruta. No recordaba ni su nombre, ni el
episodio, ni el camión, ni su domicilio, sin embargo, calcula con
exactitud que eran las tres de la madrugada, advirtiendo además que
había extraviado su reloj. Estaba mareado y tenía frío.
Fue
entonces a la comisaría 1ª de Bahía Blanca, balbuceando frases
incoherentes respecto al problema que había tenido. Como el personal
policial no quería perder tiempo tramitando su detención, dado el
aparente estado de ebriedad en que se hallaba, no le dispensa mayor
atención.
A las 7,30 horas Llanca ingresó al Hospital de Bahía
Blanca y recién al día siguiente parece haber recordado lo sucedido,
notando que además del reloj, le faltaba el encendedor y los
cigarrillos. No obstante, en el bolsillo del pantalón conservaba el
dinero que llevó al salir. Preguntó por su camión y le dijeron que la
policía lo había encontrado estacionado sobre la banquina con el gato
puesto y una goma lista para ser cambiada. En la guantera, intactos,
estaban los documentos.
El peritaje médico-psicológico
En
la hoja 103 del libro de entradas de la guardia del hospital se lee:
“Nombre: N. N. Lugar del accidente: ruta Nro. 3, detrás de El Cholo.
Causa: dice que una luz muy fuerte lo encegueció, que era un plato
volador, y no recuerda más. Vio dos hombres y una mujer muy rubios.
Lesiones: traumatismo de cráneo, frente temporal derecho con amnesia
total”.
Dionisio Llanca es examinado luego por el traumatólogo y
forense Ricardo Smirnoff, quien dice que el sujeto
“no presenta lesiones
visibles, pero se resiste a que le toquen la cabeza, como quien tiene
allí localizada una profunda dolencia. Apenas son percibidas unas casi
inadvertidas excoriaciones sobre el párpado izquierdo”.
En la tarde del día 29 se recupera y accede a someterse al pentotal,
intentando establecer así lo sucedido en esas horas. Sin embargo, se va
del hospital y regresa a la casa de su tío, ubicada en la calle Chubut
al 1600. Preso de ansiedad por unas pesadillas que afirma padecer, se
dirige al psiquiatra Eduardo Mata en busca de ayuda. Se produce una
segunda pericia a manera de internación sugerida por Mata, y esa noche,
éste convoca a un grupo de profesionales, médicos y psicólogos. Se le
administran algunos tests y el camionero dibuja los extraños ocupantes
del plato. Finalmente, se le practica un electrocardiograma y el
camionero vuelve a la casa del tío, con el compromiso de presentarse en
el consultorio del médico Mata en la noche del 6 de noviembre. Pese a
lo convenido, no cumple con la cita y los profesionales deciden llegarse
hasta su vivienda de la calle Chubut. Dionisio había cenado
abundantemente y tomado unos vasos de la providencial bebida que honra a
su nombre (Dionisos, dios griego del vino). Esto impide que se le
administre pentotal pero, en cambio, se realiza la primera sesión de
hipnosis.
El plantel estaba dirigido por Eduardo Mata y Eladio
Santos. En esa primera sesión, muchas preguntas llevaban implícita la
respuesta de Llanca, quien habría manifestado:
“Subo con los dos
hombres por un rayo de luz. El piso es como plomo, plateado, hay una
sola ventana, redonda. Parece un barco. Hay muchos aparatos, muchos, hay
dos televisores, una radio. En uno de los televisores se ven las
estrellas. Me habla la radio, en castellano (español), y me dice que no
tenga miedo, que son amigos, que vienen desde hace mucho tiempo… No
dijeron de dónde venían porque eso era un secreto para ellos… Ellos han
hablado con otros hombres de la Tierra desde el año 1950… Quieren saber
si podemos vivir en la Tierra con ellos… Arriba de una mesa tienen un
encendedor, junto con el reloj y un paquete de cigarrillos… La mujer se
pone un guante negro, con unas tachuelitas en la palma; se acerca, me
toca… Caigo, caigo lentamente en un potrero. Ellos me han dicho que
volverán a buscarme porque soy un buen muchacho… Siento frío. Llego a la
ruta y empiezo a caminar… ¿Quién soy?, ¿quién soy?”.
A esta
primera sesión de hipnosis le sucederán otras dos y una de pentotal.
Todo lo dicho por este único testigo y protagonista del suceso ha sido
registrado en varias horas de grabación, pero reservadas. A excepción de
la primera, en cada una de la sesiones, el camionero parece repetir
exactamente lo mismo, como un calco.
Sentado en el centro del
recinto, Llanca dice haber visto frente a él un instrumental o tablero.
Tiene una palanca hacia su mano izquierda. Otra mira a través de esa
mampara vidriada, hacia donde se ve el firmamento estrellado, ubicado a
la izquierda del protagonista. Hay dos pantallas también a su izquierda
donde se observan las estrellas de colores, que él dibuja en trance. La
mujer está a su derecha moviendo otro instrumental en una gran mesa y
oficia de asistente.
Pasan unos minutos y por debajo del navío ve
desplegarse (NdR: ¿desde esa perspectiva?} dos mangueras o cables
flexibles, uno tomando contacto con el charco de agua y el otro con un
cable de alta tensión.
Posteriormente -siguiendo el relato del camionero- la mujer se quita el
guante de su mano derecha y se coloca uno negro que tiene punzones en la
palma, y al instante de intentar colocarlo en el temporal de Llanca, le
pega en raro movimiento en el arco superciliar izquierdo produciéndole
al pobre testigo un pequeño hematoma. Luego lo coloca certeramente en la
cabeza del protagonista.
 |
| Lugar en donde Dionisio Llanca afirma haber sido dejado. |
Después de una hora, aproximadamente,
se abren las compuertas del navío espacial y lanza un haz de luz,
colocando a Llanca con suavidad en el suelo de los corrales de la
Sociedad Rural, entre varios vagones estacionados, en las vías del
Ferrocarril Roca.
Se le administran pruebas de capacitación, y en
ellas Llanca revela una aptitud mental muy escasa. Una batería de tests
los toma en Bahía Blanca la licenciada en Psicología Nora Milano, y los
continúa en Buenos Aires el doctor en Psicología Héctor A. Solari,
indicando todos ellos una psique de nivel muy bajo, sugiriendo que
Llanca no sería capaz de inventar, o narrar, por sí solo una historia
tan compleja como la expuesta.
La investigación
El
testimonio de Dionisio Llanca se sustenta en que habría contado -bajo
sugestión hipnótica y narcoanálisis-, desde la segunda sesión, siempre
la misma historia y repitiéndola casi mecánicamente, aunque empleando un
lenguaje limitado y desprovisto de recursos expresivos.
 |
| Dibujo de lo aparentemente observado por el testigo. |
Las
circunstancias descritas, desde luego, no llegan a configurar una prueba
definitiva de la presunta autenticidad. Por el contrario, sumados a los
datos obtenidos a través de una indagación racional, han permitido
elaborar unas hipótesis interpretativas del resonado caso de Villa
Bordeu. Estas son algunas de las consideraciones a tener en cuenta:
1.-
Las declaraciones de D. Llanca indican que su viaje a Río Gallegos
estaba previsto y que su tío Enrique Ruiz se hallaba enterado por
anticipado del proyectado viaje. No obstante, éste niega dicha versión y
señala que no tenía conocimiento de que su sobrino tuviere pensado
hacer un viaje esa noche. Grande fue su sorpresa al levantarse y hallar
una nota que decía haberle salido un viaje urgente, de improviso.
2.-
Llama la atención que el lugar precisado como el lugar del encuentro, y
ulterior abducción, sea frecuentado por camioneros que acostumbran
pasar la noche allí, más aún los fines de semana. Curiosamente, Llanca
declara no haber detectado la presencia de persona alguna o vehículo en
el área.
3.- En la situación en que Llanca había “despertado”
fuera del camino, ignorante de quién era, qué hacía, etc., recuerda a
pesar de todo, que había perdido su reloj y que eran las tres de la
mañana. En tanto, Llanca parece haber caminado en estado de confusión
mental varios kilómetros hasta la ciudad.
4.- El médico Ricardo
Smirnoff manifestó su contrariedad por la desmedida publicidad que se le
había dado al caso, puesto que no estaba científicamente comprobado,
estimando conveniente efectuar nuevas sesiones de hipnosis, pues las
mismas no fueron efectuadas correctamente. Citó como ejemplo la cantidad
de preguntas inducidas o tendenciosas que fueron formuladas en las
distintas sesiones.
Por su parte, el Dr. García del Cerro -otro
de los facultativos que intervinieron en esa primera investigación-,
expresó tener grandes dudas sobre el testimonio de D. Llanca, aunque
prefirió reservar sus motivos. La psicóloga Nora Milano coincide con
Smirnoff al afirmar también que los interrogatorios fueron mal llevados y
que una reconstrucción hecha bajo hipnosis, le dio
“la impresión de
haber sido ensayada”.
5.- Poniendo en relieve sus singulares
dotes de simulador, en ocasión anterior al suceso, Llanca fingió ser
mudo ante unos estudiantes de la Universidad del Sur, en Bahía Blanca,
logrando que le costearan varios almuerzos y desayunos. Se hallaba
entonces con una venda en la garganta y comenzó un diálogo mediante
papeles escritos, haciéndoles saber de su lamentable condición,
mencionando haber sido operado por un médico en el Hospital Militar.
Cuando los incautos estudiantes efectuaron algunas diligencias para
localizar al galeno, el buen señor Llanca simplemente desapareció de
escena.
“Aparentemente, dicho médico existía sólo en la imaginación de
Llanca”, expresó el joven Alberto Cordero.
6.- La noche del
martes 3 de abril de 1974, recién llegado de Comodoro Rivadavia, Llanca
apareció en un restaurante ubicado entre las calles Thompson y Donado,
de Bahía Blanca, manifestando en la oportunidad que
“el 80% de lo que
dijeron las revistas era falso”. En tanto el médico García del Cerro
afirmó que lo publicado se ajusta a lo testimoniado por Dionisio Llanca…
7.-
La comisión policial halló abandonado el camión de Llanca en el lugar
indicado y las huellas de sus neumáticos al apartarse de la ruta y
detenerse en la banquina embarrada, así como algunas huellas de pisadas
que correspondían en su totalidad a Llanca, pero ningún indicio de la
presencia de otros individuos en el sitio preciso.
8.- Según se
afirmó en la oportunidad, esa noche se produjo un aumento desmesurado en
el consumo de energía eléctrica, cuando lo que ocurrió en realidad fue
un fallo en el suministro, originado por un cortocircuito en la
subestación de Ing. White, situada a unos 25 km al este del lugar donde,
presuntamente, el “OVNI” había tomado contacto con los cables de alta
tensión.
9.- En marzo de 1976 Dionisio Llanca estuvo en Buenos
Aires diciendo que había tenido un nuevo contacto con los tripulantes
del plato volador, quienes vendrían a buscarlo en unos días, en Monte
Grande. Nada se supo al respecto, pero sí que Llanca continuó rondando
por varios lugares del país, internado durante algún tiempo en el
Hospital Neuropsiquiátrico de Rawson, Chubut.
10.- A pesar que el
pretendido testigo fue deliberadamente escondido en varias ocasiones
“para no interferir en las investigaciones”, de los estudios
psicológicos sólo se informó que el sujeto acusaba un nivel de psique
muy bajo como para urdir semejante historia (sic). Sin embargo, lo que
no se había revelado claramente es que esos tests indicaban sin lugar a
dudas que Dionisio Llanca padece “una debilidad mental bien definida” y
“signos comiciales de una evidente falta de sinceridad”.
11.-
Trascendidas las conclusiones del estudio psicoclínico efectuado el 31
de julio de 1974, en Buenos Aires, por el psicólogo Dr. Héctor A. Solari
(M.N. 246), profesional interviniente, señalan que:
“Las pruebas
psicométricas y proyectivas confirman lo presupuesto en la entrevista
clínica, D. Ll. presenta una personalidad de tipo epiléptica, con
ciertos rasgos de índole histérica. Sus mecanismos de defensa en cierto
modo estereotipados son la negación y la represión. D. Ll. transita
dentro de un círculo vicioso de inseguridad y temor que alimenta, a su
vez, su agresividad y hostilidad hacia el medio ambiente, impidiéndole
establecer buenas relaciones interpersonales”.
Y finaliza:
“En
cuanto a la investigación del hecho ocurrido en Bahía Blanca, sin dudar o
no de lo relatado por D. Ll., en mi consideración el testigo no es
hábil como tal”; aconsejando
“a nivel asistencial, la posibilidad de
encarar una terapia farmacológica y psicoterapéutica adecuadas”.
Consideraciones finales
 |
| Gráfico que detalla lo supuestamente acontecido. |
Debemos
mencionar a las primeras investigaciones que alertaron sobre la
probable mixtificación del episodio, formulada por Daniel Dimieri y
Horacio Alaimo, de Bahía Blanca; y a la más reciente realizada por
Guillermo Roncoroni, de Buenos Aires, las cuales han permitido -en
ambos casos- ampliar y corroborar aquellas sospechas.
Lo expuesto
hasta aquí se constituye, pues, en prueba suficiente para descalificar
al único testigo y protagonista del caso y, como consecuencia reducir a
la minina expresión la fiabilidad del testimonio ofrecido.
A
pesar, hemos de considerar seguidamente tres aspectos fundamentales de
la investigación, de los que pueden desprenderse algunas hipótesis
explicativas:
a)
La lesión cerebral: En el primer informe que
hemos publicado denunciamos que Dionisio Llanca tenía una lesión
cerebral que jamás había sido revelada por quienes abordaron el caso
apenas ocurrido. Ante nuestra inquisitoria, se nos adujo que
“¡fueron
los extraterrestres quienes se la produjeron con el guantazo!”. Sin
alcanzar a comprender cómo era posible que semejante aspecto de la
investigación no fuere considerado, hasta silenciado, sólo se adujo que
“este tema es también muy difícil de encarar…” (¿!), agregando que tal
lesión, en el lóbulo temporal derecho, se produjo en extrañas
circunstancias (2).
Sin embargo, no hay indicios firmes de que la
lesión haya sido provocada (pudiendo ser congénita) y, menos aún, por
los ocupantes de la nave. Si se pretende explicarlo de este modo,
recordemos que el hematoma que supuestamente le ocasionaron a Llanca se
encontraba en el arco superciliar izquierdo, en la zona del lóbulo
frontal, y difícilmente pudo haber repercutido sobre el temporal
derecho, situado en otra región craneana.
En cambio, la versión
que aporta Roncoroni señala que se trataba de una lesión cerebral
cruzada localizada en el lóbulo occipital, remitiéndose al testimonio
que habría ofrecido uno de los facultativos. A ese respecto, hemos de
describir los signos fundamentales de las lesiones localizadas en esta
área.
Tales lesiones suelen provocar trastornos de tipo visual,
tales como alucinaciones visuales de centelleos, bolas o puntos
luminosos. Al lado de los sensovisuales existen alteraciones
psicovisuales cuando se afecta, en particular, la cara externa del
lóbulo occipital. Se origina entonces una ceguera psíquica: el sujeto ve
a los objetos, pero no los identifica. La presunción de este síndrome
en Dionisio Llanca se muestra llamativa y propondría un replanteo sobre
la generación de los hechos.
b)
El coeficiente intelectual: Otro
de los factores que respaldan ese argumento es el grado de inteligencia,
o coeficiente intelectual (CI) pobrísimo que presenta Dionisio Llanca:
se encuentra en el límite de la deficiencia mental.
Lo
importante por destacar es que, cuanto menor es el CI, menos confiable
ha de ser la opinión del sujeto, porque el juicio o valoración sobre los
objetos y situaciones (la realidad perceptual) son apreciados y
comprendidos por él a través del prisma de su capacidad intelectiva. De
ahí que se admite científicamente que el individuo con bajo coeficiente
es proclive a la fabulación, al situarse más distante de la realidad que
lo circunda.
En tal sentido, es probable que D. Llanca acuse un
nivel intelectual muy bajo como para urdir conscientemente y por sí solo
semejante historia. Pero lo más notable sea quizá que un sujeto con tal
dotación mental, jamás habría podido observar y describir tan
abundantes y ricos detalles de su experiencia.
Caben estas explicaciones para la aparente incongruencia:
l.
la inducción de situaciones imaginarias -consciente o inconsciente-
mediante la técnica de introyección psíquica por parte de otras
personas, antes o durante las pruebas hipnóticas.
Al parecer, es
factible crear en la psique de un individuo una historia que tendrá que
contarse de nuevo únicamente en estado hipnótico. Por ejemplo, por
“inducción psíquica” a través de medios audiovisuales (un “buen
dibujante” que construyó una secuencia gráfica del suceso, pudiere
haber ayudado a fijar en la mente de Llanca lo que luego habría
descripto o repetido).
2. la creación de fantasías oníricas, exclusivamente en el ámbito del testigo.
Es
posible que Llanca tuviere un paroxismo parcial, conforme a lo que
revela el psicodiagnóstico anteriormente citado (punto 11, personalidad
de tipo epiléptica, etc.), de características sensitivas e ideativas. O
bien, que Llanca haya sufrido inicialmente un trastorno visual
provocado, quizá, por un golpe accidental mientras cambiaba la rueda al
momento de observar “la luz amarilla que avanzaba por la ruta”, cuyo
origen pudo ser los faros de un automóvil. Víctima de un estado de
profunda confusión mental, fue presa de sus propias fantasías y
temores, y de las ajenas, con la añadición y deformación de toda una
historia con extraterrestres.
c)
Hipnosis y narcoanálisis: Lo que
ha procurado darle fuerte sustentación al incidente fueron las
declaraciones de Dionisio Llanca hechas bajo hipnosis y pentotal que,
como la ciencia lo afirma, son de acuerdo a la verdad concebida por el
sujeto, ya que difícilmente (aunque no es imposible) se podría
mixtificar bajo sus efectos. Así es como en muchos casos refleja la
realidad de los acontecimientos, pero no siempre.
Precisamente,
uno de los factores que estimulan la creación de fantasías oníricas es
este tipo de pruebas. Incluso, parece probable que quienes presentan
lesiones como las descritas y, todavía, con un bajo coeficiente (CI), se
encontrarían más propensas a alucinar objetos y situaciones.
A
esto debe sumarse también que para la realización de las pruebas se han
empleado algunos especialistas vinculados previa y favorablemente al
tema OVNI, lo que implica un convencimiento de los propios hipnólogos a
través de sus deseos o convicciones. Quieren de este modo un resultado
afirmativo e inducen la respuesta. Asimismo, cualquier persona sometida
a una presión psicológica a cargo del agente, por zafarse de esa
presión, puede narrar hechos que nunca ha visto o experimentado.
Por
las razones apuntadas, las confesiones o declaraciones efectuadas bajo
hipnosis no son válidas en ningún tribunal, como tampoco lo son las que
se producen estimuladas por cualquier tipo de drogas (pentotal,
thionembutal, etc.).
En suma, el valor de las drogas y pruebas
hipnóticas ha sido muy discutido, pero se admite que en ese estado
inconsciente no hay garantía de que lo afirmado por el sujeto sea
cierto, pues es muy frecuente que se trate de un delirio oniroide, en el
cual el individuo habla de lo que desea o teme que haya sucedido, más
de lo que en realidad ha pasado.
Como ocurrió en España, cuando
el novelista y viejo tahúr de la ufología hispana Antonio Ribera
pretendió forjar y sostener el llamado “Caso Perfecto” de Aluche (4), el
episodio argentino tampoco ha podido resistir a una desapasionada
investigación. Por consiguiente, con el peso de los datos disponibles,
creemos que ya no será posible seguir afirmando clamorosamente que el
testimonio de Dionisio Llanca respecto al caso de Villa Bordeu merece
alguna confianza.
Notas asociadas
Anexo 1
 |
| Lugar del pretendido incidente. |
De Bettina Allen: Un año después de aparecer aquel primer artículo (vse.
ref.1), la Lic. Bettina Allen, estrechamente vinculada a la
controvertida investigación, parece haber querido salvar los papeles, al
señalar:
“El efecto fenómeno OVNI no es inmediato, es muy posterior y
fácilmente enmascarable con cualquier anomalía psicológica".
“Se
han observado dos factores que producen las anomalías mencionadas: a)
Sugestión post-hipnótica por parte de los tripulantes del Vehículo No
Identificado hacia sus testigos; b) Captación de la longitud y
frecuencia de onda mental de los testigos por parte de los ocupantes de
la nave y, a posteriori, tentativas de contacto telepático con los
mismos (…)".
“Los efectos post-avistamientos son altamente
marcados dado que se encuentran bajo la influencia de los factores a y b
inducidos por parte de sus captores, los extraterrestres, que lo
secuestraron aquel 28 de octubre de 1973 en las cercanías de Villa
Bordeu".
“En varias ocasiones privadas con él pude comprobar que
el hombre no logra unificar su sentir y su actuar. Una fuerza superior
lo lleva a comportarse de forma extraña, casi demencial".
“Dicha
actuación da lugar, como es muy lógico, a la negación de la realidad del
caso. Las órdenes post-hipnóticas que, hasta el día de hoy es víctima
Dionisio Llanca, no son las normales que se imparten a un paciente. Son
contradictorias, carentes de armonía, casi demenciales. Se encuentra a
merced de costumbres desconocidas para el género humano, pero su
desconocimiento del lenguaje psíquico extraterrestre lo lleva a actuar
de manera infraterrestre” (en: “Consecuencias de…, Cuarta Dimensión, N°
70, Bs.As., dic.1979, ps.50/52).
Anexo 2
 |
| Hilary Evans. |
De Hilary Evans: El episodio ocurrido en la madrugada del 28 de octubre
de 1973, en Villa Bordeu, ha sido ampliamente difundido a través de
periódicos, libros y revistas especializadas. El interés despertado
condujo al excelente investigador inglés Hilary Evans a formular algunas
reflexiones que estimamos de gran valor por su agudeza crítica. Las
mismas nos las hizo llegar su autor el 5 de enero de 1988, antes de la
publicación de su libro The Myth of Exttaterrestrial Visitation. He aquí
lo que nos dice:
El caso de D. Llanca constituye un despliegue
de muchas de las características grotescas y paradójicas de los
encuentros con abducciones. Esta experiencia tiene lugar cuando está
solo, en un lugar aislado, a la noche tarde. Nadie más ve la nave
espacial luminosa y brillante, con excepción del testigo que es llevado a
bordo, y de retorno a la Tierra. Lo que los abductores le dicen a
Llanca es plausible, pero aparenta adecuarse de manera muy escasa para
justificar la visita de los seres. El mensaje de éstos es como una
repetición de aquellos mensajes de casi cualquier visitante
extraterrestre. Las razones de los seres para elegir a Llanca son apenas
convincentes.
Al mismo tiempo, no puede caber la duda de que
algo extraordinario le ha ocurrido. Nosotros podríamos rechazar su
historia sobre la base de su improbabilidad, pero no podemos
desaprobarla, ni tampoco ofrecer una historia alternativa en términos
de que Dionisio haya podido sufrir un ataque de ladrones (él tiene una
considerable suma de dinero que lleva consigo y que aparece intacta en
el momento en que llega al hospital; su camión no ha sido tocado, y sus
documentos están todavía en la cabina del vehículo). Es una situación
estancada, sin salida.
En consecuencia, ¿cómo puede encajar el incidente Llanca con nuestros tres modelos explicativos?:
El
modelo de educación cósmica (n: L. Sprinkle) no parece adaptarse al
caso de modo alguno. Llanca no se transforma de ninguna manera en un
ciudadano cósmico después de su aventura y no hay diferencia con su
personalidad anterior; él es simplemente una persona planetaria aturdida
y conmovida.
¿Podría ser un sistema de control responsable de lo
que podría convertirse en un plan más grande de manipulación por parte
de alguna fuerza que esté utilizando a los platillos volantes como una
cobertura con fines que sean menos claros? Es difícil apreciar en qué
cuantía la experiencia de Llanca podría formar parte de un plan más
vasto. Si sus abductores son pseudo-entidades que están desempeñando el
rol de una mascarada elaborada, alguien parece haberse metido en grandes
dificultades con el fin de no haber logrado nada; cualquiera podría
haberse puesto razonablemente metas por lograr.
¿Explica el
modelo de psicodrama el caso un poco mejor? Existen muchas explicaciones
de que algo de este tipo está teniendo lugar. La amnesia de Llanca y su
subsecuente recuerdo constituyen efectos mentales, y supone un origen
mental: Mientras dichos efectos pudieren haber sido impuestos sobre
Dionisio por sus abductores, es más probable que los efectos sean el
resultado de un proceso psicológico.
Las contradicciones e inconsistencias se adecuan mejor a la idea de que el incidente es una fantasía fabricada:
- Si sus abductores están dispuestos de una manera tan amable, ¿por qué
lo arrojan a él en el campo, en unos corrales, en las primeras horas de
la madrugada, luego de lo cual tiene que salir a tropezones y sin ayuda
alguna hacia la ruta? ¿Cuál es la causa por la que ellos no lo llevan de
vuelta al camión en donde tendría algún tipo de seguridad?
- El
rayo de luz que lo transporta junto a sus captores a la nave espacial es
simultáneamente tradicional del folclore y una característica
recurrente de la ciencia-ficción; en otras palabras, un ítem de la
fantasía arquetípica.
- Los seres se comunican con Llanca a través de la telepatía, pero entre ellos lo hacen en lenguaje oral.
- Aunque fuese la última moda en su planeta de origen, es poco probable
que un viajante espacial de sexo femenino usara su cabello pendiendo
libremente hasta la mitad de la cintura. El ser abductor de Llanca
parece pertenecer más a un filme de Hollywood que a un encuentro
ocurrido en la vida real.
- Existe una insistencia curiosa acerca
del color amarillo: el incidente comienza con una luz amarilla, y los
tres seres utilizan botas amarillas y guantes amarillos. La mitad
superior de la nave es de un vívido color amarillo, y él ve todo lo que
le ocurre durante el incidente contra un fondo amarillo. Una posible
inferencia podría ser la luz amarilla brillante la que genere y,
literalmente, dé color a toda la historia.
- Llanca se ve
totalmente desequilibrado a causa de su experiencia. Sale con una chica,
luego la abandona, como al vecindario donde vive. Cuando la muchacha se
contacta con la familia de Dionisio, sus miembros le manifiestan a ella
que no quieren tener más relación con él. Los investigadores se enteran
que él sufre una lesión cerebral que podría favorecer la formación de
alucinaciones bajo circunstancias apropiadas. ¿Tenía la lesión antes del
incidente? ¿La adquirió durante el incidente, o durante el tratamiento
subsiguiente?
Roberto Banchs, uno de los investigadores más relevantes de la
Argentina, especula que el encuentro de Llanca podría activar esta
fantasía, o proceso imaginativo, quizá por un estimulo externo -la luz
amarilla-, la cual actúa sobre un cerebro afectado por una lesión,
propensa a activar experiencias de tipo sensoperceptivas, alucinatorias:
estas experiencias adquirirán una forma a través de lo que el
camionero de ideas simplonas había adquirido en el terreno de las ideas
acerca de las visitas extraterrestres. Los elementos básicos para la
fantasía existen en abundancia en la Argentina y, del mismo modo, en
todos los países latinoamericanos; existe una rica literatura de visitas
extraterrestres que se extiende desde lo serio hasta lo sensacional, y
la prensa alimenta a sus lectores con una fuente de historias de
contenido altamente dramático acerca de experiencias extraterrestres en
una medida desconocida en otra parte del mundo.
Hilary Evans,
London
(Trad.: J. Failla)
Anexo 3
 |
| Antonio Ribera. |
De
Antonio Ribera: En septiembre de 1981, en su número 45, la revista de
Barcelona Stendek reprodujo una extensa carta del pionero y ampliamente
conocido divulgador catalán Antonio Ribera Jordá. Con estilo ácido y con
sobrada soberbia, intenta una defensa del caso. Y su mejor manera de
empezar es revelando sus encendidos prejuicios:
“Una de las cosas peores
que le pueden suceder a un hispanoamericano, es acertar en algo”. Y
continúa:
“En el terreno de la ufología, que es lo que aquí nos
interesa, si uno tiene la desgracia de presentar un caso aparentemente
inatacable, bien documentado y mejor investigado, ya puede prepararse,
porque empezará para él un calvario (…) Digo esto a propósito de los
desaforados ataques de que ha sido objeto el llamado caso Bordeu,
protagonizado por el camionero argentino Dionisio Llanca, caso recogido y
presentado en la obra de mi buen amigo Fabio Zerpa, El OVNI y sus
Misterios (Ed. Nauta, Barcelona, y Cielosir Editora, Buenos Aires), que
yo epilogué” (…).
“Pero no. Todo esto es humo de pajas para el
arquitecto Roberto E. Banchs, quien se resiste a aceptar que el caso
Llanca pueda ser no así de cierto… pese a su evidente coherencia
interna, y a que el joven camionero evoca bajo hipnosis una situación
típica en otras abducciones, desde los Hill al caso inglés de Avely o el
español de Julio F. (…) Pero hay más. Banchs dice que Llanca tenía una
lesión cerebral cruzada (…) Pero no termina ahí todo, no, señor. Además,
el pobre Dionisio tenía un coeficiente intelectual pobrísimo, lo cual
hacía de él un “débil mental” (…)
"Y ahora yo pregunto: ¿qué país es la Argentina, en que se permite a los
débiles mentales que sufren además alucinaciones visuales, conducir un
camión Dodge como medio para ganarse la vida? ¿Es que Dionisio, para
obtener su carné de 1ª (o su equivalente en la Argentina) no había
pasado previamente por rigurosos tests psicométricos, como es norma en
España o en cualquier país civilizado? Después de ésto, me lo pensaré
dos veces antes de ir a la Argentina, donde por lo visto los débiles
mentales y personas que ven a los objetos, pero no los identifican,
pueden conducir monstruos de diez toneladas (convertidos así en
verdaderas bombas) por las carreteras nacionales".
“El último
argumento esgrimido por Banchs, el de que Llanca acusa un nivel de
psique muy bajo como para urdir conscientemente por sí solo semejante
historia, se vuelve hacia él mismo como un boomerang. Precisamente no la
urdió Llanca, porque éste se limitó a archivar en su subconsciente
todos los detalles de la misma, que luego le fueron extraídos por el
impresionante equipo médico que lo psicoanalizó mediante hipnosis y
otros medios".
“Tal convencido estoy de que el caso Llanca es un
caso auténtico de abducción, que voy a incluirlo con todos los honores
en el libro sobre abducciones que estoy escribiendo (sic) para Editorial
Planeta de Barcelona (…)”.
Esta carta no fue respondida. La
juzgamos demasiada insolente y declinamos participar del llamado al
escándalo, que -a fin de cuentas- le serviría únicamente para
promocionar en forma pueril y vulgar su anunciado libro, a la par de
resguardar el libro que nos dice haber epilogado.
No obstante,
una respuesta ha sido esperada. Hemos dejado a Ribera su libertad de
creencia, y ofrecido todos los elementos documentales para juzgar los
procedimientos empleados en la investigación. Pero visto que su carta se
sustenta en cómo pudo haber obtenido su licencia para conducir un
sujeto con una presunta debilidad mental, sumado a una patología
psicofuncional, huelga señalar que desconocemos las exigencias a que
fuera sometido D. Llanca para conseguir la misma. No obstante, a modo de
ejemplo, deseamos remitirnos a una nota periodística publicada en el
acreditado diario Clarín, de Buenos Aires, del 14 de julio de 1998, p.
43, que lleva por elocuente título:
“Le habrían dado registro de
conductor a un ciego”.
Su contenido expresa:
“Una investigación
periodística denunció ayer que en el partido de La Matanza se habría
otorgado una licencia de conductor a un hombre ciego de nacimiento.
Según la denuncia presentada en un informe de Telefé Noticias, estaría
involucrado un empleado del Concejo Deliberante, quien habría cobrado
coimas para facilitar la entrega. El informe mostró, a través de una
cámara oculta, a un presunto empleado que ofrecía, a cambio de una suma
de dinero superior a la que se paga legalmente, la entrega de registros
de conducir sin que se cumplan los controles de vista y de manejo”.
Reconocemos
a don Antoni Ribera sus memorables obras sobre el tema, la que nos
lleva a perdonarle sus exabruptos. Quizá sea una tardía revelación
producida en abril de 1998 la que pudiere explicar su ardor por defender
y propagar esta clase de eventos ufológicos. Por entonces, la revista
española Enigmas publica una entrevista que le realizaron, donde el
patriarca español afirma recordar haber sido abducido a la edad de diez
años, por un ser de baja estatura, corpulento y cuadrúpedo, en
coincidencia con la aparición de su último libro, Abducción (5). Todas
las cosas tienen un límite. Tanto como el afán de objetividad y
veracidad. Por eso, ¡escritor a sus tejados!
Referencias
(1) Banchs, Roberto. “Affaire Llanca: El gran fraude”, en rev. Stendek, N° 34, ps. 2/8, Barcelona, diciembre 1978.
Banchs, Roberto. “’Más (y punto final) sobre el affaire Llanca”, en rev. Stendek, N° 43, ps. 25/26 y 45, Barcelona, marzo 1981.
(2)
Zerpa, Fabio. “El encuentro más estudiado”, en rev. Mundo Desconocido,
N° 35, ps. 56/59, Barcelona, mayo 1979; y Cuarta Dimensión, N° 64, ps.
56/59, Buenos Aires, junio 1979.
(3) “Caso Llanca – Análisis
retrospectivo de un contacto”, edic. especial, UFO Press, ps. 1/13,
Buenos Aires, marzo 1979; Cfr.: Roncoroni, Guillermo. “El caso Dionisio
Llanca”, edic. especial, CIU, Buenos Aires, mayo 1983.
(4)
Ribera, Antonio. Un caso perfecto, Plaza & Janés, E. de Llobregat,
1975. Poher, Claude. “Un perfecto fraude”, en rev. UFO Press, N° 7, ps.
11/16, Buenos Aires, abril 1978.
(5) Papers d’ ovnis, Barcelona, N° 9, II época, mayo-junio 1998, p. 19.
http://www.visionovni.com.ar/modules/news/article.php?storyid=913