Huinca Renancó, Cordoba: El grito primordial (9 de agosto de 1994)
por Dr Roberto Banchs
Crédito: Visión OVNI
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| La precoz
testigo de un ET. |
Aún estaban vivos los festejos por el tradicional Día del Niño, cuya
celebración en ese año de 1994 se extendió durante la segunda semana de
agosto, cuando una niña de apenas 9 años de edad, conjugando el temor y
el deseo, fue testigo de un excepcional episodio ocurrido en Huinca Renancó, localidad del sur
cordobés, casi límite con La Pampa. El informativo del canal 4 de
televisión Huinca Cable Visión y la radioemisora LV 22 Radio Huinca,
seguidos por el canal 3 de Santa Rosa, no demorarían en entrevistarla[1]
y pronto la noticia comenzaría a trascender a través de la prensa de
todo el país.
En la mañana del 9 de agosto de 1994, Silvana
Soledad Z. salió de su casa rumbo a la escuela. Tras recorrer unos
metros escucha un sonido que le llama la atención. Al darse vuelta,
avista suspendido en el aire a la altura de un poste de electricidad un
objeto circular del cual asoma por un ventanal el rostro de un ser de
tez verde, grandes orejas puntiagudas y con tres ojos que la mira
estáticamente. De inmediato, se abre una portezuela o rampa por donde
sale una mano, cuyo brazo se extiende en forma desmesurada hasta tocar
un arbusto, al tiempo en que escucha como unos pasos saliendo del OVNI.
Presa de terror, clama por su madre y en un instante, el brazo se retrae
y se cierra la puerta, momentos en que la niña sale corriendo hacia la
esquina, donde se encuentra con una amiguita, quien habría alcanzado a
ver el destellante objeto.
La investigación
Nuestro primer
contacto se produce con los medios periodísticos locales, quienes
coinciden en darnos una referencia favorable acerca de la testigo y de
su núcleo familiar (en conocimiento por tratarse de una comunidad
relativamente chica), a la vez de brindarnos su colaboración a fin de
poder cumplir con nuestro propósito. Fue así como hablamos previamente
con los abuelos, dando su conformidad para una ulterior entrevista con
la pequeña.
La misma se realizó horas más tarde en su vivienda,
donde vive junto a sus padres y hermana, situada en la calle Aragón, en
el Barrio Norte de Huinca Renancó, frente al mismísimo lugar de los
hechos. Tras una breve charla, Silvana Z. (cuyo apellido decidimos
omitir) desea mostrarnos el sitio donde habría aparecido el inusual
portento, aceptando reconstruir el episodio. Se la observa segura, algo
tensa, pero en todo momento inquieta y colaboradora.
De este modo, Silvana expondrá en detalle lo ocurrido aquel martes 9 de agosto.
El relato:
“Me
levantó mi mamá a eso de las 7,30 horas para ir a la escuela. Me dio el
desayuno y salí. Tengo la costumbre de ir por el medio de la calle. De
pronto, escuché un ruido: crashhh, algo así, y me di vuelta. Vi entonces
una cosa redonda como una mesa y grande como una casa. Tenía un vidrio
negro y vi una cara verde, con orejas en punta y tres ojos. Después, se
abrió una puerta, salió una mano y tocó la planta. Escuché pasos ahí
adentro. Pegué un grito, mamá salió y ahí estaba en la esquina mi amiga
Yamila, que vio cuando se iba para arriba, y salimos corriendo. Cuando
regresé de la escuela mi mamá me contó que la perra
rasguñaba la puerta, el vidrio, se iba para su pieza. Después de aquel
día ella me tiene que acompañar, o mirarme cuando voy y vengo de la
escuela”.
Tras el relato libre del caso, sencillo, descriptivo y
forzosamente despojado de emotividad, procedimos a reavivar su
testimonio siguiendo cierto orden, interviniendo ahora con preguntas.
Silvana
se levantó pasadas las 7,30 horas, su madre le preparó el desayuno y
salió de su casa alrededor de las 8,00 horas para dirigirse a la Escuela
“Paso de los Andes”, distante a unos 150 metros, donde cursa el cuarto
grado. Estaba amaneciendo y había algunas nubes en el cielo. En esos
momentos no observó a otras personas transitando por esa calle, aunque
notó algunas que lo hacían por las transversales, a cierta distancia,
sin que hayan visto -al parecer- nada extraño.
Como es su
costumbre, tomó por el medio de la calle, aún de tierra, y anduvo unos
diez o quince metros. De pronto, a sus espaldas, escuchó un zumbido
ligero, como un escape de aire, un pshhh, o crashhh, según su
onomatopeya. Al darse vuelta, observó frente a su casa, al este, sobre
la misma calle y junto a un poste de electricidad, un objeto redondo
(esférico) de unos 4 o 5 metros de diámetro que permanecía suspendido,
como flotando, a una altura estimada en un metro, o más. Allí iría a
permanecer inmóvil durante toda la observación. Tenía varios focos de
luz (amarilla, roja, azul, verde), y remataba en una suerte de pequeño
domo de coloración y destellos amarillos, con dos antenas quebradas y
abiertas hacia arriba.
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| Silvana en la
descampada calle de su casa. |
El objeto presentaba un ventanal negro,
donde se notaba en su interior el rostro de un ser que parecía mirarla
impasible.
“Eso es lo único que vi -nos dice Silvana-,
la cara y no sé
qué más adentro, podrían ser teclas, como de una computadora, hacia un
costado”. El marciano o extraterrestre, como le llama, era verde, tenía
dos grandes orejas en punta y tres ojos.
De pronto, se abrió una puerta a modo de rampa de superficie plana, sin
escalones, de un metro por dos cincuenta de alto, sobre un fondo negro, y
por ella asomó una mano pequeña (que compara con la suya) con tres
dedos, y enseguida el brazo (volviendo a hacer la misma comparación), de
color verde. Al tiempo en que continuaba a la vista la cara del extraño
personaje, el brazo comenzó a estirarse en forma elástica hasta tocar
el tronco de una planta de libustre disciplinado que se halla a orillas
de la calle, en la acera de su casa.
Con voz notoriamente
angustiada, Silvana relata: “Me quedé asombrada mirándolo, hasta que
salió la mano y tocó la planta; entonces escuché como unos pasos
(tac-tac-tac) que iban bajando y se quedaron ahí; bah, yo no sé si
subieron, porque sólo los escuché, entonces empecé a gritar, y grité:
¡¡Mámi!!, y vi cómo se cerró todo, la mano en un segundo se metió
adentro, se cerró la puerta y las luces empezaron a girar, a encender y
apagar”.
La niña continúa su agitado relato: “Como la mano tocó
la planta, yo pensé que me iba a agarrar, ¡venía para la casa! Pero
cuando grité, ¡se cerró todo! y ahí yo me di vuelta, salí corriendo y me
encontré con Yamila. Ella lo vio subiendo, tomando para un costado y
yéndose detrás de una nube”.
Su mascota, una perra mestiza y
overa a la que llaman Mecha, también estuvo presente en el lugar del
avistamiento, pero en silencio, aunque por la noche se había mostrado
inquieta, debiendo ser puesta afuera de la casa por sus amos. “Mamá la
había sacado al anochecer porque molestaba, iba al dormitorio, la echaba
y volvía otra vez. No sé qué habrá hecho durante la observación, pues
me quedé mirando al OVNI”, cuenta Silvana. Tampoco los demás caninos de
la zona parecen haber mostrado inquietud alguna. “Escuchaba unos
ladridos -nos dice- pero no creo que fuera por eso”.
Los miedos
Al
llegar a la escuela, las dos niñas se encuentran con unas compañeras
del curso y les narran lo ocurrido. “Después ahí -continúa Silvana-,
como compartíamos el miedo, intentamos jugar como
queriendo olvidarnos todo lo que vimos, pero lo mismo teníamos miedo, y
decidimos no decir nada”. Cuando salió de la escuela fue corriendo para
su casa. Su madre le había preparado la mesa para almorzar e, intrigada,
preguntó: “¿Por qué gritaste?”. Recién entonces pudo descargar su
angustia, exponiendo en detalle su dramática experiencia. “Le dije, pero
no me creyó; sólo lo hizo cuando supo todo lo de La Pampa, donde las
vacas empezaron a correr hacia el frente de tormenta” (n: se refiere a
una noticia que cobró inusitada publicidad, adecuada al contexto
ufológico, sobre una estampida de animales en una amplia zona del sur
cordobés y norte pampeano, la noche del domingo 7 y madrugada del lunes
8, en coincidencia con testimonios de personas que afirman haber
escuchado estruendos y sonido de viento, y observado una potente luz
blanca en el cielo).
Transcurridos los primeros momentos creyó ir
olvidándose, “hasta que vinieron los de la televisión (tres días
después, y nuevamente a los quince días), y tuve que contar todo”.
Reconoce que su caso le produjo mucho miedo, y también emoción, “porque
vi algo que casi nadie había visto, a un extraterrestre, y una mano que
tocó la planta”. Sin embargo, jamás pudo apaciguar sus temores: “Hay
veces que por la noche me quedo sola y pasan propagandas de
extraterrestres por la televisión, me da miedo de salir, pero voy afuera
y miro hacia arriba por si veo algo, porque si me quedo adentro me da
más miedo de que alguien me levante, o que aparezca algo de lo que yo
había visto”. Manifiesta no haber tenido sueños relacionados, “pero me
doy cuenta -nos dice- que ahora me acuesto de una manera y al día
siguiente me levanto de otra, que doy vueltas en la cama como temiendo
de que algo me vaya a agarrar, o hacerme algo, y entonces doy vueltas
por todas partes”.
Al preguntarle por su religiosidad, Silvana
responde con una sonrisa encubridora: “Tomé la comunión, y no fui más,
je. Pero ahora voy a ir los domingos. Le conté al padre el día que me
confesé, y me dijo: “¡qué bien!”. Con esto te quiero decir -atenuando la
angustia- que hace tiempo me quería sacar todo el peso del miedo que
tenía”.
Según dice, “era de creer y no creer en los OVNIs, pero
lo mismo me daban miedo”. Menciona haber visto, tiempo atrás, un video
sobre extraterrestres traído por un tío, primo de su madre. Una
curiosidad que se transformó en interés luego de su
experiencia.
Durante la entrevista Silvana aporta otro dato
aparentemente significativo. Recuerda que en la noche del lunes había
estado viendo televisión. “El día anterior, por la noche, pasaron el
caso de un OVNI -comenta-, era en un noticiero, periodístico. Había
aparecido un OVNI y lo estaban filmando, y se veían las luces que se
movían. Estaba sola. Mi mamá estaba en esos momentos en la pieza con mi
hermana Agustina, y mi papá no había llegado aún. Tuve miedo, mucho
miedo. Ahí, yo cambié de canal. Después vino mi papá, cenamos y me llevó
a la pieza con él, y miramos televisión. No me quise acordar más del OVNI”. Ante la sospecha de que Silvana podría haber confundido el día,
se muestra segura y aporta más detalles. “Sí, fue en la noche anterior,
aunque a los días pasaron otros casos. Había un hombre que filmó todo,
una luz arriba y otra chiquitina que se movía para todas partes
-agrega-, y después se fue, desapareció…”.
Silvana retoma el hilo
de su relato, anudando el fin del día con su experiencia: “Siempre voy a
recostarme un rato con mamá, hasta que mi hermana se duerme y la pasa a
mi pieza. Y ahí me voy a dormir. En ese momento escuchaba que la perra
se iba para su pieza, la corría y volvía una y otra vez, hasta que la
sacó afuera, y quedó rasguñando la ventana. Me quedé dormida. Por la
mañana me levanté y fue cuando salí de casa para ir a la escuela, y vi
todas esas cosas”, concluye.
El testimonio de su madre
Graciela
N. es una joven madre, que se desempeña como maestra del primer grado
en la misma escuela a la que asiste Silvana, pero en el turno tarde.
Manifiesta una gran preocupación por todo cuanto le ocurre a su hija. Es
vigilante, controladora. En relación al caso, tal como lo manifestó
desde un primer momento, sostiene no haber visto nada, pero hace
hincapié en el comportamiento del canino, el cual esa noche estuvo
molestando dentro de la casa hasta que decidió sacarlo. “A las 7,30
horas me levanté para preparar el desayuno de Silvana y a eso de las
8,00 le abrí la puerta, se despide, sale y se va a la escuela. Cierro la
puerta con llave, y en cuestión de segundos siento un grito, ese grito
de terror que dice ¡Mámi! Abro nuevamente la puerta, salgo y la veo
corriendo con la amiguita hacia la escuela, a casi cien metros. Como no
vi nada raro, entré y me acosté. En la calidez del
hogar, la mamá Graciela y Silvana Z.Instantes después escuché que la
perra, queriendo entrar, ladraba, lloraba, y vi que iba de un lado a
otro. Cuando Silvana volvió al mediodía de la escuela, me contó lo
sucedido y yo…, era creerle o no creerle. De noche se mueve mucho, algo
que jamás hizo. Inclusive he tenido que salir a buscarla a la escuela.
Tiene miedo. Tiene miedo que se le aparezca nuevamente”.
El relato de la amiga
Carla
Yamila C. tiene la misma edad que Silvana y vive a unos 300 metros de
su casa. Además de sus horas de escuela y una amistad, comparten la
impresión de aquella experiencia conmovedora. Aunque más no sea el tramo
final de la insólita presencia.
Es que al momento en que Silvana
profiere el grito, alertando a su madre, Yamila recién iba llegando a
la esquina. Tras escucharla, pudo ver a su amiga que venía corriendo,
aterrorizada, diciendo acerca de su visión. Al entrevistarse con los
periodistas, tres días después, ella dirá haber observado “una luz
verde, roja y azul…, (por) la mitad, que se iba escondiendo detrás de
una nube”. Sus palabras parecían respaldar el patético testimonio.
Nuestro
encuentro con Yamila se produce después de entrevistarnos con Silvana.
En la oportunidad nos recibe su madre, Stella, quien de inmediato ofrece
una opinión categórica: “Pienso que mi hija no vio nada. Que se
encontró con Silvana, de quien es muy amiga, la vio tan inquieta, y le
contó, le transmitió, y se sugestionó, ¡y bué!…; porque Yamila empieza a
contar, y se corta. No es muy concreta”, apunta la madre.
Al
rato aparece la niña. Delgada, tímida, nos da un aspecto de cierta
fragilidad. “Iba con mi mamá a la escuela -comienza a narrar-, cuando
veo como una pantalla, un sol, así, con luces”. Apenas habían salido de
su casa cuando Yamila le dice: “¡Mirá el Sol, qué raro!”. En efecto, la
madre asiste afirmando que su hija le comentó lo raro que estaba el
cielo, hacia el crepúsculo, pero no le prestó mucha atención. Eran cerca
de las ocho de la mañana de un frío invierno. Caminan unos cien metros
por la calle Balboa, en dirección este, cuando Stella saluda a su hija y
se va. Yamila continúa sola hasta la calle Aragón, donde siempre se
encuentra con su amiga Silvana. “Yo vi un Sol, así, con luces, redondo
-nos cuenta-, con luces que se empezaban a ver”. Le preguntamos entonces
si de éste se trataba: “No sé, era tipo el Sol…, a mi me pareció. Tal
vez había estado dormida, no sé. Porque yo le dije a mi mamá que el Sol
estaba raro. Estaba anaranjado fuerte, tirando a rojo. Pero cuando
llegué adonde me encontré con Silvana, lo vi todo con luces (destellos)
alrededor, redondelitos, con rayas amarillas, otras rojizas que iban
hacia arriba, y el centro anaranjado, o rosado, algo así”. Yamila niega
ahora haber visto luces
verdes o azules, y señala que sólo vio esa fuente grande de luz “más o
menos escondida” entre un monte de eucaliptos, al frente de la casa de
su amiga, en la línea del horizonte. “Creería que se habrá movido, pero
no sé. Cuando yo lo vi, Silvana en ese momento me llamó, le di un beso y
salimos corriendo. Apenas nos encontramos en la esquina ella me decía,
me contaba lo que vio. Y yo le dije que había visto eso, pero que no
sabía qué era, que podría ser el Sol”. Aún así, fue generando un gran
temor: “Me asusté -nos confiesa-, pero más con lo que me contó Silvana”.
La
niña quedó realmente impresionada. “A veces soñaba o no podía dormir
-comenta-; soñaba que estaba en el campo y aparecía una cosa que
empezaba a dar vueltas y me agarraba. Todas esas cosas”. Sus trastornos
no concluyeron en las pesadillas. También empezaría a sufrir de
enuresis, una pérdida del control de micción durante la noche.
[1] Se
destaca la labor periodística local de Carlos Genre, J. A. Tete Sineo
(Huinca C. V.), y Graciela Argüello (LV 22), sumada a la de Oscar
Christensen (canal 3, de Santa Rosa), quienes con gran responsabilidad
dieron difusión al episodio.
Análisis y conclusiones
El contexto familiar
Silvana
vive con sus padres, Guillermo, quien es viajante de comercio, y
Graciela, maestra de escuela, y con su hermana menor, Agustina, de 1 año
y diez meses a la fecha del caso. Sus abuelos maternos viven a la
vuelta de su casa. En cierto modo, la experiencia OVNI aparece como un
punto de inflexión en la constelación familiar, sea como causa o
consecuencia. Sus progenitores manifiestan preocupación por la niña.
Especialmente, referida a su temor puesto en los “objetos no
identificados”, y a sus dificultades de aprendizaje o rendimiento escolar, a
ciertas conductas hostiles, a sus celos fraternos, a sus afectos debido a
las ausencias de su padre por trabajo, etc.
Frente a ellos,
Silvana expresa sentimientos de conflicto y de corte relacionados con su
desarrollo y desapego, búsqueda paterna y gran dependencia materna,
sentimientos de insuficiencia de contacto, y actitud de celos animada
por una fuerte problemática edípica. En suma, situaciones propias de un
proceso de crecimiento, pero vividas intensamente.
La evaluación psicológica
Silvana
Z. nació en Cañada Verde (Villa Huidobro, Pcia. de Córdoba) el 10 de
junio de 1985. En la fecha de la entrevista tenía 10 años y 10 meses de
edad. Con la conformidad de sus padres, se practicó una entrevista
diagnóstica (individual, además de una familiar), y la administración de
un conjunto de técnicas proyectivas de exploración psicológica (H.T.P.,
Familia, Guestáltico Visomotor Bender, Completamiento de Frases de
Sacks, Cuestionario Desiderativo, y Test de A-percepción Temática)
A
modo de síntesis, puede señalarse que Silvana presenta una adecuada
fortaleza yoica (n: al respecto, mencionemos que el yo asegura una
función de unidad e integridad de la persona) y una buena recomposición
frente a las ansiedades persecutorias. Utiliza defensas esquizoides, y
aún regresivas, además de la identificación proyectiva y la formación
reactiva. Ante situaciones de angustia, emplea como mecanismos la
negación maníaca y la omnipotente. Es posible diagnosticar que sabe cómo
defenderse, pero le resulta difícil y conflictivo establecer de qué
está defendiéndose.
Se halla atravesando un estado de cierta
confusión que le impide discriminar correctamente la realidad, siendo su
pensamiento fantasioso e inmaduro. Al respecto, su nivel de maduración
emocional no se corresponde con la edad cronológica, estableciendo su
E.M. en 8 años. De inteligencia vivaz, los componentes afectivos parecen
interferir en su aspecto madurativo (vale decir, por causas
psicógenas). Aunque es imaginativa, no muestra facciones de personalidad
fabuladora. Tampoco se observan signos de organicidad.
 |
| Silvana dibuja la aterradora
visión. |
Posee
rasgos neuróticos y algunos depresivos. Se advierte en ella una actitud
defensiva, por vivencias de amenaza exterior y presiones, haciéndose
notoria su necesidad de alejamiento y, por otra, la tendencia opuesta.
Esto le provoca incertidumbre, con temor a las relaciones
interpersonales, acudiendo a la fantasía -a modo compensatorio- por
sentimientos de insuficiencia de contacto.
Expresa situaciones
recurrentes en torno a la dinámica familiar. Una percepción de estar
juntos, pero distantes. Aunque hay buena integración, revela conflictos y dificultades comunicacionales y
afectivas que predominan notablemente sobre su conducta. Poniendo en
juego deseos o determinaciones inconscientes aparentemente
contradictorias (ambivalentes), manifiesta marcada hostilidad y celos
debido a una fuerte problemática edípica, cuya dificultad de controlar y
dirigir los impulsos, le ocasionan temores. Su miedo aparece tanto en
el deseo, el temor al deseo o al castigo
Para finalizar, debe
destacarse que Silvana es una niña que no presenta características
psicopatológicas verdaderamente amenazantes para su integridad psíquica,
sino acentuadas preocupaciones y conflictos propios de su edad, que se
expresan en síntomas. Al respecto, se observan mayores posibilidades
pronósticas, por cuanto su yo posee una amplia gama de defensas y un
subsecuente afianzamiento frente a la ansiedad. La experiencia clínica
muestra que en determinados casos, aún sin tratamiento, esos conflictos
actuales desaparecen o se diluyen al cabo de un tiempo, a excepción de
ciertos indicios perceptibles.
Consideraciones finales
La experiencia descrita admite algunas consideraciones, a saber:
a)
El caso está sostenido únicamente por el testimonio de las niñas. Llama
la atención que la madre de Silvana, al salir de inmediato de la casa
ante el grito de su hija, no haya percibido frente a ella y a
escasísimos metros, semejante objeto luminoso. Tampoco otros vecinos de la zona que, a
esa hora (cerca de las 8 hs. de la mañana), se movilizaban rumbo a sus
trabajos, o a la misma escuela adonde concurren muchos niños.
b)
La descripción de la pequeña Yamila, referida a la fase final del
encuentro, no parece ajustarse plenamente a la de Silvana. Aunque
sincera en sus declaraciones, el testimonio resulta inconsistente, y
-como se ha visto- contradictorio. Parece probable que Yamila quedó
virtualmente impresionada por el relato de su amiga y a expensas de
creer haber visto lo mismo.
Sus trastornos (pesadillas, enuresis)
resultarían la expresión del miedo subsiguiente. No habiendo causas
orgánicas, hormonales, y dado que a los dos años aproximadamente se
realiza el control de esfínteres, se puede presumir que la niña ha
padecido alguna angustia o tensión de naturaleza nociva.
c) Es
sugerente que a la hora aproximada del avistamiento y en la dirección
precisa donde se hallaba la supuesta nave espacial, se producía la
salida del Sol (8,15 horas, crepúsculo matutino). Vale decir que, al
margen de otras notas significativas, la observación de Yamila se
corresponde con la aparición del astro solar, de refulgente aspecto.
d)
No se observaron huellas ni marcas en el lugar. Es pertinente señalar
que en la posición que se halla el objeto hay un tendido de cables
eléctricos. Sin embargo, no fueron dañados, ni hubo desperfecto alguno
en el suministro. Tampoco la planta de ligustre que habría sido tocada
por la mano del supuesto extraterrestre, ni su entorno inmediato,
sufrieron alteraciones.
e) No disponemos de motivos fundados acerca de la inquietud de la perra
mascota, de carácter dócil y costumbres domésticas, antes y después de
la presunta aparición. De todas formas, si su conducta durante el día
anterior fue curiosa, no debiera llamar la atención que después de pasar
una fría noche fuera de la casa (por cierto, poco habitual en ella),
vuelva a manifestar inquietud por entrar, en la mañana, cuando comprueba
que sus amos se han levantado. No está demás señalar que, durante
nuestra presencia en el lugar, la perra tuvo un comportamiento de algún
modo semejante. Asimismo, conviene agregar que “la característica de
terror, de susto, de miedo a partir de este hecho”, según afirma y
registra el canal 3 de Santa Rosa, mostrando al animal agazapado,
tiritante y con la cola entre las patas, no se debió a la aparición de
la extraña nave, sino -de acuerdo a Graciela, madre de Silvana- “al
susto que tenía por el movimiento de personas de la televisión,
empleando cámaras y reflectores, a los que no estaba acostumbrada”.
f)
A propósito de los sucesos ocurridos en la noche del domingo 7 y la
madrugada del lunes 8 en una amplia franja del sur de Córdoba y el norte
pampeano (donde ocurrieron inusitadas estampidas de animales vacunos
atribuidas a la aparición de OVNIs), y relacionados con el episodio aquí
tratado, un análisis de los hechos nos permite conjeturar que los
mismos se habrían producido como consecuencia del paso de aviones
militares, en vuelos de entrenamiento, con motivo a los actos
conmemorativos del 82° aniversario de la creación de la Fuerza Aérea
Argentina, celebrado el miércoles 10 de agosto (vse. artículos al
respecto en Shambhalha, nº 6, ps. 16/24).
g) Aunque los hechos
arriba indicados cobraron notoriedad recién el miércoles 10, en la noche
del lunes 8 Silvana ve en la televisión, a solas, un noticiero en el
que pasan el caso de un OVNI, lo cual le genera un intenso miedo. Este
episodio operaría, a la postre, a modo de los restos diurnos: expresión
utilizada para designar los elementos (a menudo insignificantes, en
apariencia) presentes en el estado de vigilia el día anterior, pero que
aparecen -por ejemplo- en el relato que el sujeto hace de su sueño, o en
las asociaciones libres.
h) El aspecto del tripulante descrito
por Silvana es poco frecuente dentro de la pródiga fauna de visitantes
interplanetarios, aunque el marciano verde constituye un prototipo muy
difundido en la literatura, filmografía y dibujos de animación infantil.
Pero entre los más aterradores personajes, de ignoto origen, hallamos
-con llamativa semejanza- los pequeños y abominables hombrecillos
verdes, de orejas puntiagudas y largos brazos con tres dedos que
presenta S. Spielberg en el filme Gremlins.
La propiedad elástica
de uno de los miembros del extraterrestre visto por Silvana, cuyo brazo
se extiende algunos metros, raramente la encontramos en los reportes
sobre OVNIs, pero con frecuencia aparece en las producciones infantiles.
Basta citar, por ejemplo, los dibujos animados de televisión Los
Fantásticos 4, Pequeños Magos, y Fluid-Man, cuyos héroes pueden estirar
su cuerpo tanto como ellos deseen alcanzando medidas increíbles.
i)
Existe una imbricación o sobreposición significativa, entre la historia
personal y problemáticas por las que atraviesa Silvana y el relato
ufológico que ella produce.
Conclusiones
Las
circunstancias descritas hacen presumir que el episodio narrado ha
consistido en una fantasía, producida en un estado crepuscular o de
ensoñación de la conciencia, obnubilada en momentos próximos al
despertar. La niña ha producido un acto capaz de adscribir al mundo
exterior sus contenidos psíquicos inconscientes, que no reconoce como de
origen personal y a resultas de lo cual experimenta como percepción
externa
Conformadas parcialmente por restos diurnos, parece haber
proyectado -a modo de investimentos- sus fantasías edípicas y de
separación, mediante un alto componente simbólico de carácter sexual,
condensando contenidos variados que se ligan a experiencias personales
penosas, presentes en diversas expresiones de su vida anímica y
afectiva.
Llegados a este punto, hemos de pasar a desarrollar el proceso desencadenante.
El marco interpretativo
La
interacción entre el niño en el crecimiento y su ambiente pueden dar
origen a tensiones y cargas, cuya solución intentada dependerá del modo
cómo las enfrente, y de las actitudes de quienes mantienen vínculos más
cercanos. Algunas reacciones de conductas son transitorias o leves,
pudiendo considerarse como parte de la maduración normal. Por ejemplo,
las perturbaciones de dormir (bajo la amenaza de ciertos contenidos
inconscientes), o el miedo causado por la impresión repentina de algún
hecho inaudito (especialmente relacionado con objetos imaginarios, o
depositarios de su intensa angustia y conflictos actuales).
La
dificultad de aprendizaje que los padres observan en Silvana, a la
manera de un trastorno de conducta, sería provocada por un bloqueo
emocional, surgido cuando la niña
asocia aprendizaje con crecimiento y con el hecho de verse forzada a
abandonar su dependencia. Situación que se reactiva a partir del
nacimiento de su hermana Agustina y de su penoso traspasamiento, o
entrada, por la etapa edípica.
En efecto, al designar la
organización de un modelo de relación con los padres durante la fase
fálica del niño (crucial de tres a cinco años, aunque se encuentra una
fantasmática de la castración independientemente de su referencia
genética a esta fase), el complejo de Edipo desenvuelve deseos en
apariencia contradictorios, pero complementarios, de amor y hostilidad.
En la niña tiene una larga prehistoria, cuya importancia recae en ese
tiempo primordial de ligazón con la madre, primer objeto de amor.
Acompañado de reproches, su ingreso en el complejo de Edipo estará
determinado por el descubrimiento de su inferioridad fálica (tiempo en
que se resignifican también las pérdidas anteriores), siendo la
decepción la que aparta a la niña de su madre, depuesta de la posición
omnipotente y omnipresente, y cayendo de ese lugar de la identificación.
Haciendo un llamado a interceder en esa relación de posesión exclusiva
de la madre, a quien siente como algo hostil por el temor que inspira y
el dominio que sobre ella ejerce, se consolida entonces la presencia del
padre, como término de rivalidad y principio de prohibición, imponiendo
una barrera, una ruptura del circuito especular del tiempo mítico.
No
obstante, conviene aclarar que la representación triangular de la
relación edípica es demasiado esquemática para poder dar cuenta del
papel desempeñado por el Edipo, el cual se revela en un estudio más
completo.
Al plantear este problema, se connota el denominado
complejo de castración. De alguna manera, la castración (término que
designa cualquier atentado contra su integridad psíquica, corporal) es
la primera solución que el niño encuentra fantasmáticamente para
explicar la diferencia de sexos: la presencia o ausencia del rasgo
anatómico masculino, que le da primacía. Cuestión que se halla presente
en el enigma del nacimiento y en la tentación que tienen los niños de
representarse la conformación corporal de los padres.
En la niña
el complejo de castración inaugura la búsqueda que la lleva a desear o
reivindicar lo que no tiene. Complejo que, a su vez, permite adquirir la
representación de un daño narcisista por pérdida corporal (vivido en
algunos casos de modo irreparable de su imagen gratificante), pudiendo
citar como ejemplo, la separación del vientre de la madre al nacer. El
alcance de este complejo está ampliamente atestado por la clínica
psicoanalítica en el material inconsciente que traen los pacientes.
De
manera general, debe señalarse el sentido que toma la castración como
separación, ruptura de un lazo imaginario. Allí donde el nacimiento -ora
recreación imaginaria- se constituye en un modelo, prototipo de la
angustia primigenia, separación del cuerpo materno, como efecto del
complejo de castración.
La narración de Silvana posee un
contenido extraño, pues ha visto (significativamente hacia el naciente y
frente a su casa), un objeto esférico suspendido en el aire en cuyo
interior se halla un ser antropomorfo, y una portezuela por donde sale
una mano con un largo brazo que toca una planta. Sin embargo, el eje
central de su relato es el temor, y la angustia manifiesta, frente a la
posibilidad de ser atrapada, “agarrada” por el tentáculo que se extiende
amenazante, repetido incluso en sus sueños nocturnos.
En pleno
recrudecimiento edípico, Silvana ha encontrado el modo de representar la
angustia que emerge como señal de cercanía de un goce terrorífico
imposible de acotarse, frente al peligro de quedar adherida “dentro del
vientre materno”, y por lo cual recurre al corte. Tentada a sucumbir a
la convocatoria, lo deseado se torna temido ante la posibilidad de
quedar enajenada, atrapada por la madre estragante. La niña ha
encontrado una imagen deformada y una actitud involutiva bajo la forma
de fijación en la madre, quien sigue ejerciendo una fascinación
inconsciente que amenaza con paralizar su desarrollo. Sin embargo, la
escena en la que se halla implicada da cuenta de dos movimientos: a) uno
regresivo, de retorno a la madre, al comienzo de la vida, eligiendo
símbolos que expresan la interioridad (mediante elementos que están en
contacto “con” o “dentro de”), y b) recurriendo a otra instancia como
para promover un cambio, con efectos modificadores concernientes a su
desprendimiento.
Dicha percepción correspondería, pues, a la
representación del útero materno, matriz donde se aloja el nuevo ser por
nacer, avizorando la presencia de la figura del Otro paterno (“que está
ahí, en potencia, en la boca, y que contiene la traba”, metaforizará J.
Lacan) como instancia separadora del vínculo alienante de completud
imaginaria, estableciendo límites y trayendo pacificación en esa
relación inestable y tensa entre la niña y la madre.
Frente a la
aterrorizadora escena, una sola palabra pronuncia. Clamor que invoca al
origen y confirma la vida: ¡¡Mámi!! (acá está). Acaso un llamado
auxiliador, grito primordial que adquiere nombre y que, antes de huir,
nombra.
Referencias periodísticas sobre el caso:
La
Arena, Santa Rosa, 20 agosto 1994; Crónica (vesp.), Buenos Aires, El
Litoral, Santa Fe, El Territorio, Posadas, 21 agosto 1994; La Prensa,
Buenos Aires, y La Razón, Buenos Aires, 23 agosto 1994.
Bibliografía consultada:
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Freud, Anna. El Yo y los Mecanismos de Defensa, Edit. Paidós, Buenos Aires, 12va. reimpr., 1986, p. 80.
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Sigmund. Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis, 1932,
Conf. 33, “La Femenidad”, Edit. Amorrortu, Buenos Aires, T. XXII, 1a.
reimpr. 1989, p. 111.
Jones, Ernest. Vida y Obra de Sigmund Freud, Edic. Nova, T. II, Buenos Aires, 1962, p. 439.
Lacan,
Jacques. El Seminario, Libro II, “Los cuatro conceptos fundamentales
del psicoanálisis”, Edit. Paidós, Buenos Aires, 1989, p. 222.
Lacan, Jacques. El Seminario, Libro XVII, “El reverso del Psicoanálisis”, Edit. Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 118.
Laplanche, J. y J.-B. Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis, Edit. Labor, Barcelona, 1981.
Page, James D. Manual de Psicopatología, Edic. Paidós Ibérica, Barcelona, 1982, p. 391.
Pereira, Jader U. Les “Extra-terrestres”, G.E.P.A., 2e. Nro. spécial de la revue Phénoménes Spatiaux, París, 1974
http://www.visionovni.com.ar/modules/news/article.php?storyid=920