Mendoza: agitación por apariciones de OVNIs (julio y agosto de 1968) [2da parte y final]
por Dr Roberto Banchs (CEFAI)
Crédito: Visión OVNI
El caso del policía Arsenio Romero
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| El policía Arsenio Romero relata su experiencia. |
Un agente de policía de la
seccional 5ª de Mendoza, que cumplía guardia nocturna en el Cerro de la
Gloria, al oeste de la ciudad, aportó un fantástico relato sobre la
aparición de una nave y dos extraños seres presuntamente ocurrida el
viernes 9 de agosto de 1968. La versión comenzó a circular a través de
sus compañeros, hasta que unos días después tomó estado público, al
tiempo en que se iniciaba una investigación policial para esclarecer el
episodio. Conducido a la seccional Quinta para declarar ante el
comisario, fue presentado también -en la mañana del martes 13- al jefe
de policía para que prestara nueva declaración, habiendo sido incluso
examinado en varias oportunidades por médicos del hospital donde fue
trasladado apenas ocurrido el caso y por los profesionales de Sanidad
Policial, hallándose bajo tratamiento por una afección nerviosa.
El testimonio que el agente Arsenio Romero ofreció es el siguiente:
“Transitaba
por el denominado Teatro Griego, tomé el camino del Cerro de la Gloria,
para el lado del Jardín Zoológico, cuando veo hacia el cerro San
Agustín una luz algo amarillenta, rojiza, de distintos colores, y pensé
que estarían soldando algunas piezas, restándole importancia. Seguí
caminando y llegué a la puerta del zoológico, y fue allí que los
animales, los perros, aullaban mucho. Pensé que estarían nerviosos, sin
saber qué les ocurría. Tomé el camino de tierra, la subida. Había andado
unos 100 m, cuando vuelvo para atrás, y tomé el camino de asfalto. Sigo
por éste y llego a la subida y bajada del cerro, donde se une el
camino, cuando salgo a la curva en la subida y observo arriba como una
llama, como si estuviera ardiendo algún vehículo, a unos 70 metros de
distancia. Subo corriendo. Entro por las plataformas de las cloacas,
subo donde está el mástil, veo el objeto en la plataforma del Cerro de
la Gloria, veo una plataforma… un objeto determinado que me llama la
atención, y me fui por el muro, que tiene al costado este, llegando a un
kiosco de venta de bebidas. Me ubico entre medio de los árboles, y veo
de cerca aquel objeto que estaba al noroeste, hacia la cordillera. Era
como un plato volador, que en el medio tenía una parte como si fuera de
vidrio, asentado con tres patitas. De él salían destellos de distintos
colores, girando alrededor con intermitencia. Al principio eran
azul-amarillentas; en la parte del borde de color azulado,
azulado-verdoso".
“Las luces eran bien brillantes, más fuertes que
el Sol, aunque de aspecto metálico. Su brillo fue un poco molesto pero,
en fin, uno está acostumbrado (¿?).
Los bordes del objeto resultaban
confusos, no se notaban bien, debido al destello de la citada luz,
situada en la parte media, ahora, en las partes baja y alta no, porque
se veía oscura".
“El objeto era un tipo de plato, como un trompo,
de esos que los niños hacen girar, que al medio tenía como un vidrio,
que parecía vidrioso, donde estaba la luminosidad, la luz de distintos
colores. Arriba tenía una cúpula medio ovalada, como con trompita para
arriba. Tenía como una antena, y tres patitas de unos 70, 50-60 cm de
altura. El tamaño del plato no sabría precisar bien, pero más grande que
un automóvil; su diámetro sería de unos 10 m, y la altura de un metro o
un metro cincuenta".
“Entonces me acerqué a unos 10 metros, aproximadamente, sobre el playón
que está arriba del cerro. Me fui acercando por propia curiosidad. Al
llegar ahí, veo cuando sale esta gente, que bramaba al salir del plato.
Era un zumbido fuerte, como un bramido, difícil de comparar, era seco,
duro, un silbido fuerte y agudo, que me hizo doler los oídos. También me
molestaban las luces, pero sin llegar a cegarme, aunque a medida que me
acercaba se hacía más notorio un olor a azufre, que me provocaba
angustia".
“Estos seres estaban alrededor del plato. Ellos no
tocaron tierra. El plato era lo que andaba. Tenían 70 u 80 cm, o un
metro; con unos cuerpos semiovalados, de torso algo panzón hacia abajo.
No noté si tenían terminados los brazos, piernas, ni uniforme. Pero la
cabeza de los dos era alta, alargadita, Y de la parte del cráneo salían
dos antenas, y a la vez con objetos con dos bolitas rojas que giraban
sobre sus luces. Es decir, dos antenitas en cuya punta había dos
lucecitas rojas que giraban sobre ese cuerpo. Y tenían un ojo".
“Descendieron
por un costado, pero no vi ninguna escotilla, nada. Giraban y se movían
como si estuvieran suspendidos en el espacio. Me dio la intención y
saqué el arma. Saqué el arma y les apunté (NdR: se trata de una pistola
45 cal. 1145, registro N° 85.392).
Cuando lo hice sus cuerpos giraban,
porque en ese momento yo los había visto de espaldas, no estaban de
frente porque, justamente, estaban girando. Entonces fue cuando vi el
objeto de acá y el ojo, y sentí como si me prendieran fuego y me dejaron
paralizado. Cuando hice el ademán atacaron, sino, no lo hubieran hecho.
Quise caminar hacia adelante, hacia atrás, y no podía. Quise hacer
movimiento de brazos, y no pude. Tampoco podía gritar ni hablar. Y sentí
una quemazón en el cuerpo, en el frente, y caí al suelo por el rayo que
salió de la parte de la cara, del ojo, salió la llama azul, medio
violeta, de arriba para abajo, tomándome todo el cuerpo, parejo".
“Caí
al suelo y después no recuerdo más nada. Quedé paralizado, estuve en el
suelo y no supe nada más. No sé cuánto tiempo permanecí allí, pero
habrá sido largo tiempo. Luego me despertaron los muchachos".
“Para
mí son seres que vienen a buscar algún objeto de ellos, dado que muchas
veces, en el subsuelo hay uranio; faltará en su planeta y vienen a
buscarlo a la Tierra. Pero no son seres ofensivos, ya que si no los
ofende no van a hacer nada, pero si los atacan, entonces sí lo atacan a
uno".
“En cuanto a evidencias materiales, o rastros sobre el
terreno, según los que me han visto, habrían encontrado marcas, de las
tres patitas que se asentaron allí".
“Después fui internado en el
hospital a raíz del sistema nervioso, estaba muy alterado, no se sabía
porqué. Estuve cuatro días, como causa de enfermedad nerviosa. No me
quedó ningún rastro físico. En las ropas no tuve quemaduras, me saqué la
ropa después, y en la piel no pude apreciar nada. Tampoco me afectaron
los ojos, aunque veo poco… Lo que sí los nervios, y dolores articulares
en los hombros, codos y rodillas, de ahí en adelante empecé a sentir
esos dolores. Antes no he padecido ninguna enfermedad".
“Ahora
otra cosa. Tiempo atrás, varios meses atrás, yo había notado destellos
de una luz rojizo-amarillenta, azulada, que se corría por los cerros,
sin dispensarle mayor atención, pues muchas veces se trata de estrellas
fugaces. Pero esta vez, al prestarle atención creyendo que era un coche
que estaba incendiándose, resulta que… después me llevaron al hospital”.
Consideraciones sobre el caso
El
custodio del orden público parece haber sufrido una crisis nerviosa
que se anunciaba y -tras un breve instante de inmovilidad-, cayó
desvanecido. Arsenio Romero fue encontrado en el suelo por una persona,
de quien no se pudo obtener la identidad, transladándolo hasta la
seccional Quinta, en donde prestaba servicios. Luego habría sido
internado en un hospital -que tampoco fue localizado- víctima,
aparentemente, de una crisis nerviosa. No obstante, trascendió que
Romero se hallaba bajo tratamiento con motivo de una “neurosis”[1],
obligándolo a una asistencia médica permanente.
El extraño suceso
narrado por el agente Arsenio Romero causó el escepticismo de sus
compañeros. Entrevistados algunos policías, éstos señalaron que “no
creían” en el hecho descripto, agregando que todo pudo ser producto de
la imaginación del uniformado. Sin embargo, otros indicaron con cierta
tolerancia que
“todo puede ser, a pesar de la rara personalidad del
agente” (9).
Otras impresiones que tuvieron como fuente la
Policía de Mendoza ratificaron las opiniones vertidas en aquel momento,
agregando que el testimonio de Romero no era confiable, conociendo
actitudes similares a la relatada.
Inclusive, el periodismo
-muchas veces propenso a exaltar la presunta credibilidad de estos
episodios- señaló en la ocasión:
“El relato de Romero es probable que
haya obedecido a un especial estado de ánimo o a cualquier otro motivo
que desconocemos” (10).
Pero a los dichos y entredichos se sumó
la opinión del Dr. Carlos Irisarri, médico psiquiatra de Sanidad
Policial, dependiente de la Jefatura de Mendoza, quien tras haber
examinado al agente habría diagnosticado que se trata de un sujeto que
presenta una insuficiente facultad mental[2]. Esto no deja de causar
cierto asombro, por referirse a un agente policial en actividad, aunque
su dictamen parece terminante.
Después de todo, y de manera más
genérica, el comunicado de prensa del 5 de septiembre emitido por la
Jefatura de Policía de Mendoza indicó que
“por medio de sus organismos
especializados, ha investigado minuciosamente las circunstancias y los
hechos relacionados por todas las personas que dicen haber sido testigos
o afectados de algún medo por estos fenómenos, llegando a la
conclusión, en todos los casos, sin excepción, que no se ha comprobado
absolutamente ninguna de las aseveraciones sobre supuestos
acontecimientos extraordinarios, resultando de los informes producidos
(…) que se trata solamente en algunos casos, de fenómenos alucinatorios y
en otros individuos cuya personalidad presenta como rasgos
característicos tendencias a la mitomanía, a veces en concurrencia con
su nivel cultural y en otros a un deseo de publicidad con fines
inconfesables” (12)
Dicho sea de paso, Arsenio Romero tenía a la
fecha del episodio 36 años (nació en la ciudad de Córdoba, el 31 de
marzo de 1932), y afirma pertenecer a la Escuela Basilio, un círculo
espiritista ampliamente extendido.
Mientras se piensa sobre el origen de tres pequeños huecos situados en
forma de triángulo en la plataforma del histórico Cerro de la Gloria,
nadie recuerda cómo fueron ocasionados. El diario El Andino, del 13 de
agosto, se pregunta si será otro producto de la imaginación del agente e
irónicamente agrega que, por lo menos, la foto que los muestra servirá
para que la Dirección de Bosques tome las medidas para tapar los pozos.
Francamente, la impresión que causa al detenernos en la imagen, es que se
trata de simples agrietamientos en una superficie muy irregular y con
inadecuado mantenimiento.
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| Las supuestas huellas de aterrizaje de un plato volador en el Cerro de la Gloria. |
Otro hecho que merece ser citado es que
el caso guarda cierta similitud con el ocurrido en el Hospital
Neuropsiquiátrico días antes, respecto al rayo, luces y efectos
paralizantes[3].Y además, la descripción que Romero hace del objeto y
sus tripulantes, coincide con la que a fines de ese mismo mes, también
en Mendoza, efectúan Peccinetti y Villegas (véase: LOS IDENTIFICAOOS
VII, 1994), incluso, en lo referente a la paralización de movimientos
que les impidieron toda acción ante los extraños seres (13).
Aún
cuando no disponemos de los datos psicoclínicos necesarios para proceder
a una evaluación concienzuda de la personalidad de Arsenio Romero (al
margen de las pericias realizadas por Sanidad Policial, en cuya
idoneidad confiamos), es posible pensar que el colapso sufrido por el
policía -de no haber sido la. acción producida por un fenómeno externo a
él-, revela cierta incapacidad del testigo para superar la sobrecarga
de tensiones, hallándose en un estado de angustia e incertidumbre[4],
que denotaría -a su vez- una debilidad yoica[5], con la cual se eleva la
frecuencia de error, aumentando la deformación psíquica y su
distorsión de la realidad.
Referencias
(1) El Andino, Mendoza, 15 agosto 1968, p.19; La Razón., Buenos Aires, 20 agosto 1968.
(2) Los Andes, Mendoza, 16 agosto 1968. Diario de Cuyo, San Juan, 7 septiembre 1968.
(3) El Andino, op. cit.
(4) Gente y la Actualidad, Buenos Aires, Año 4, N° 163, 5 septiembre 1968, p.7.
(5) Ibíd., p.6.
(6) La Prensa, Buenos Aires; y Los Andes, Mendoza, 6 septiembre 1968.
(7) Los Andes, Mendoza, 7 febrero 1968, p.9.
(8) Henri Ey, y otros. Tratado de psiquiatría, 8a. ed., Masson, Barcelona, 1990, ps.205/206, 374 y ss.
(9) El Andino, Mendoza, 13 agosto 1968, ps. 1 y 18; Los Andes, Mendoza, 14 agosto 1968, p.5.
(10) El Andino, op. cit.
(11) Henri Ey, y otros. Op. cit. ps.562, 569/570.
(12) vse. “(6)”.
(13) Crónica, Buenos Aires, 1 septiembre 1968.
[1]
Las neurosis son enfermedades de la personalidad (Janet) caracterizadas
por conflictos intrapsíquicos que inhiben las conductas sociales. El
término, que es muy antiguo (Cullen, s. XVIII), tomó en medicina, en un
principio, el sentido de enfermedad funcional sine materia en relación a
la enfermedad orgánica, pero no puede considerársela seriamente
excluyendo la causalidad orgánica.
Las “reacciones neuróticas
agudas” (psiconeurosis emocionales) son episodios de angustia
paroxística, descriptas con diversas denominaciones. Se refiere a
especiales situaciones emocionales, que podemos definirlas como
reacciones desencadenadas por un shock emocional. Se destacan: l) que
los síntomas patológicos están relacionados con acontecimientos actuales
(es el aspecto reaccional de estos estados); 2) que el umbral de
hiperemotividad o de angustia es anormalmente bajo; 3) que los síntomas
consisten esencialmente en reacciones afectivas violentas; y, 4) que
estas reacciones ponen en juego tendencias más o menos inconscientes.
Según se desprende de esta brevísima presentación, la angustia aguda, el
estado de pánico, será estudiado teniendo en cuenta que el organismo
dispone de mecanismos defensivos preparados para responder al estrés,
vistas como una intensa reacción al sufrimiento en su más amplio
sentido. Se comprende, pues, que estas grandes crisis “traumáticas” de
angustia constituyan siempre urgencias médicas (8).
[2] Los
estados de retraso mental son insuficiencias del desarrollo de la
inteligencia. En la forma “ligera”, con un C.I. 65-80, en la escala de
Ternan-Merill, es relativamente educable y adaptable socialmente. Por la
debilidad de su Yo y de su personalidad, es sugestionable y crédulo, y
es incapaz de enfrentarse a situaciones nuevas que exijan un análisis
de sus dificultades (11).
[3] Aunque vale hacer notar que el caso
de Romero se divulgó el martes 13 de agosto, y el de la enfermera A.C.
de Panasitti recién se publicó el jueves 15, éste ya era conocido en los
medios policiales de Mendoza.
[4] En situaciones de cambio
rápido, como la expuesta, la incertidumbre proviene de un exceso en el
flujo de información carente de patrones definidos. Como en las
situaciones no previstas más información debe ser procesada, analizada y
ponderada, el sujeto experimenta mayor dificultad para pensar, y con
ello, el nivel mismo de incertidumbre. La angustia que moviliza, como
defensa, cede ante la angustia paralizante. A ese círculo vicioso se
asocia, en algunos casos, la desorientación, el dislocamiento, reducido a
una cierta incomunicación con la realidad en que vienen a simbolizarse
tanto los peligros existentes como las amenazas imaginarias.
[5]
En la tradición filosófica, el Yo es principio de conocimiento y
acción. En psicología, típicamente, asegura una función de unidad e
integridad del sujeto. Como tal, se deja reconocer dinámicamente a
través de los mecanismos de defensa.
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