Quilmes, Buenos Aires: Raptada por un plato (2 de julio de 1968)
por Dr Roberto Banchs (CEFAI)
Crédito: Visión OVNI
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| Alejandra Martínez de Pascucci. |
Protagonista de
“un fabuloso episodio en el que realidad y ficción se
entremezclan por igual”, una vecina de Quilmes (localidad situada a 20
km de la ciudad de Buenos Aires), aseguró haber viajado en un plato
volador. El hecho habría ocurrido el martes 2 de julio de 1968, Y su
relato fue conocido en las ediciones matutina y vespertina del popular
diario Crónica, de Buenos Aires, del 4 de julio. En la primera se
refiere al carácter serio y excelente concepto que goza en el
vecindario, incluyendo unas breves declaraciones de su médico de
cabecera. Al día siguiente, será el diario El Sol, de Quilmes, el que
transcribirá -en medio de la repercusión pública- el extenso testimonio
de la viajera espacial, Alejandra Martínez de Pascucci:
“El
martes a la noche, había salido a ver a una amiga, la señora Hildegard
Saudner. A eso de las ocho y media de la noche ya volvía a la casa[1].
Como siempre, venía caminando cuando al llegar a la esquina de Alvear y
Saavedra, me puse fuera de sí, como atraída por una fuerza magnética.
No podía resistirme a nada. Sabía que no era yo, y que algo me estaba
pasando, como si me influenciaran. No podía gritar ni hablar. Estaba
dura, inmovilizada, pero no perdí el conocimiento. De pronto vi una luz
que me encegueció, y después no puedo explicar cómo, me encontré a bordo
de un aparato, que sin duda era un plato volador, por las ventanillas.
Adentro todo era blanco, de una limpieza total, con ventanillas, que
despedían toda clase de colores".
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| Esquina de su casa, allí Alejandra Martínez fue enceguecida por una potente luz. |
“Un silencio total. Lo que sí sentí, fue cuando comenzamos a elevarnos
del suelo. Yo me encontraba como fuera de mí, no respondía. Sólo me
acuerdo que pensé en mis hijos y dije ‘¿Y mis hijos?’. No puedo precisar
si pensé, o dije algo, pero estaba dura…".
“Adentro del plato se
advertía un calor tremendo; creo que si continuaba allí me asaba. Esta
pulsera de oro que tengo me quemaba, se había puesto rara, diría
quemante”.
Cuando se le preguntó sobre el diámetro del aparato,
dijo: “y debería ser de unos tres metros y medio. Aunque no puedo
precisar nada con exactitud. Imagínese mi estado, mi desesperación,
porque yo no sé qué podría haber pasado conmigo. Lo que sí siempre traté
de ponerme calma, y serena, por que ya perdida por perdida… no tenía
otro remedio”.
Pero quizá donde el relato se torna cada vez más
fantástico es con respecto a los tripulantes de la extraña nave: “Cuando
el aparato tomó altura, vi a dos personas que indudablemente no eran
de nuestra Tierra. Tenían un aspecto luminoso. No puedo describir con
perfección porque todo el ambiente dentro de la nave era destellante,
casi enceguecía. Uno de los desconocidos medía más de dos metros, mucho
más, y el otro también era alto, pero no tanto como el primero. Por la
forma de comportarse se advertía la superioridad del mayor sobre el
otro. Hasta tuve la sensación que uno podría ser el varón y el otro la
mujer. Eso lo intuyen sólo las mujeres como yo. Ellos hablaban o algo
así, se hacían señas, movían la cabeza, pero no pude advertirles la
cara. Francamente no pude. No sabía decir si eran rubios o morochos,
pero me parecían que no eran de aquí. El único movimiento que hacían era
pisar (caminaban como con un defecto) una especie de botón que se
encontraba en el medio del plato, en el suelo. Con eso movían el
aparato. No me dijeron nada ni vi nada más. Siempre con el miedo que
tenía trataba de no perder el dominio sobre mí misma. Después como había
sido absorbida por el aparato, fui arrojada. Esto no se explicar muy
bien, lo que sí me acuerdo es que me arrojaron sobre la tierra. Caí en
el cementerio de Ezpeleta (NdR: distante a unos 4 km). Y allí también
sufrí un terrible miedo, mirando tantas cruces. Ahora quiero contar,
como es de mala la gente, cuando uno necesita auxilio. A los vecinos del
cementerio acudí diciendo que quería volver a la casa. Pero nadie me
llevó el apunte. Me trataron como si estuviera loca. Después conseguí un
taxi que me trajo a casa, pero no me cobró. Me olvidaba decirles que
los tripulantes despedían desde las manos y pies, luces como si tuvieran
focos”.
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| Regreso macabro. Entrada del cementerio de Ezpeleta. |
Habla entonces -para El Sol- el hijo mayor, Carlos Atilio Pascucci, de
17 años, un joven rubio, bastante aplomado según el diario. “Cuando
llegó mi mamá, me ocurrió algo muy extraño. Yo estaba con algunos
amigos en la casa, y todos escuchamos el ruido de un zumbido, pero no de
un taxi. Pero no se qué pasó y no salí. Algo muy extraño. Yo también
creo que el taxista no era tal. ¿Cómo no va a querer cobrar un viaje de
Ezpeleta hasta aquí? También usted sabe que apenas mamá bajó del auto,
se quemó el foco del alumbrado público, y antes otros dos más en la
esquina donde, según dice, el OVNI la raptó. Además en la esquina está
un agujero de unos veinte centímetros de diámetro, y unos 30 de
profundidad. El pasto también quedó chamuscado. Eso no había antes.
Ahora con la lluvia no se puede ver bien…”.
A pesar del generoso
espacio que destina el periódico de Quilmes al relato alucinante de la
presunta viajera, señalando que lo hace con mucha convicción y sin
aparente contradicción, aunque se la nota muy sensibilizada, la
redacción del diario se muestra cauto en sus impresiones, dejando que
“el lector opine como quiera”, y finaliza con un comentario de la
testigo, a modo de copete de una de sus fotografías: “¡Claro que viajé
en un plato volador! ¡Esa es la pura verdad! ¿Para qué mentir?" (l).
La investigación
La
inclusión de una síntesis del caso en un boletín del CEFAI (2) impulsó
la reinvestigación del mismo por parte de algunos ufólogos, que no
dudaron en descalificar la probidad de Alejandra Martínez de Pascucci[2]
(3).
En octubre de 1986 fuimos a Quilmes con el fin de realizar
una comprobación personal en el lugar de los hechos. Para entonces, la
testigo se había mudado de su casa en la calle Alvear al 200, una zona
densamente poblada con viviendas de una y dos plantas.
En cambio,
aún residían muchos vecinos que mantenían indeleble el recuerdo del
episodio y las peripecias de su eventual protagonista. Su vecina
lindera, Delia Weber, nos dice sin tapujos apenas iniciada la charla:
“¡Noo! Fue todo mentira. Interésense, pero de alguien que esté más…,
vayan a donde vieron de verdad. Para mí estaba borracha y crearon un…
Miren, ahí vive una señora, pregúntenle también a ese señor allá
-señalando a un hombre mayor, a la vista-. Ella bebe mucho, ¿qué
persona tomada no ve cosas?”. El vecino se acerca al notar que lo
marcaban. “¿Qué se sabe del plato volador de Alejandra, se acuerda?”, le
interroga la mujer: “Que es un boleto (cuento) más grande que una casa;
que no había nada -responde-. Parece difícil que el plato volador se
haya posado, allá, en la esquina. Y las marcas que había eran, sí, de
fuego, pero no de un OVNI. ¡Pero qué! Es un pedacito de tierra, acá
nomás, en la esquina (NdR: Efectivamente, se trata de un pequeño lote
urbano ubicado en la esquina de Alvear y Saavedra). Y después, el
muchacho que hizo venir todo eso -del periodismo- era muy jaranero. Ella
decía cualquier cosa, ¡bah!, hablaba y hablaba. Fue una cosa como
cualquiera, pero cuando supe quién era la que hablaba, ni le llevé el
apunte. En el vecindario, ninguno. Nadie. Tampoco nadie vio algo esa
noche, absolutamente nada; nada hasta el otro día en que empezaron a
venir de los diarios, televisión".
“Mi nombre es Raúl Jamargo y le
digo: no creo. Más conociéndola a ella, y yo la conocí. Le daba por
cualquier cosa, tomaba mucho. A ella no le creo nada, y menos lo que
contó. Y después conocí al muchacho que hizo venir todo, no me acuerdo
su nombre… pasaron muchos años, él le tomó el pelo, le hizo promoción
para el otro chico que quería entrar en televisión. El más chico,
cantaba, bah, hacía la mímica. Era el menor, Carlitos, el otro era
Miguel. Quería entrar en televisión. La mujer era buena, pero tenía la
desgracia; por eso lo del plato nadie se lo creyó”.
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| Amplio descampado, lindero al cementerio, donde Alejadra Martínez fue dejada por el plato volador. |
Interviene nuevamente la vecina Delia Weber: “Dicen que los chicos
habían quemado con fuego (el baldío). Fue toda una tramoya (enredo,
embuste) que armaron. Porque justamente el chico quería entrar en
televisión Para cantar. Y entonces hicieron todo un globo. Además, un
muchacho que le gustaba embromar llamó a Crónica. Pasa que la mujer
tomaba mucho. Ahora mismo, van y a lo mejor la encuentran borracha y
mascando tabaco, y les va a decir cualquier cosa. Acá la estimaban. El
marido es un buen hombre, los chicos también”.
Otra vecina, Olga
Koljivrat, pasa a nuestro lado y es participada al diálogo. “Mire
-dice-, todo eso fue, todo en vano. No era nada cierto. Ella tomaba y se
inventaba cosas. Ella quería meter a un hijo… Ella quería estar en la
trenza, entrar en televisión para poder hacer entrar al chico. ¡Y
finalmente entró! Estuvo haciendo imitación un tiempo, en Sábados
Circulares de N. Mancera. Nadie vio nada. Son todos cuentos de ella.
Ahora tiene los hijos grandes, solteros, viviendo en la casa, y las
mellicitas que (tuvo después) ya son señoritas. Ella siempre inventaba,
inventaba cosas… Con eso del OVNI vinieron muchos periodistas. Al
último, le dije: ‘Mire señora, son todos cuentos’. Como a los dos años,
su hijo le comentó a un muchacho amigo, que es también de mi sobrina:
¡No! Si son grupos (Arg. lunf.: embuste, mentira), si fuimos yo con mi
mamá, y quemamos, para entrar en la trenza de la televisión”.
Era
fácil advertir de qué manera la imagen de la testigo propendía a la
incredulidad general. Como ha sido señalado, por supuesto que la
constatación de estos rumores no constituye una prueba irreducible de
que haya urdido un fraude, pues, con frecuencia la vecindad suele juzgar
sin razón o con excesivo rigor a quienes alborotan su condominio. Al
menos, la soltura de palabras y la firmeza de los argumentos respecto de
la pobre mujer, francamente nos sorprendió. A fin de cuentas, sólo
veníamos a investigar un caso
Con la indicación de los vecinos,
rápidamente localizamos el nuevo domicilio de doña Alejandra, a
trescientos metros del anterior. Sin transponer el umbral, nos atiende
con actitud recelosa, de sospecha o temor. Al conocer el motivo de
nuestra visita, se negó a hablar y continuó repitiendo su negativa
durante treinta segundos, mientras permanecíamos expectantes frente a
ella: “Nooo, no, no, no”. Por ingenua que parezca la pregunta, ¿qué nos
quería decir la testigo? Finalmente, precipitó una respuesta menos
ambigua: “No, no. Eso del plato volador fue todo mentira mía, eso”. Su
reparo inicial se convirtió en negar la verdad de su historia.
Luego
de su respuesta y, quizás, ante nuestra mirada de asombro, reafirmó:
“Sí, eso sí”. Atenta a lo que ocurría en el interior de su casa, agrega:
“Ahora yo ando bien, gracias a Dios. Hace treinta y cuatro años que
vivo en el barrio; en esos momentos yo tendría como 40 años, 39 o 40”
(NdR: Según Crónica tenía 47, y para El Sol, 42). Y justificando su
presura por ir al dentista, rehuyendo del tema que nos convocaba, no
sería necesario insistir o ahondar sobre lo que estaba dicho.
No, no. Eso del plato volador fue todo mentira mía, dice doña Alejandra.
Aún
así, podría sospecharse que Alejandra Martínez de Pascucci recurrió a
una artimaña para desembarazarse de una incómoda situación, pero el
cúmulo de evidencias testimoniales y comprobaciones se han descargado
para mellar la porción de realidad que el caso pudiere tener.
Referencias
(1) El Sol, Quilmes, 5 julio 1968, ps. 1, 8/9.
(2) Banchs, Roberto. “Segundo Anexo del libro Los ovnis y sus ocupantes”, en Boletín CEFAI, n° 10, Buenos Aires, 1980, ps. 1/2.
(3)
Chionetti, Alejandro y A. Agostinelli, “El ‘rapto’ de Quilmes: La
componente etílica”, en UFO Press, VI: 19, Buenos Aires, enero-marzo
1984, ps. 27/30.
● Otras referencias sobre el episodio, citadas en Banchs case references, de Richard W. Heiden:
-
Crónica, Buenos Aires, edic. mat. y vesp., 4 julio 1968. Una edición
(no especifica cuál) es citada en: Flying Saucer Review, London, 14:5,
sep.-oct. 1968, p. 28; reimpresa en:
- Charles Bowen, ed.,
Encounter Cases from F1ying Saucer Review, A Signet Book, Dec. Number 5,
september-october 1969, Maidstone, p. 54.
- UFO Chronicle, Vigo Village, Kent, England, 1:1, dec. 1968, p. 17 (muy breve, no ref., fecha 3 julio).
- Saucer Scoop, 4:1, April 1969, p. 6, citando UFO Chronicle.
- Boletim SBEDV, Río de Janeiro, n° 42-44.
- Hector P. Anganuzzi, Historia de los platos voladores en la Argentina, Plus Ultra, Bs. As., 1976, ps.157/158.
[1] Curiosamente, a esa hora concluía la serie Hechizada, por canal 11, una de las cuatro emisoras de TV local.
[2]
La exitosa encuesta llevada a cabo en septiembre de 1981 por A.
Chionetti y A. Agostinelli, mórbidamente titulada, presentaba -empero-
algunas insuficiencias a la postre importantes, ya que no habían podido
grabar las declaraciones de la testigo y olvidaron pedir el nombre a los
vecinos consultados.