La historia de aquel plato volador que iluminó la montaña y quedó grabado para siempre en la memoria de una escritora neuquina
La jefa del Registro Civil de Las Ovejas revive el imborrable avistamiento OVNI que marcó su niñez en el norte neuquino.
por Luis Emilio Annino
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| Imagen ilustrativa. |
Luces en la cordillera: cuando el cielo se hizo de día en el norte neuquino
Hay geografías donde el silencio de la montaña parece guardar secretos antiguos, y el norte neuquino es, sin dudas, uno de esos escenarios privilegiados. En esa región de horizontes inmensos y tradiciones arraigadas, los avistamientos de objetos voladores no identificados forman parte del imaginario colectivo. Nadie lo sabe mejor que Érica Munk, actual jefa del Registro Civil de Las Ovejas y reconocida poeta de la localidad, quien decidió poner en palabras una vivencia que marcó su infancia para siempre.
Bajo el título "El OVNI", Érica rescató del arcón de los recuerdos una noche de su niñez en El Cholar, cuando una imprevista luz transformó la oscuridad cordillerana en pleno mediodía.
Una noche invernal transformada en mediodía
Aquellos inviernos en El Cholar eran implacables. Con temperaturas extremas, heladas que convertían el suelo en una pista de hielo y la recomendación maternal de no salir tras la caída del sol, la vida transcurría al calor de la cocina a leña. Mientras su madre preparaba la cena —una sopa humeante con pucheros de chivo perfumada alimonadamente con cilantro— y calentaba bolsas de agua caliente para aplacar el frío de las camas, la familia compartía la cotidianeidad del hogar rústico de paredes de adobe blanco y techo de carrizo.
Sin embargo, la rutina se quebró de manera abrupta. Su padre advirtió que la pequeña ventana trasera del rancho se había iluminado de repente. Creyendo que alguien se acercaba con una linterna, salió a ver. A los pocos segundos, regresó apresuradamente, le tomó de la mano a la pequeña Érica, que entonces tenía apenas seis años, y le pronunció una frase inolvidable:
"Vení, vamos a ver algo que nunca más vas a olvidar."
Al rodear la casa, el paisaje había cambiado por completo: afuera parecía de día. La montaña lindante brillaba con intensidad y se distinguía con claridad el curso del agua.
El encuentro y el silencio del pueblo
Mirando hacia el cielo, suspendido sobre ellos, se encontraba un plato volador. Con la inocencia y a la vez la profunda impresión de sus seis años, Érica sintió el vértigo de lo desconocido y quiso soltarse para huir adentro. Su padre, firme y fascinado, se lo impidió. Permanecieron juntos, contemplando cómo el objeto giraba lentamente alrededor de la vivienda antes de ascender a gran velocidad hasta desaparecer en el firmamento.
Al volver adentro, la euforia y el asombro se unieron en el relato a su madre, quien había notado la claridad repentina por la ventana, aunque absorta en sus labores no había llegado a mirar hacia afuera.
Sin embargo, lo que vino después reflejó una realidad frecuente en las comunidades rurales de antaño: el silencio. Los días siguientes transcurrieron sin que nadie en el pueblo se animara a comentar el fenómeno. Su padre esperó en vano que alguien del comercio donde trabajaba mencionara el episodio. Tal vez algún criancero, de esos que duermen a la intemperie tapados por las estrellas, también lo había visto. Pero primó el temor al qué dirán, al descreimiento generalizado y a la etiqueta de la "locura".
La magia intacta del norte neuquino
Los años pasaron, el tiempo mudó a Érica hacia Las Ovejas —hoy un punto neurálgico donde curiosos y locales se acercan al emblemático mirador La Puntilla en busca de estrellas y misterios celestes—, pero la memoria de aquel destello sigue intacta.
Hoy, convertida en oficial pública y cultora de la poesía, Érica Munk rescata aquel suceso no solo como un enigma sin resolver, sino como una prueba de la magia que habita en su tierra natal. Aquella noche en El Cholar, tomada de la mano de su padre, comprendió que el norte neuquino guarda secretos celestiales que, por razones de asombro o cautela, siguen siendo un privilegio para unos pocos.

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